Le rêve américain
- Duración: 02h 02 min
- Género: Comedia | Biográfico | Deportivo
- Público apropiado: Jóvenes
- Valoraciones: decine21 (7) | usuarios (7)
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- Título original: Le rêve américain
- Título alternativo: The American Dream
- Año: 2026
- Fecha de estreno en España en cines : 24-07-2026
- País: Francia
- Dirección: Anthony Marciano
- Intérpretes: Jean-Pascal Zadi, Raphaël Quenard, Djibi Diakhaté, Olga Mouak, Tracy Gotoas, Kyliann Gousset, Yilin Yang, Marlise Bété, Gabriel Caballero, Roukiata Ouedraogo, Alexis Baginama, Aymeric Horth, Jérémie Covillault, Nathan Rippy
- Guión: Anthony Marciano
- Música: Dédouze
- Fotografía: Antony Diaz
- Distribuye en cine: DeAPlaneta
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Reparto
Sinopsis oficial
Inspirada en una increíble historia real. Jérémy, dependiente en un videoclub, y Bouna, limpiador en el aeropuerto de París, están decididos a hacer realidad su sueño: convertirse en agentes de la NBA. Sin dinero ni contactos y con un nivel de inglés rudimentario, deciden embarcarse en una gran aventura. Su pasión por el baloncesto, su amistad inquebrantable y su buen ojo para los fichajes les conducirá hasta Nueva York, donde, de repente, se codearán con la élite del deporte. Pero, para cumplir su sueño americano, aún les quedan muchos desafíos por delante…
Crítica El sueño americano (2026)
Pirados por el baloncesto
Bouna Ndiaye y Jérémy Medjana se conocen por casualidad en un partidillo veraniego de baloncesto. Su conexión en la cancha es total y ya fuera de ella se caen estupendamente. Se darán cuenta entonces de que los dos comparten algo más que pasión por el juego, pues conocen la industria del baloncesto y lo difícil que es convertirse en estrellas. Y como buscan el triunfo de jóvenes talentos deciden montar la empresa de representación Comsport. Soñarán entonces con llevar a sus representados al draft de la NBA.
Una de esas películas que podría definirse justamente como reconfortante, por su tono decididamente positivo, profundamente humano, con virtudes y buenas personas de por medio, pero que no elude el realismo de los golpes de la vida y de que llevar a cabo los propios deseos no siempre es una tarea sencilla. Inspirado en una historia real, el guionista y director Anthony Marciano da un salto de gigante en su filmografía y nos ofrece en El sueño americano una magnífica historia de amistad, resiliencia, trabajo y perseverancia que tiene mucho de ejemplar y que nunca pierde un leve tono de humor que eleva notablemente el resultado.
No deja de ser original la temática elegida, pues cuando hablamos de cine de deporte y deportistas, la trama suele centrarse en los jugadores, en sus metas y sus logros, en el difícil camino hacia el éxito. No es habitual entonces detenerse en quienes hay detrás, las personas que durante el proceso tienen quizá menos glamour. ¿Quién ha hecho posible que un deportista de élite llegue a lo más alto en los grandes equipos? Hasta el estrellato no se llega por azar, ni por un golpe de suerte. Siempre hay alguien que lucha por los deportistas, profesionales en la sombra que hacen posible el sueño de otros. Hablamos de los ojeadores y los representantes, esas personas que conocen su oficio y que son capaces de mediar entre los deportistas y los equipos.
Pero el proceso no es siempre fácil para ellos. Hay miles de obstáculos y si se trata de baloncesto y de conseguir que un jugador llegue hasta la NBA –como es el caso de esta película– los problemas se multiplican. Además de desconocer el idioma o de la falta de dinero para hacerse valer, surgirán aprovechados, estafadores, traidores, habrá que arriesgar y nunca rendirse ante el fracaso, una y otra vez. Marciano habla de todo esto con gracia pero sin sensiblería, trazando en el itinerario de los protagonistas una auténtica prueba de obstáculos. Hay veces que habrá que hacer el ridículo o actuar a la desesperada (la escena del restaurante es delirante, entre otras muchas), con tal de lograr que tu voz sea escuchada. Y en el camino no faltan a veces las dudas personales y las ganas de tirar la toalla, también porque la vida privada puede deteriorarse. El conjunto da lugar a muchos momentos divertidos y emotivos, con especiales pasajes que rezuman humanidad.
De todas formas lo que hace única esta película francesa es quizá lo que tan bien funcionaba, por ejemplo, en Intocable, no por casualidad comparten equipo de producción. Se trata del buen rollo que generan los dos personajes protagonistas, tan amigos como diferentes, la simbiosis perfecta entre dos caracteres opuestos: Bouna es el tipo metódico, racional, sereno e inasequible al desaliento cuando las cosas se tuercen, el que siempre halla una salida, un motivo por el que seguir adelante; Jérémy es el despreocupado, el alocado simpático, el metepatas que tiende más a vender humo, a aparentar una vida que no tiene, quien se deja llevar por la chispa del momento, para bien y para mal. Pero ambos comparten la misma pasión, la misma ilusión, y se necesitan mutuamente. Y lo que consigue Anthony Marciano es una dirección de actores admirable, logra a la perfección sacar de Jean-Pascal Zadi y Raphaël Quenard esos retratos definidos, esa mágica conexión entre ellos, una empatía que inevitablemente se traslada al espectador.
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