Días de nube y fucsia. Comenzó el festival con el cielo cubierto, aunque la lluvia no hizo acto de presencia. Como curiosa innovación, los organizadores nos sorprendieron sustituyendo la tradicional alfombra roja por la que desfilan las estrellas por otra color fucsia. Les ha dado fuerte con tal pigmentación, ya presente en el atrevido cartel de este año, una especie de rústica antena, hecha con un trozo de tronco de árbol, de llamativa coloración fucsia.
La gala de inauguración de este año estuvo conducida por Belén Rueda y Edurne Ormazabal, y contó con la retransmisión en directo de Televisión Española. Como la seguí “in situ” en el Kursaal, me queda la duda de cómo se solventó en la pequeña pantalla el estrepitoso fallo de un micrófono cuando la actriz y directora Joan Chen presentaba la sección de Nuevos Realizadores. En vivo la cosa fue tragicómica, hasta tres micros llegó a recibir la Chen, para poder dar su pequeño “speech”; la mujer demostró ser buena actriz y tener temple para aguantar el tipo, en fin, ya se sabe, las cosas del directo.
La ceremonia fue tirando a sosita. La famosa canción de Luis Eduardo Aute, “Cine, cine, cine, más cine por favor...”, fue tarareada por las distintas actrices que desfilaron por el escenario, a modo de reclamo de un cine de calidad. Entre los presentadores, hay gente que demuestra tener estupendas tablas (Juan Echanove, Lucía Jiménez, Antonio Banderas...) y otros (Pilar Bardem) que no han nacido para esto. Entre clips y clips, y presentación de las distintas secciones, destacó la llegada de Mario Monicelli, maestro italiano de la comedia, que con 93 años recibió la ovación más sonora de la noche. También se ganó la simpatía del público Jonathan Demme, presidente del jurado de la sección oficial a concurso, al presentar a los otros miembros. Dijo que los siete eran en realidad nueve personas, en alusión nada velada a los embarazos que lucían la actriz Leonor Watling, y la libanesa directora de Caramel Nadine Labaki. Fue muy ovacionado también Woody Allen, acompañado de Javier Bardem y Rebecca Hall, aunque la verdad es que yo me había hecho la ilusión de que se arrancara con un solo de clarinete sobre el escenario, cosa que desgraciadamente no ocurrió. Su película Vicky Cristina Barcelona inauguraba la sección Zabaltegi.
Y llegó la película que abría el Festival, presentada en la sección oficial, fuera de concurso. Grande, grandísimo chasco. The Other Man está dirigida por Richard Eyre, responsable entre otra de Iris y Diario de un escándalo, esta última su mejor película hasta la fecha. El film pretende ser una especie de disección del matrimonio, una mirada a las grietas que pueden existir en una relación de pareja, a través de un triángulo amoroso bastante vulgar. Usando de una estructura que juega al despiste, con abundantes flash-backs, vemos al protagonista, Peter (Liam Neeson), roto, porque su mujer, Lisa (Laura Linney), le ha dejado. Y descubre, en su ordenador personal, correos electrónicos y fotografías de un tipo, Ralph (Antonio Banderas), con el que ella ha tenido una larga aventura. Consciente de que Ralph está intentando reunirse con su esposa, acude a Milán, donde traba conocimiento, aunque sin desvelar su identidad de marido de Lisa; y escucha, de modo obsesivo, el relato que le hace el otro, un perdedor, de su relación con Lisa. Entretanto, la hija de Peter y Lisa, preocupada por su progenitor, le pide que deje el tema, ha de dejar ir a su madre.
Eyre ofrece una película lenta y reiterativa, tal vez con la intención de subrayar las obsesiones del protagonista, lo que no le impide ser cansino, en parte por la pobre visión de la vida familiar y conyugal. Su “sorpresa”, que da un vuelco algo dramático al relato, suena a falsete. Y los actores no parecen creerse del todo a sus personajes, especialmente Neeson y Banderas, cuya “amistad” por así decir surge demasiado deprisa, resulta difícil de acpetar. Y hay recursos narrativos demasiado artificiales (las partidas de ajedrez, el ordenador, el móvil), cuando no de una gratuidad que roza el absurdo (la tortuguita, los zapatos).
La verdad es que puestos a elegir una peli para inaugurar, habría sido bastante más razonable decantarse por El niño con el pijama de rayas, un título más que aceptable, y basado en un best-seller de gran tirón popular. Pero son esos misterios indescifrables de los comités de los festivales, donde el politiqueo empuja a seleccionar lo mediocre en vez de lo razonable.
