Vivimos un mundo paradójico. Hacer cine mudo es una locura, y ver películas de antes de “El cantor de jazz” exigiría nuestro encierro inmediato en un manicomio. Eso sí, ¡cuántos vídeos cortos se consumen rotulados y sin sonido en los dispositivos móviles!
Llega mañana viernes a las salas de cine una estupenda película animada, Flow, un mundo que salvar, donde el lituano Gints Zilbalodis sigue la estela marcada por el español Pablo Berger con Robot Dreams, o sea cine mudo, donde las imágenes acompañadas de sonido y música son más elocuentes que mil palabras. Sí, con demasiada frecuencia nos olvidamos que el cine nació mudo, y que las imágenes en movimiento eran superpoderosas a la hora de contar historias, y aunque se incluían rótulos, casi no hacían falta, entendíamos perfectamente las vicisitudes que atravesaban los personajes en la pantalla, porque existe una narrativa con los planos, los encadenados, el montaje, y la interpretación de los actores. El cine reciente ha intentado alguna vez, como en los ejemplos citados, proponer al espectador una película muda, el mismo Berger entregó en 2012 su Blancanieves, y el año anterior The Artist incluso ganaba el Oscar a la mejor película.
Los que ya tenemos una edad nos quejamos, y razón tenemos, de que un chaval joven es casi incapaz de ver una película, no ya en blanco y negro, que en eso ya la mayoría han tirado ya la toalla, sino del siglo XX, todo le suena a antiguallas que veían papá y mamá, y que son un completo rollo. Con tal panorama, hay que añadir que el público adulto no se asoma a ver una película muda antigua, anterior a 1930, ni aunque le aten a la silla, o le prometan un sueldo vitalicio de tres mil euracos mensuales.
Desde luego, es evidente que ninguna televisión programa una película muda. Ni pública ni privada, eso no es “lo que demanda el público”, que diría el experto en audiencias de turno. Sin embargo, en plataformas de streaming se pueden encontrar muchas obras maestras del cine mudo, en que el atrevimiento del espectador osado, garantizo que se verá recompensado. Son maravillas que nos hacen ver lo infrautilizado que está hoy el cine, en que se hacen tantísimas películas de usar y tirar. Abajo voy a atreverme a proponer diez títulos, presentes en Filmin o Movistar+, donde de intento dejo en su mínima expresión la presencia de los pocos títulos que algún cinéfilo –aunque estoy seguro que no tantos como me gustaría– habrá visto, me refiero sobre todo al cine de Charles Chaplin o Buster Keaton. Bueno, aquí está la lista.
1. Amanecer, de F.W. Murnau, una extraordinaria película romántica, en que un campesino casado experimenta la tentación seductora de una golfa de ciudad, que le sugiere asesinar a su esposa.
2. Tres hombres malos, de John Ford, western maravilloso en que tres hombres buscan esposo a una mujer que viaja al lejano Oeste.
3. Metrópolis, de Fritz Lang, la película futurista y distópica por excelencia.
4. The Way of the Strong, de Frank Capra, melodrama que hace literalmente cierto aquello de que “el amor es ciego”
5. La última orden, de Josef von Sternberg, cine dentro del cine, en que un auténtico general ruso caído por la revolución rusa, interpreta un personaje semejante a sí mismo en una producción de Hollywood.
6. Avaricia, de Erich von Stroheim, un soberbio estudio de las consecuencias que trae consigo el afán de riquezas.
7. Lirios rotos, de David W. Griffith, o cuando Oriente encuentra a Occidente, servido en modo de melodrama desgarrador.
8. Octubre, de Sergei M. Eisenstein, hecha diez años después de la revolución rusa, y una prueba de que el cine de propaganda puede ser arte.
9. El chico, de Charles Chaplin, donde el maestro demuestra cómo pueden convivir la risa y las lágrimas.
10. Siete ocasiones, de Buster Keaton, la película que deberían ver los novios (o no) antes de casarse, para morirse de risa.
