En 2023 se produjo un fenómeno de promoción de películas en internet que hizo historia. A través de “Barbenheimer” se sugería a los espectadores que combinaran el visionado de dos películas muy diferentes, “Barbie” y “Oppenheimer”.
La cosa cayó en gracia, con todo tipo de memes, y dos majors de Hollywood, Warner y Universal, vieron cómo el público acudía en tropel a las salas de cine para ver una película feminista basada en una muñeca, Barbie, y a modo de compensación, para restablecer el equilibrio, el yin y el yang, luego se ponían y sesudos, que el peligro de la bomba atómica y el holocausto nuclear es muy real, y se iban a visionar Oppenheimer, la película de Christopher Nolan sobre el papá de la bomba atómica. Si todo fue puro blablablá, y la repercusión en la taquilla de la idea de los genios del marketing fue real, autores disputan, pero la realidad es que Barbie fue el film más taquillero del año, esa gloria a Greta Gerwig no se la quita nadie, y Oppenheimer fue la gran triunfadora de los Oscar.
Desde entonces ha surgido algún tímido intento de repetir la jugada, pero nada, o sonaba ya a poco imaginativo, o no había películas tan dispares y con cierta capacidad de atraer al público, para intentar la conjunción planetaria.
Pero curiosamente he tenido oportunidad de ver con pocas horas de diferencia dos películas muy distintas, que me invitan a proponer a Universal y Sony, sus distribuidoras, a sugerir a su público llorar primero a lágrima viva, y luego, necesario contrapeso, reír a mandíbula batiente. La pena es que las películas se van a estrenar con un mes de diferencia en España, y quizá no puedan hacerme caso. En cualquier caso, por amor al arte, yo les ofrezco “gratis total” el lanzamiento de “Anacondhamnet”, palabra no registrada.
Pocas películas tan desgarradoras como Hamnet, basada en la prestigiosa novela de Maggie O'Farrell, con guión escrito por ella y por la directora Chloé Zhao. La historia de amor de William Shakespeare y su esposa Agnes, la familia que forman, el modo en que se entrelaza la felicidad con la tragedia, que asoma su oscuro rostro en forma de peste negra, han dado pie a una película formidable, en la que es imposible no llorar a moco tendido, sobre todo en el último tramo, a propósito de la representación en los escenarios de la inmortal obra “Hamlet”. Qué peliculón, madre mía, que llega a las salas de cine españolas el próximo 23 de enero, y que sin duda contará para los Oscar.
Y luego está Anaconda, que nos traerá risas infinitas el día de Navidad, su estreno tendrá lugar el 25 de diciembre, fun, fun, fun, o sea, diversión, ¿lo habrán pensado los de marketing? Yo creo que no, pero ahí queda otra idea, gratis total. Hay embargo de crítica hasta el 23 de diciembre, así que no puedo publicar todavía crítica de esta película despiporrante sobre un grupo de colgados, amigos desde la infancia, que se marchan a Brasil a rodar un reboot de lo que consideran una película mítica, la homónima Anaconda, de 1997, y que en su día interpretaron entre otros Jennifer Lopez, Ice Cube y Jon Voight, a las órdenes del peruano sobrino de ganador de un Premio Nobel Luis Llosa.
No creo romper nada si digo que la película busca y consigue risas a propósito de la idea de “cine dentro del cine”, con Jack Black y Paul Rudd de protas, y los guionistas Tom Gormican y Kevin Etten, que revitalizaron con bromas las carreras de Nicolas Cage en El insoportable peso de un talento descomunal y de Eddie Murphy en Superdetective en Hollywood: Axel F..
De modo que por qué no marcarse un “Anacondhamnet” que yo viví casi de casualidad, primero con el drama de Hamnet, y luego con las risas de Anaconda. ¡Feliz cine y feliz Navidad en salas, a pesar de los pesares!
