Hay quien considera que la excelencia artística y la genialidad son patrimonio exclusivo de una zona muy concreta del espectro ideológico, y lo mismo pasaría con la maldad y la falta de escrúpulos, o la pura imbecilidad. Nada más lejos de la realidad.
Hace unos días hizo furor en las redes una entrevista que Juan Diego Madueño hacía al actor Óscar Jaenada en “El Mundo”, donde aseguraba que “el artista de derechas no existe. No es artista” y también “lo que hace falta para ser artista es la empatía. La sensibilidad. No la ves en la derecha. Para la sensibilidad hace falta, cómo te diría, casi una cuestión genética. Hace falta un interés. Una empatía.” Confieso que me sorprendió la simpleza que traslucían estas afirmaciones.
Considero a Jaenada un gran actor, camaleónico, y está brillante como torero en la serie de Disney+ La suerte. Una serie de casualidades. En 2012, en San Sebastián, tuve ocasión de entrevistarle con motivo de la presentación en el festival de su película ¡Atraco!, y me causó una estupenda impresión, me cayó bien, ¿será la empatía de la que habla? Sea como fuere, y lo digo sin acritud, me da mucha pena la venda ideológica que algunos se ponen en los ojos para no admitir, ni hartos de whisky, que personas con una visión de las cosas distinta a la suya puedan ser buena gente, y destacar en su profesión, ser artistas como la copa de un pino, e incluso genios.
Por eso me gusta tanto Amadeus, la obra de teatro de Peter Shaffer y la película de Milos Forman de la que el autor firmó el guión adaptado, no así la pálida versión televisiva que estos días se puede ver en SkyShowtime. Hubo quien se escandalizó de que se presentara a un genio de la talla de Wolfgang Amadeus Mozart como un patán con una risa estentórea verdaderamente insoportable: aquello carecía de rigor histórico. Sí, era desde luego una atrevida licencia creativa, pero que servía para plantear una idea interesante, la de que uno de los grandes de la música como Mozart pudiera ser al mismo tiempo una persona que no te cayera bien, con la que no congeniaras, que tuviera defectos.
Sí, así es la naturaleza humana, nadie es perfecto, pero hay personas que descollan por su bondad y entrega a los demás, y otros que se han corrompido y van a su bola, sin importarles un pimiento el prójimo, son malos, o que son pendencieros, arrastran adicciones, o lo que sea. Y otros con un talento descomunal para la pintura, la literatura, las matemáticas, la filosofía, y también hay gente normal y corriente en lo suyo, la mayoría, y los mediocres o que no se esfuerzan lo más mínimo en su trabajo, son chapuceros y se contentan con cumplir con el expediente.
Es célebre el caso de Caravaggio, que mató a un tal Ranuccio Tomassoni en un duelo de espadas. También Benvenutto Cellini confesaba haber quitado la vida a varias personas, y Francis Bacon fue causa indirecta del suicidio de su amante George Dyer. El escritor y filósofo Louis Althusser mató a su esposa cuando sufría un broto psicótico, y William S. Burroughs se llevó por delante la vida de su mujer cuando le disparó jugando a Guillermo Tell.
Pero en fin, volviendo al cine, me agota que alguien, quien sea, se haga culpable de “apropiación cultural” arrogándose la exclusividad artística, los de derechas serían unos cretinos capitalistas explotadores de los pobres proletarios, incapaces de crear nada... ¡a derechas! Pienso en grandes de la dirección o la interpretación, de ideas conservadoras, como John Ford y John Wayne, que están en obras maestras sin paliativos como Centauros del desierto, El hombre que mató a Liberty Valance o El hombre tranquilo. O más recientes en el tiempo, genios, sí, genios, como Mel Gibson.
Lo mismo ha pasado con el franquismo en España, donde el topicazo habla de “páramo cultural”, por lo visto sería imposible que simpatizantes o cineastas acomodados al régimen pudieran hacer obras de arte durante la dictadura. Estupidez grande tal pensamiento, pues en esos años, y más allá del mito de "burlar la censura de la época", no sólo Luis García Berlanga o Juan Antonio Bardem tuvieron la oportunidad de filmar sus mejores películas, sino que lo propio hicieron José Luis Sáenz de Heredia, Rafael Gil, Manuel Mur Oti, Fernando Fernán Gómez, José María Forqué, José Antonio Nieves Conde, Edgar Neville, Ladislao Vajda, innegables artistas, cada uno con sus particularidades... A mí películas como Historias de la radio, Atraco a las tres, El clavo, El cebo, Cielo negro, me deslumbran, me parecen obras de arte, sí, muy empáticas, la verdad. Y por supuesto nada tienen que ver los genes o la adscripción política con su innegable calidad artística.
Así que, por favor, menos sesgo y más generosidad y amplitud de miras a la hora de admitir lo valioso, venga de donde venga.
