Un rostro ajado y lleno de profundas arrugas delataba su edad, pero en todo lo demás Robert Redford siguió teniendo hasta el final un espíritu joven e inquieto, con el mismo aire aventurero, libre y despierto de los personajes que le dieron fama. El legendario actor y realizador ha fallecido a los 89 años, según ha publicado The New York Times. “Ha muerto en su casa de Sundance, en las montañas de Utah, el lugar que amaba, rodeado de sus seres queridos”, ha confirmado la publicista Cindy Berger a la revista Variety, añadiendo que su familia "solicita privacidad”.
Cuatro nominaciones al Oscar, una estatuilla al mejor director, un Oscar honorario, seis Globos de Oro y otras tres nominaciones, un premio BAFTA, fundador e impulsor del Festival de Sundance… Éstos son sólo algunos logros de esta auténtica leyenda del Séptimo Arte, un hombre con fama de “progre” –suponiendo que esta palabra signifique algo–, preocupado por el medio ambiente y demócrata declarado. Su estrella comenzó a brillar gracias al Sundance Kid de Dos hombres y un destino, una maravilla que ganó cuatro Oscar. El mismo Redford hablaba de su deuda con el director George Roy Hill: “Le debo todo a mi personaje de Sundance. Se lo debo a él, a Paul Newman y a William Goldman”. Como se sabe, Newman fue su compañero de aventuras Butch Cassidy, y Goldman el autor del guión (que se llevó el Oscar, por cierto). Se entiende así que cuando allá por los años 80 el rubio actor quiso potenciar el mundo del cine con un festival internacional que prestara atención a las producciones independientes y de calidad eligiera el nombre de Sundance. Hoy en día se trata de uno de los festivales de cine más prestigiosos del mundo, sinónimo del espíritu libre e indómito de los artistas.
Desde su juventud, Charles Robert Redford Jr. –nacido en Santa Mónica (California) el 18 de agosto de 1937– tuvo un carácter rebelde y difícil. No cuajó en la escuela y aunque logró entrar con una beca en la Universidad de Colorado (gracias a que fue fichado por el equipo de béisbol), frecuentó malas compañías y cayó en la bebida: “Significó el comienzo de un periodo de tres años en el que estuve borracho casi a diario”, dice. Expulsado de la universidad, probó a dedicarse a la pintura, por lo que decidió estudiar en la Escuela de Arte de París. Sin embargo, una vez en Europa apartó de sí sus fiebres creadoras y se dedicó a deambular sin rumbo por el continente. Regresó a Norteamérica en 1958 y nada más llegar conoció a la que en septiembre de ese mismo año se convertiría en su mujer, Lola Van Wagenen (con quien tuvo 4 hijos y de la que se divorció en 1985). Marchó entonces a Nueva York y volvió a probar con los pinceles en el Instituto Pratt. Allí, una de las asignaturas era escenografía teatral y Robert Redford quedó entusiasmado con ella. Decidió entonces matricularse en la American Academy of Dramatic Arts. Uno de los actores más emblemáticos del siglo XX estaba a punto de nacer.
Redford debutó en el cine en El que mató por placer (1962), una interesante película de guerra, dirigida por Denis Sanders y en donde fue compañero de reparto de un tal Sydney Pollack. Con el tiempo, el propio Pollack, convertido ya en realizador, dirigiría a Redford en nada menos que siete películas, entre ellas algunas de las más celebradas, como Los tres días del Cóndor (1975) o Memorias de África (1985). Volvió a trabajar en 1965 en una película de guerra con aires de comedia, Situación desesperada, pero menos, y ese mismo año ya apareció entre los primeros nombres del reparto en la comedia musical La rebelde, de Robert Mulligan. En esos pocos filmes Redford había demostrado tener una especial fotogenia y una sonrisa que llenaba la pantalla. Tenía madera de estrella. En 1966 compartió cartel con Marlon Brando y Jane Fonda en la dura y seca La jauría humana, de Arthur Penn. Y un año después repitió como pareja de la Fonda en Descalzos por el parque. Poco a poco, Redford fue definiéndose como el tipo ese de aventurero y galán, que tan pronto podía ser muy duro como agradablemente simpático. Su nombre llegó a la cima con Dos hombres y un destino (1969) y en los años 70 asentó su fama con fantásticas películas, como las comedias de acción Un diamante al rojo vivo (1972) y El golpe (1973), los dramas políticos El candidato (1972) y Todos los hombres del presidente (1976), el atípico western Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972), el drama de época El gran Gatsby (1974), basado en la novela de Scott Fitzgerald, o la película de guerra Un puente lejano (1977). A partir de los años 80 coincidiendo con los inicios del Festival de Sundance, espació más sus trabajos en pantalla, entre los que destacan Brubaker (1980), El mejor (1984), Sneakers (Los fisgones) (1992) e Íntimo y personal (1996). Además, comenzó su labor como director con Gente corriente (1980), que ganó el Oscar a la mejor película. Hasta el momento, Redford dirigió varios largometrajes, entre los que destacan El río de la vida (1992) y Quiz Show (El dilema) (1994).
En el siglo XXI, destacó como actor en la movidita Spy Game (2001), en el thriller La sombra de un secuestro (2004) y en el drama Una vida por delante (2005).
Sus últimos filmes como realizador fueron Leones por corderos, La conspiración, Pacto de silencio y un segmento de Cathedrals of Culture. Entre sus trabajos como intérprete más tardíos destacan La verdad, Un paseo por el bosque y la taquillera Capitán América: El soldado de invierno. Tras The Old Man & the Gun anunció su retiro.
