"Julián Marías, crítico de cine", de Alfonso Basallo
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"Julián Marías, crítico de cine", de Alfonso Basallo

"Julián Marías, crítico de cine. El filósofo enamorado de Greta Garbo" (Alfonso Basallo, Fórcola, 383 págs)

Con frecuencia se dice que España es un país cainita, incapaz de reconocer sin tapujos los méritos de sus hijos. Más todavía si no coinciden con el pensamiento dominante. El caso del filósofo Julián Marías (1914-2005) encaja perfectamente en este lamentable patrón. Uno de los pensadores españoles más brillantes del siglo XX, su reciente centenario ha pasado sin pena ni gloria en repercusión mediática y atención de los gurús de la cultura, no ha sido mérito suficiente para recordarle el ostracismo al que le condenó el franquismo una vez concluida la guerra civil. ¿Motivos? Su insobornable libertad de pensamiento, que le llevó a elaborar una honda antropología cercana al personalismo, y a decir lo que pensaba sobre lo divino y humano, sin temor a lo que luego sería una terrible tiranía, la de la corrección política que tantas bocas ha tapado.

A la vez que ejercía una amplia labor erudita y de divulgación, plasmada en abundantes libros, Julián Marías desarrolló una labor inesperada de comentarista de cine, a partir de 1962 y a lo largo de su larga vida publicó más de 1.500 artículos relacionados con el Séptimo Arte. Algunos de carácter general sobre un tema concreto, otros personalísimas reseñas de películas, a veces aún no estrenadas en España en el momento de su publicación, ninguno consistió en un texto para salir del paso, ni un apunte banal. Aparecidos en las revistas “Gaceta Ilustrada” y “Blanco y Negro”, son textos que se resisten al encasillamiento.

Así nos lo hace ver Alfonso Basallo, autor de un libro necesario, “Julián Marías, crítico de cine. El filósofo enamorado de Greta Garbo”, que emplea casi 400 páginas de un libro magníficamente editado por Fórcola, para analizar esta singular faceta cinéfila del pensador Marías.

Basallo estructura muy bien su libro, ofreciendo en primer lugar una semblanza de Julián Marías. Si en la valoración de cualquier obra conviene conocer detalles de la biografía de su autor, tal conveniencia se acrecienta en el caso de Marías, porque como bien señala Basallo, no estamos ante un crítico de cine al uso, sino que incluso hay quien cuestiona si merece tal título. No basta, al parecer, la actitud descrita por él mismo así: “Me revestí de inocencia, me senté en la butaca y abrí los ojos”.

Por ello, el conocimiento de su trayectoria personal, y su amor al cine, ayudan a entender que su amor al Séptimo Arte es antropológico, le interesan las personas y sus cuitas. Como explicó al arrancar sus artículos de cine, estos eran “enteramente libres, sobre cualquier cuestión que tuviese que ver con el cine: una película, un actor o actriz, un director, un género, un tema, un estilo”; ya lo explicaba en su libro “La felicidad humana”, a él las películas le parecen una potente herramienta educativa que muestra “la realidad con sus virtualidades”, y destaca al “presentar escorzos concretos de la ralidad humana”.

Así que la cuestión de si es cinéfilo, ensayista o crítico, puede reducirse a algo simplemente terminológico, al final lo que cuenta es que en sus líneas sintéticas Marías emite juicios que ponen en valor, o no, una película, y orientan al lector sobre si vale la pena o no verla. Y frente a los que exigen un análisis pormenorizado del lenguaje fílmico, sólo cabe decir que lo más importante es atrapar el alma de una obra, su desmenuzamiento puede ser mayor o menor según lo exija la ocasión, y sus artículos no pretendían tener un carácter puramente técnico. Sin embargo, son tantas las películas que comentó, y de períodos tan variados, que acierta Basallo al señalar que ofrecen una suerte de historia del cine, o al menos conforman un mapa nada desdeñable para moverse entre una serie de películas imprescindibles.

Se agradece en Marías su libertad de espíritu, su atrevimiento a poner en solfa a Ingmar Bergman o Michelangelo Antonioni –sin hacer de menos a sus aportaciones, lo cortés no quita lo valiente-, decir que le gusta Pulp Fiction de Quentin Tarantino, pero que le indigna Nacido el 4 de julio de Oliver Stone. Tiene la agudeza de definir en pocas palabras la impresión que le causa un cineasta –“pone ante nuestros ojos de forma inesperada aquello que estábamos esperando”, dice del mago del suspense Alfred Hitchcock–, reconoce en E.T., el extraterrestre a "una persona", y reconoce el valor de Uno de los nuestros de Martin Scorsese, pero sin encumbrarla más allá de donde le parece –“Está ‘bien hecha’. No basta esto, sin embargo, para hacer de ella, una gran película”–; se agradece la honestidad intelectual, sin falsas complacencias. Al fin y al cabo, hablamos de alguien que, de entrada, prefiere un western a las sensaciones que le despiertan las palabras "Festival de Cannes", poco aficionado a premiar el género.

No es fácil resumir el completo análisis que hace Basallo de los escritos cinematográficos de Marías. Pero vale la pena señalar su acierto en advertir que le atraen, mucho, los actores, y que describen con ingenio y sutileza sus aportaciones, ellos son personas que por un momento son otras personas, sin dejar de ser las primeras. Lo advierte en Burt Lancaster del que dice que es “consistente y flexible a un tiempo, capaz de ser gánster, cowboy o príncipe siciliano, y siempre, a la vez, Burt Lancaster”. Y dice con rico lenguaje –no podemos olvidar que Marías fue miembro de la Real Academia de la Lengua– sobre Orson Welles como el cardena Wolsey en Un hombre para la eternidad que “es una estupenda mancha púrpura llena de fuerza y expresión”.

Tampoco pasa desapercibido a Basallo la importancia de una amplia cultura para entregar un buen análisis de una película. Así que a la pregunta “¿Es crítico de cine Marías?” se puede responder que poco importan las etiquetas, lo que resulta indudable, es que se trata de un espectador cualificado, con un amplio conocimiento del ser humano, y un buen gusto ético y estético, lo que se plasma en unos artículos para los que cuenta con las necesarias referencias artísticas y culturales, y el conocimiento de una experiencia rica de vida.

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