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"George Lucas", de José Abad

George Lucas (José Abad, Cátedra, Col. Signo e Imagen / Cineastas, 334 págs)

Repaso exhaustivo a la carrera de un cineasta, George Lucas, que tiene pocas películas como director, pero cuya influencia en la historia del cine, y muy especialmente en el modo de rodar actualmente en Hollywood, resulta indiscutible. José Abad sabe enmarcar su aparición en el firmamento fílmico en coincidencia con una etapa de profundos cambios en la realización de películas, que dio paso al llamado Nuevo Hollywood: una serie de cineastas entre los que se contaban los nombres de Brian De Palma, Peter Bogdanovich, Martin Scorsese, William Friedkin, Francis Ford Coppola, Michael Cimino, etcétera, que dieron nuevo lustre a las historias que se proyectaban en la pantalla, pero que en algunos casos serían fagocitados o medio expulsados por un sistema que no acababa de admitir su originalidad.

Lucas, formado en la Universidad del Sur de California, comenzó haciendo cortos como estudiante, para luego convertir en largo una de sus historias, la oscura ciencia ficción de THX 1138 de 1971. De ahí, nos cuenta Abad, surge una cinta nostálgica, que fue una gran éxito comercial, American Graffiti (1973), que permitió la realización de la aventura por la que finalmente alcanzó la gloria, La guerra de las galaxias (1977), una cinta que lo cambió todo, y que estaba en tono a medio camino entre su primer y segundo largometraje, al beber de los seriales y tebeos que Lucas devoró en su infancia.

El autor sabe apuntar el modo en que cambia en esa época la industria del cine, con movimientos en los estudios por los que se convierten en parte de conglomerados empresariales cuyos fines parecen reducirse a la pura rentabilidad. Aquí cita con espíritu crítico la visión cáustica y “destroyer” de Peter Biskind, y acaba resultando reduccionista en su consideración de que la era Reagan dio paso a la peor década de cine de la historia de Estados Unidos. Lo curioso es que en ese nuevo esquema la veta descubierta por Lucas encajaba a la perfección, que pudo acometer las siguientes entregas de lo que fue una trilogía, El imperio contraataca (1980) y El retorno del jedi (1983), renunciando a la dirección, pero no al control de la “criatura” galáctica, acudiendo a buenos guionistas para que escriban sólidos libretos. Y se asoció además con Steven Spielberg para crear la saga Indiana Jones, de nuevo cine aventurero y palomitero que encandiló al gran público.

Abad pone en valor a Lucas por su contribución al cine de entretenimiento de calidad, y recoge los comentarios de la prensa especializada a favor y en contra. Por supuesto, señala cómo ayudó al avance en la perfección del sonido –el sistema THX– y los efectos visuales –la puntera compañía Industrial Light & Magic, ILM–, pero también hay espacio para apuntar a los fiascos totales –las películas de los ewoks, o Howard, un nuevo héroe– o parciales –la segunda trilogía de Star Wars, en que la parafernalia digital se come la humanidad de los personajes que tan bien brillaba en la original–. O para señalar cómo acaba produciendo a su antaño “padrino” Coppola, Tucker, un hombre y su sueño.

Y en fin, queda al final el ciudadano Lucas “jubilado”, que vende su producto a Disney, y mira desde la distancia lo que ahí hacen con su querida saga, a la que quiso envolver con ideas de Joseph Campbell y “El héroe de las mil caras”, ínfulas intelectuales sobre el mito, aunque en realidad su saga es más bien sencilla, lejos de la complejidad de “El Señor de los Anillos” de J.R.R. Tolkien.

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