Decine21

Reportajes

San Sebastián, día 22: Blancanieves y Argo, olé, toreros

El tiempo sigue siendo espléndido en San Sebastián, y por suerte las películas acompañan. Porque en otra ocasión la tentación sería irse a la Concha a darse un baño, pero la calidad de lo mostrado hoy en la sección oficial, “Blancanieves” y “Argo”, ayuda a mantenerse al pie del cañón.

Película muda, y en blanco y negro. ¿Les suena? Basada en Blancanieves, el clásico de los hermanos Grimm. ¿También les suena? Pues bien, pese a que todo suene, no hablamos de The Artist, la gran triunfadora de la pasada edición de los Oscar, ni tampoco de las dos versiones hollywoodienses del cuento que han protagonizado Julia Roberts y Charlize Theron, sino de Blancanieves, de Pablo Berger, una joyita con Maribel Verdú. Sin duda la mejor Blancanieves del trío, y que si me apuran, se atreve a llevar un poco más lejos la propuesta de Michel Hazanavicius. Porque aquí no existe el recurso de cine dentro del cine, ni tampoco la tragedia, para algunos, del paso del mudo al sonoro. No faltan guiños cinéfilos abundantes, por supuesto, pero aquí tenemos el cuento de Blancanieves en clave melodramática -nada de comedia o planteamientos épicos tipo Juana de Arco-, la acción se traslada a la Sevilla de los años 20 y el mundo de los toros.

Y la cosa funciona. Hay emociones genuinas, risas, tono sombrío... La madrastra, los enanos, la manzana, etcétera, todo funciona sin fantasía a las mil maravillas. Y los toros. Servidor no sabe gran cosa de ese mundo, pero tal marco confiere a varias escenas un tono épico que pone la carne de gallina. Genial el entrelazado con la tauromaquia, y un montón de personajes memorables. Todo apunta a que la película estará en el palmarés, bien merece la oreja, el rabo, la vuelta al ruedo, salir a hombros de Donosti. ¿La Concha de Oro? Quizás, aunque la competición no ha hecho más empezar.

Nos cuenta Berger que la idea del film nació en 2003, de modo que la película tiene la edad de su hija. Y que la coincidencia temporal con The Artist, es eso, coincidencia, y que al saber de su existencia se tiraba de los pelos, aunque le ayudó a encajar “el golpe” su mujer con paciencia oriental, que para eso ella es oriental, y luego la película The Artist le ha encantado, aunque sean evidentes, una con la mira americana, la otra con la europea. Ahí queda el dato, en cualquier caso.

La crisis de la embajada

argoArgo, dirigida por Ben Affleck, es una buena película, tiene todas las papeletas para estar esta año en los Oscar. Aquí está en la sección oficial, pero no a concurso. Una medida de prudencia de parte de Warner y compañía -entre los productores, además de Affleck, figura George Clooney-, para evitar uno de esos feos tan típicos en festivales de no premiar a una película que tiene visos de ser demasiado comercial.

El film se basa en un caso real, una parte no excesivamente conocida de la crisis de los rehenes de la embajada americana en Irán, acontecida en 1979, en plena revolución del ayatollah Jomeini. Que gran parte del personal diplomático fue retenido y humillado durante cerca de un año, y que la tristemente célebre operación de “ResCarter” fue un fracaso sí suena. Pero el film se centra en seis personas que lograron salir de la legación y refugiarse en la embajada canadiense. Ante la falta de opciones para sacarles del país, un agente de la CIA alumbra la peregrina idea de simular que en un equipo de cine canadiense, aliado con Hollywood, anda buscando localizaciones para una desopilante película de corte fantástico titulada precisamente “Argo”.

El guión es obra del desconocido Chris Terrio, y Ben Affleck sabe dar al relato un aire setentero, lleno de emoción, pero también de las justas dosis de humor. El tempo es perfecto: la presentación al público de los antecedentes, las opciones de rescate, los preparativos, el caldeado ambiente en las calles de Teherán, las dudas de la administración Carter, la vida en la embajada canadiense... El riesgo de tomar este caso particular y dejar orillada la gran crisis de la embajada americana se sortea con éxito. Quizá el clímax es excesivo, muy peliculero y hollywoodiense, pero en general tenemos una de esas grandes producciones de las que puede enorgullecerse con razón el cine americano. El reparto es sencillamente perfecto, componen unos personajes creíbles, tanto en el mundo de los espías -el propio Affleck y Bryan Cranston...- como en el de Hollywood -John Goodman y Alan Rickman- y el diplomático -Tate Donovan, Victor Garber y Clea DuVall, entre otros-.

Crónicas anteriores

Arranca San Sebastián 2012

San Sebastián 2012, día 21

Lo último del mundo del cine

Últimos tráilers oficiales

¡Hola, soy Hal21, tu androide experto en películas!
HAL21 Chatbot