Una intensa historia mínima de Carlos Sorin, “Días de pesca”, y un thriller al estilo nórdico servido por Lasse Hallström echan el cierre a la sección competitiva del Festival, ahora sólo nos queda aguardar a la clausura y elucubrar sobre el palmarés.
La carrera del argentino Carlos Sorin tuvo un renacer en 2002 gracias a Historias mínimas, película presentada a concurso en San Sebastián, donde ganó el Premio Especial del Jurado. Desde entonces, se ha convertido en presencia habitual en el Festival, y ha seguido fiel a un estilo de narración con personajes muy humanos y entreñables, como es el caso de Bombón, el perro y Camino a san Diego, aunque dejando cada vez más a un lado cierto estilo desaliñado, caso de La ventana y del film que presenta este año en la competición, Días de pesca.
Se trata en esta ocasión, verdaderamente, de una “historia mínima”, pero llevada con excelente pulso narrativo. Tenemos a un protagonista, Marcos, viajante cincuentón, que al estilo del personaje de Richard Farnsworth en Una historia verdadera, ha iniciado un viaje que tiene mucho de búsqueda de la redención, es hora de enderezar la propia vida. Pero tal hecho se nos desvela paulatinamente, a medida que encuentra a diversas personas en una zona remota. Así averiguamos que él es viajante comercial, que está de vacaciones y va a visitar a su hija. Ha dejado de beber, y adivinamos que su alcoholismo forma parte de un pasado problemático. En teoría ha ido a Puerto Deseado porque desea practicar la pesca del tiburón, pues aunque no ha usado una caña en su vida, el médico le ha recomendado que se busque un hobby.
Carlos Sorin, guionista y director, desarrolla la narración con sobriedad, unas interpretaciones contenidas, y mucha elipsis, no hace falta explicitar lo que se intuye, el dolor y la rabia que se esconden tras determinados comportamientos. La música de Nicolás Sorin tal vez sea un poquito enfática, pero apoya eficazmente algunos pasajes. Y los intercambios con el entrenador y su boxeadora, un trío de jóvenes, el patrón de pesca y la familia de su hija tienen una fuerza enorme, y el sabor de la autenticidad.
La ceremonia del fingimiento o el robo de las joyas de Evita
De nuevo toca ocuparse de una película que, incluida en la sección oficial, no compite por la Concha de Oro u otros premios. Se trata de ¡Atraco!, comedia que se inserta en la tradición de películas de robos más o menos sofisticados, donde tienen gran importancia los preparativos previos, y donde siempre hay algún elemento que no se ha tenido en cuenta para la ejecución del golpe, y que complica las cosas.
El film parte de un atraco auténtico a una joyería, sucedido en la España de los años 50. Tal suceso se relaciona con la ficción de que el general Perón, exiliado en Panamá, hubiera empeñado las joyas de Evita para obtener algo de liquidez, depositándolas precisamente en esa joyería. Carmen Polo de Franco, la esposa del Generalísimo, tras visitar el establecimiento, se habría encaprichado con las joyas. De modo que hombres leales a Perón fingirían un robo para escamotear a la “primera dama” el “botín”, y volver a entregarlo al joyero.
Eduard Cortés parece haberse aficionado a películas sobre la simulación y el engaño, piénsese en La vida de nadie y The Pelayos, esta última presente también en San Sebastián, en la sección “Made in Spain”. Aquí entrega una entretenida película con vocación popular, a la que curiosamente le falla un tanto el arranque panameño, y un inesperado desenlace que rompe con el tono amable del film, y que se diría el típico ajuste de cuentas con el franquismo que no puede evitar acometer con demasiada frecuencia el cine español; en el caso que nos ocupa lo considero un error, sobre todo porque la película no va por ahí, en tal sentido sería más eficaz la crítica de pasada a la posible afición de doña Carmen por las joyas gratis total, por otra parte no tan diferente de la que tienen tantos personajes cercanos al poder.
El cuerpo central de ¡Atraco! es lo que mejor funciona, las dos parejas masculinas, de ladrones y policías, estupendos Guillermo Francella y Nicolás Cabré, Óscar Jaenada y Jordi Martínez, con su distinta mirada generacional y el progresivo estrechamiento de los lazos que les unen. Y el interés romántico de la encantadora enfermera, Amaia Salamanca, y la caballerosidad de Daniel Fanego que a la postre lo complica todo, del hombre leal al peronismo en una causa sin causa.
El mundo está loco, loco, loco, y Lasse Hallström lo cuenta
La novela y el cine policíacos tienen una pujanza excepcional actualmente en Escandinavia. Las historias de Henning Mankell y Stieg Larsson son auténticos best-sellers, y sus traslaciones a la pequeña y gran pantalla atraen a un numeroso público. Era pues lógico que el veterano director sueco Lasse Hallström se sintiera tentado a abordar el género, que nunca ha frecuentado ni siquiera en su formato hollywoodiense. Lo hace al fin en El hipnotista, adaptación de una novela de Lars Kepler, seudónimo del matrimonio escritor formado por Alexander Ahndoril y Alexandra Coelho Ahndoril. Lo llamativo es que de este modo vuelve a rodar en su idioma natal y en su país por primera vez tras un cuarto de siglo de ausencia. Recupera además como actriz a su esposa Lena Olin, con la que hizo en 2000 Chocolat.
La historia comienza con los brutales asesinatos que afectan a una familia, el padre en el instituto donde entrenaba a baloncesto, la madre y una niña en su hogar. Milagrosamente otro hijo, el adolescente Josef, salva la vida, aunque con graves lesiones que le postran en el hospital en estado semicomatoso. Joona, el policía que lleva el caso, querría una declaración pronta de testigo tan importante, y por ello no duda en acudir a Erik, un hipnotista, una forma algo heterodoxa para lograr que Josef aporte alguna información. Esto tendrá desagradables consecuencias para Erik, cuya vida familiar no atraviesa un buen momento desde que su esposa Simone destapó una infidelidad de él.
Hallström logra enganchar con una historia intensa, con un giro ciertamente sorprendente. Además él es un director de actores, acostumbrado al drama y a la comedia, y por ello logra dar entidad a los personajes y sus crisis particulares. Ello para pintar ese mundo oscuro y horrible, falto de referencias éticas y morales nítidas, donde patologías inimaginables dan pie a crímenes horribles, y donde la gente “normal” se arrastra como buenamente puede, llevando una vida solitaria y entregada al trabajo, como Joona, o tratando de mantener a flote un hogar, el caso de su compañera Magdalena, o el de Erik y Simone.
Y pese a todo, el film no deja del todo satisfecho, se le notan demasiado las costuras y tiene flecos y agujeros que merecerían ser rellenados, tal vez se deba al guión de Paolo Vacirca, o la bisoñez de Hallström con el suspense. La lógica propia de la persona psicópata no parece tan lógica, y aunque el clímax sobre el hielo tiene fuerza, el grupo de individuos que se encuentra reunido en ese escenario y en ese momento no resultan demasiado creíbles.
Un pronóstico
No soy profeta ni hijo de profetas, pero toca mojarse sobre las películas con posibilidades de figurar en el palmarés. O tal vez habría que acuñar la palabra “concharés”, no en balde pienso que la editorial Planeta ha inventado la palabra “hipnotista”, que no encuentro en el diccionario de la RAE, donde sí figura en cambio “hipnotizador”. Nada que objetar, la riqueza del lenguaje, usemos “dentistador” además de “dentista”, “artistador” como alternativa a “artista”; o al revés, “aparejista” como equivalente a “aparejador”.
Pero en fin, al grano. Pienso que la Concha de Oro debería ser para Blancanieves, de Pablo Berger, película muy redonda en todos los sentidos. Tampoco desmerecería de ese premio En la casa, aunque el film de François Ozon bien podría ganar en otros apartados. Otros títulos premiables son El capital, El atentado y Días de pesca. No me apetece mucho que se lleve premio, pero Bahman Ghobadi con Rhino Season es de esas pelis que parece obligatorio premiar en un festival, por aquello del esfuerzo formal y tal.
Como mejor actor tiene muchas papeletas Jean Rochefort por El artista y la modelo, aunque está estupendo Fabrice Luchini en En la casa. Se habla mucho de las posibilidades de José Sacristán por El muerto y ser feliz, pero la verdad, premiar su lacónico y pesadito personaje me parece excesivo. Alguien me apunta las posibilidades de Alejandro Awada por Días de pesca, pero dudo que pesque el premio.
En cuanto las chicas, Volver a nacer ha sido tan vapuleada, que se diría que Penélope Cruz tiene pocas opciones. Lena Olin podría ser, por El hipnotista. Otra opción a considerar sería un premio conjunto a las chicas de Foxfire, lo cierto es que el taller de actores montado por Laurent Cantet para su film da frutos estimables.
Crónicas anteriores
San Sebastián 2012, día 21, "El fraude"
San Sebastián 2012, día 22, "Blancanieves" y "Argo"
San Sebastián 2012, día 23: "El muerto y ser feliz" y "En la casa"
San Sebastián 2012, día 24: "El artista y la modelo" y "Firefox"
San Sebastián 2012, día 25: "Volver a nacer" y "El atentado"
San Sebastián 2012, día 26: "All Apologies" y "The Dead and the Living"
San Sebastián 2012, día 27: "Rhino Season", "Lo imposible" y "El capital"
