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Historia de las escaleras y los ascensores en el cine

Las escaleras y los ascensores han estado muy presentes en el cine desde que éste echara a andar. Los grandes directores han utilizado muy bien su valor simbólico para fines variopintos.

Historia de las escaleras y los ascensores en el cine

Ya en la época del cine mudo, Robert Wiene le sacó mucho partido a las escaleras retorcidas de El gabinete del doctor Caligari, que contribuían a crear una atmósfera irreal e inquietante. El maestro ruso Sergei M. Eisenstein sobrecogió al respetable con la matanza de la escalinata de Odessa, por donde cae un cochecito de bebé, en El acorazado Potemkin. El protagonista de Metrópolis, de Fritz Lang, conoce a la maestra María en uno de los ascensores que unen la zona de los ricos con el inframundo de los obreros.

La época clásica

Posteriormente, con la llegada del sonoro, grandes clásicos han aprovechado este elemento muy bien. Norma Desmond, antigua diva del cine en horas bajas interpretada por Gloria Swanson, las bajaba lentamente para reencontrarse supuestamente con las cámaras (en realidad la espera la policía) en la magistral El crepúsculo de los dioses, de Billy Wilder.

En Lo que el viento se llevó la inolvidable Scarlett O'Hara, conoce a Rhett Butler mientras subía unas escaleras y él está apoyado en el pasamano con aire de galán.

Posteriormente perdía a su bebé tras caer rodando por unas escaleras, y al final las baja corriendo cuando después de unas cuatro horas de metraje por fin se ha dado cuenta (ya era hora) de que sí que está enamorada de él, pero a Butler, francamente, ya le importa un bledo.

Escaleras del cine de terror

El cine de terror ha sabido utilizar muy bien los peldaños para crear tensión. En Al final de la escalera, caía por los escalones una pelota que provocaba pesadillas al personaje de George C. Scott. También impresionaba bastante la primera aparición bajando la escalinata del vampiro, interpretado por Christopher Lee, en Drácula (1958). La niña de Los otros leía la Biblia en la escalera.

Las sillas salvaescaleras como las de ThyssenKrupp pueden ser muy útiles para intentar huir cuando monstruitos como los de Gremlins irrumpen en casa. Pocos son los que se atreverán a coger un elevador tras ver que puede hacer cosas raras en El ascensor, de Dick Maas, o La trampa del mal, producida por M. Night Shyamalan. Pero el más escalofriante de todos es sin duda el que deja salir ríos de sangre en El resplandor, de Stanley Kubrick.

Alfred Hitchcock, maestro de los escalones

SospechaEl hombre que sabía demasiado bien cómo usar las escaleras en el cine era sin duda Alfred Hitchcock, que creaba un enorme suspense en secuencias como aquélla en la que el protagonista quiere alertar al padre del asesino en Extraños en un tren, pero un perro con malas pulgas parece ponérselo difícil para subir. En Sospecha, Cary Grant sube poco a poco con un vaso de leche que da mucho miedo. Un detective es asesinado en una escalera por Norman Bates, en la mítica Psicosis.

Uno de los momentos más logrados en la filmografía del maestro es el final de Encadenados, cuando Cary Grant ayuda a bajar a una desvanecida Ingrid Bergman a la que los nazis quieren dar 'matarile'. Por cierto, en 39 escalones, los peldaños sólo se citan como nombre de una siniestra organización.

¿Conoces más películas donde las escaleras o salvaescaleras son también protagonistas? Cuéntanoslo en Twitter (#escaleras)

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