Decine21

SIN ESPECIFICAR

Venecia 2011: día 10

Esto se acaba. Con el último film de la competición y la divertida película de clausura, ya sólo queda esperar el veredicto del jurado presidido por Darren Aronofsky, a ver por dónde le da por rugir al León de Oro.

Último título a concurso. Texas Killing Fields es un thriller estiloso y realista, que huye con acierto del morbo, lo dirige Ami Canaan Mann, hija del conocido cineasta Michael Mann, que también produce. Y, otro miembro del clan, la hermana de la primera e hija del segundo, Aran Reo Mann, se ocupa de la dirección artística.

La película se inspira en hechos reales, pero interpretados libremente para la ocasión por un guionista ex policía, Donald F. Ferrarone, amigo de los personajes auténticos en que se basa la historia. La idea es que un par de detectives de la policía investigan una de serie de asesinatos ejecutados a lo largo de tres décadas, siempre mujeres jóvenes, en general de mal vivir, cuyos cuerpos han ido apareciendo desperdigados por distintos puntos de la zona texana conocida como Killing Fields, los campos de muerte, unos cañaverales pantanosos. Souder es un policía de toda la vida de la pequeña localidad de Texas City, separado de su mujer, que ejerce el mismo oficio. Y Heigh es un recién llegado al lugar desde Nueva York, hombre de familia y piadoso católico, resuelto a dar con el culpable, aunque haya casos que no sean de su jurisdicción, como le recuerda su compañero.

Quizá el mejor elogio que se puede hacer de la película a Ami Canaan Mann, es que no desmerecería en la filmografía de su padre como director. En su segundo largo -Morning no se ha distribuido en España- la directora prueba su habilidad para crear una atmósfera opresiva, y crea además modélicas escenas de acción. El relato de una historia dura no impide la contención en la violencia, el uso inteligente de la elipsis. En el personaje de Jeffrey Dean Morgan se encarnan las convicciones puestas a prueba por unos crímenes deleznables e irracionales. Mientras que el de Sam Worthington -que vuelve a emparejarse con la actriz de moda, Jessica Chastain, tras La deuda- refleja las dificultades actuales para mantener la unidad familiar. Aunque caso extremo de familia desestructurada es el de la adolescente Anne, con una madre y un hermano mayor que no saben ocuparse de ella.

Risas para la clausura

Para cerrar las proyecciones ofrecidas estos días en Lido, nada mejor que una película un poquito desengrasante, con un humor sofisticado y absurdo. Ésta es la propuesta del singular director estadounidense Whit Stillman, un cineasta que se prodiga poco desde que fuera nominado al Oscar al mejor guión original hace veinte años por su debut fílmico Metropolitan. Con Damsels in Distress entrega su largo número cuatro, el anterior lo rodó en 1998.

La acción transcurre en un campus universitario, con la recién llegada Lily acogida por Violet y sus amigas Heather y Rose, que regentan un club de asistencia a posibles suicidas. Absolutamente pija, Violet muestra aires de superioridad a la hora de dar consejos a diestro y siniestro, hasta que a ella le toca también pasar por la experiencia de estar deprimida por un desengaño amoroso.

Así contada, la trama suena a dramática, pero el tono es de ironía continua. Stillman, también productor y guionista, se ríe de la ignorancia suprema de sus personajes, lo que incluye los notables prejuicios de que hacen gala y una visión superficial de lo que supone el amor. Hay ingenio en el humor, un poco al estilo Woody Allen, aunque todo es más suave. Otra referencia que me viene a la cabeza es Las vírgenes suicidas de Sofia Coppola, también por el tratamiento fotográfico y el aire romántico que traspasa la narración. La concepción episódica del film, a los que preceden los correspondientes letreros, también me hace pensar que la idea podía haber dado pie a una serie televisiva, al estilo de Glee. Por cierto que el film también incluye un número musical. E incluye un reparto juvenil de actores aún no excesivamente conocidos.

El pronóstico

Entregado el León de Oro a toda la carrera a Marco Bellocchio, de quien se proyectó su película de 1971 Nel nome del padre, en un nuevo montaje donde el director ha recortado quince minutos al metraje original. Como los cinéfilos recordarán, se trata de un film transgresor que transcurre en un internado para chicos bien con problemas, donde la llegada de Transeunti provoca una rebelión de esa clase burguesa contra los curas que regentan el lugar. Un film poderoso pero también con momentos grotescos y una mirada irreverente y poco amable hacia la religión, que puede emparentarse con facilidad con algunas películas de Luis Buñuel y Federico Fellini.

Y entregado el premio ya conocido, quedan los pronósticos. Algo me mojaré, aunque en mi descargo -y me pongo la venda antes de recibir la herida- debo recordar que no he visto todas películas a competición. Dicho esto, suena con fuerza para el León de Oro Shame, de Steve McQueen (II). Con un jurado del que forman parte nombres como Darren Aronofsky, David Byrne, Todd Haynes y André Techiné, no suena a descabellado. Ello a pesar de que Faust de Aleksandr Sokurov algunos la ven como seria candidata. También podría gustar en esta línea títulos como Un dios salvaje de Roman Polanski, Contagio de Steven Soderbergh, Un método peligroso de David Cronenberg y Alps de Yorgos Lanthimos; o sea, todo lo que tenga un puntito raro. Michael Fassbender, presente en dos títulos, como Kate Winslet, podrían optar a los premios de interpretación. No nos olvidemos de El topo, del potente film chino People Mountain People Sea, o de Killer Joe, un William Friedkin tarantinesco. O de algún premio de consolación para los italianos. En fin, que hay mucho donde elegir, y como siempre, posibilidades de equivocarse, algo que encanta a cualquier jurado que se precie.

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