Monster: The Lizzie Borden Story
- Serie TV
- Duración: 07h 30 min
- Género: Drama | Policiaco
- Público apropiado: Adultos
- Valoraciones: decine21 (3) | usuarios (6.5)
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- Título original: Monster: The Lizzie Borden Story
- Título alternativo: Monstruo (4ª temporada)
- Año: 2026
- Fecha de estreno en España en Netflix: 17-09-2026
- País: EE.UU.
- Creado por: Ian Brennan
- Dirección: Max Winkler, Sarah Adina Smith
- Intérpretes: Ella Beatty, Vicky Krieps, Sarah Paulson, Charlie Hunnam, Rebecca Hall, Billie Lourd, Jessica Barden, Scarlett DeMeo, Chris O'Shea
- Guión: Ian Brennan
- Música: Bryce Dessner
- Fotografía: Michael Bauman
- Producción: Adam Penn
- Distribuye en formato doméstico: Netflix
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Reparto
Sinopsis oficial
Atrapada en un hogar victoriano marcado por la crueldad, Lizzie Borden mata brutalmente a sus padres a hachazos y conmociona a todo el país.
Crítica Monstruo: La historia de Lizzie Borden (2026)
La asesina del hacha
Cuarta entrega de la serie antológica sobre célebres asesinos en serie Monstruo. Tras las dedicadas a Jeffrey Dahmer, los hermanos Menéndez y Ed Gein, se reconstruye uno de los crímenes más célebres de Estados Unidos: el asesinato, el 4 de agosto de 1892, de Andrew y Abby Borden a manos de su hija Lizzie, al menos según la acusación que acabó llevándola a juicio. La serie abre con el doble homicidio y después retrocede cuatro meses para explicarnos qué pudo llevar a Lizzie hasta el hacha. El problema es que, en lugar de construir una explicación convincente, los guionistas parecen haber abierto una caja de recursos extravagantes y haber ido sacándolos uno detrás de otro hasta completar ocho horas.
Ryan Murphy, máximo responsable de esta producción, ha encontrado una nueva forma de hacer sangre con la historia criminal estadounidense: coger un caso fascinante, apartar los hechos reales todo lo posible y rellenar los huecos con sexo, sangre y simbolismo de mercadillo. El problema no es que una serie sobre Lizzie Borden se tome libertades. Una dramatización puede especular, imaginar y construir una versión propia de los acontecimientos. El problema es que aquí la imaginación se come a la historia con cuchillo y tenedor. Lo que podría haber sido un inquietante retrato de una mujer atrapada en una familia asfixiante termina convertido en una fantasía gótica homosexual, con bromas y escenas desagradables, tan irreal como agotadora.
Buena parte del conflicto gira alrededor de la menstruación de Lizzie. Y no precisamente como elemento secundario. La regla aparece una y otra vez, con una insistencia que el espectador sienta lástima del departamento de atrezzo encargado de conseguir sábanas ensangrentadas. La protagonista pierde pretendientes por sus dolores, mancha muebles, recibe consejos sobre remedios y acaba relacionando su sufrimiento físico con una supuesta liberación sexual. La sutileza, por tanto, ha sido declarada oficialmente desaparecida.
Bridget Sullivan entra en la casa como criada y rápidamente se convierte en una mezcla de confidente, terapeuta, educadora sexual, dispensadora de remedios, amante y enciclopedia ambulante de mujeres asesinas. También le habla a Lizzie de la condesa Erzsébet Báthory, mientras la serie introduce un masajeador médico de la época para aliviar sus dolores. También aparece por ahí Aileen Wuornos, una asesina muy posterior, asesinada en 2002, no se sabe bien por qué, produce una sensación cercana a la de encontrarse a Charles Manson en mitad de una película sobre Juana de Arco. Monstruo ya había utilizado esta clase de conexiones artificiales en su temporada sobre Ed Gein, y aquí vuelve a insistir en el procedimiento: si una asesina famosa cabe en el universo de Ryan Murphy, ¿por qué no meterla?
El resultado es un cajón de sastre criminal en el que todo parece relacionado con todo porque los guionistas han decidido que sí. Hay ideas interesantes enterradas bajo semejante montaña de excesos. La situación de las mujeres en la sociedad estadounidense del siglo XIX, la dependencia económica, el matrimonio como salida prácticamente obligatoria, la autoridad paterna y las circunstancias que pudieron influir en el juicio de Lizzie Borden ofrecían material de sobra para construir un drama histórico de enorme interés. Pero la serie parece tener alergia a quedarse cinco minutos seguidos con una idea seria. Cuando podría analizar la sociedad, enseña sangre. Cuando podría desarrollar un personaje, introduce sexo.
La puesta en escena, eso sí, intenta disimular el despropósito. Hay elegancia visual, cuidada ambientación y un gusto por lo gótico que ocasionalmente produce imágenes poderosas. La serie sabe ser vistosa. Incluso tiene cierto aire de cuento perverso, con jardines, árboles, palomares, vestidos y casas victorianas convertidos en escenarios de pesadilla. El problema es que detrás de tanta decoración hay muy poco que decir.
Rebecca Hall es probablemente quien más partido consigue sacar del material. Su Abby Borden, madrastra de la protagonistaa, posee una presencia incómoda y amenazadora y la actriz consigue convertir a un personaje escrito casi como una caricatura en alguien con cierta complejidad. Vicky Krieps también defiende con solvencia a Bridget. Ella Beatty, en cambio, tiene una tarea dificilísima como Lizzie. El personaje debería ser el centro magnético de la historia, pero el guion la convierte demasiadas veces en una criatura pasiva que contempla cómo los acontecimientos, los traumas y las ocurrencias del guion pasan por delante de ella. Charlie Hunnam repite después de interpretar a Ed Gein en la anterior temporada de Monstruo, aquí como Andrew Borden, progenitor del personaje central, pero su trabajo resulta un tanto exagerado. Por último, cabe citar que si bien Sarah Paulson convence en la piel de la citada Aileen Wuornos, pero sus secuencias poco aportan al conjunto.
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