Krzysztof Zanussi quiere despertarnos con "Éter"
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Entrevistas

Entrevista con el legendario director polaco

Krzysztof Zanussi quiere despertarnos con "Éter"

Krzysztof Zanussi es un cineasta legendario. El director polaco ganó el León de Oro en el Festival de Venecia con "El año del sol tranquilo", y a sus ochenta años sigue siendo un espíritu libre, que puede permitirse hacer el cine que cree que debe hacer, capaz de inspirar al espectador exigente. Tengo el inmenso placer de hablar largo y tendido con él, con motivo del estreno de su última película, "Éter", toda una llamada a despertar del sopor en que parece sumido el ser humano. (Fotos: Eva Gascon)

Éter aborda la arrogancia del científico, y de algún modo conecta con Iluminación, rodada hace más de 45 años, en que seguimos a un estudiante de física, también investido de cierta soberbia. ¿Considera Krzysztof Zanussi que ambas películas están conectadas, y que de algún modo ha cerrado un círculo?

He rodado más de 40 películas a lo largo de mi carrera, y me parece que hago siempre la misma película. Hay diferencias de estilo y contenidos, pero no del mensaje. No siento que se produzca una evolución profunda. Es un desarrollo de mi pensamiento. Pero no he tenido una experiencia radical al estilo de san Pablo, que sufre un profundo cambio cuando se cae del caballo camino a Damasco. No me he caído de ningún caballo a lo largo de mi vida.

La búsqueda de una orientación de la vida, el sentido de la vida, de la existencia del universo, es algo recurrente, porque es un tema que me interesa. En Iluminación rodábamos sometidos a la censura, y resultaba difícil referirse a lo espiritual y a lo sobrenatural, porque en aquella época había una religión del Estado, que era el marxismo. Hoy no tengo esa limitación. Pero hay otra. Me enfrento a la limitación del mercado. Porque al mercado no le gusta la metafísica. Piensa que es aburrida, y quiere explicaciones más simples. En este contexto la perspectiva metafísica introduce una perturbación en la meta del consumo. El buen consumidor no tiene la vista puesta en la eternidad, sino que piensa en lo que tiene que hacer ahora, en este momento, en lo inmediato. Quiere comprar, con frecuencia cosas inútiles. Por eso el mundo del espectáculo como reflejo filosófico y profundo de la realidad no es algo deseado desde el punto de vista del mercado.

eter 41246 g4Lo espiritual no está de moda, parece que la ciencia deviene en sustituto...

La película transcurre a finales del siglo XIX, cuando la ciencia busca sustituir a la religión, y la prueba de su fracaso es el horror de la Primera Guerra Mundial. La búsqueda de un mundo mejor, de un mundo nuevo, no tenía un fundamento sólido, y se acabó en la barbarie. La Primera y la Segunda Guerras Mundiales. Es la prueba de que la ciencia no puede protegernos del mal. Quería situar la trama de Éter en un momento crítico, de derrumbamiento de las ilusiones.

Sin embargo, no escarmentamos. Estamos en un punto de la historia en que una guerra, Dios no lo quiera, no es descartable. Y la confianza se deposita en la ciencia, la solución a los problemas. Por ejemplo en la lucha contra el cambio climático de la que tanto se nos habla.

Solo si cambiamos nuestro estilo de vida, podemos cambiar las cosas. El desarrollo sostenible es una solución parcial, pero no basta. Hay que frenar el consumismo, el puro desarrollo material. No podemos ofrecer a todo el mundo los bienes de los que disponemos en los países desarrollados. No hay suficiente combustible, espacio para hacer carreteras... Todos tenemos derecho al descanso, a las vacaciones, a poder ir a la playa. Pero no hay playa para todos. No hay suficientes playas para todo el mundo.

Hay que cambiar mucho, para salir adelante. El desarrollo sostenible es el comienzo de la solución, pero además hay que frenar la producción, porque las naciones producen demasiado. Y la publicidad nos vende cosas inútiles. Aunque todo está conectado, porque la cultura y el cine viven de la publicidad. Es una paradoja. Por eso no es bienvenido el mensaje de que consumamos menos.

zanussi4El doctor parece un personaje muy seguro de sí mismo, que controla, pero el tramo final de la película desbarata esta visión de las cosas. ¿Es este el gran defecto que nos acecha todos, un exceso de confianza en nosotros mismos?

Sí, es el orgullo, la soberbia. El hombre confía en el desarrollo material. Pero de lo único de que estamos seguros es de que el mundo se acaba. La ciencia puede ayudar, pero no da respuestas a todo.

El protagonista es manipulado, sin embargo, por un personaje de aires mefistofélicos.

Sí, pero él acepta esa manipulación. Es un pacto, un intercambio el que establecen. Somos libres, forma parte de la condición humana tomar nuestras propias decisiones. Durante el siglo pasado se falsificó esa percepción con el determinismo. En la física, el determinismo de Newton. También en la física moderna. Pero los individuos tenemos un espacio de libertad. Y sin embargo, a veces se niega esa libertad. Como hace Jean-Jacques Rousseau, que considera que el hombre es buena por naturaleza, sólo más tarde ha sido corrompido por las circunstancias familiares y sociales en que se desarrolla su existencia. Pero no es cierto. Desde niños tenemos la capacidad de hacer el bien y el mal. Dentro de nosotros trata de imponerse un animal que procura el mal. Me gusta mucho hablar de “el animal”, porque no me gusta la retórica angélica, que habla de naturaleza buena y hombre bueno.

Es cierto que el protagonista es libre, pero no deja de ser víctima de la manipulación, igual que él mismo manipula a las personas para que sirvan a sus bastardos intereses.

Sí, es una gran tentación procurar poseer al otro para manipularlo. Adueñarse del alma del otro es una tentación siempre actual.

En lo relativo al pacto me gustaría saber su deuda con “Fausto”, y concretamente con la película que dedicó al tema Aleksandr Sokurov.

Sokurov orienta su película tomando como referente a Goethe. Cada interpretación de Fausto es diferente. Ahí el objetivo es lograr la eterna juventud. Para Thomas Mann se trata de conseguir el talento. Y para mí, la meta es el poder.

El título de la película, Éter, parece aludir a un amodorramiento que afecta a todos los seres humanos. ¿Cree que es necesario despertar al espectador adormilado?

Bueno, corresponde a los críticos hacer este tipo de interpretaciones. Si hay un solo espectador al que puedo despertar con esta película, esto justifica no sólo esta película, sino toda mi vida. Es un milagro que no puede prever, puede ocurrir, y puede no ocurrir. Siempre queda la esperanza de que puedo influir en la gente con mis películas.

Una de mis anteriores películas produjo un gran revuelo, porque uno de sus personajes es una feminista combativa, que no queda muy bien parada. Y los medios de comunicación me criticaron, asegurando que no existen personajes tan malévolos como el que yo mostraba. Pero luego me ocurrió que tomé un taxi, y el conductor me reconoció por la voz, de oírme en la radio, tengo una voz muy característica. Y me aseguró que él había tenido una jefa idéntica a la mujer que mostraba en la película, y me felicitó. Tanto le había gustado que no quiso cobrarme la carrera cuando llegué a mi destino. Me ahorré dos euros [risas].

El arranque de la película, en que el doctor duerme a una hermosa paciente para abusar de ella, me hizo pensar en un tema muy actual, el movimiento #MeToo, que se ha levantado en protesta por los poderosos, también en el cine, que se aprovechan de su posición para lograr favores sexuales...

Sin duda que existen razones fundadas para la protesta. Pero también veo mucha hipocresía, algo que es habitual en los movimientos de masas. Esta corrupción, que es real, la conocemos desde hace muchos años, y ahora sorprende un poco las denuncias de sucesos ocurridos mucho tiempo atrás. Hay que mirar a los abusos de hoy, a los que perpetran ahora mismo las grandes compañías internacionales. Muchas veces se pueden detectar los primeros pasos de la corrupción, en pequeñas cosas, que hasta pueden parecer cómicas, pero que no lo son. Las personas quieren promocionarse, y parece que el precio que se paga es pequeño, pero es la primera corrupción del alma.

Aunque hay un problema con el uso individual de la libertad, la película apunta a la corrupción en las instituciones: la ciencia, el ejército, e incluso la Iglesia...

Sí, y es muy alarmante. Evangelizar el mundo, difundir una idea, es al final una cuestión individual. No se consigue con los libros o con telepredicadores. Hace falta el testimonio personal de vida, el ejemplo de los santos, que algunos hay, aunque no muchos.

Usted ha rodado dos películas en torno a santos, De un país lejano, sobre Juan Pablo II, y Maximilian Kolbe... Pero aquí más bien nos ofrece el contraejemplo. ¿Resulta necesario ofrecer una suerte de advertencia de lo que podemos hacer mal?

Sí, se trata de alguna manera de dar salida a la hipocresía que nos acecha. Y que puede afectar también a la Iglesia, pues ha habido épocas en que pecadores han estado en una posición muy alta. La época de San Francisco de Asís es emblemática de cómo el poder corrompe, y la actuación de este santo salvó al mundo occidental. Siempre esperamos que aparezcan personajes como éste que puedan salvarnos. Porque la Iglesia, simplemente como institución, no puede purificarse a sí misma. Necesitamos grandes almas para lograrlo.

Recientemente ha publicado en España un libro Román Gubern, en el que le cita, “Un cinéfilo en el Vaticano”. Ahí cuenta su experiencia de formar parte de una comisión de la Santa Sede que elaboró un listado de las mejores películas de la historia con motivo del centenario del cine. Iluminación estaba en esa lista...

Bueno, aquella iniciativa fue una gran vergüenza, auspiciada por un obispo americano, donde se acabó primando lo social, con idea de aparecer progresistsa, lo que lleva a seleccionar películas abiertamente anticatólicas, algo que no me parece una buena idea, porque se acaba perdiendo la identidad. Yo fui una de las personas que protestó ante ese elenco, que me parecía completamente arbitrario. El Vaticano nunca ha tenido una orientación clara y definida en este terreno.

¿Qué cineastas le inspiran, clásicos y actuales?

En el cine mundial Martin Scorsese. Y ya no están entre nosotros, pero por supuesto Akira Kurosawa, Ingmar Bergman, al que conocí personalmente, una gran experiencia. Hoy, entre los jóvenes, destacaría a Andrey Zvyagintsev, el director de Leviatán. Hay una corriente de buen cine, pero no es muy fuerte. De algún modo se ha degradado, también por la proliferación de las series, que no pueden tener la misma intensidad que una película.

Los culebrones tienen un papel configurador en las costumbres sociales muy importante, en países como Brasil, y me sorprende que la Iglesia no se haya dado cuenta antes. El contenido no es neutro, aunque lo parezca. Porque consisten en una acumulación de elementos y situaciones que no tienen sentido.

¿Cómo ve el cine polaco en la actualidad? Ha visto irse a grandes maestros, como su maestro Andrzej Munk, Krzysztof Kieslowski o Andrzej Wajda. ¿Quién le interesa en la actualidad? ¿Tal vez Pawel Pawlikowski?

El joven cineasta Jan Komasa, que está detrás de Corpus Christi, que opta a los Oscar, me parece interesante. Describe cómo un sacerdote aborda los problemas sociales de la parroquia.

Resulta curioso el interés que despierta la figura del papa, con las series de Paolo Sorrentino, o la película de Los dos papas de Fernando Meirelles. ¿A qué cree que se debe?

No es una cuestión superficial, este interés, pero es algo social. La diferencia entre Benedicto y Francisco que yo percibo no coincide con la que ofrece la película. Se limita a fijarse en los aspectos sociales, una vez más detecto una historia de los papas sin metafísica.

Su caso es bastante insólito, porque estudió física en Varsovia, filosofía en Cracovia, y luego cine en Lodz. ¿Cree que falta en los cineastas una formación humanística y cultura más completa?

Hay muy pocos cineastas en el mundo, si los comparamos con el número de ingenieros o médicos, somos una especie en riesgo de extinción. Como el oso panda. Viene muy bien contar con una formación lo más completa posible. A mí haber estudiado física me ha ayudado a orientar mi vida. He mantenido la amistad con mis compañeros físicos. Y mi próxima película será sobre un matemático, que mantiene abierta una puerta abierta al infinito. Se titulará El número perfecto.

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