Entran en liza los últimos títulos a competición, “Tigres” y “Una vida salvaje”, mientras que fuera de concurso se nos ofrece una esperpéntica mirada a los males de la sociedad actual, “Murieron por encima de sus posibilidades”.
Se constata una idea que atraviesa casi todas las películas de la sección oficial del Festival de San Sebastián: la sociedad está enferma, y no podemos o no sabemos cómo atajar sus males. De ello sería ejemplo Tigres, la última película del bosnio Danis Tanovic, que mostraría una realidad bien conocida en países del Tercer Mundo, pero de la que nadie querría darse por enterado: la alta tasa de mortalidad infantil en bebés, por la venta de leche para lactantes, que las madres pobres y analfabetas adulterarían con agua no potable, provocando diarreas en sus hijos, que acaban causando su fallecimiento por deshidratación. La película está planteada como una película dentro una película, un equipo documentalista quiere denunciar los hechos con el testimonio crucial de Ayan, un gran vendedor de productos farmacéuticos en su país, Pakistán, pero que ve muy disminuidos sus esfuerzos por las multinacionales que acaban copando todo el mercado. Tras casarse y formar una familia, Ayan accede a un puesto de comercial del leche de fórmula de una gran multinacional –el film acude a una argucia para citar su nombre, Nestlé, una sola vez, para evitar problemas legales–, que le anima a gratificar con regalos a médicos y enfermeras, para lograr que recomienden su producto. Ignora los efectos que puede producir esta leche, por la ignorancia de las madres en su uso, y cuando se entera renuncia a su puesto, y trata de poner los medios para ayudar a que no siga en circulación, lo que convertirá su vida en una especie de infierno.
Admito que es la primera vez que oigo hablar de este problema, y sería lógico que el fabricante de la leche pusiera medios, en colaboración con las autoridades sanitarias de los países donde la vende, para evitar el problema, no se puede pretender hacer negocio a cualquier precio. Dicho esto, y moviéndome en el estricto terreno fílmico, Tigres es una película-denuncia adecuada para el debate pero demasiado convencional. El guión lo firma el director con Andy Paterson, productor que debutó en la escritura de libretos con la no muy brillante Un largo viaje. Como Tanovic es un director con talento, la sabe elevar por encima de lo que podría ser un simple telefilm de sobremesa, dentro de lo que se puede. Las cuestiones apuntadas son interesantes, pero escasamente desarrolladas: la agresividad y buenas prácticas en la venta comercial, emulando a un depredador, un tigre; los riesgos que uno está dispuesta a afrontar para resolver positivamente los dilemas morales; la responsabilidad corporativa, de las ONGs, de las autoridades nacionales internacionales. Aguanta el peso narrativo con corrección el actor indio Emraan Hashmi.
Rodó por encima de sus posibilidades
Cuando veía el último trabajo de Isaki Lacuesta, un director con vitola de autor que cambia de género y estilo con gran facilidad, me venía a la cabeza el nombre de Juanma Bajo Ulloa, cuya carrera entró en declive, paradójicamente con su película más alocada y comercial, Airbag. No creo que Murieron por encima de sus posibilidades alcance la popularidad de ese título, pero tal vez tuviera tales pretensiones, por su idea de abordar de modo transgresor y salvaje los efectos de la crisis económica y de valores en una serie de personas, que han acabado asesinando a personas cercanas en un momento de profundo hartazgo. Recluidos en un centro psiquiátrico, deciden fugarse para secuestrar al director del Banco Central, que tiene una guarida secreta para sus juergas en el mar, debajo de lo que parece una simple chalupa.
Lacuesta reúne un reparto coral de actores muy conocidos, sin querer hacer un recuento exhaustivo desfilan por ahí Raúl Arévalo, Luis Tosar, Carmen Machi, José Coronado, Imanol Arias, Ariadna Gil, Emma Suárez... Y orquesta un montón de situaciones surrealistas, delirantes, brutales, y hasta tarantinescas, que no falte “de ná”, incluido el gore. Pretende ser divertido mostrando una sociedad egoísta, compuesta por individuos tarados, que han creado un monstruo de muchas cabezas que difícilmente puede ser sanado, si cortas una saldrán cuatro nuevas. En realidad, resulta irritante y cansino, e incluso se diría que algunos de los intérpretes no acaban de encontrarse demasiado cómodos enredados en el disparate en que consiste el film.
No sin mis hijos
La última película a concurso, Vida salvaje, se basa en una historia real. Cédric Kahn arranca con una secuencia de alta intensidad dramática, una madre llevándose a sus hijos, harta de la vida nómada que ha impuesto a la familia el marido, Paco, en la que consintió inicialmente ella. Como la custodia va a ser para Nora, pese a que fue ella la que abandonó el hogar con los chicos, Paco toma una decisión de tremendas consecuencias: aprovecha las vacaciones, que Okyesa y Tsali, de 6 y 7 años, van a pasar con él, para no devolverlos y vivir en la clandestinidad, siempre con el miedo de que la policía les encuentre.
Aunque el ritmo que imprime el director galo es desigual, toda la parte del campo se alarga demasiado, Kahn logra mostrar sobradamente cómo las principales víctimas en un caso de estas características son los hijos, obligados a tomar parte por uno de los padres. Su cinta es equilibrada, él no toma partido por Paco o por Nora, si acaso por los hijos, que viven, como afirma el título, una "vida salvaje", no son libres del todo. Entendemos a todos los personajes, y el difícil desenlace de alto voltaje se entrega con habilidad. La cinta pone sin duda un buen broche a la selección de filmes que pelean por la Concha de Oro.
Previsiones sobre los premios
Cuando un festival se acerca a su final, el cronista debe hacer su personal reparto de premios, que luego es muy probable que no se aproxime, ni de lejos, al otorgado por el jurado, que en esta ocasión preside Fernando Bovaira. Basta pensar que el jurado está la directora de la Concha de Oro del pasado año, Mariana Rondón, cuyo Pelo malo no era una de las siete maravillas del mundo, para ponerse a elucubrar cuál será su película favorita. En general puede decirse que no hay ningún film incontestable, obra maestra sin paliativos, pero el nivel medio de la competición ha resultado bastante aceptable.
Pienso que hay 5 ó 6 títulos que merecen estar entre los galardonados. Sería justo que la Concha de Oro recayera en Phoenix o en Eden. Igualmente el premio a la dirección podía ser para Christian Petzold y Mia Hansen-Løve, según quien se llevara el premio gordo del Festival.
Entre las cintas españolas, pienso que Loreak y Magical Girl son las que más posibilidades tiene de rascar algo, quizá el Premio del Jurado. Aunque haya gustado bastante, considero que La isla mínima como mucho podría llevarse el premio a la mejor fotografía. Mientras que el mejor guión podría llevárselo el novelista Denis Lenahe por La entrega.
Como mejores intérpretes, Romain Duris podría alzarse con la Concha de Plata por su trabajo en Une nouvelle amie, o Matthieu Kassovitz por Vida salvaje, mientras que Nina Hoss tendría a alcance el premio por Phoenix.
Y en fin, aunque ha producido disparidad de opiniones, La voz en off también entra en mi opinión en la categoría de filmes premiables.
