Diario de una publicista. Anécdotas, caprichos y antojos de las estrellas de Hollywood (Teresa Figueroa Carrión, Monterreina, 224 págs)
Hacer una película supone un gran esfuerzo. Lograr que el público la vea también. Los espectadores, y especialmente los cinéfilos, reconocen el valor de una buena actuación, y a menudo saben que detrás de un film hay un director talentoso que les ha sabido contar una historia. En cambio no acaban de darse cuenta de que en el largo camino que recorren las películas, desde su concepción hasta que son proyectadas en una pantalla, hay muchos profesionales que con su trabajo hacen posible el disfrute fomañ.
Una es Teresa Figueroa, publicista del Séptimo Arte durante más de tres décadas, dos de ellas para uno de los grandes estudios de Hollywood, la Warner. En este libro explica su labor como jefa de prensa y comunicadora, lo que supone dar a conocer los estrenos de su compañía, facilitando la labor de críticos y periodistas y organizando los visionados para la prensa. Y también, la parte más glamurosa de su desempeño profesional, sacar el máximo partido a las visitas promocionales de los artistas, muchos grandes estrellas, otros rostros menos conocidos, para que tengan la mayor repercusión mediática posible las entrevistas y las alfombras rojas, y sean un poderoso imán que arrastre al público a las salas.
Leer las muchas anécdotas de las que ha sido testigo y parte Figueroa, es retrotraerse a una época en que el periodismo cinematográfico era más humano, y aún era posible hacer una entrevista individual, o si era compartida, al menos con tiempo suficiente para lograr un material interesante. Quien escribe estas líneas no puede dejar de recordar que el primer pase de prensa de una película al que acudió, siendo un jovenzuelo inexperto, fue el de La historia interminable 2 en la madrileña sala privada de Impala, y que fue Figueroa quien le acogió muy atentamente. Eran tiempos de dosieres de prensa en papel, y fotografías y diapositivas. Los tiempos cambian, estamos en la era digital, los que escribimos o promocionan el cine también, pero lo que no debería cambiar y no cambió en la larga trayectoria de la autora de este libro fue el cuidado a las personas de los medios, y el cuidado a los actores, directores y resto de séquito que visitaban España, mayormente Madrid, Barcelona y San Sebastián, para dar a conocer sus filmes.
Figueroa, nacida en Ecuador, da cuenta pudorosamente de su trayectoria personal y profesional, con su formación en la Escuela de Turismo Tulpa, sus múltiples viajes por América, su amor al cine desde edad temprana, y su traslado a España en 1974, donde le sorprendió que las películas se doblaban, ella estaba acostumbrada a ver las películas en versión original subtitulada. Su incorporación a Impala sería la que propiciaría su rol de publicista en Warner, y el trabajo promocional en un montón de películas legendarias. Fueron 20 años, entre 1984 y 2005, que son analizados cronológicamente, y que le permiten conocer a algunas estrellas cuando aún no lo eran tanto, ahí están empezando Mel Gibson con Mad Max. Más allá de la cúpula del trueno, o Nicole Kidman con Calma total, antes de emparejarse con Tom Cruise. Por cierto, memorable la anécdota con Gibson y una vaca lechera en televisión.
En su exhaustivo relato, bien documentado con fotografías muy pertinentes, queda constancia de que Figueroa trató con gente encantadora, grandes profesionales, pero que también le tocó soportar caprichos, manías o broncas injustas de algunos ilustres visitantes, o de sus ayudantes que se adelantaban con ideas peregrinas, ay, los yogures de Jodie Foster. Uno de sus trabajos memorables es con La misión, tocó premiere mundial en Madrid, con la visita de Roland Joffé, Jeremy Irons y Robert De Niro, pero causa estupor el comportamiento del último llegando y marchando a deshoras, o quejándose de supuestos paparazzi que estarían pululando por los pasillos del Hotel Villa Magna. Con elegancia, lo que se intuye como insoportable se despacha hablando de que lo recuerda como un “dolor de cabeza”. Otros casos sorprendente incluyen al director Oliver Stone, a los protagonistas de Made in America, entonces pareja, Whoopi Goldberg y Ted Danson, con antojos de tortolitos inmaduros, a los que llama irónicamente “solidarios”. Pero en fin, domina lo positivo, le parece encantador Tim Burton, y es feliz compartiendo vuelo privado con George Clooney, o conociendo al legendario Charlton Heston. Sobre artistas españoles, tiene palabras cariñosas para Antonio Banderas, o Imanol Uribe, que se brinda a compartir un taxi, uno de los muchos detalles humanos que sabe valorar, y que hacen esta o cualquier dedicación profesional más llevadera, por muchas energías que consuma.
Claramente la autora muestra que su trabajo invita a estar preparado para cualquier eventualidad, sin perder la compostura, saber poner a mal tiempo buena cara. Esto se aplica a los famosos, y también a tu propia compañía, de modo que Figueroa pasa delicadamente de puntillas en lo tocante a su salida de Warner; en cambio habla de su ilusión con los nuevos proyectos, ya fuera trabajando con una distribuidora independiente, Sagrera, o en la promoción de una película que le permitió retomar el contacto con Joffé, Encontrarás dragones.
