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Todo a punto para la clausura de la 66 edición del Festival, con más público que nunca

Nunca se sabe. A veces uno cree que la última película de la competición de un festival será poco menos que de relleno. Pero haría falta estar ciego para no darse cuenta de que la película noruega “Blindsone”, o sea “Ángulo ciego” es una valiosa propuesta, de lo mejor que se ha visto en lucha por la Concha de Oro.

Antes de entrar en la harina de Ángulo ciego, dediquemos unas palabras a la película de clausura, Malos tiempos en El Royale, porque me habría encantado que estuviera a concurso, es un thriller deudor del mejor cine de los hermanos Coen y Quentin Tarantino, perfectamente ejecutado, con humor negro, misterio, perdedores en busca de redención, villanos grotescos, violencia operística, buenos golpes de efecto. Drew Goddard, como en Una cabaña en el bosque, vuelve a concentrar la acción en un lugar en medio de la nada, y sorprende su manejo del espacio y los conflictos, con personajes muy bien perfilados e interpretados por un gran reparto.

Abre los ojos

Un partido de entrenamiento de balonmano femenino. Cambiarse en el vestuario. Thea regresa a casa con una amiga. Van charlando hasta despedirse. Thea sube a casa, saluda a su madre, se toma unas galletas, ve la tele. Abre la ventana. Su madre ve la ventana abierta, teme lo peor, baja corriendo. La chica está abajo, hay que avisar a una ambulancia...

angulo ciegoEl mérito de Tuva Novotny, directora y guionista de su primer largometraje –antes la actriz sueca había rodado episodios de series–, no reside únicamente en el virtuosismo de rodar toda la película en un solo plano secuencia, donde de algún modo estira el tiempo sin que se note, tantas son las cosas que ocurren en lo que no parece tiempo real. Ciertamente coreografiar todo aquello tiene enorme mérito. Pero además, Novotny sabe atrapar en Ángulo ciego las emociones de la angustiosa situación ante lo que parece un intento de suicidio, y lo hace con delicadeza, sugiriendo, haciendo ver que hay puntos ciegos, oscuros, de los que nos rodean, que no detectamos, quizá porque andamos demasiado ocupados en nuestras cosas, o simplemente porque no se ha pensado que sucesos del pasado pueden seguir influyendo en el presente. En cualquier caso, no se busca culpabilizar a nada, sino mostrar cómo a veces no logramos entender a los que nos rodean, hacernos cargo de lo que les ocupa.

Hay cosas que no se muestran, no se expresan, la elipsis se utiliza con gran habilidad. No hay tremendismos y sí un perfecto ejercicio de equilibrio y mesura, aunque los padres, cada uno a su modo expresen su impotencia y sorpresa con histerismo o agresividad. Todo es comprensible, también la atención de los profesionales del hospital. Incluso el final, sobrio y emotivo, es un maravilloso ejemplo de saber cerrar una historia, el peligro del cliché o salida en falso es demasiado grande.

Pronóstico para los premios

¿Cómo ha sido el nivel de la sección oficial de esta edición 66 del Festival de San Sebastián? Me temo que no ha sido memorable, pero sí presentable. No hay una película que se pueda señalar como indiscutible favorita. Hay títulos interesantes, pero los hay también perfectamente prescindibles, que no merecían luchar por la Concha de Oro.

Este año puede ser importante el factor paridad, después de la firma por parte del Festival de la famosa carta que compromete a dar estadísticas de igualdad y a la lucha por lograr paridad en presencia de hombres y mujeres en todos los órdenes. De momento, el jurado cuenta con tres hombres y tres mujeres, y habrá que premiar sí o sí, alguna o algunas películas dirigidas por mujeres.

Dicho esto, entre las películas que considero que habría que descartar en los premios sin discusión, señalaría High Life, Illang: La brigada del lobo, In Fabric y El inocente. Tampoco incluiría en el palmarés los títulos de época, Angelo y El cuaderno negro, o las habladas en español El amor menos pensado, Yuli y Rojo. Varios de estos títulos están dirigidos por mujeres, Claire Denis, Judith Hofmann, Valeria Sarmiento, Icíar Bollaín. Pero además de que los festivales no están para reparar injusticias históricas de discriminación, por favor, quedarían las opciones premiables paritarias de Naomi Kawase y su Visión, aunque no creo que sea su mujer película, podría tener un Premio Especial del Jurado, o un reconocimiento a la Fotografía, y de Tuva Novotny, con Ángulo ciego, una candidata a Concha de Oro.

Así las cosas, vale la pena remarcar que tres películas españolas han tenido buenísimo nivel: Quién te cantará, que podría ser Concha de Oro, El reino, que podría servir para premiar la dirección de Rodrigo Sorogoyen, y Entre dos aguas, que podría optar al Gran Premio del Jurado.

En el capítulo actoral, podrían imponerse entre los chicos Timothée Chalamet o, mejor aún Steve Carell, por Beautiful Boy, o Masatoshi Nagase por Visión. Y de entre ellas, quizá Eva Llorach por Quién te cantará, toda una revelación, aunque me temo que la opción “bonita” de premiar a Juliette Binoche, por Visión y/o High Life, existe. En la ecuación de los premios, quizá en el apartado de guión, Baby y Un hombre fiel pueden tener alguna chance...

Pero con los jurados, nunca se sabe. ¿Qué rondará por las cabezas del director estadounidense Alexander Payne, la directora de fotografía española Bet Rourich, de la actriz también española Rossy De Palma, del actor argentino Nahuel Pérez Biscayart, de la productora escandinava Agnes Johanssen, del director rumano Constantin Popescu? Cualquiera sabe. Quizá les guste la dirección casi documental de Brillante Mendoza en Alpha. The Right To Kill, o arrimen el ascua a la sardina de alguien de su pueblo, o descubran algo valioso en el bizarrismo de In Fabric. En fin, la solución, en pocas horas.

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