Márta Mészáros
94 añosPremios: Festival de Berlín (1) Ver más
La directora que vino del este
Marcada desde niña por la tragedia, formada en países comunistas, y la excepción en una profesión dominada por hombres, Márta Mészáros tuvo que ser obligatoriamente una mujer fuerte para salir adelante. Su cine es realista y simbólico, y no ha sido reconocido ampliamente hasta fechas recientes, por el estigma de provenir de lugares donde no existía la libertad.
Márta Mészáros nació en Budapest en 1931 en una familia marcada por la tragedia. Su padre, László, fue un escultor comunista asesinado en 1938 durante las purgas estalinistas. Y su madre desapareció en 1942 durante la Segunda Guerra Mundial, dejando a Márta huérfana a los 10 años. Tal experiencia traumática la marcó e influyó profundamente en su cine, donde la búsqueda de identidad y la memoria son una constante.
Pasó parte de su adolescencia y juventud en la Unión Soviética, y precisamente en Moscú estudió en la Universidad Guerasimov de Cinematografía (VGIK), una de las escuelas de cine más prestigiosas del mundo. Allí tuvo como maestros a figuras legendarias como Alexander Dovzhenko y Vsevolod Pudovkin, y compartió aula con futuros grandes cineastas como Andrei Tarkovsky, Larisa Shepitko, Serguéi Paradzhánov y Kira Muratova. Pero volvió a Hungría en la década de 1950, comenzando su carrera con numerosos cortos y documentales, con títulos como Ellos sonríen de nuevo (1956) y Los colores de Vassarely (1961). Sería en 1968 cuando debutó en el largometraje con La muchacha, primera película húngara dirigida por una mujer, y premiada en la Seminci de Valladolid. Este filme, protagonizado por Kati Kovács, criticaba la situación social de inferioridad de la mujer en la sociedad rural húngara, estableciendo los temas que definirían su obra: la lucha de las mujeres por su autonomía y la denuncia de las estructuras opresivas.
En las décadas de los 70 y 80, Mészáros consolidó su reputación internacional. En 1975, ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín por Adopción, convirtiéndose en la primera mujer en recibir este premio. El film explora el deseo de maternidad y las relaciones intergeneracionales entre mujeres. También destacó con Nueve meses (1976), premiada en Cannes, y Como en casa (1978), Concha de Plata a la mejor dirección en el Festival de San Sebastián. También sobresale su trilogía con tintes autobiográficosque componen Diario para mis hijos (1984), Diario para mis amores (1987) y Diario para mis padres (1990). Estas películas, rodadas en blanco y negro, combinan elementos documentales y ficcionados para explorar su infancia, la pérdida de sus padres y el impacto del estalinismo en su vida. La primera de ellas ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes. En 1996 dedicó su película La séptima habitación a la santa carmelita filósofa Edith Stein, que murió asesinada en Auschwitz.
El cine de Mészáros se caracteriza por su enfoque íntimo, tranquilo, reposado y realista, con una clara influencia del cine soviético clásico y la nouvelle vague francesa. Sus películas suelen centrarse en personajes femeninos complejos, que luchan por su libertad e independencia, la toma de sus propias decisiones sin condicionamientos, algo tremendamente difícil. Sus imágenes a veces son primerísimos planos, y están muy atentas a los rostros, a la piel, a la intimidad. Aunque su cine no es explícitamente militante, es bastante político, y sabe expresar sus ideas de defensa de la mujer y de denuncia de los prejuicios contando historias de personas concretas enfrentadas a desafíos.
Su longevidad le ha ayudado a que haya vivido cierto reconocimiento con el discurrir de los años. Así, el Instituto de Cine de Hungría ha hecho un esfuerzo notable por restaurar gran parte de su filmografía. Y en 2021, la Academia del Cine Europeo le otorgó un premio a toda su trayectoria. Su última película, de 2017, es Aurora boreal: Luz del norte.
