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Lista de cine

Las 100 mejores películas de la década (2010-2019)

Siempre se suele recurrir a aquello de que "cualquier tiempo pasado fue mejor", y puede que las películas de los 80, o de los años 30, fueran en líneas generales superiores a las que se ruedan ahora. Pero no cabe duda de que en los años transcurridos entre 2010 y 2019 llegaron a los cines numerosos títulos de interés, y auténticas obras maestras.

Los críticos de Decine21 hemos escogido las mejores películas de la década (2010-2019).

Las 100 mejores películas de la década (2010-2019)
(2010) | 120 min. | Drama Tráiler
Otoño de 2003. Mark Zuckerberg estudia en la Universidad de Harvard. Genio de la informática, de mente brillante, e irremediablemente asocial, tras romper con su novia e ingerir altas dosis de alcohol, tiene una idea para que los estudiantes opinen sobre la alumna más maciza de Harvard, lo que difundido viralmente colapsa el servidor de la universidad. He ahí la semilla de Facebook, la red social de internet que revolucionará en poco tiempo el modo de hacer amigos y relacionarse con ellos en el mundo entero. En efecto, la hazaña de Zuckerberg llama la atención de los hermanos Winklevoss, que andan ideando una red social para Harvard, y le fichan como programador. Pero mientras les da largas en lo relativo a su tarea, impulsa por su cuenta con su amigo Eduardo Saverin lo que va a ser Facebook. Al ver la luz, y arrasar en la red, los Winklevoss se sentirán engañados, y no van a ser los únicos en el entorno en que se mueve Zuckerberg. Brillante película de David Fincher, que logra hacer apasionante la complicada narración de cómo Facebook se convirtió en la extraordinaria empresa y fenómeno social que hoy es. Cuenta con un formidable guión de Aaron Sorkin –que utiliza como fuente el imprescindible libro “The Accidental Billionaires”–, que logra que parezca fácil lo difícil, no en vano el creador de la serie televisiva El ala oeste de la Casa Blanca es todo un especialista en hilvanar historias complejas para el medio audiovisual, donde abundan los diálogos vertiginosos, en los que no falta ni sobra una frase; una réplica, una mirada, un plano de un objeto, todo aporta valiosa información a la narración. El esqueleto narrativo es perfecto. Tras un breve prólogo –la brillante conversación de Zuckerberg con su novia, más la caída del servidor de Harvard–, se encadena la sesión pública de la institución académica que ve los hechos, con otra, la de los abogados que ven el conflicto de intereses entre Zuckerberg y sus socios de Facebook con los distintos enemigos que se ha creado en la vertiginosa carrera que le ha hecho multimillonario. Y entreveradas con esta segunda sesión, se presentan las distintas escenas de cómo la red social crece y crece. De modo que somos testigos de la paradoja de que quien ha logrado relacionar a tantos millones de personas en todo el mundo, se encuentra básicamente solo, no conecta con nadie. El film desarrolla así temas clásicos como el saborear las mieles del triunfo, la ambición y el poder, la lealtad puesta a prueba, cuyos principales protagonistas, todos auténticos, no quedan demasiado bien parados. No es que haya una condena sin paliativos, pero el hecho es que se ponen en evidencias sus debilidades y flaquezas, no todo es tan ‘cool’ como el Facebook al que su destino se encuentra ligado. Fincher ha tenido el acierto de acudir a actores jóvenes en alza pero cuyo rostro puede no sonar excesivamente al espectador: los más conocidos son Jesse Eisenberg (Bienvenidos a Zombieland), que da vida a Zuckerberg, y Justin Timberlake, que encarna a Sean Parker, creador de Napster; pero brilla también el recién llegado Andrew Garfield, que interpreta a Saverin.
8/10
(2010) | 103 min. | Aventuras | Animación Tráiler
Andy, el dueño de Woody, Buzz Lightyear y el resto de entrañables juguetes, está a punto de marchar de casa e irse a la universidad. La inquietud resulta palpable, pues su destino, siendo Andy todo un mozarrón, es incierto, podría acabar en el desván, en el mejor de los escenarios, o simplemente, en el cubo de la basura. Pero no, tras diversos avatares acaban donados a una guardería, que de entrada promete ser una especie de paraíso, donde nunca faltan los niños; y no importa que crezcan, pues enseguida viene el reemplazo. No sospechan que entre los juguetes del lugar, que les acogen con los brazos abiertos, se oculta un siniestro y traumatizado personaje, que gobierna la guardería con mano de hierro, decidiendo el destino de unos y otros juguetes. Aquello es una especie de prisión, de la que el grupo tratará de escapar. Pixar, nuevamente, supera el infinito yendo más allá, con una película que nada debe envidiar a sus predecesoras jugueteras, Toy Story y Toy Story 2. A creadores habituales de la casa, John Lasseter, Andrew Stanton y Lee Unkrich, se suma a la escritura del guión Michael Arndt (Pequeña Miss Sunshine), y el resultado es, sencillamente, brillante, ahonda con enorme inteligencia en el universo de la saga, sin nunca traicionar su espíritu, sacando punta a las muchas posibilidades temáticas y narrativas. Es cine para chavales, sí, pero es también cine para mayores, pocas películas que se autodenominan “de adultos” abordan con más fuerzas temas como el sentido de la vida (¿para qué están los juguetes en el mundo?), el paso del tiempo, el acceso a la mayoría de edad, la conciencia de pertenecer a una familia, los traumas que marcan, las inevitables despedidas. Todo ello sin hacer ascos a la acción y al humor, bien abundantes, resulta tronchante el señor Patata, o los golpes con Barbie y Ken, modélicos a la hora de moverse en el guiño al adulto, con buen gusto. Técnicamente, la perfección es desbordante. Se respeta la sencillez con que están diseñados los juguetes originales, pero a la vez se da idea de las maravillas animadas que pueden acometerse en la secuencia de apertura, una vertiginosa “montaña rusa” que retrotrae al prólogo de Indiana Jones y la última cruzada, muy sugerente en mostrar las increíbles aventuras que puede trazar la mente infantil. O en los pasajes de la guardería, con numerosos nuevos juguetes y niños de todas las razas y colores. También es asombroso todo lo que nos ofrece en el clímax del vertedero, paradigma del secreto de Pixar, pues a un guión inteligente, con ingeniosos giros narrativos, bromas, tensión, emoción, plasmación de los sentimientos que embargan a los juguetes, se suma el detalle animado, la planificación, los encuadres. Así hasta el final, final, ante el que hace falta tener un corazón de piedra para no derramar alguna que otra lagrimita.
10/10
Un futuro no muy lejano, en que se ha desarrollado una técnica que permite introducirse en los sueños ajenos. Y en su subconsciente la persona “asaltada” puede desvelar a sus “asaltantes” secretos ocultos, de valor lucrativo o que permiten su manipulación. Cobb lidera un grupo de “ladrones de sueños”, que desea dejar tal actividad. Pero acusado del asesinato de su mujer Mal, y alejado de sus dos hijitos en Estados Unidos, recibe de Saito, un hombre poderoso, una oferta que no puede rechazar: deberá sumergirse en la cabeza de Robert Fischer, heredero de un gran imperio económico, e implantar en su mente, como si fuera una idea propia -“origen”, o en inglés “inception”-, la liquidación del conglomerado que creó su padre; a cambio podrá reunirse con los suyos e iniciar una vida nueva. Con su equipo y la “arquitecta” de escenarios para los sueños Ariadne intentará una operación muy compleja, que podría dejar a todos en una especie de limbo.Christopher Nolan, guionista y director del film, prueba de nuevo -recuérdese que es el responsable de Memento, Insomnio (2002), El truco final y El caballero oscuro- que es uno de los cineastas más creativos de la actualidad. No necesita acudir al 3D -pero sí a los efectos visuales- para entregar una historia imaginativa, de increíbles cualidades hipnóticas, sólida en su compleja arquitectura narrativa, y, para qué negarlo, difícil de seguir. En tal sentido el mérito es lograr que el espectador no se pierda demasiado, entienda el meollo de la cuestión -la tentación de evitar la realidad entreteniéndose en otros mundos más atractivos pero no verdaderos, al estilo Matrix- y vibre con la inmersión en el mundo de los sueños en tres niveles, donde el riesgo de no despertar, y las soluciones improvisadas a los obstáculos que surgen, proporcionan muchas emociones. De modo que hasta los pasajes oscuros, más que indignar, animan debates sobre el significado de tal o cual pasaje, e invitan a revisar la cinta. O sea, hay decir que Nolan apela a la inteligencia del espectador, no subestima su capacidad de esforzarse por entender, algo muy agradecible en el mundo de filmes planos que habitualmente entrega Hollywood. Las imágenes son de gran belleza, los mundos que se pueden crear dentro de un sueño sencillamente deslumbran, verdaderamente se puede innovar y crear con los efectos especiales, véanse los momentos de no-gravedad, pura magia. Pero además Nolan acierta en la definición de personajes y conflictos, y en el atinadísimo reparto. El drama familiar de Cobb -Leonardo DiCaprio, en otra historia “mental” tras Shutter Island, con su trastornada esposa, Marion Cotillard, a la que no puede olvidar- se despliega con gran habilidad gracias al personaje de Ellen Page, una universitaria brillante que sabe adivinar lo que oculta a sus “compañeros de sueños”, o de su compañero de equipo interpretado por Joseph Gordon-Levitt. Hay espacio para la sorpresa, y el modo en que discurre el plan de “sembrar” en la cabeza de Fischer -bien, Cillian Murphy- conduce a un clímax espléndido, de inesperada poesía.
9/10
(2010) | 118 min. | Histórico | Drama Tráiler
Década de los 30 del pasado siglo. Reina en Inglaterra Jorge V, y soplan aires de guerra. Su segundo hijo, Albert, padece una pronunciada tartamudez desde que era niño. Los muchos expertos que han tratado de ayudarle con su problema han fracasado. Lo que no tendría demasiada importancia, de no ser por la muerte de su padre y lo poco adecuado que es David, el heredero, para asumir la función de monarca. Los avatares del destino le obligan a llevar la corona... y sus súbditos, en tiempos difíciles, necesitan oír la voz del rey. Un heterodoxo logopeda, el australiano Lionel Logue, podría ser la solución a tan reales dificultades. Formidable película dirigida por el británico Tom Hooper, que tiene a sus espaldas un magnífico currículum de películas y series televisivas basadas en personajes auténticos, ya sean regios (Elizabeth I), presidenciales (John Adams) o futboleros (The Damned United). Tiene a su disposición un guión de lujo firmado por un sorprendente David Seidler, quien hasta ahora sólo había descollado, y eso muy relativamente, con libretos de películas animadas (El rey y yo, La espada mágica. En busca de Camelot), y con uno escrito para Francis Ford Coppola, el de Tucker, un hombre y su sueño. Los hermanos Weinstein, productores, vuelven por la puerta grande a la lucha por los Oscar, y desde luego el conjunto del reparto de este film es de los mejores que se han visto en los últimos tiempos. Los personajes son magníficos y los actores que los representan les sacan todo su jugo, está increíble, sensacional, Colin Firth, pero también Geoffrey Rush, Helena Bonham Carter, Guy Pearce, Timothy Spall, Derek Jacobi, Michael Gambon, Jennifer Ehle, Anthony Andrews... Una trama basada en la relación profesor-alumno, por así decir, es algo muy visto. Caer en el tópico es muy, pero que muy fácil. Porque hay elementos que inevitablemente se repiten, ya sea el choque de caracteres, la no comprensión de lo que el profesor pretende, el no-respeto por las capacidades del alumno, etcétera. Pero Seidler y Hooper se las arreglan para sortear una y otra vez estas dificultades ascendiendo a cotas de brillantez excepcionales. Un elemento de originalidad lo introduce, obviamente, el hecho de que uno pertenezca a la realeza y el otro sea un plebeyo, y que éste, para aplicar con éxito su método, exija una relación de igualdad, e incluso de amistad. Pero la razón de que esta película sea casi un milagro no estriba sólo en eso, pues hay mil y un detalles, perfectamente cuidados, que contribuyen a reforzar lo que se cuenta. Así, podemos entender de dónde viene la inseguridad de Albert y la confianza de Lionel, aprendemos a conocer y contrastar los respectivos entornos familiares y sus distintas responsabilidades. Y hay escenas redondísimas, que producen emociones genuinas: no quisiéramos hacer el listado de las mismas, pero vale la pena destacar la de la primera consulta de Albert, la que tiene lugar en Westminster cuando ensayan la coronación y, por supuesto, la del climático discurso tras la declaración de guerra. Es muy inteligente la partitura musical, tanto los temas originales de Alexandre Desplat, como el uso de música clásica, Beethoven y su séptima sinfonía en un momento clave. Y la fotografía, con lentes cortas, y el recurso a picados y contrapicados, resulta muy apropiada para resaltar la soledad de la función real, aunque, paradójicamente, uno se encuentre en buena compañía.
10/10
(2010) | 138 min. | Drama Tráiler
Barrio del Raval, en Barcelona. Uxbal es un padre de familia separado de su esposa bipolar Marambra, que tiene la custodia de sus dos hijos pequeños, Ana y Mateo. Baqueteado por la vida, sostiene a los suyos colaborando con una mafia china de inmigrantes ilegales, chinos y africanos, que trabajan en la construcción, o como ‘manteros’, aunque tampoco son ajenos al tráfico de drogas. Además, Uxbal tiene un don muy especial: es vidente, y en ocasiones ve a los espíritus de los muertos, que le cuentan sus penas. Acostumbrado a mirar a la muerte de cara, va a tener que enfrentarse a la suya propia: le acaban de diagnosticar un cáncer terminal, y una buena amiga le aconseja que en el tiempo que le queda intente “arreglar lo suyo”. En su primera película sin Guillermo Arriaga, el mexicano Alejandro González Iñárritu cambia la narración fragmentada de tramas múltiples por el relato lineal centrado sobre todo en un personaje, tarea en que le han ayudado los jóvenes Armando Bo y Nicolás Giacobone; sólo prólogo y epílogo, profundamente conectados, rompen levemente esa linealidad. En lo que no hay alteración es en los temas y enfoques del cineasta, nuevamente tenemos una situación extrema que envuelve a Uxbal, al que si algo le puede salir mal, parece que le saldrá peor. De modo que la dramática situación de familia rota conoce vaivenes, las mejorías resultan espejismos, la esperanza la aportan las posibilidades abiertas de un futuro incierto. Y las variables de su enfermedad, más sus trapicheos con los inmigrantes, donde él pone toda su buena voluntad para ayudar en una sociedad atravesada por la injusticia, le harán tocar fondo, todo debe conducir a la necesaria catarsis. El fondo católico de Iñárritu se nota no sólo en la imaginería religiosa presente en la cinta, sino en los temas, recurrentes en su cine, de sentido de culpa y redención, que surgen en el océano de la injusticia propia del ser humano caído. Ello atravesado de fatalismo providente, si se nos permite el oxímoron. Las cosas se tuercen, toman la senda más difícil, pero ello acaba ayudando al protagonista, del mal acaba saliendo el bien, aunque antes toca sufrir. El director sabe contar su historia, aunque quizá se entretiene demasiado en algunas escenas, una recreación excesiva en el dolor de Uxbal, que a veces parece un lastre. Está bien la subtrama del amigo senegalés, o la relación con Marambra, pero otros elementos –la relación afectiva entre los dos chinos mafiosos, el hermano de Uxbal– no aportan demasiado, de haber sido eliminados quizá el conjunto ganaría en agilidad. La película cuenta con un gran reparto, entre los que se cuentan algunos actores no profesionales. Pero sobresale Javier Bardem, con una magnífica interpretación, salvaje y entregado como suele ser –por ejemplo la escena en que le van a hacer una extracción de sangre muestra su increíble temple actoral–, que le valió el premio al mejor actor en Cannes.
6/10
(2010) | 110 min. | Western Tráiler
Mattie Ross, una adolescente, se hace cargo del cadáver de su padre, asesinado por Tom Chaney, un forajido. Dispuesta a que se haga justicia, y desconfiada de los cauces habituales, contrata a Rooster Cogburn, un borrachín alguacil cazarrecompensas, para atrapar al criminal. Se unirá a la caza del hombre LaBoeuf, un ranger texano, que también busca a Chaney por el asesinato de un senador. Adaptación de la novela de Charles Portis, ya llevada al cine con fortuna por Henry Hathaway con John Wayne en el papel protagonista que le valió su único Oscar. Los hermanos Joel Coen y Ethan Coen entregan un western de maravilloso clasicismo, género para el que apuntaban claramente maneras en No es país para viejos. Aunque la trama tiene tono crepuscular, no hay lugar para el cinismo, siguen vigentes los eternos valores del bien, la justicia y el temor de Dios, que empujan a hacer lo correcto, aunque no dejen de cometerse errores. Los Coen aciertan en cómo perfilan el personaje de Mattie, una jovencita creíble: no especialmente agraciada, inteligente y testaruda, en cuyas acciones le guía más un sentido acendrado de lo justo que la simple visceralidad de la venganza. Su relación con los hombres que la ayudan en su propósito, y el encuentro con el villano, están muy bien descritos. La debutante Hailee Steinfeld supone todo un descubrimiento, y aguanta bien el hecho de estar omnipresente en la pantalla, pues la mirada del espectador es en cierto modo la suya. También brilla el resto del reparto, con menciones especiales para Jeff Bridges, genial con su ronca voz, y un irreconocible Matt Damon, los dos hacen que nos creamos el creciente respeto de sus personajes por Mattie. Da idea de la madurez que han ido adquiriendo los Coen su contención visual, son menos apabullantes de lo habitual, lo que no significa que renuncien a los riesgos, más bien todo lo contrario. Así tenemos planos generales bellísimos que no nos extrañaría ver en cineastas clásicos como John Ford, Howard Hawks o el mentado Hathaway, pero a la vez se atreven, sin llamar la atención, con otros más complicados, como los que componen la escena en que hallan a un hombre ahorcado, o la del pozo de las serpientes. En cambio, en lo relativo a la violencia, no dejan de caer en la tentación de presentarnos una secuencia tarantinesca, la que sucede en la cabaña de los tramperos.
7/10
(2010) | 128 min. | Drama | Thriller
El ex primer británico Adam Lang prepara la publicación de sus memorias con ayuda de un 'negro'. Pero éste aparece ahogado en la costa estadounidense, cerca de donde Lang tiene una espléndida mansión. Todo apunta a una muerte accidental, y pronto llega el relevo, otro 'negro' dispuesto a dar forma a las parrafadas escritas por el político. El comienzo de su labor coincide con una convocatoria del Tribuna Internacional de La Haya para Lang, por supuestos crímenes de guerra durante la guerra de Irak. El 'premier' retirado despotrica contra los medios y lo que parece una traición de su ministro del Foreign Office, quien cuestiona la postura de Lang en este delicado tema. Mientras, el 'negro' se ve inmerso en una atmósfera artificiosa, donde Lang parece estar perpetuamente actuando, mientras su amargada esposa Ruth le echa en cara su infidelidad con una secretaria.Adaptación de un best-seller de Robert Harris, el propio autor ha coescrito el guión con Roman Polanski, el director del film. El resultado es un thriller político apasionante, con una atmósfera de conspiración que se prolonga durante todo el metraje, un logro muy meritorio. En manos de otro director la trama de El escritor podía ser absolutamente convencional, pero el cineasta polaco da con el tono –no en vano, ha entregado filmes encomiables de este género, como Chinatown y Frenético–, al que ayuda una inteligente paleta de colores donde domina el gris, cielos siempre cubiertos, con predominio de la lluvia. Polanski logra que nos identifiquemos con el punto de vista del protagonista -un entonado Ewan McGregor-, un escritor acostumbrado a hacer anónimamente un trabajo que suele ser anodino, pero que de pronto se ve inmerso en una complicada maraña de intereses. La sensación de indefensión y falta de control de los acontecimientos es permanente, con lo que la emoción del riesgo está presente en todo momento. Como resulta obligado en un film de este tipo, hay espacio para la sorpresa, pero también para la acerada crítica política, donde tanto Estados Unidos como Gran Bretaña quedan bastante malparados, los primeros como torpes manipuladores en el escenario de la política internacional, la segunda como títere manejado por su poderoso aliado. Es verdad que hay algún truco de guión 'facilón' -sobre todo el viejecillo pescador, cuya opinión invita a dudar acerca de la causa de muerte del primer 'negro'-, pero en líneas generales resulta llamativa la alta calidad de este título netamente comercial; el reparto es impecable, y el modo visual en que resuelve algunos pasajes -por ejemplo, el desenlace-, justifica que Polanski se hiciera merecedor del premio al mejor director en el Festival de Berlín.
7/10
(2010) | 102 min. | Thriller | Drama Tráiler
Nina, una joven bailarina, aspira a ser escogida como protagonista de “El lago de los cisnes”, con el reto adicional de que se trata de un doble papel, no sólo debe representar al puro cisne blanco de Odette, sino también al cisne negro Odile que trata de arrebatarle su amor. Para ello trabaja muy duramente, impelida por su posesiva madre Erica y por Thomas, el exigente director de la producción. Intensa película sobre el mundo de la danza, aunque muchas de sus ideas pueden aplicarse a cualquiera de las bellas artes. El guión de Mark Heyman, John J. McLaughlin y Andres Heinz a partir de una idea de este último, incide en el cariz obsesivo que pueden cobrar unas legítimas aspiraciones profesionales de llegar a lo más alto. Obsesión que gana en intensidad con la sombra de una madre frustrada, que quiere realizarse en su “niña”, y con los métodos de trabajo de Thomas. En efecto, frente a la vieja idea de algunos actores que dicen no llevarse sus personajes a casa, aquí prevalece, por la presión de Thomas, el planteamiento de que para componer el cisne negro es necesario rebuscar en la parte más oscura de uno mismo, “explorando” en la propia sexualidad y “dejándose llevar”. Esta doble influencia, más su propia sensibilidad y ambición, que le hacen ver en la recién llegada Lily una rival, conforman en Nina un cóctel verdaderamente explosivo. En lo último, y en una diva venida a menos, se detecta la huella imborrable de un clásico sobre el teatro, Eva al desnudo, aunque la película que nos ocupa tiene su propia originalidad. El crudo film, a modo de arriesgada fábula, habla de la fragilidad del artista y los excesos enfermizos por alcanzar su sueño, tomando pie de la propia trama de “El lago de los cisnes”. Lo hace con dureza a veces desagradable, por la exigencia física –esos sarpullidos, el modo en que se trabajan los pies–, o por el camino de desenfreno que Nina emprende en una noche loca y alucinada, donde resulta difícil distinguir la realidad de lo que es una proyección de una mente que empieza a enloquecer, a no pisar suelo firme. Darren Aronofsky dirige con inusitado vigor, una energía que se palpa en las elaboradas escenas del propio ballet, así como en el dinámico montaje de imágenes y sonido, también musical, que muestra el descenso a los infiernos de Nina, su dolorosísima y fatal transformación en cisne negro. Natalie Portman entrega una interpretación valiosísima, verdaderamente muestra una gran variedad de registros en su atormentado personaje. En general hay un gran acierto con todo el reparto, buenos trabajos de Vincent Cassel, Barbara Hershey, Winona Ryder y Mila Kunis.
7/10
(2010) | 100 min. | Drama | Thriller Tráiler
A Ree, una joven de 17 años, le toca ejercer de cabeza de familia en la zona rural de Ozark Mountain, cuida a sus dos hermanos pequeños y a su madre incapacitada. Su padre está metido en tejemanejes de drogas, y actualmente le busca la policía porque debe comparecer en breve ante un tribunal. Como él puso de garantía la casa familiar, corren peligro de ser embargados en caso de que no aparezca, vivo o muerto. Ree emprende la búsqueda del progenitor, lo que implica tratar con numerosos indeseables que no quieren hablar.Estupenda muestra de cine independiente estadounidense, premiada en Sundance, y que se diría 'prima hermana' de la reciente Frozen River. Adapta una novela de Daniel Woodrell, y como en el film citado, también tenemos a una mujer fuerte que lucha con todos los medios por los suyos, aunque en este caso con la característica de que se trata de una adolescente. De narración sobria, Debra Granik, con el sabio guión escrita por ella y Anne Rosellini, y una partitura musical intrigante y desasosegadora, sabe tomarse su tiempo en el despliegue de los diversos elementos, jugando con la ignorancia del espectador en lo referente a la catadura moral de los distintos personajes. Domina una tristeza resignada, que casa bien con los colores invernales de las imágenes de los bosques con sus árboles pelados, y de la que son sintomáticos los personajes de Lágrima, tío de Ree, Gail, su mejor amiga, y ciertas mujeres; incluso en la alegría despreocupada de los niños destaca de algún modo su inconsciencia. Y a medida que Ree se acerca más a descubrir el paradero de su padre, la narración crece en intensidad, hasta el magnífico clímax en el pantano, donde se desbordan las emociones y la joven Jennifer Lawrence da lo mejor de su estupenda interpretación.
7/10
(2010) | 120 min. | Histórico | Drama Tráiler
Conmovedora película basada en hechos reales acaecidos en 1996, el secuestro y asesinato de siete monjes cistercienses en Tibhirine, Argelia. El film sigue la vida cotidiana y pacífica de los frailes de una abadía en las montañas del Atlas, que celebran a diario la liturgia de las horas, realizan sus labores de estudio y cultivo de la tierra, y atienden a la población de la zona, mayoritariamente musulmana, en su modesto dispensario médico. Aquello es un modelo de convivencia y respeto de las creencias del otro, guiado por la caridad. Pero el clima político se está enrareciendo. Un grupo de fanáticos islámicos perpetra una matanza de obreros croatas cristianos que operaban a pocos kilómetros. Y se plantea a los monjes la disyuntiva de afrontar el peligro real de morir a manos de los violentos, o retirarse a una zona más segura. Las autoridades preferirían un decantamiento por la segunda opción, pero el abad Christian de Chergé, los padres Christophe Lebreton, Célestin Ringeard, Bruno Lemarchand y Amadée Noto, y los hermanos Luc Dochier, Paul Favre-Miville y Michel Fleury no lo tienen tan claro. Se debaten entre el amor de Cristo que les ha llevado hasta allí, la lealtad que deben a la población civil cuya vida peligraría si se fueran, y un elemental instinto de supervivencia.El francés Xavier Beauvois entrega una obra auténtica, sincera, emocionante. Sin trampa ni cartón, con un 'tempo' prodigioso, desde su primer tramo en que pone todas las piezas de la trama sobre el tablero. No hay espacio para el edulcoramiento, ni para poner el énfasis en ciertas facetas de la vida del monje, obviando otras por las razones que fueren. Vemos reflejado bien su día a día, y cómo el amor de Dios es lo que les permite seguir adelante, a tal respecto funciona a la perfección la escena en que el hermano Luc explica a una jovencita musulmana los síntomas del enamoramiento. También llama la atención cómo se reconoce la autoridad del abad, pero al tiempo la comunidad escucha todos los puntos de vista sobre lo que deben hacer, antes de tomar decisiones, ponderándolos en la oración. Lo propio de unas personas entregadas a Dios, como es el caso, sería su disposición a dar la vida si es preciso. Pero Beauvois, apoyado por un reparto excepcional -los actores convierten en reconocibles a cada monje, tarea nada sencilla-, nos pinta a personas de carne y hueso, con buenos deseos pero también atenazados por el miedo. La exposición de su parecer, y la evolución a medida que pasan los días, están muy bien perfiladas, resultan creíbles en el entrelazamiento entre su humanidad y su fe, débiles y a la vez fuertes. Lo que da pie a pasajes sublimes, en especial esa verdadera epifanía sostenida con la música de Tchaikovsky. No tiene la película de Beauvois una intencionalidad política, no se trata de un ajuste de cuentas o de una reclamación del esclarecimiento de unos hechos que continúan todavía sin resolverse. Resulta difícil, por no decir imposible, señalar a un personaje que quede en penosísimo lugar, de todos se da información justa para entenderlos. De hecho, y aunque veamos las consecuencias destructoras del odio y la manipulación de lo más sagrado, estamos por encima de todo ante una historia del triunfo del amor, muy bien narrada, una auténtica inspiración. Con toda justicia ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes.
10/10
(2010) | 119 min. | Drama Tráiler
En un mundo mejor la protagonizan dos niños y sus respectivas familias. Elias es un chico acosado por sus compañeros en el colegio, hasta que recibe la ayuda inesperada de Christian, otro chico, recién llegado a Dinamarca para vivir con su progenitor, pues su madre ha muerto de cáncer.  Christian amenaza con un cuchillo al cabecilla de los matones de la clase para que deje en paz a Elias. Poco después, el padre de este último, Anton, un médico comprometido que ejerce en el Tercer Mundo, viene de visita y se ve agredido por un energúmeno delante de los chicos, aunque él opta por ignorarle y no pelear. Elias, y en mayor medida Christian, no acaban de entender la postura del médico, lo que está a punto de desencadenar una gran tragedia. Susanne Bier, que junto a Lars Von Trier y Thomas Vinterberg conforma el triunvirato de los más reputados directores daneses de la actualidad, salió airosa de su aventura americana con la interesante Cosas que perdimos en el fuego, protagonizada por Halle Berry y Benicio del Toro. Ahora, la cineasta vuelve a su país natal con esta cinta, que ha ganado el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Como es habitual en su filmografía, se trata de un drama descarnado sobre temas duros. Bier ofrece una profunda reflexión sobre las respuestas del ser humano ante la violencia, y la dicotomía entre la sensatez y el caos. Aunque lo más duro queda fuera de campo, no escatima la autora secuencias de gran dureza emocional, sobre todo en lo relativo a un líder africano que sistemáticamente abre con un cuchillo los vientres de mujeres embarazadas... Se entiende en todos los casos que sus personajes se vean tentados ante la posibilidad de la venganza, mientras que la racionalidad, la salida más civilizada, es más difícil de poner en práctica, y también tiene sus pegas, pues a veces no impide que el agresor siga con sus actividades... No ofrece la película ninguna respuesta a los dilemas morales que plantea, sino que parece que se ha querido dejar la puerta abierta a la reflexión. Bier ofrece una visión del mundo muy atroz, y como en todos sus trabajos, estamos ante un drama lacrimógeno, pero lo cierto es que la realizadora arroja cierto optimismo, viene a apostar a pesar de todo por la capacidad de redención de las personas. Trata también sobre el drama de la desestructuración familiar, que intensifica los problemas de los más jóvenes. Una de sus peores consecuencias es que entorpece la comunicación paternofilial –un problema “técnico” da al traste con una conversación que puede evitar un desastre–. No faltan secuencias muy brillantes, como el enfrentamiento verbal del doctor ante el jefe violento que le pide tratamiento. Curiosamente, a pesar de que se han rodado a la vez en países alejados, recuerda muchísimo a una escena también muy intensa, del mismo corte, en la redonda De dioses y hombres. El nivel interpretativo es altísimo, lo que se extiende a los expresivos niños protagonistas. Destaca la economía de medios del actor Mikael Persbrandt (el padre médico), una celebridad en Dinamarca, pero muy desconocido en otros países (ha fichado para interpretar a Beorn, el hombre que se transforma en oso, en El hobbit). El momento en el que muestra a los chicos que encarar al violento no es una opción cobarde, acudiendo a su encuentro para dejar que éste le golpee, puede parecer un tanto artificioso e irreal, pero visto en pantalla resulta creíble. 
8/10
(2011) | 123 min. | Drama
Nader y Simin, que tienen una hija de once años, acuden al juez para solicitar el divorcio. Ella querría partir al extranjero, pero Nader rehúsa tal idea, desea cuidar de su padre, aquejado de demencia senil. Mientras el juez difiere su decisión, sobre todo en relación a la custodia de la hija, Nader debe contratar a una mujer que cuide de su padre. Una negligencia y un fatal accidente de esta mujer, que estaba embarazada de cinco meses, darán pie a un cruce de denuncias, que complica aún más la delicada situación de esta familia. El iraní Asghar Farhadi (A propósito de Elly) ganó el Oso de Oro en Berlín con esta magnífica película, que también dio los premios de interpretación masculina y femenina a Peyman Moaadi y Leila Hatami. Lo que parece va a ser la típica historia minimalista a que nos tienen acostumbrados los cineastas iraníes, se convierte en algo más rico, que indaga con habilidad en el orgullo que tantas veces destruye hogares y amistades, y en ese concepto tan evangélico de que la verdad nos hace libres, mientras que la mentira y el disimulo suelen enturbiar y destruir las cosas más bellas. Además se incide en algo tan elemental y muchas veces pasado por alto de que las principales víctimas en un proceso de separación son los hijos, que curiosamente son los más generosos e ingeniosos a la hora de tratar de salvar la unidad familiar. Sorprende la naturalidad con que fluye la historia -el guión es también obra de Farhadi-, la forma en que se enredan las cosas, el modo en que se plantean diversos dilemas y el modo en que se atan cabos. Y en el camino se van construyendo unos sólidos personajes, con virtudes y defectos, a los que aprendemos a apreciar. Se trata de un retazo de la vida misma, con un humanismo que se agradece, aunque las cosas no siempre resulten como uno quisiera.
9/10
(2011) | 100 min. | Romántico | Comedia
Gil e Inez son unos jóvenes prometidos, que pasan unos días de turismo en la capital del amor, París, antes de su inminente boda. Él es guionista exitoso en Hollywood, pero su ambición es convertirse en un gran escritor de novelas. Una noche en que decide volver por su cuenta al hotel, se pierde en las calles parisinas. Mientras suenan las campanadas de la medianoche, un antiguo carruaje pasa a su vera y los ocupantes le invitan a subir. Se ve de pronto inmerso en una fiesta... ¡en el París de los años 20! Y no sólo eso, sino que tiene el honor de conocer a los escritores y artistas de la época a los que tanto admira: Francis Scott Fitzgerald y su esposa Zelda, Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel... Y queda especialmente fascinado por una chica Flapper, que le hace dudar acerca de su amor por Inez. Originalísima película de un Woody Allen sembrado, con un estupendo punto de partida al que sabe sacar todo su jugo. El personaje de Gil, encarnado por Owen Wilson, es por supuesto un “alter ego” del director, el típico personaje que él habría podido interpretar en otra época; pero el actor ha sabido hacerlo suyo, y concederle la deseada aura romántica. Tiene interés la consideración de la expresión artística como forma de exorcizar la nostalgia de la belleza, de una edad de oro que se añora y que idealmente algunos colocan en el pasado. Toda una declaración de principios de Allen, que advierte del peligro de caer en el “cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero que también supone una andanada para los que sólo creen en el futuro y el progreso, que siempre serían lo mejor. El artificio fantástico, con un recurso de medianoche a lo “Cenicienta”, conecta claramente con La rosa púrpura del Cairo. Pero gran mérito de Allen es que aceptemos la inesperada magia, y que en ese mundo alternativo sepa definirnos con unos pocos trazos a una numerosa galería de artistas, moviéndose entre el homenaje y la broma, manejando con absoluta conciencia ciertos tópicos al uso. Aunque hable de sus temas recurrentes, el amor que no acaba de encontrarse plenamente, o el arte como forma de llenar el vacío existencial, el tono de Allen es más ligero que en otras ocasiones, claramente ha optado por ofrecernos un “divertimento”, donde hay espacio para alcanzar una cierta felicidad. Acierta Allen en su reparto, donde nuevas caras que nunca habían trabajo con él se suman a la función, allí están el citado Wilson, Rachel McAdams, Michael Sheen, la muy publicitada Carla Bruni –la esposa de Nicolas Sarkozy, que sale airosa de un papel menor– y la formidable Marion Cotillard, más Adrien Brody y Kathy Bates (que hizo con él tiempo ha, Sombras y niebla). Como es natural, París está muy presente en toda la cinta. La película arranca con una especie de obertura jazzística, con cantidad de planos de todo París, que podría hacer temer que Allen había caído en la tentación de filmar un spot de promoción turística; pero no, luego Darius Khondji juega al contraste con el resto de poderosas imágenes que ofrece de la capital francesa.
8/10
(2011) | 100 min. | Romántico | Drama
Hollywood, 1927. George Valentin es una gran estrella del cine mudo, sus películas son garantía de entretenimiento y una máquina de ganar dinero. Lo que no impide que viva en un matrimonio infeliz. Conocerá a Peppy Miller, una joven con deseos de triunfar en la pantalla, y a la que echa un pequeño cable. La llegada del sonido para las películas supondrá el declive de Valentin, mientras que Miller alcanza la cumbre del éxito. Aunque ella trata de ayudar al otro, existe una dificultad difícil de salvar, su orgullo, que le hace despreciar el cine hablado y cualquier gesto de compasión de los otros. Asombrosa y genial film de Michel Hazanavicius, cuya carrera hasta la fecha no era especialmente brillante, lo más destacado era la saga de espías OSS 117. Aquí ha tomado la opción radical de entregar una película muda a la antigua usanza, lo que incluye formato de pantalla 4:3, rótulos como los de antaño, acompañamiento de orquesta, gesticulación exagerada de los actores para remarcar su estado anímico... También el recurso al montaje paralelo o los ángulos al más puro estilo expresionista. Pero Hazanavicius no se limita a rodar una película que pudiera creerse que fue hecha en la etapa del cine mudo, sino que juega a que el espectador advierta lo que se ha quedado en el camino debido a los avances técnicos, y lo que supuso la introducción de las películas habladas en determinados actores, idea que estaba presente en clásicos como Cantando bajo la lluvia y El crepúsculo de los dioses, que son citados muy sutilmente. De modo que hay recursos geniales, en que el sonido puede aparecer inesperadamente, o en que un determinado ruido expresado en un rótulo puede ser un original hallazgo para sorprender al espectador. A los que atacan determinadas películas tachándolas de maniqueas, no se sabe cómo calificarán un film que sabe a obra maestra casi desde su arranque. Porque la película no deja de ser un cuento moral, con aire de folletín, donde hay espacio para las risas, las lágrimas y el amor, y en que se fustiga la soberbia y se alaba el amor desinteresado, que puede detectarse en la sensible Peppy, pero también en un simpático y fiel perrillo que es una de las figuras de la película. Hazanavicius ha hecho un casting perfecto, los actores parecen en efecto de finales de la década de los 20 y principios de los 30. Bérénice Bejo es de una belleza y bondad arrebatadoras, y Jean Dujardin atrapa todos los matices de quien cae desde lo más alto hasta el abismo.
9/10
(2011) | 103 min. | Comedia | Drama
En el puerto de El Havre, en Francia, se descubre un container donde se ocultaba un númeroso grupo de inmigrantes africanos. Uno de ellos, Idrissa, un chaval, logra escabullirse de la policía, y acaba ofreciéndole refugio Marcel, un humilde limpiabotas, cuya esposa Arletty acaba de ser ingresada en el hospital por una grave enfermedad. Marcel no sólo da comida y un techo al chico, con la complicidad de un puñado de buenos amigos y vecinos, sino que hace averiguaciones acerca del paradero de su familia, con la que debía reunirse. Tarea arriesgada porque la huida de Idrissa ha ocupado titulares de primera página en los periódicos, y un avispado comisario recibe el encargo de resolver el caso lo antes posible. Maravillosa película de Aki Kaurismäki, que fue injustamente ignorada en el palmarés del último Festival de Cannes, aunque en descargo del jurado hay que decir que el nivel de 2011 ha sido muy alto. El director finlandés sigue fiel a sus inconfundibles señas de identidad, lacónicos personajes de buen corazón, minimalismo, sobria puesta en escena, una iluminación y paleta de colores inconfundible. Eso sí, en esta ocasión rueda en francés una emocionante historia que pone sobre el tapete la cuestión de la inmigración, el modo inhumano con que tantas veces se afronta el drama de tantas personas que afrontan mil peligros en busca de una vida mejor. Pero aparte de este tema social, tenemos sobre todo una historia muy humana, de magníficos y tiernos personajes, que viven al día pero saben desvivirse por amor por los que tienen alrededor. Conmueve el amor de Arletty que no quiere desvelar a su esposo lo serio que es el mal que la aqueja, esperando un milagro, aunque no frecuenten a menudo su barrio, con qué naturalidad se refiere el director a la fe de los personajes. La generosidad de Marcel para dedicar sus mejores esfuerzos a su inesperado invitado. El empeño de éste por ayudar y recabar dinero. Las pequeñas ayudas de unos y otros, algunas inesperadas y que conmueven. No falta algún villano, pero lo justo, sin cargar las tintas ni hacer leña del árbol caído. Salvo error, todo el reparto, a excepción de la fiel Kati Outinen, trabaja por primera vez con Kaurismäki, y se pliegan a la perfección a su modo de hacer. Hay momentos ciertamente emocionantes, pero el último tramo de la cinta, el desenlace, que en manos de cualquier otro habría caído en la vulgaridad, demuestra con creces lo gran director que Aki es.
9/10
(2011) | 100 min. | Romántico | Acción | Drama
Un tipo lacónico y solitario, cuyo nombre jamás sabremos. Experto conductor de automóviles, compagina trabajar en un taller y ser especialista de películas en Los Ángeles. Pero además, por las noches, realiza única y exclusivamente el papel de chófer en golpes criminales, con increíble frialdad y habilidad fuera de toda duda. Aparte de su jefe en el taller, una especie de figura paterna, no parece haber demasiado lugar para el amor y los sentimientos en su vida. Hasta que se enamora de su vecina Irene, cuyo marido, un delincuente, está en la cárcel, y que tiene un niño, el simpático Benicio. Y le atrae no sólo ella, sino lo que significa tener tu propia familia. Por ello aceptará ayudar a Standard, el esposo, cuando sale de prisión y debe realizar un último golpe para que ciertos mafiosos le dejen en paz. Primer film en Estados Unidos del danés Nicolas Winding Refn, cuya dirección fue premiada en Cannes, con guión de un inesperado Hossein Amini, que hasta la fecha estaba especializado en la adaptación de clásicos literarios en títulos como Jude, Las alas de la paloma y Las cuatro plumas (2002). Refn continúa interesado por los bajos fondos criminales, donde el clavo ardiendo al que agarrarse para intentar algo parecido a la salvación sigue siendo la familia, la añoranza de un hogar. Y para hacerlo recurre, marca de estilo, a una violencia terrible, aunque muchas veces sea más sugerida que mostrada, lo que no impide que resulte por momentos sobrecogedora. Quizá lo novedoso en el film más logrado hasta la fecha de Nicolas Winding Refn es un primer tramo netamente romántico, contado con un estilo personalísimo maravilloso, casi llegamos a creer que el cineasta no acabará abordando sus temas con la crudeza habitual al estilo Los Soprano. Pero igualmente funciona la acción, el thriller, el tono fatalista por el que se señala que, o no hay redención, o hay que pagar un alto precio por ella. Resulta modélica la escena de apertura del primer golpe, un modo genial de plantear la trama; la escena junto a la orilla del mar; o el desenlace, nunca es fácil terminar una historia de este tipo. Ryan Gosling está perfecto como lacónico protagonista al estilo de los antihéroes de Jean-Pierre Melville, donde un leve gesto comunica todo lo que bulle en su interior. Pero también el resto de los actores secundarios, empezando por la siempre maravillosa Carey Mulligan, una de las grandes de su generación. No podemos dejar de mencionar el apartado musical, con una estupenda selección de canciones aparte de la partitura original de Cliff Martinez.
8/10
(2010) | 130 min. | Drama Tráiler
Canadá. Dos gemelos veinteañeros, Simon y Jeanne, son testigos de cómo en pocos días la salud de su madre, Nawal Marwan, se resquebraja totalmente, de modo que acaba muriendo sumida en el más completo y desconcertante silencio. Cuando el notario amigo de la familia entrega el testamento de Nawal a sus hijos, éstos se enteran de que su padre no ha muerto –como ellos pensaban– y de que además tienen un hermano. El estupor y el disgusto son grandes, además de difíciles de digerir, porque para Jeanne y Simon esa noticia es la gota que colma el vaso en el anómalo comportamiento de su madre, que siempre actuó con ellos de manera extraña y aun distante. Ahora, la última voluntad de Nawal antes de recibir sepultura es que sus hijos busquen a su hermano y a su padre, y que les entreguen una carta a cada uno. Será Jeanne quien asuma la responsabilidad de iniciar las pesquisas, para lo cual se traslada a Oriente Medio con la intención de desentrañar la historia de su madre. Durísima e impactante película canadiense, escrita y dirigida por el quebequés Denis Villeneuve, a partir de una obra de teatro del libanés Wajdi Mouawad. El resultado es un film terrible, en la línea de otros que hablan igualmente de las consecuencias de las guerras, como Vete y vive. Aquí nos introduce en una historia de dolor, venganza y sufrimiento, pero que la buena mano de Villeneuve hace digerible al no mostrar explícitamente los pasajes más tremendos del argumento. Las cosas pueden decirse sin que por ello haya que apartar los ojos de la pantalla, y eso se agradece. La historia de Nawal es un golpazo y nos introduce en una época –los años 60 y 70– de guerras y masacres en Oriente Medio, en donde diversas facciones religiosas y nacionalistas destrozaron la vida de miles de personas. Pero aquí no hay buenos y malos –“la situación es demasiado compleja como para simplificarla en polos maniqueístas”, dice el director–, sino una espiral de maldad que sólo genera más maldad y que sólo puede terminar cuando el amor “rompa el hilo de la cólera”, como dice uno de los personajes. Y esto es en definitiva lo que logra este denso film, que nos demos cuenta de que la violencia no es solución de nada, y sólo suma más dolor al dolor. La película avanza a ritmo lento, con planos y diálogos largos, rodados con clasicismo, y poco a poco se va desenrollando la madeja de la historia de Nawal, que es también la historia de sus hijos. Para eso Villeneuve divide la narración en varios episodios, según los personajes de los que se trate o el lugar y el tiempo donde tienen lugar, de modo que la historia no está contada de modo lineal, sino que va del presente al pasado y viceversa. Aunque a veces desconcierta este vaivén, el conjunto funciona a la perfección y es ciertamente una elección más que acertada ante una narración que podría hacerse quizá demasiado áspera. Las interpretaciones son maravillosas, sobre todo por parte del lado femenino, con una inconmensurable Lubna Azabal en el papel de Nawal, cuyo rostro pone los pelos de punta en escenas clave como la del autobús, y con la joven Mélissa Désormeaux-Poulin, que también brilla con luz propia como Jeanne. El film fue elegido para representar a Canadá en los Oscar.
8/10
(2011) | 87 min. | Drama
Se ve que los hermanos Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne se toman muy en serio el ganar a toda costa una tercera Palma de Oro en Cannes, con lo que harían Historia, pues hasta el momento ningún director lo ha conseguido. Los belgas tiran con bala, y si en la edición de 2011 no llega a pasar por allí cierta bestia parda llamada Terrence Malick, igual hasta lo habrían conseguido. En cualquier caso El niño de la bicicleta es un intento más que digno y era justo que se llevaran algún reconocimiento, así que se fueron de allí con el Gran Premio del Jurado. Los Dardenne parecen traumatizados por la ausencia paterna, ¿tendrá alguna correspondencia en su vida real? Rosetta era huérfana y vivía sola con su madre; El hijo giraba en torno a la paternidad perdida; en la dura El niño, un marginal llega a vender a su bebé... En esta ocasión, toman como protagonista a Cyril, un chaval de doce años cuyo progenitor le ha dejado en un centro de acogida, en teoría temporalmente, aunque insiste en llamarle por teléfono, a pesar de que el número ya no está en funcionamiento. Se escapa y consigue llegar al piso donde vivía, pero ha desaparecido sin decir "ni mu". Desoyendo al portero, que le permite incluso ver el interior de la casa para que se dé cuenta de que papá ya no está dentro, el chico insiste en quedarse, y hasta se agarra con fuerza a una mujer, Samantha, una peluquera de la zona, para que los monitores de su centro no se lo lleven... Gracias a Samantha, que acoge a Cyril los fines de semana, le da el cariño que un chico de su edad necesita, y hasta recompra su bicicleta, vendida por el padre, logran localizar a éste, que trabaja en un restaurante, pero no está muy por la labor de ocuparse del niño... Aunque pasen los años, los Dardenne siguen fieles a sí mismos, pues vuelven a retratar a las clases desfavorecidas con su austeridad estética habitual, con pocos añadidos musicales, y una planificación cercana al documental. Este drama sigue teniendo el calado moral de sus anteriores trabajos, y con sencillez aparente describen con gran profundidad a personajes muy cotidianos, con las pequeñas grandezas y las miserias a las que es capaz de llegar el ser humano. Como siempre, los hermanos se apoyan en un gran reparto al que le sacan sobre todo espontaneidad. Supone un gran acierto de los belgas emparejar a su compatriota –pese a lo que sugiere su apellido– Cécile de France, que vuelve a Europa tras su excelente trabajo con Clint Eastwood en Más allá de la vida, con el sorprendente niño Thomas Doret, que debuta en el cine, y resiste llevar la mayor parte del peso del film. Esta vez el actor fetiche de los cineastas, Olivier Gourmet, aparece brevemente a modo casi de autohomenaje, como dueño de un bar. La principal aportación de este film de los Dardenne es que han captado el tono de los viejos cuentos infantiles que advertían de los peligros del mundo, y El niño de la bicicleta parece una mezcla imposible entre el neorrealismo italiano, Los olvidados de Luis Buñuel, Oliver Twist, Caperucita Roja, y Pinocho, de Carlo Collodi. Todo ello reciclado para el mundo moderno, pues desprende una sensación de autenticidad increíble, y por la realidad de la actual globalización, y salvo por ocasionales letreros en francés, las imágenes de la cinta podrían haber sido tomadas en cualquier localidad occidental, sin demasiadas diferencias. Como cabía esperar, se trata de un film duro sobre la desintegración familiar, la necesidad afectiva y la búsqueda de apoyos y vínculos para salir adelante a pesar de las dificultades mundanas, que no oculta que los más desgraciados tienen encima papeletas de que su situación empeore, y corren el riesgo de caer fácilmente en la delincuencia y estar abocados a un destino trágico. Pero como siempre los hermanos Dardenne dejan cierto resquicio, pequeñísimo pero resquicio al fin y al cabo, para la esperanza.
8/10
(2011) | 127 min. | Thriller | Drama
Años 70. Los servicios de espionaje británicos están en entredicho tras el fiasco de una operación encubierta en Budapest, Hungría. Son los años de la guerra fría, y todo apunta a que la Unión Soviética tiene infiltrado un topo en la cúpula del MI6. Para descubrir su identidad, el gobierno acude a uno de sus mejores agentes, George Smiley, que fue obligado a jubilarse unos meses atrás. Se diría que Smiley y otros veteranos espías han sido retirados de la actividad gracias a las jugadas maestras de Karla, uno de los jefes de los espías soviéticos, que mueve con extrema habilidad la pieza de su topo en el gran tablero ajedrecístico del espionaje. Intensa y lograda adaptación de la que seguramente es la mejor novela de espías de John le Carré. No era una tarea sencilla armar en dos horas esta tupida tela de araña argumental, ya que existe una excelente miniserie televisiva de 1979 de más de cinco horas, Calderero, sastre, soldado, espía, basada en la misma obra, con un reparto fantástico encabezado por Alec Guinness. Aquí toma el relevo en el rol de inteligentísimo espía gris Gary Oldman, y le acompaña un elenco de actores maravilloso, estamos ante la clásica película que merecería un Oscar al mejor reparto si tal categoría existiera en los premios de la Academia. Tiene gran mérito el guión trabado por Bridget O'Connor y Peter Straughan, hay una sabia labor de condensación de la novela y disposición de los saltos temporales, agil e intrigante, que conserva la emoción del original junto a esa presentación del mundo de los espías como un mundo gris y burocrático, en que las hojas impiden ver el bosque, con el peligro de olvidar en qué y para qué está uno trabajando. Si en Déjame entrar el sueco Tomas Alfredson tenía el mérito de mostrar vampiros en un entorno realista, quizá aquí su gran aportación es presentar a los espías como almas en penas que arrastran sus existencias hacia no se sabe dónde. De algún modo estaríamos ante la otra cara de la misma moneda, hay algo etéreo e inconsistente en ese mundo de duplicidades y traiciones, donde conceptos como lealtad y patriotismo se desdibujan, y el amor de una esposa o unos hijos es sacrificado, ahí está la “fantasmal” Anne, la eternamente nombrada y apenas vislumbrada mujer de Smiley, que tanto le hace sufrir. Logra el director decir mucho sin palabras, lo que tiene gran mérito en una película donde los diálogos con nombres e información importantes no escasean. Las miradas entre los “camaradas de armas”, los silencios que siguen a frases significativas, el espejo que resulta ser un niño para uno de ellos, todo tiene importancia, y Alfredson sabe sacarle valioso partido para dotar a su película de la misma densidad que presentaba la novela de Le Carré, y mostrar con pudor, como pidiendo perdón, las heridas que los personajes presentan en sus almas.
8/10
(2011) | 146 min. | Drama
Sur de Estados Unidos, en la década de los 60, cuando arranca el movimiento de los derechos civiles. En Jackson, como en tantas otras localidades de la zona, se da una curiosa relación entre las señoras blancas y sus criadas negras: éstas se ocupan tanto de los hijos de las primeras, que son casi más madres de esas criaturas que ellas mismas; por otro lado, son tratadas con distancia y condescendencia, discriminadas en cuestiones tan absurdas como en el uso del cuarto de baño, que de ninguna manera pueden compartir. La joven Skeeter, recién licenciada en periodismo, vuelve a casa con idea de trabajar en un diario local, pero se encuentra con la desagradable sorpresa de que la mujer negra que la crió ha sido despedida por su madre; ésta y otras injusticias le proporcionan tema para su debut literario, un libro que recoja el testimonio de las afroamericanas pisoteadas; lo que no resulta tan sencillo es que ellas acepten colaborar en medio de una atmósfera donde se juegan no sólo su trabajo sino su integridad física. La película sorpresa del año, escrita y dirigida por el desconocido Tate Taylor -como actor ha tenido papelitos, y dirigió otro largometraje de escasa repercusión, Pretty Ugly People-, que adapta una novela de Kathryn Stockett. Podría decirse que no es perfecta, que debería haberse pulido mejor, que la evolución de algún personaje es brusca, que más matices en otros habrían redondeado la historia... Aunque también podría uno exclamar, ¿y a quién rayos le importa? La realidad es que la trama funciona a la perfección en el nivel emocional, con unos magníficos personajes y un reparto inmejorable, con la carismática Sissy Spacek y los rostros que suenan de Bryce Dallas Howard, Allison Janney y Jessica Chastain, pero también con los menos conocidos y memorables Emma Stone, Viola Davis, Octavia Spencer..., maravillosos en sus composiciones. Hay un algo en el film con el que el espectador conecta, como sucede en Magnolias de acero, Tomates verdes fritos o Paseando a miss Daisy. La película conmueve hasta las lágrimas, y también hace reír, hay un sano sentido del humor. Y todo tiene que ver, por supuesto, con la humanidad de la historia, los dilemas que se plantean, el sentido del bien y del mal perfectamente claro... más, vamos a decirlo claro, la naturalidad con que se trata la unión con Dios, pues si Aibeleen decide dar el paso adelante de colaborar con Skeeter en contar su historia es porque lo ha rezado, porque las palabras del sermón del pastor en su iglesia, a partir del evangelio, le animan a ello, y es que es verdad aquello de que la verdad libera. Son bonitas ideas como la imposibilidad de Aibeleen de contar su historia si no es a través de su oración escrita, lo hablado con Jesús le ayuda a abrirse luego. También está muy bien trazada la relación de Minny, otra criada negra, con su nueva ama, la apestada blanca Celia.
7/10