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In memoriam

Fallece Christopher Lee, Drácula, a los 93 años

Sir Christopher Lee ha fallecido el domingo a los 93 años en un hospital de Chelsea, a consecuencia de un problema respiratorio. Ha tardado en conocerse la noticia porque la viuda ha querido avisar antes a todos sus familiares para que no se enteraran por el periódico y los medios de comunicación. Figura legendaria del género fantaterrorífico, dio vida a los personajes más conocidos del género de terror. Pudo haber dado más juego de no haber quedado encasillado en el género de terror. Trabajador incansable, este altísimo actor de 1,96 metros de altura siguió componiendo personajes siniestros inolvidables a una avanzada edad.
Fallece Christopher Lee, Drácula, a los 93 años

Nacido el 27 de mayo de 1922 en la capital británica, Christopher Frank Carandini (su verdadero nombre) pertenecía a una familia de clase alta formada por una aristócrata italiana –la condesa Estelle Mari Carandini di Sarzano– y un militar –el teniente coronel Geoffrey Trollope Lee–. Su infancia no fue todo lo feliz que debería haber sido, sobre todo porque sus padres se divorciaron cuando tenía 6 años. Quedó al cuidado de su madre, que se casó con el banquero Harcourt Rose, tío de Ian Fleming, el escritor que creó a James Bond.

Durante la II Guerra Mundial, combatió en la aviación británica, y aunque recibió entrenamiento como piloto, no pudo volar al final por problemas de vista. Aún así, prestó un servicio ejemplar, a veces en operaciones de inteligencia clasificadas como de alto secreto. Empezó su carrera como actor al término de la contienda a finales de los años 40, cuando un primo segundo le desveló que su abuela materna fue una afamada soprano, dato que él nunca había sabido. Desde entonces, pensó que llevaba el mundo del espectáculo en la sangre.

Debutó en Galería de espejos de Terence Young, y a continuación aparecía sujetando una lanza, como soldado, en Hamlet (1948), de Laurence Olivier. En aquella cinta le acompañaba un actor llamado Peter Cushing, que tenía más papel, y que estaba destinado a ser coprotagonista con Lee de míticos filmes de terror. Ambos se convirtieron en grandes amigos

A principios de los 50, Christopher Lee interpretó numerosos papeles de reparto, frecuentemente de villano, en títulos como El hidalgo de los mares, donde era un capitán español. Aunque sus aportaciones eran pequeñas, muchos de sus filmes tenían mucho éxito, como El temible burlón, Moulin Rouge (1952) o Tempestad sobre el Nilo.

Empezó a llamar un poco la atención en el mundillo del cine con La batalla del Río de la Plata, de Michael Powell y Emeric Pressburger, donde tenía un papel pequeño como propietario de un café de Montevideo. Gracias a este trabajo, se fijaron en él los ejecutivos de la compañía británica Hammer Productions, compañía donde debutaría como protagonista con La maldición de Frankenstein. Interpretaba al celebérrimo monstruo inventado por Mary Shelley, mientras que su creador estaba encarnado por su amigo Peter Cushing. El film estaba dirigido por Terence Fisher, el realizador que logró que el terror británico –sobre todo el de la factoría Hammerammersa– triunfara en todo el mundo. Poco después, Christopher Lee compartiría la pantalla con Boris Karloff, el más popular intérprete del monstruo de Frankenstein, en Corridors of Blood.

En 1958, Terence Fisher volvió a recurrir a Cushing (Van Helsing) y a Lee (Drácula) en Drácula (1958), considerada por los aficionados una de las mejores adaptaciones –sino la mejor– jamás filmadas de la novela de Bram Stoker. Si el film protagonizado por Bela Lugosi era muy teatral, producto de la transición del mudo al sonoro, Fisher le sacaba juego a elementos visuales pesadillescos, como los colmillos o la sangre. Al parecer, Lee tuvo problemas para cobrar su salario, motivo por el cual renunció en el último momento a intervenir en la secuela, Las novias de Drácula, que mantuvo el título, aunque su personaje fue sustituido por el barón Meinster (David Peel), otro vampiro.

Pronto hace las paces con la productora y filma tres nuevas colaboraciones de primera categoría con Peter Cushing y Terence Fisher: La medusa, La momia y El perro de Baskervilles.

Y por supuesto, volvió a encarnar al vampiro más célebre, en Drácula: Príncipe de las Tinieblas, donde no tiene diálogos. Jimmy Sangster, guionista, declaró que fue idea suya para que el personaje diera más miedo, pero Lee ha declarado que prefirió no hablar porque los diálogos de Sangster eran pésimos. Al parecer, Lee estuvo a punto de renunciar a su papel porque no tenía mucho protagonismo; había quedado relegado al tramo final del film. Como a pesar de la polémica, tuvo una buena repercusión en las taquillas, Lee se reconcilió de nuevo con los ejecutivos de Hammer y volvió a ponerse la capa en Drácula vuelve de la tumba, El poder de la sangre de Drácula, Las cicatrices de Drácula, Drácula 73 y Los ritos satánicos de Drácula –estas dos últimas de nuevo con Cushing y con la acción ambientada en la época contemporánea de cuando se filmaron–.

Lee ha sido Drácula también fuera de la Hammer en títulos como la inenarrable El conde Drácula (1970), del español Jesús Franco o Dracula père et fils, de Edouard Molinaro.

El actor logró también triunfar como el maquiavélico Fu-Manchú, creado por el novelista Sax Rohmer, al que dio vida por primera vez en 1965, en El regreso de Fu-Manchú, de Don Sharp. Volvería a lucir los largos bigotes del malvado individuo en otras cuatro ocasiones. El gran problema de Christopher Lee es que a pesar de ser un excelente intérprete, quedó encasillado para siempre en el género de terror, por lo que nunca le llamaban para dar vida a otros personajes.

Lee ha sido también el malo-malísimo Rochefort, en Los tres mosqueteros (1973) y sus dos secuelas, y encarnó a Francisco Scaramanga, uno de los más recordados villanos de James Bond (el personaje creado por su primo), en El hombre de la pistola de oro. El español Eugenio Martín, le emparejó de nuevo con Peter Cushing en la amena Pánico en el Transiberiano.

A pesar del ‘mal rollo’ que da en la pantalla, Lee tenía porte de caballero británico, ostentaba el título de ‘sir’, y en la vida real fue tan elegante como buena persona. Estaba casado con la modelo danesa y ocasional actriz Birgit Kroenche, posteriormente conocida como Gitte Lee, con la que tuvo una hija, Christina Erika, a pesar de que se hace difícil imaginar a Drácula empujando el carrito de un bebé.

A partir de los años 70, la figura de Lee entra en decadencia, sobre todo después de que Ken Russell decidió no contratarle para el film Tommy, para el personaje que finalmente interpretó Jack Nicholson. Además, cometió el error de rechazar convertirse en el doctor Sam Loomis, en La noche de Halloween, de John Carpenter. Después declararía que se equivocó al no encarnar al personaje.

A pesar de todo, Christopher Lee se mantuvo a partir de finales de los 70 muy activo, mostrando su lado cómico en 1941, de Steven Spielberg, donde era el coronel nazi Wolfgang Von Kleinschmidt, o en subproductos inenarrables, como La familia Stupid o Aullidos 2. Stirba, la mujer lobo.

Admirador declarado de Christopher Lee, el director Tim Burton –que creció viendo sus películas– le dio pequeños papeles en Sleepy Hollow, Charlie y la fábrica de chocolate y La novia cadáver. Pero su auténtico resurgimiento le llegó cuando Peter Jackson le convirtió en Saruman, el malvado hechicero de la trilogía de El Señor de los Anillos. Ideal para el personaje creado por J.R.R. Tolkien, del que se confiesa apasionado admirador, su interpretación le dio a conocer a una nueva generación de espectadores, y logró que George Lucas le diera un papel muy similar, el conde Dooku, en El ataque de los clones y La venganza de los Sith. Se le pudo ver por última vez brevemente de nuevo como Saruman en El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos, aunque a su muerte ha dejado pendiente de estreno Angels in Notting Hill.

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