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Lourdes
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Crítica Lourdes (2009)

Milagro

Milagro

Más allá de los milagros que tienen lugar, o no, en Lourdes, la existencia de esta pequeña gran película es en sí misma un auténtico milagro. Porque narra con tremenda honestidad y verdadera hondura las vicisitudes de un grupo de peregrinos que acude al lugar de las apariciones de la Virgen. La actitud que proponen el sacerdote, las enfermeras cuidadoras, los voluntarios de la Orden de Malta, es la de la aceptación de las dolencias que Dios permite, pedir sobre todo la salud del alma, aunque albergando también la esperanza de que puede ocurrir el milagro de la curación. Con rigor casi documental y sin una sombra de cinismo, vemos a personas normales y corrientes, con sus rasgos de generosidad y de paciencia, pero también con las miserias que son comunes a todo ser humano.

Destaca Christine, una joven con esclerosis, postrada en la silla de ruedas, sonriente y resignada a su suerte, que como dice al sacerdote, se observa desde fuera. Pero hay toda una galería de seres humanos, atrapados tal vez en la rutina de las peregrinaciones. De modo que dos jóvenes enfermeras pueden estar más pendientes de flirtear que de cuidar a los pacientes asignados; actitud que compartirían con los correlativos miembros de la Orden de Malta. La jefa de la expedición, desde luego abnegada, puede permitirse juzgar la actitud de otros, pensar que no son perfectos porque buscan milagros y no el encuentro con Dios. Los veteranos líderes de este tipo de viajes pueden bromear y haber desarrollado cierto escepticismo acerca de la posibilidad de los milagros. Una anciana puede desear la curación de la joven a la que cuida, pero a la vez advertir que se convertirá en una inútil si ella ya no requiere de su servicio. Dos amigas mayores pueden ir a Lourdes con una mezcla de beatería y deseo de chismorreo. Y ante como discurren las cosas, puede uno alegrarse del bien que acontece al otro, y a la vez sentir envidia. Son manifestaciones muy realistas de lo bueno y lo malo que hay en el corazón del hombre.

La guionista y directora austriaca Jessica Hausner cuenta su historia sin aspavientos ni histerismos, con claro respeto al hecho religioso –llama la atención la pausa casi reverencial con que se detiene en ceremonias como la bendición con el Santísimo y la procesión de las antorchas, o en las visitas a la gruta–, y sin intención de persuadir o imponer un punto de vista acerca de lo que el espectador ve. Aunque abierta a múltiples lecturas, presenta en pantalla con naturalidad el presunto milagro. Y éste obliga a las preguntas habituales –cuya respuesta desde la fe no consuelan del todo–, acerca del sentido del dolor, del modo en unos sufren y otros sanan, en lo que se diría capricho de Dios; no se entiende la lógica divina, el modo en que “reparte” lo que toca a cada ser humano, su estruendoso silencio; e incluso el escándalo que sigue al milagro, las reacciones encontradas de los testigos, de alegrarse pero no del todo. La felicidad perfecta no existe, es una idea recurrente en el film. Uno puede procurar hacer el bien, y sin embargo, advertir que está bien lejos de la perfección. Se puede experimentar bienestar, pero resulta imposible afirmar cuánto durará aquello, si tras acabar una prueba no estará aguardando otra a la vuelta de la esquina.

Las interpretaciones, como corresponde, son muy naturales, destacando entre ellas la de Sylvie Testud, una composición de Christine muy medida, con encanto. El film se ha rodado en las auténticas localizaciones, y ello intensifica el realismo de la historia que se nos propone, el acercamiento al misterio.

Reflexiones de la directora
Reflexiones de la directora

Ofrecemos a continuación unas valiosas reflexionas de la directora acerca de lo que ha pretendido con su film.

Lourdes, la ambivalencia y lo absurdo

La película Lourdes muestra, por una parte, la fe en un Dios bondadoso y eterno, y, por otro lado, la realidad caracterizada por lo arbitrario y lo efímero. Lourdes es un cuento cruel: un ensueño o una pesadilla. Enfermos y moribundos de todo el mundo visitan Lourdes para recobrar la salud. Esperan un milagro, porque es precisamente en Lourdes donde aún se producen milagros. Pero Dios parece un tanto caprichoso: da y toma en función de su humor, y sus caminos son impenetrables. En la católica Lourdes, los paralíticos sueñan con poder andar, los que están solos con tener amigos, los hambrientos con quedar saciados, pero la sensación de tener una vida truncada así como el deseo de plenitud son universales.

La felicidad, lo efímero y la esperanza

En Lourdes, el milagro le aporta a Christine un período de felicidad, una mejoría, pero, en definitiva, no la salvación. La promesa de salvación que ofrece la Iglesia tiene que ser pospuesta. El consuelo de los que no vuelven curados o que recaen está en el más allá. El deseo de curarse es el deseo de alcanzar la felicidad y conservarla: vivir una vida plena, completa, feliz y que tenga sentido. Así, Christine, desde el momento de su restablecimiento empieza a proponerse retomar sus estudios, crear una familia y aprender a tocar el piano. Pero la felicidad es efímera, va y viene, sin que eso tenga un significado especial.

¿Por qué no yo?

Una curación milagrosa es injusta. ¿Por qué una persona se cura y otra no? ¿Qué se puede hacer para curarse? ¿Rezar, como la madre de la joven apática; escoger la humildad, como Cécile, o, por el contrario, no hacer nada, como Christine?

No hay respuesta para estas preguntas: los milagros parecen arbitrarios, se producen sin lógica ni razón aparente. El milagro es fundamentalmente injusto pero no obstante es también una inmensa alegría para quien se cura. Sin embargo, una persona que, presumiblemente, ha experimentado una curación milagrosa, no tiene ninguna garantía de que su curación perdure. La curación ofrece una nueva oportunidad a Christine —que querría disfrutar de la vida—, pero comprende que su reciente felicidad puede acabarse en cualquier momento. Ella empieza entonces a buscarle sentido, a preguntarse si tendría que hacer alguna cosa especial para ser digna de su curación. ¿Qué habría que hacer para que el milagro dure? ¿Dios oye sus plegarias?

El milagro como paradoja

Ante todo, yo tenía la idea de hacer una película sobre un milagro. Los milagros representan una paradoja, una fisura en la lógica que nos conduce hacia la muerte. Esperar un milagro es en cierto modo la esperanza de que todo va a terminar bien y de que hay alguien que vela por nosotros. He investigado mucho para encontrar el marco adecuado para contar la historia de un milagro y me he fijado en el caso concreto de Lourdes porque yo quería destacar el hecho de que los peregrinos se dirigen allí con la esperanza de vivir un milagro. Se podría pensar que un milagro siempre es positivo: supone la repentina curación de una persona paralizada. Sin embargo, durante mi búsqueda de las historias de curaciones, he comprobado que las personas curadas han experimentado una recaída: el milagro no ha durado. Y en ello se encuentra un paralelismo con el lado arbitrario de la vida: algunas cosas nos parecen maravillosas, incluso milagrosas, y luego se convierten en horribles o simplemente triviales.

Lourdes

Mantuvimos varias conversaciones con monseñor Perrier, obispo de Tarbes y de Lourdes acerca de cómo representar a Lourdes. También hablamos de milagros con algunos teóricos. Lo más interesante es que los propios dignatarios católicos son conscientes de la ambivalencia del milagro. Nosotros nos planteamos todas estas preguntas y la Iglesia debería aportar una respuesta. La cuestión del sentido de la vida está en el centro de mi película, pero también lo está en el centro de las reflexiones de la Iglesia.

El lugar de rodaje y su marco son muy importantes para mí porque constituyen una forma visual de describir la sociedad. Para cada una de mis películas busco un lugar único, cerrado, aislado, que me ayude a desarrollar una narración. Necesito un lugar cerrado, pero también un vestuario en concreto porque me ayudan a construir la historia. En Hôtel, los personajes llevan el uniforme del hotel; en Lovely Rita, hay uniformes escolares, y en Lourdes, los uniformes de la Orden de Malta. Me esfuerzo en hacer a mis personajes menos singularizados, los concebía más bien como prototipos que forman un sistema, social o religioso. En mi película, intento describir un sistema en el que cada uno desempeña su papel. Me parecía interesante observar en este caso el interior de esa orden, en la que la gente no actúa sobre unas bases individuales sino en relación con las expectativas del grupo. Éste es el hilo conductor de mis películas: la relación entre el papel que desempeñamos en la sociedad y nuestra propia identidad. ¿Qué poder tengo? ¿Cuál es mi deber? ¿Quién soy y quién debería ser? Mis películas reflejan la idea de que no se puede encontrar una solución...

Últimos comentarios de los lectores

omar - Hace 1 año

al final la muchacha camina? o vuelve a la silla de ruedas?

EDGAR - Hace 2 años

confieso no entendí el final ni espera ese final, adverti Crisyine no tenai el agradecimiento o alguna conversion espiritual antes del final pese acaso no debería volver a la gruta y agradecer a la Santisima Virgen, entiendo no era el tema pero me parecía faltaba algo, tengo que verla otra vez

Enrique - Hace 3 años

Por casualidad me topé con esta película en la tv. Es muy buena y sobre todo, y lo digo de verdad, me dieron ganas de ir a Lourdes

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