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BLOG DE HILDY

Este año 2019 es el año de los Oscar locos, con una Academia sin presentador de la gala, que titubea entre entregar o no premios en las pausas publicitarias, y que, definitivamente, ha perdido glamour, y que conste que no soy de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Como hace todas las semanas, mi colega de “La Luna de Metrópoli” Javier Estrada me solicitó hace unos días las estrellas para calificar los últimos estrenos. Pocas veces he sentido más la frustración de reducir mi mucha o poca estima por una película, que a la hora de puntuar “La casa de Jack”.

Cuando a finales de diciembre tuve ocasión de ver anticipadamente una de las películas favoritas para los Oscar, “La favorita”, inmediatamente pensé que se trataba de un film que podría gustarle a Pablo Iglesias.

A pesar de algunos comentarios que leo acerca del triunfo de “Bohemian Rhapsody” en la 76 edición de los Globos, que por supuesto fue una de las grandes ganadoras, un análisis más detallado invita a pensar que la 91 edición de los Oscar se presenta muy abierta.

La nueva entrega de las andanzas de Mary Poppins, es, como la propia niñera, prácticamente perfecta. Funciona a la perfección en todos sus apartados. Lo sorprendente es que, siendo una secuela, sigue un esquema prácticamente idéntico a la película original. Y a pesar de todo, oh, paradoja, continúa siendo... tremendamente original.

No hablo de esta semana, donde abundan los estrenos interesantes en salas de cine. Pero el fin de semana pasado, con el permiso del estreno de la nueva y cansina entrega de la saga “Animales fantásticos”, la novedad cinematográfica más importante podía verse en una plataforma de streaming.

¿Por qué lo llaman "intimidad" cuando quieren decir "sexo"?, podríamos preguntarnos parafraseando el título de una conocida película. Las luces de alarma ante los abusos sexuales de artistas y productores se han encendido, pero quizá la solución cierra los ojos ante una parte, grande, del problema.

Si saliéramos a la calle y preguntáramos al azar a los viandantes sobre su conocimiento del cine de Juan Manuel Cotelo o el de Michael Moore, quizá casi nadie sabría quiénes son. Aunque si afináramos la encuesta, la cosa podría cambiar. Entre los seguidores de la política USA, pocos ignorarán quién es Moore. Mientras que seguramente muchos católicos habrán visto películas de Cotelo.

Me considero una persona optimista. Quiero creer que en 2018 se siguen haciendo películas maravillosas. Pero cuando recupero un clásico como “Dos cabalgan juntos” o repaso una película del centenario Ingmar Bergman, siento como si se hubiera perdido algo. Y no hay que remontarse tanto. Miro 25 años atrás, a 1993, y veo un conjunto de películas maravillosas. ¡Vaya año! ¿Volveremos a tener otro parecido?

La vida está llena de coincidencias. Como la de que el mismo año 2018 se hayan estrenado sendos documentales sobre dos grandes cómicos, el español Eugenio y el estadounidense Robin Williams. Muy distintos en su estilo, pero ambos divertidos, aunque marcadas tristemente por la desgracia en el mundo real.

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