“Así es como funciona la cabeza de un niño. Tal vez sea setenta y cinco por ciento sueño y veinticinco por ciento realidad”. Para David Lynch hay un mundo a primera vista, pero hay otro debajo. O quizá detrás del espejo. El cineasta de toques surrealistas como los de "Terciopelo azul", arriesgado como pocos, con historias tremendamente humanas, "El hombre elefante", que revolucionó las series televisivas con "Twin Peaks", ha muerto a causa del enfisema que padecía a la edad de 78 años.
David Lynch (Missoula, Montana, EE.UU., 1946) es un cineasta con doble cara en su filmografía. Están las historias normales, realistas –adjetivos usados en sentido muy, muy amplio, ojo–, donde se encuadran El hombre elefante, Dune, Corazón salvaje, Una historia verdadera. Y están los relatos donde realidad y sueño se entremezclan, como si de un juego se tratara, donde se incluyen, en mayor o menor medida, Cabeza borradora, Terciopelo azul, Twin Peaks, Twin Peaks: El fuego camina conmigo, Carretera perdida y Mulholland Drive. Aunque admito las limitaciones de la división: Lynch traspasa las fronteras con facilidad.
Cuando Lynch era joven y dudaba a qué dedicarse, se aficionó entonces al dibujo y la pintura. Gracias al pintor Busnnell Keeller, Lynch comenzó una irregular carrera en la pintura, donde los temas combinan lo familiar y lo siniestro; el título de un cuadro, “La sombra de una mano retorcida sobre mi casa” es bien elocuente.
Seis hombres vomitando, La abuela… fueron cortos en 16 mm, que asumieron los esfuerzos vanguardistas de Lynch. El significado de su cine experimental era oscuro, y para buscar explicaciones Lynch remitía a la propia obra; si pudiera expresarse con palabras, lo habría dicho así. Lo mismo diría de su cine posterior, donde hablaba de ideas perfiladas en un “estado de duermevela”. No son sueños, en los que no tienes control, pero sí lo más próximo a un sueño que puede entregar un creador consciente.
Lynch no estudió en una escuela de cine. Pero supo rodearse de colaboradores con los que estaba a gusto, y con los que repitió de película en película. Entre los habituales se cuentan el compositor Angelo Badalamenti, los directores de fotografía Freddie Francis y Frederick Elmes, los directores artísticos Jack Fisk y Patricia Norris, los actores Kyle MacLachlan, Dean Stockwell, Isabella Rossellini, Laura Dern…
Cinco años tardó en dar el claquetazo final a Cabeza borradora en 1976. Su carácter raro y críptico, produjo división de opiniones. Los buscadores de algo “diferente” quedaron satisfechos con el tupé de Jack Nance y a Kubrick le encantó. Esto posibilitó que rodara, también en blanco y negro, El hombre elefante, hermoso discurso sobre la belleza del alma.
Pueden resultar agotadoras las ensoñaciones de algunos filmes de Lynch, pero es un cineasta que demuestra ser capaz de narrar cualquier historia. Sencillamente debe interesarle. Como ocurrió con Una historia verdadera. La sencilla hazaña de Alvin Straight, que montado en una cortadora de césped, va de Iowa a Wisconsin para llegar a casa de su hermano enfermo, antes de que sea demasiado tarde para una deseada reconciliación, le emocionó. Cuando su mujer Mary Sweeney le enseñó el guión que había escrito con John Roach sobre esta “historia verdadera”, aceptó convertirlo en película. Resulta curioso que El hombre elefante y Una historia verdadera, las dos mejores películas del hombre de los juegos y los mundos morbosos, de las extrañas dualidades y los caprichosos cambios de identidad, se basen en la realidad. Aunque sea una realidad sorprendente. Son en verdad “straight stories”, frente a las “unstraight”, retorcidas, las de las series de Twin Peaks, Twin Peaks: El fuego camina conmigo, Carretera perdida y Mulholland Drive.
Steven Spielberg le rindió un sentido homenaje pidiéndole que interpretara a John Ford en Los Fabelman, su última aparición en una pantalla de cine. El anuncio del fallecimiento de David Lynch lo ha hecho su familia a través de su página oficial en Facebook, donde señalan: "Con profundo pesar, nosotros, su familia, anunciamos el fallecimiento del hombre y el artista, David Lynch. Agradeceríamos que se respete nuestra privacidad en este momento. Hay un gran vacío en el mundo ahora que ya no está con nosotros. Pero, como él diría: ‘Mantén tu mirada en el donut y no en el agujero.’ ... Es un hermoso día con un sol dorado y cielos azules por todas partes." Descanse en paz este gran artista.
