Despido procedente - Película - decine21
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Despido procedente
4 /10 decine21

Despido procedente

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Sinopsis oficial

Despido procedente

Javier (Imanol Arias), un ejecutivo de una multinacional, comete un pequeño error; indica mal una dirección a un desconocido que le pregunta en la calle (Darío Grandinetti). Esta equivocación se transformará en su peor pesadilla cuando el desconocido comience a acosarlo reclamando una indemnización por el fallo cometido. La situación se tensa aún más con la aparición de Sam (Hugo Silva), un compañero de oficina con quien tendrá que competir para mantener su puesto de trabajo…

4 /10 decine21

Crítica

Mal de empresa

Mal de empresa

Javier es un ejecutivo español, que dirige una de las áreas de una gran empresa argentina. Tiene una novia joven y guapa, y todo apunta a que va a empezar a formar parte del consejo de administración. Pero hay un pero. Parece que la compañía no va tan bien como parece, y hay que recortar gastos, lo que pasa por prescindir de muchos puestos de trabajo, o sea, el despido puro y duro. Javier se rebela ante tal planteamiento, en el fondo es buena persona, pero sabe que se juega el anhelado ascenso. Por si fuera poco, un tipo le culpa de haberse quedado sin trabajo, por haberle dado mal una dirección, y se convierte en un acosador implacable que le hace la vida imposible. Y además está un compañero de trabajo, el joven Sam, también español y un poco farfollas.

Coproducción hispanoargentina, escrita y dirigida por el bonaerense Lucas Figueroa, pretende ser una acendrada crítica a las malas prácticas empresariales, los lugares donde manda la corrupción y las personas no cuentan.

El caso es que no funciona, suma muchas piezas que no casan bien en el puzzle argumental, y que conducen a la dispersión. Tampoco se da con el tono, a veces se quiere poner el acento en la comedia –sobre todo con el guarda de seguridad que echa una mano a Javier, Imanol Arias, y con el acosador encarnado por Darío Grandinetti–, de pronto tenemos a una pareja irrumpiendo en un edificio con vestimenta a lo Matrix, o se nos retrata a empresarios sin escrúpulos que parecen de opereta, aun cuando tengan el rostro de Miguel Ángel Solá. La clase de tango, la novia y la empleada embarazada, el hijo discapacitado, son ejemplos de la mencionada inconexión en lo que parece una huida hacia adelante, si no logro encajar las piezas, me inventaré otras, parece pensar Figueroa, que acaba entregando un batiburrillo, que sólo a ratos se ve con una sonrisa indulgente.

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