- Duración: 01h 46 min
- Género: Musical | Drama | Comedia
- Público apropiado: Adultos
- Valoraciones: decine21 (4) | usuarios (5.7)
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- Título original: Polvo serán
- Año: 2024
- Fecha de estreno en España en cines : 15-11-2024
- Fecha de estreno en España en Movistar Plus+: 06-02-2025
- País: España
- Dirección: Carlos Marques-Marcet
- Intérpretes: Ángela Molina, Alfredo Castro, Mònica Almirall, Patrícia Bargalló, Alván Prado, Manuela Biedermann, Emma Corbacho
- Guión: Coral Cruz, Carlos Marques-Marcet, Clara Roquet
- Música: María Arnal
- Fotografía: Gabriel Sandru
- Distribuye en cine: Wanda , Elástica Films
- Distribuye en formato doméstico: Movistar Plus+
Premios
Goya
2025
Nominada a 1 premio
- Actor principal Alfredo Castro
Temas relacionados:
Reparto
Sinopsis oficial
Cuando Claudia decide que no quiere esperar a que la enfermedad estropee su cuerpo, su pareja, Flavio, que no se ha separado de ella en los últimos cuarenta años, pone en marcha su antiguo plan de poner fin a su vida juntos en Suiza gracias a la ayuda de una asociación de muerte voluntaria asistida. Mientras, su hija Violeta se convierte en la mediadora involuntaria entre sus padres y todo aquello que dejan atrás, a la vez que intenta encontrar su sitio en esta historia de amor incondicional.
Crítica Polvo serán (2024)
Historia de un suicidio asistido
Claudia y Flavio son una pareja talludita, que se han dedicado profesionalmente al mundo del teatro y de la danza. A ella le diagnostican un enfermedad terminal y su drástica decisión es Suiza, “suizidio”, o sea, suicidio asistido en ese país. Y Flavio no sólo la apoya, sino que él mismo se apunta a la solución final. Lo que descoloca a Violeta, la hija de ambos, que había renunciado a su trabajo en una orquesta para cuidar a la madre. Optan antes por casarse, la excusa de la boda servirá para comunicar la noticia a Lea y Manuel, hijos de los anteriores matrimonios de ella y él.
Película dirigida y coescrita por Carlos Marques-Marcet, con Clara Roquet y Coral Cruz, ofrece la mirada laica a la muerte, donde no hay espacio para la trascendencia, esto se acaba y no hay más, seremos polvo, como reza, con perdón, el título. Tan desoladora resulta esta visión que los responsables del film han decidido incorporar una única escena, casi un pegote pues nada la justifica antes, ni nada se sigue de ella después, en que vemos a Flavio leyendo un libro sobre después de la muerte, y la estupefacción de Claudia por ello. Sin esperanza pues, hay un esfuerzo en desdramatizar eso de zambullirse en la nada, se trata pues de hablar de normalidad, todos hemos de morir, y de encajar eso sin hacer tragedia.
Así, Marques-Marcet, con la ayuda de la música de María Arnal y las coreografías de la compañía de danza La Veronal, introduce algunas escenas oníricas, que tratan de dar al espectador algo de belleza, de romper la tristeza que atraviesa todo el metraje; lo mismo se hace con algunas muestras de humor negro, hay que quitar hierro a la cosa. Pero claro, no basta. Porque lo que de verdad ayuda a sobrellevar las penas de este valle de lágrimas es el amor.
¿Y qué tenemos de amor en el film? Algo hay, por supuesto. Claudia y Flavio se aman sin duda, pero cuesta aceptar la respuesta “amorosa” de él a la enfermedad, y la decisión suicida de ella, ambas son muestra de individualismo puro y duro, el modo en que afectarán sus decisiones a los demás no se tiene en consideración; narcisismo sobre narcisismo, llama la atención lo que haría Claudia si el enfermo fuera él. Y luego están los hijos. Probablemente la empatía del espectador estará con Violeta, su reacción filial ante cómo discurren los acontecimientos; en cambio poco cabe decir de los otros hijos, pues Lea y Manuel están bastante desdibujados, y su mayor o menor capacidad de encajar el golpe no acaba de estar bien explicitada, ahí juega su papel la elipsis, no sabemos ni lo que les une ni lo que les separa, los reproches y el distanciamiento que han vivido.
En fin, más allá de la mirada del film y su inequívoca postura existencial, tenemos fílmicamente una cinta reiterativa y algo desequilibrada, en que los números de danza se antojan postizos, un recurso para “alegrarnos el día” y permitirnos respirar un poco. Hay un esforzado trabajo actoral de los veteranos Ángela Molina y Alfredo Castro, y de Mònica Almirall, subrayado con muchos primeros planos. Tiene mérito su esfuerzo en la defensa de sus personajes, cuando verdaderamente no se nos dan razones de peso acerca de sus decisiones, sobre todo la de la pareja que no está dispuesta a aceptar que la muerte los separe. Pero no es suficiente. Además, si no fuera todo tan serio, tan fúnebre, diría que hay algo risible en las empleadas del centro suizo donde acuden los protagonistas, con la amabilidad que imaginaríamos en los encargados del motel de una inquietante película de terror.
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