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Reportajes

De los seriales a la Edad Dorada de Marvel

Historia del cine de superhéroes (I)

Pocos estrenos de cine abarrotan las salas desde el día de su estreno en las últimas décadas, la lista se reduce casi a la saga de "Star Wars", las adaptaciones de las obras de J.R.R. Tolkien, las producciones de Pixar y por supuesto, los superhéroes, que causan furor. Repasamos a grandes trazos la historia de estos últimos en la gran pantalla. Ta tara tata… ¡TA TA TA!

 

Junio de 1938. Mes importantísimo, al menos para los apasionados de los comics, pues aparecía en los kioscos el número 1 de "Action Comics", con la primera aventura de Superman, el primer superhéroe, creado por el guionista norteamericano Jerry Siegel y el dibujante canadiense Joe Shuster. Puesto que causó furor, la editorial DC cedería (previo pago de su importe) los derechos para que saltara a la gran pantalla, primero en la serie de diecisiete cortos animados, producidos por Estudios Fleischer y Estudios Famous entre 1941 y 1943, con doblaje de Bud Collyer, que también había sido el Hombre de Acero en seriales radiofónicos.En esa época también tuvieron repercusión los seriales por entregas concebidos para salas de cine de otros personajes similares, como Aventuras del Capitán Marvel (1941), Batman (1943) y del propio Superman, con Kirk Alyn, primero en darle vida no sólo con su voz.

Arrasó también la serie televisiva de 1951 Las aventuras de Superman, protagonizada por George Reeves, cuya trágica historia personal dio lugar al film Hollywoodland, de 2006. Entre las producciones televisivas de este género se llevan la palma la disparatada y divertida serie de ABC Batman, donde Adam West encarnó al Hombre Murciélago entre 1966 y 1968 y El increíble Hulk (1977-1982), basada en el personaje de Marvel.

Se trataba de producciones muy distintas de las actuales, por la falta de medios, y porque el subgénero estaba relegado al terreno de la serie B. Todo cambió tras la llegada de La guerra de las galaxias, de 1977, que revolucionaría el cine, con ayuda también de algunos de los primeros trabajos de Steven Spielberg, sobre todo Tiburón (1975) y Encuentros en la tercera fase (1977). Desde ese momento comenzó la singladura de los “blockbusters”, el cine fantástico empieza a contar con presupuestos astronómicos, y se desarrollan a pasos agigantados los efectos especiales, de la mano de Industrial Light & Magic, compañía fundada por George Lucas para aprovechar que había juntado a los técnicos más punteros del sector para su saga de Star Wars. En esta época se enmarca el clásico por excelencia del cine de superhéroes, Superman (1978), de Richard Donner, de la que quienes la vieran en cine por aquel entonces recordarán su sugestivo eslogan: "Usted creerá que un hombre puede volar". 

Y vaya que si el público se lo creyó, pues recaudó 300 millones de dólares en taquilla, convirtiéndose en el segundo largometraje más taquillero del año, sólo superado por Grease. Rentabilizó con creces la fuerte apuesta de los productores Alexander Salkind e Ilya Salkind, que habían tirado la casa por la ventana, reclutando entre varios guionistas a Mario Puzo, autor de El padrino, y a Robert Benton (Bonnie & Clyde), que reconstruyeron la historia de Kal-El, enviado a la Tierra por su padre cuando su planeta natal, Krypton, estaba a punto de destruirse.

Por encarnar al progenitor, a Marlon Brando le pagaron el sueldo más alocado y absurdo de la historia del cine, 17 millones de dólares por aparecer diez minutos (y para colmo de males le dio la lata a Donner hasta lo inimaginable). Y además, tenía que aparecer en los títulos de crédito el primero, antes del mismísimo Gene Hackman (brillante villano Lex Luthor) y por supuesto del propio Superman, un Christopher Reeve al que por entonces no conocía ni Tarzán, pero que triunfó porque parecía la encarnación humana del personaje de las viñetas.

Superman establecería las bases de lo que hoy en día es el cine superheroico: inversiones millonarias, efectos punteros, grandes estrellas incluso para papeles nimios, protagonistas con identidades secretas, romances... Y por supuesto, pocos son los compositores de bandas sonoras que se dediquen al cine hoy que no acusen la influencia de las partituras del maestro John Williams para la franquicia de Lucas y para esta cinta. Tuvo tres secuelas, Superman II (1980), Superman III (1983) y Superman IV: En busca de la paz (1987), también con Reeve.

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