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Cine español: habemus legem

Cuando se elige un Papa, la Iglesia católica tiene la costumbre de anunciarlo precedido con la frase “Nuntio vobis gaudium magnum”, “os anunciamos una gran alegría”. ¿Es motivo de alegría la recién aprobada nueva ley del cine español? Aunque tiene elementos muy interesantes, tengo mis dudas.

Cine español: habemus legem

Y es que una de las cosas que más llama la atención en esta ley, que ha sido una verdadera carrera de obstáculos, con dos ministros de por medio, Carmen Calvo y César Antonio Molina, es la prisa que se ha dado el gobierno por aprobarla en esta legislatura, como sea. Ahí está la prueba innegable de su tramitación por el procedimiento de urgencia, como si el cine español estuviera aquejado de una enfermedad mortal (¿lo está?). Y en efecto, en vísperas de la disolución parlamentaria que precede a la convocatoria de elecciones, “habemus legem”. Y bendecida por un montón de chicas y chicos del cine español que siguieron desde la tribuna parlamentaria la votación. No faltaron a la cita Pilar Bardem, Federico Luppi, Álex de la Iglesia, Alejandro Amenábar, Carlos Saura, Carlos Iglesias y Liberto Rabal, entre otros.

¿Qué es lo más interesante de la nueva ley? Las desgravaciones fiscales a las inversiones en producción cinematográfica, lo que puede animar la entrada de capital de empresas y particulares. Es una buena medida, que sin duda moverá un poco el cotarro. También está bien que se apoye la renovación tecnológica de las salas, con el inevitable salto al digital, aunque los exhibidores no acaban de estar contentos con la famosa medida proteccionista de la cuota de pantalla. Las teles no acaban de ver con buenos ojos la inversión a la que se ven obligadas, pero esperan el resultado favorable de cierto recurso en Estrasburgo para hacer de su capa un sayo. Y está bien que se apoye al sector de la animación, donde hay buenos profesionales, aunque las historias aún dejen bastante que desear.

Algunas medidas se me antojan completamente inútiles, de calado exclusivamente político, cara a contentar a los partidos nacionalistas, y obtener así su respaldo a la ley. Me refiero, claro está, a la creación de un fondo para el rodaje de películas en lenguas cooficiales. En mi modesta opinión, creo que las autonomías y sus consejerías de cultura ya son generosas a este respecto, e incluso subvencionan el doblaje y subtitulado de películas a esos idiomas. Y, que quede claro, creo que es un dinero malgastado, si de lograr proyección internacional se trata. Hay gente fuera de España que habla o entiende el español, pero no son muchos los que hacen lo propio con el catalán, gallego o euskera, lenguas muy respetables por lo demás. Resulta paradójico que entretanto nuestros actores y directores hagan las maletas en cuanto pueden para rodar en el extranjero –ahí está el ejemplo emblemático de Javier Bardem, que no rueda una película plenamente española desde Mar adentro, pero se pueden citar los ejemplos más o menos logrados de Antonio Banderas, Penélope Cruz, Jordi Mollà, Inés Sastre, Luis Tosar, Elena Anaya, Unax Ugalde, Jaume Collet-Serra…­– o se tome la decisión de rodar en inglés, como Álex de la Iglesia.

Para que una película sea española, se había propuesto una enmienda por la cual, aunque el director fuera extranjero no comunitario, podía ser considerada tal si el 75% de la inversión era de aquí. Se ha tumbado la cosa, con lo cual se dará la paradoja de que, con tales cifras, El laberinto del fauno no podría considerarse española (Guillermo del Toro es mexicano), pero sí en cambio El reino de los cielos, del británico Ridley Scott.

Ideas, ideas, ideas. He ahí el gran desafío del cine español. Algunas hay, pero no bastantes. El porcentaje de películas mediocres que se contabilizan a final de año es demasiado grande. No hay más que ver las nominaciones a los Goya para darse cuenta de que el balance no es positivo. Las cifras de 2007 las salvarán El orfanato y Rec, y quedarán apenas media docena de títulos para el recuerdo. Pero claro, el talento y la formación humanística no se improvisan a golpe de ley y en un año. Ni tampoco con la educación para la ciudadanía.

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