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Biografía

Kathy Saavedra

Kathy Saavedra

Kathy Saavedra

Premios: 1 Festival de San Sebastián

Ganador de 1 premio

Filmografía
Roma (2004)

2004 | Roma

A Joaco, un escritor veterano, reconocido pero ya en decadencia, se le asigna un corrector para ultimar el libro que tiene entre manos. Argentino afincado en España, algo cascarrabias, conecta con el joven ayudante que le asignan. El libro que está escribiendo tiene carácter autobiográfico, y en él se recuerda su infancia, la muerte repentina del padre, el cariño de la madre, el ir dando tumbos de aquí para allá, con una fuerte inestabilidad sentimental y los anhelos confusos de libertad de los 60 al fondo. Adolfo Aristarain entrega una película interesante pero irregular, larga en exceso. El personaje de José Sacristán es semejante al que ya compuso en Un lugar en el mundo. El cineasta argentino no es complaciente con su protagonista, un tipo egoísta e incapaz de comprometerse, que al declinar su vida tiene como único recuerdo entrañable el cariño incondicional de Roma, su madre. Y el río se convierte en metáfora de esa tranquilidad y paz que todos buscamos, y que para Aristarain es casi imposible lograr. La discutible decisión de dar a Juan Diego Botto el doble papel del corrector y de Joaco joven, trata de subrayar cómo el escritor maduro se identifica con su asistente, y cómo quisiera que éste no cometiera sus mismos errores.

3/10
Lugares comunes

2002 | Lugares comunes

Fernando. Un maduro profesor universitario argentino. Aferrado a sus ideales sociales de siempre. Casado de toda la vida con Liliana, una catalana, mujer fuerte, su perfecto sostén. Ellos viven en Argentina, pero tienen un hijo casado, Pedro, con dos niños, en España. Las diferencias entre las dos generaciones resultan manifiestas: Fernando cree firmemente en la utopía de la justicia social; Pedro es un hombre de hoy, que vive al día, que bastante tiene con sacar adelante a los suyos. El film describe cómo afronta Fernando el otoño de su vida, que coincide con la etapa a veces traumática de la prejubilación. Ésta se hace soportable gracias a la esposa cercana, que adivina que algo no va, que sabe sacrificarse. Sensible historia con guión de Adolfo Aristarain y Kathy Saavedra, a partir de un relato de Lorenzo F. Aristarain, premiado con el Goya. La película realiza un cuadro perfecto de un matrimonio que ha sabido mantener joven su amor, a pesar del transcurrir de los años, donde la esposa sabe adivinar lo que le ocurre al marido con una simple miradita. Acostumbrados a tanto film superficial que describe amores basados sólo en la pasión y en el atractivo físico, sorprende Lugares comunes, que muestra con hondura las bases sólidas sobre las que se asienta el afecto verdadero, que tiende a ser duradero. La película no sería la misma si faltara la gran composición interpretativa de ese par de actorazos que se llaman Federico Luppi y Mercedes Sampietro. Ésta fue merecidamente premiada en el Festival de San Sebastián y en los Goya.

6/10
Martín (Hache)

1997 | Martín (Hache)

Martín hijo, Hache –por la letra muda del alfabeto le conocen todos, para distinguirle de su padre–, ha estado a punto de morir en Buenos Aires por una sobredosis de droga. ¿Accidente?, ¿intento de suicidio?, ¡quién lo sabe!. Su madre, divorciada y casada de nuevo, le ha perdido. Martín, su padre, director de cine afincado en España, tampoco conecta con el joven; pero acepta acogerle una temporada. Hache conoce a Alicia, amante enamorada de su padre, pese al humor cambiante y parquedad de palabras de él, cuando de expresar los sentimientos se trata. Y retoma el contacto con Dante, gran actor de vida licenciosa. Adolfo Aristarain (Un lugar en el mundo) sostiene este durísimo drama en cuatro personajes, que apenas dejan de hablar, con diálogos de estudiada naturalidad. El sólido guión contiene secuencias de gran intensidad, aunque no evita un naturalismo, en un par de ocasiones, que nada aporta. El director argentino ha confesado hacer suyo el comentario de John Ford “las historias se cuentan a través de los rostros de los actores”, y apuntala este film en un memorable recital interpretativo. Federico Luppi, Juan Diego Botto, Cecilia Roth, Eusebio Poncela... Si hubiera que destacar a uno, con permiso de Luppi, premiado en San Sebastián, destacaríamos a Poncela. Hace creíble su personaje, el menos sostenible sobre el papel. Martín, personaje a la deriva, no sabe querer con hechos. Y hace sufrir a los que tiene cerca, que le aman de veras. Dante, su amigo, se lo hace ver, no calla las verdades, aunque puedan doler. Ejerce en ese sentido de conciencia de Martín. A la vez recibe las confidencias de Hache, a quien trata de orientar en su desconcertada juventud. Nada que objetar a lo dicho si Dante no fuera además una suerte de personaje epicúreo, que busca en la vida gozar del placer al máximo, a través del sexo o las drogas; eso sí con riguroso –y utópico– control, que evite daños irreparables. Las contradicciones del personaje son evidentes. Como hiciera en anteriores trabajos, Aristarain da una visión pesimista de la condición humana. Soledad interior, desesperanza, ausencia de ilusión, egoísmo que se desfoga en invectivas venenosas, arrojadas sin pensar en su influencia en los demás... Cerrado a la trascendencia y encharcado en una moral autónoma de escasas miras, poco queda que ofrecer al director a través de los perdedores natos de su historia. Quedan la lealtad a los amigos y los lazos de sangre, una lucecita en la oscuridad. Algo es algo, aunque sepa a poco.

6/10
Un lugar en el mundo

1992 | Un lugar en el mundo

Adolfo Aristarain es uno de los mejores cineastas argentinos de la actualidad. En España se dio a conocer con Un lugar en el mundo, su mejor trabajo, protagonizado por Federico Luppi, su actor fetiche. Marcado por un fondo ideológico muy parcial, suele retratar personajes procedentes de la izquierda, desencantados con el paso del tiempo y sin horizontes vitales. Este filme, supuso uno de sus mayores éxitos en las taquillas, y fue seguido de cintas interesantes, pero nunca igual de redondas, como Martín (Hache), Lugares comunes y Roma. Convertido en un hombre, Ernesto regresa a Valle Bermejo, en Argentina, y recuerda su niñez, cuando los lugareños estaban oprimidos por Andrada, un cacique sin escrúpulos. Los padres de Mario fundaron una cooperativa que agrupaba a los pequeños ganaderos del Valle en defensa de la lana de sus ovejas. Por entonces apareció allí Hans, un geólogo español que buscaba petróleo para Andrada. Se trata de un interesante drama social que denuncia los abusos del neocolonialismo y emociona al espectador sin caer en la demagogia o el maniqueísmo. Las interpretaciones son extraordinarias, y el guión, que sigue cuidadosamente las pautas genéricas del western, no tiene desperdicio. Ganó justamente la Concha de Oro del Festival de San Sebastián.

8/10

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