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In memoriam

La ganadora de 2 Oscar muere a los 104 años

Adiós a Olivia de Havilland, la última actriz clásica de Hollywood

Aventuras, drama, thriller… Incluso comedia. ¿Algún género se le ha resistido a Olivia de Havilland? No parece. Actriz sólida como pocas, podía ser la dulce pero decidida Melanie Hamilton de Lo que el viento se llevó, o la apocada y finalmente dura e inflexible Catherine Slopper de La heredera, lo que da idea de la amplitud de su arco interpretativo. La longeva actriz ha muerto en París a la edad de 104 años.

 

Olivia de Havilland nació en Tokio, Japón (sí, han leído bien, no se trata de ningún error) el 1 de julio de 1916. Un año después lo haría, también allí, su hermana Joan, también actriz, conocida como Joan Fontaine, pues cambió el apellido artístico tomando el materno para evitar comparaciones con Olivia, con la que no se lleva demasiado bien. La razón de un nacimiento en lugar tan exótico era la profesión del padre, abogado de patentes, inglés como su esposa. El caso es que el matrimonio no iba a durar mucho, pues se divorciaron cuando Olivia contaba tres años, y poco después la madre, Lillian Fontaine, se marchaba con sus niñas a Saratoga en California, Estados Unidos, en busca de una vida mejor.

Entre que a la madre le gustaba actuar, y que Olivia descolló en tal actividad en el colegio, el caso es que en una representación escolar de “Sueño de una noche de verano”, la obra de Shakespeare, hizo el papel de Puck. Un espectador de lujo, Max Reinhardt, se fijó en la joven en el Mills College, y cuando decidió hacer en cine para la Warner El sueño de una noche de verano, decidió ofrecer a Olivia otro papel de esa obra, el de Hermia. La novata actriz hacía su entrada en el Olimpo hollywoodiense en 1935, con tan sólo 19 años, y los estudios, que vieron pronto su potencial, le ofrecieron un contrato. Comenzaría casi a renglón seguido su larga asociación fílmica con Errol Flynn, con quien rodó nueve películas, westerns y de aventuras, algunas de ellas míticas como El capitán Blood (1935), La carga de la brigada ligera (1936), Robin de los Bosques (1938), Camino de Santa Fe (1940) y Murieron con las botas puestas (1941). Sobre el actor comentó que "era un diablo, me tomaba el pelo todo el rato. Era incómodo y muy duro trabajar con él. Sin embargo, las películas funcionaban." También se producía la asociación con el director de origen húngaro Michael Curtiz. Pero quizá en esta primera época brilló sobre todo al ser fichada para Lo que el viento se llevó (1939), por cesión a la Metro; la película le supuso su primera nominación al Oscar, de las cinco que tuvo, aunque se llevaría el premio su compañera de reparto Hattie McDaniel. Aunque figuró como director del gran Victor Fleming, la actriz concedía el mérito del resultado final al productor David O. Selznick, por conservar su visión original, sin ceder un ápice, a pesar del baile de directores que conoció la película.

La segunda opción de Oliva a la estatuilla fue en 1941 por Si no amaneciera, de Mitchell Leisen, que también le dirigió cinco años más tarde en La vida íntima de Julia Norris, que finalmente le dio el ansiado premio. Se trataba de un intenso drama, en que una mujer encinta en condiciones socialmente escandalosas, debe renunciar a su bebé. Curiosamente en 1941 competía con su propia hermana, que había seguido sus pasos actorales en el cine, y que sí ganó por Sospecha, el film de suspense de Alfred Hitchcock. La falta de felicitaciones fraternales dejó patente su mala relación.

Aunque no frecuentó demasiado la comedia, tuvo un papel destacado en la divertida La pelirroja (1941), junto a James Cagney. E hizo un meritorio papel doble de hermanas gemelas en el thriller del experto en cine negro Robert Siodmak A través del espejo (1946).

Fueron célebres las diferencias de la Havilland con Warner, dirimidas en los tribunales. El draconiano contrato con el estudio, por siete años, estipulaba que si la actriz rehúsaba hacer una película, el tiempo que estaba sin trabajar se añadía a los siete años ya previstos. Estas condicionales, habituales en aquella época, eran alucinantes, pues suponía una capacidad mermada de escoger argumentos interesantes, y la posibilidad de prolongar el tiempo que un actor estaba ligado a su estudio hasta el infinito. La actriz no tragó, y fue a juicio. Aunque la situación le tuvo casi tres años en el dique seco, ganó el pleito, y sentó un precedente esencial cara a las futuras condiciones contractuales de los actores.

En su vida personal, la actriz pasó por dos matrimonios que terminaron en divorcio. En 1946 se casó con Marcus Goodrich, que le dio un hijo, fallecido con 42 años; y en 1955 lo hizo con Pierre Galante, con quien tuvo una hija, y del que se separó en 1979. Antes los chismes le habían adjudicado muchos romances con actores, en los que es difícil distinguir la realidad de la leyenda. Su segundo matrimonio le llevó a establecer en Francia su residencia, y precisamente en París le alcanzó la muerte. De lo que le aprecian en el país galo da idea el hecho de que presidió el jurado del Festival de Cannes en 1965, la primera mujer en hacerlo.

Nido de víboras (1948), un nuevo thriller, sería la cuarta nominación al Oscar de la Havilland. Pero el doblete estatuil no llegaría hasta el año siguiente con La heredera, de William Wyler, una composición extraordinaria del personaje imaginado por el novelista Henry James. La escena final del film, con Olivia rehusando abrir la puerta a su supuestamente enamorado Montgomery Clift, es sencillamente memorable.

La década de los 50 seguiría dando títulos interesantes, como Mi prima Raquel (1952) y La princesa de Éboli (1955). También volvería a trabajar a las órdenes de Curtiz en El rebelde orgulloso (1958). Pero la estrella empezaba a apagarse. Lo que no fue obstáculo para que su fulgor reluciera en la intriga de Canción de cuna para un cadáver (1962), de Robert Aldrich, que le unió a otra actriz inolvidable, Bette Davis, en un asombroso duelo actoral. A partir de entonces su presencia fílmica es en títulos que reclaman viejas glorias en pequeños papeles, como Aeropuerto 77 (1977) o El enjambre (1978). Su última aparición en la gran pantalla sería en 1979 en El quinto mosquetero. A partir de entonces fugaces apariciones televisivas en Vacaciones en el mar o Norte y Sur, marcaron sus últimos trabajos, hasta The Woman He Loved, de 1988.

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