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"Tiranosaurio" triunfa en el Festival de Dinard

La popular silueta de Alfred Hitchcock, con sus pájaros sobre el hombro, ha hecho una vez más su aparición en las calles de Dinard. Anuncio indudable de la celebración del Festival de Cine Británico, que está en su edición número 22, sin desmentir un éxito creciente. Las cinco salas que albergan el Festival son insuficientes para acoger profesionales, periodistas o simple cinéfilos que acuden cada año a esta cita del cine británico, que este año privilegiaba a Escocia e Irlanda. Prueba del éxito, un responsable del Festival anunciaba en una proyección que 200 personas no habían podido entrar en la sala.

"Tiranosaurio" triunfa en el Festival de Dinard

El Festival de Dinard en su edición numero 22, siempre alentado por la energía de su Presidenta, Sylvie Mallet, continúa con la misma metodología, que divide las proyecciones en títulos a competición y “avant-premières”. Hussam Hindi, director artístico, define bien el limite que divide las dos categorías. La competición –seis películas– se interesa por los nuevos valores, las “avant-premières” son películas de autores consagrados, que se verán sin problema en los próximos meses en explotación normal, pues es prácticamente imposible, salvo excepción, verlas en Dinard si se quiere seguir la competición. Sin duda el Festival considera que las primeras son las más interesantes, pues para ellas el Festival es una plataforma de lanzamiento. Muchos nombres hoy famosos –pensemos en Danny Boyle, Michael Winterbottom o Paul Greengrass, por no alargar la lista, forjaron aquí sus primeras armas de cineastas. Dinard es fiel a sí mismo en este sentido y continúa además una característica que se generaliza en los Festivales: el lugar dejado a los homenajes, que es en realidad el ocupado por la nostalgia. El cine es ya suficientemente viejo para permitirse la evocación, tanto de los desaparecidos como de actores en plena actividad.

Así, entre los homenajes puede citarse el de Harold Pinter, Premio Nobel de Literatura en 2005, desparecido tres años después, que como guionista es de los más grandes –trabajó con Joseph Losey, Jack Clayton, Karen Reisz, etc– y llena un capítulo importante del cine británico. Su viuda, Lady Antonia Frasser, ha venido a Dinard a evocar la figura de su marido y presentar una decena de sus grandes obras. Pero quizás en el capítulo de la nostalgia lo más llamativo, ha sido el homenaje al infatigable Jonh Hurt que desde El hombre elefante de David Lynch en 1980 a Melancolía de Lars Von Trier este año hace gala de una insolente capacidad de trabajo. Finalmente, cómo cerrar el capítulo de la nostalgia sin aludir a la coincidencia de Jacqueline Bisset (miembro del Jurado) y Nathalie Baye (Presidenta), que formaron parte del reparto de La noche americana de François Truffaut, y también a la presencia de Petula Clark, madrina del Festival, figura de la canción que durante toda su carrera ha compartido su popularidad entre Francia y el Reino Unido.

Las películas a competición

Desde la inauguración con el sombrío Perfect Sense de David Mckenzie, que nos hacia caer en un futurismo trágico en compañía de Ewan McGregor y Eva Green, en un mundo donde los humanos perdían el uso de los sentidos, hasta la explosión de música y danza del film de cierre, Jig, de Sue Bourne, documental dedicado al Campeonato del Mundo de Danza Irlandesa de Glasgow, el camino ha sido a veces duro. Con frecuencia con personajes marginales, excluidos de la sociedad, que muestran su dificultad a vivir, a veces con atisbos de religiosidad y deseos de redención, muchas veces con un humor negro. Si el mundo va mal, no será el cine moderno el que diga lo contrario.

Una primera película de John Mclliduff, escritor y director de teatro de Belfast, ilustra esta tendencia en Behold the Lam con Nigel O’Neil y Aoife Duffin. Un viaje insólito de Eddie que acompaña a la novia de su hijo drogado en una misión incomprensible que supone el transporte de un inocente cordero. Encuentros imprevisibles, en los que ni los protagonistas ni el público encuentran una lógica acabada, pero en la que en todo momento aparece la idea de redención de los errores pasados de los dos personajes que quizá marchan hacia una superación de sus problemas. Una película que anuncia quizá el nacimiento de un autor sin estar aún lograda.

También vamos a seguir a una pareja insólita a través de You Instead de David Mackenzie, en una obra completamente distinta del film de inauguración. Se trata aquí de un rodaje que ha durado cuatro días para coincidir con la duración del Festival rock: T in the Park en Escocia. Adam (Luke Treadaway), rock-star americano, va a estar unido por unas esposas a Morillo, joven rockesa británica (Natalia Tena). Lo que comienza como una broma se complica, pues ni el que tiene las llaves encuentra a los dos protagonistas ni estos al guardián de las llaves. Condenados a vivir juntos, la pareja, en franca oposición al principio, llegará a entenderse después. Quizás el mayor interés de esta película reside en la forma de rodaje que debía coincidir con la duración del Festival que le sirve de tela de fondo.

La obligada vena social

La perplejidad que puede producir Oranges and Sunshine, primera pelicula de Jim Loach, desaparece cuando se descubre que Jim es el hijo de Ken Loach, con una tal fidelidad a los temas de su padre que la película podría tener la firma del progenitor. Se adapta la novela testimonio de Margaret Humphrey, asistenta social en Nottingham que habría descubierto uno de los grandes escándalos de los años 50-60, nada menos que la deportación organizada de 130.000 niños separados de sus familias o huérfanos en dirección a Australia que les habría hecho trabajar en condiciones inhumanas. Como se ve rápidamente hay una “causa justa “ a defender, en la que Emily Watson pone una gran energía. Al final, a fuerza de evidencias discutibles, la carga antigubernamental pierde su fuerza, sobre todo cuando se añade un elemento de pedofilia que concierne a una institución religiosa. La mezcla de elementos diversos no hace sino complicar las cosas y hacer poco verosímil la historia que se nos cuenta, aún admitiendo que puede haber una base real a los hechos.

Otra película con carga agresiva podría haber sido Weekend, segunda película de Andrew Haigh, pues aborda el tema de la homosexualidad. Russel et Glen (Tom Cullen y Chris New) van a vivir durante un week-end una aventura, que se terminará inevitablemente pues uno de los dos parte a los Estados Unidos. No hay en la película ni reivindicación, ni agresividad, y su fuerza reside en el drama de una situación que conduce a la frustración y a la soledad. Hay algo de profundamente patético en la imposibilidad de construir una relación estable sobre las arenas movedizas de los simples sentimientos basados en una fuerte carga de sensualidad. Y lo que aparece aquí como una característica de la homosexualidad puede decirse igualmente de las relaciones heterosexuales cuando estas tienen el mismo pobre fundamento.

Retorno al cine clásico

The Guard de John Michael Donagh (explotada en Europa con el titulo de "El irlandés") es también una primera película (no olvidar sin embargo que John Michael es el hermano de Martin Donagh, director de Escondidos en Brujas). Según propia confesión, la inspiración vendría de John Ford o de Preston Sturges. Estamos en todo caso en un pueblo perdido de la costa occidental de Irlanda donde nunca pasa nada. Un veterano policía Gerry Boyle (Brendan Gleeson), hace reinar a su manera la ley. Pero un buen día un fabuloso cargamento de droga, destinado a los Estados Unidos, debe hacer escala en el pueblo. El FBI envía un agente experimentado, Wendell Everett (Don Cheadle), cuyos métodos no coinciden con los de Boyle. La acción se complica con la desaparición de un agente y con la intervención de la mafia local. Todos los elementos del viejo film negro se dan cita aquí con viejos tópicos del género remozados por el trabajo siempre sorprendente de Brendan Gleeson, héroe legendario en uno de los personajes de Harry Potter. La película obtiene el premio del público, votado democráticamente a la salida de cada proyección y también el de la mejor fotografía.

Si el público ha preferido The Guard, el Jurado ha estado inspirado dando a Tiranosaurio el Hitchcock de Oro y el premio del mejor guión. Se trata de la primera película del actor Paddy Considine que resume en cierto sentido los temas presentes en este Festival, el de la marginalidad en busca de una eventual redención. Joseph (Peter Mullan), el protagonista de la historia, alcohólico en plena crisis, agresivo y desesperado, no escapa a los remordimientos que le producen los malos tratos dados a su esposa difunta. Rechazado por todos un día se refugia en una tienda que es en realidad la sede de una institución cristiana de ayuda a los necesitados. Hannah (Olivia Colman) le ayuda, reza por él y establece así un comienzo de relación amistosa. Pero la paz de Hannah es solo aparente, bajo le dominación de un marido tiránico, las cosas tomaran a lo largo del relato un cariz trágico. Conviene no ir más lejos en el descubrimiento de la historia, pero sí asegurar que todo el proceso descrito, con sus excesos dramáticos no pierde en ningún momento verosimilitud. Es el camino de una doble redención que toman los dos personajes, sin que exista, al menos en el presente, ninguna historia de amor explicita. Es quizás este carácter el que da a la película de Paddy Considine, toda su fuerza de convicción.

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