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Biografía

Ciro Miró

Ciro Miró

Ciro Miró

Filmografía
Acantilado

2016 | Acantilado

Tras un suicidio colectivo de los miembros de una secta en las Islas Canarias, Gabriel, abogado de Bilbao, recibe una llamada en que le comunican que su hermana Cordelia, con la que había perdido el contacto, está desaparecida y podría ser una de las fallecidas. A su llegada a Gran Canaria, Gabriel coincide con Helena, compañera íntima de su hermana. Ambos, junto con la policía local, intentarán descubrir quién está detrás de los hechos y dónde esta Cordelia, si es que aún sigue viva. Thriller criminal escrito y dirigido por la navarra Helena Taberna (La buena nueva) que ofrece una intriga de atmósferas para lo cual se sirve del paisaje y exotismo desértico de la provincia de Gran Canaria, aunque sin la fuerza fotográfica que transmitió en su día Alberto Rodríguez con La isla mínima y sus marismas sevillanas. Comienza con fuerza la historia, con esa escena impactante del suicido colectivo en lo alto del acantilado, ropas al viento, fuego en la noche. Es inevitable que el espectador se sienta atraído por la historia, cuestión de sectas siniestras y crímenes horrendos, y que acompañe con interés a los personajes para descubrir qué ha sucedido con la hermana de Gabriel. Sin embargo, pasados los minutos la investigación policial transmite una sensación de simplismo tremendo y en general no se hace lo que se dice un favor a la labor policial –al contrario de lo que sucedía con la película de Rodríguez antes mencionada o en otras películas coetáneas como, por ejemplo, las de Los casos del departamento Q–, pues las migas de pan que llevan a descubrir lo que ocurre resultan muy insatisfactorias, poca cosa, además de que la investigación propiamente dicha podría corresponder a la de un niño de ocho años. Esto lastra mucho la intensidad de una trama que se diluye por momentos. La torpeza del guión –adaptación de una novela de Lucía Etxebarría– se extiende luego más allá, hasta la consecución de un decepcionante desenlace, después de haber dejado cabos sueltos por todos lados. Acantilado se deja ver más o menos porque está sostenida por la ambientación del lugar, esas tierras agrestes, esos acantilados salvajes, y por la meritoria planificación de Helena Taberna, que logra, eso sí, narrar con personalidad, jugando con las imágenes y las transiciones, mezclando tramas del pasado y del presente con oficio. Salvo Goya Toledo, que por mucho que se esfuerza no hace creíble su personaje, también hace una buena labor el reparto, encabezado por un convincente Daniel Grao (Julieta) y unas eficaces Ingrid García Jonsson (Hermosa juventud) y Juana Acosta (Tiempo sin aire).

4/10
Que Dios nos perdone

2016 | Que Dios nos perdone

Las historias policíacas de corte existencialista y deprimente han creado escuela, la sombra de Nic Pizzolatto y Cary Fukunaga con True Detective es alargada, y alcanza a España. Lo prueba el film con el expresivo título Que Dios nos perdone, que bien podría ir acompañado del colorario “que buena falta nos hace”. La historia que nos cuenta Rodrigo Sorogoyen, respaldado en el guión premiado en San Sebastián por Isabel Peña, como ya ocurriera en Stockholm, es terrible desde el minuto uno. En el centro de Madrid está operando un violador y asesino de ancianas, y los detectives Velarde y Alfaro se ocupan de investigar un caso al que no se desea dar mucha publicidad, de hecho los medios lo ignoran. Como telón de fondo de crímenes tan retorcidos, estamos en el verano de 2011, se encuentra la visita de Benedicto XVI a España con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, subtexto que quiere marcar con fuerte contraste el horror que está teniendo lugar. La degradación relativa al “serial killer” nos es la única que recoge el pesimista y deprimente film de Sorogoyen, Velarde y Alfaro también arrastran sus personales problemas. El primero es solitario y tartamudo, con dificultades para tratar a las mujeres, por algún trauma del pasado. El otro ha estado suspendido por agredir a un compañero, su temperamento violento salta con frecuencia, y no cuida a su familia demasiado. Ambos, no obstante, son buenos en su trabajo, frente a la chapucería o el politiqueo reinantes de otros colegas. La película tiene buen ritmo, hay algunos diálogos muy naturales, y un humor negro algo castizo que despeja de vez en cuando la asfixiante atmósfera. Pero también hay defectos, el más llamativo lo exagerados que están los rasgos de los personajes, esa forense pasada de rosca es un caso extremo, a ratos parecen verdaderos deshechos humanos, la bondad apenas aflora, y las fronteras del bien y el mal se diluyen, cualquiera sería carne de cañón para el perfil psicológico de un criminal psicópata. Y esa parte algo de manual de las motivaciones de un asesino se antoja algo simplista; en cambio se desaprovecha la idea de esos peregrinos que han venido motivados por algo a Madrid, ni siquiera, por ejemplo, se plantea la idea de que la hija de Velarde pudiera tener algún interés en acudir al encuentro del Papa: son como fantasmas que viven en otro mundo. La pareja protagonista, Antonio de la Torre y Roberto Álamo, están muy bien.

6/10
1898: Los últimos de Filipinas

2016 | 1898: Los últimos de Filipinas

Recreación de uno de los hechos históricos que marcaron el final del imperio español, junto a la pérdida de Cuba y Puerto Rico. El final de la colonia española de Filipinas se dilató por la resistencia en condiciones muy penosas de cincuenta hombres, conocidos como “los últimos de Filipinas”, que sufrieron un asedio de casi un año en Baler, refugiados en una iglesia. Al mando se encontraba el capitán Enrique de las Morenas, al que sucedió en el mando el teniente Martín Cerezo cuando el otro murió de enfermedad. Esta página de la historia de España ya había sido llevada al cine en 1945 por Antonio Román, con el título de Los últimos de Filipinas, justo el año en que murió el mentado teniente Martín Cerezo, con un reparto de lujo para la época, y poniendo el acento patriótico en el heroísmo de los protagonistas. En esta versión que llega siete décadas después contamos de nuevo con un conjunto actoral destacadísimo, pero conforme a los nuevos tiempos se quiere arrojar una mirada más crítica y revisionista, algo desencantada; sin negar el coraje de los personajes, pero como subrayando el absurdo de la acción, poco más que una cabezonería quijotesca casi surrealista, que no valdría la pena. Firma el irregular guión Alejandro Hernández, habitual colaborador de Manuel Martín Cuenca, quien no logra insuflar progresión o dramatismo creciente a la trama, el tiempo discurre, las condiciones empeoran, la guerra ha terminado aunque los sitiados no quieran enterarse, y punto, en algún momento deberá llegar, entre delirios febriles, disparos, entierros y treguas, el final. Mientras que el discurso político de los poderosos que usan a los pobres como carne de cañón, o las quejas sobre España, concepto discutido y discutible, resulta bastante pobre. En el ínterim se nos presentan los personajes, algunos reales, otros ficticios, quizá demasiado aislados, se echa en falta entre ellos algo parecido a la camaradería. De los auténticos resulta poco humano el empecinamiento de Martín Cerezo (Luis Tosar) en mantener la plaza, mientras el médico de Carlos Hipólito resulta bastante plano, y el detalle del opio del fraile de Karra Elejalde algo forzado; en cambio la posición del desertor está bien descrita, pues pugnan en él el deseo de salvar el pellejo con la inevitable sensación de traicionar a los suyos, para la que necesita autojustificarse incluso estentóreamente. El joven aspirante a pintor, al que da vida Álvaro Cervantes, y que proporciona de algún modo el punto de vista del espectador, desde la ingenuidad al rechazo ante lo que ocurre, debería haber dado más juego; mientras que el brutal militar de Javier Gutiérrez es puro cliché. Hay un esfuerzo de producción importante de Enrique Cerezo, con Televisión Española, Telemadrid y 13 TV, lo que se nota en la recreación de época, el esfuerzo de documentación, la fotografía de parajes naturales y abundantes escenas de acción bélica, pero Salvador Calvo, bregado en televisión, no las sirve de un modo excesivamente vibrante, el presupuesto da para lo que da. Así pues, se agradece una nueva mirada a este episodio de la Historia de España, pero el resultado no es enteramente satisfactorio.

4/10
El faro de las orcas

2016 | El faro de las orcas

Tras Entrelobos, Gerardo Olivares vuelve a ofrecer un largometraje basado en hechos reales que aúna drama humano y amor por la naturaleza. Parte del relato contado por el propio protagonista, Beto Bubas, que estuvo a cargo durante años de un faro en la Patagonia, en la provincia de Chubut, con el propósito de estudiar de cerca a las orcas. Con una vida casi de ermitaño, Beto ve turbada su paz cuando se presentan ante su puerta Lola, madre de un niño autista, Tris; inmerso en su propio mundo interior y con escasa conexión con el mundo exterior, el chico mostró cierta empatía ante un reportaje televisivo donde aparecía Beto con sus orcas, de modo que Lola, que lo ha probado ya todo, quiere ayudar a su hijo en ese entorno natural tan especial. Coproducción hispanoargentina cuidadísima, es muy hermosa la fotografía, y resulta difícil adivinar en que escenas tenemos a los auténticos animales, y en cuales se ha acudido a animatronics y efectos visuales. Los pasajes costumbristas de la fiesta de la esquila, con bellas canciones, contribuyen a crear un bucólico “mood”. El interés humano es indudable, y resulta más o menos eficaz la metáfora de que no sólo Tris (Joaquín Rapalini Olivella) es autista, de algún modo su madre Lola (Maribel Verdú) y el naturalista Berto (Joaquín Furriel) también lo son, han conocido lo que es el sufrimiento y el dolor, y esto les ha endurecido hasta el punto de levantar barreras emocionales ante el prójimo. A pesar de que en el guión ha intervenido, además del propio Olivares, la argentina Lucía Puenzo, no es el apartado más logrado del film, resulta demasiado previsible. Además se antoja artificioso el modo en que se escamotean, hasta bien avanzado el metraje, las circunstancias familiares de los protagonistas –¿quién es el padre del chico?, ¿por qué Berto está sólo?–, y el recurso repetido del chico perdido por despiste de su madre hasta en tres ocasiones no es de recibo. Tampoco el personaje del supervisor de Beto está muy conseguido, presenta una ambigüedad innecesaria, algo parecido a lo que ocurre en la subtrama romántica, aunque se agradece la sobriedad con que se aborda. Es cierto que la película parece concebida a modo de fábula, pero se estira demasiado y cuesta creerse el desenlace. 

5/10
Nadie quiere la noche

2015 | Nadie quiere la noche

Película inspirada en personajes y hechos reales, en los alrededores de la última expedición del estadounidense Robert Peary para llegar al Polo Norte en 1908. Cuenta la peripecia de su esposa Josephine, que se planta en uno de los campamentos base, y se empeña en acercarse a las proximidades del lugar donde se encuentra él tratando de cumplir su meta. Algo desaconsejado por todos los exploradores del lugar, por ser la peor época del año, se acerca el invierno polar. Pero ella, tozuda, ordena al guía Bram Trevor que se ponga al frente de este nuevo grupo, del que también forman parte dos esquimales. Tras diversas penalidades Josephine llega a una cabaña donde conoce a Allaka, una mujer esquimal inuit, que le va a deparar unas cuantas sorpresas. Isabel Coixet vuelve a rodar en inglés con un atractivo reparto encabezado por Juliette Binoche, y en el que están también Gabriel Byrne y Rinko Kikuchi. Los tres componen bien sus personajes, y nos creemos sus nacionalidades, aunque se traten realmente de una francesa, un irlandés y una japonesa. Su película fue además escogida para inaugurar el Festival de Berlín en 2015. El guión lo firma Miguel Barros, y su temática existencialista conecta con su anterior libreto para Mateo Gil en el western Blackthorn, ambas historias transcurren en la frontera en un mundo salvaje, que se aleja de lo que llamamos civilización. A pesar del meritorio y duro rodaje en tierras heladas con bajísimas temperaturas, y del gran trabajo actoral en torno a unos personajes fuertes, sobre todo de Binoche y Kikuchi, el film es irregular. Resultan reiterativos los momentos en que Josephine se comporta, a pesar de su enorme determinación, como una mujer "fina", dispuesta en todo momento a aparecer con aspecto impecable y hacer gala de su puritanismo. De modo que el choque, primero con Bram, de vuelta de casi todo, que no quiere cruces en su vida, y luego con Allaka, la inocencia de la vida sencilla en comunión con la naturaleza, también se diría compuesto de escenas que abundan siempre en lo mismo. Es cierto que la trama depara un par de sorpresas, que ayudan a sostener el interés, y que subyuga la fotografía de la nieve helada, metáfora del nihilismo y la sencillez frente a la sofisticación impostada. Pero en general el ritmo es cansino, el viaje del espectador se hace demasiado largo, y no parece válida la excusa de que también la protagonista pasa por ese agotamiento que acaba aproximándola a Allaka. La historia propuesta por Coixet en esta ambiciosa producción de Mediapro es hermosa, y el film contiene puntos de interés, pero, insistimos, no es redondo.

5/10
Ma ma

2015 | Ma ma

A Magda, maestra en paro que trata de sacar adelante a su hijo, le diagnostican cáncer de mama. Al tiempo que intenta sobreponerse a su problema, inicia una extraña relación con Arturo, un tipo vinculado al mundo del fútbol que se convierte en un padre para el chico. Julio Medem estaba considerado uno de los grandes realizadores españoles al principio de su carrera, cuando Vacas, su ópera prima, contaba con un guión sólido propio, y producciones como La ardilla roja o Los amantes del círculo polar, también escritas por él, ocultaban muy bien su vacuidad con su potencia visual y su muy personal surrealismo narrativo. Pero con el paso del tiempo quedó claro que a pesar de su buen hacer, el donostiarra tenía poco que contar, cayendo en el despropósito en especial con Caótica Ana y Habitación en Roma. En Ma ma parece haber encontrado un tema de calado, arriesgado pues los espectadores tienden a huir del cine sobre enfermedades terminales, pero de indudable interés, el cáncer de mama, un duro y extendido mal. Cuenta para ello con un reparto solvente, pues Penélope Cruz a veces ha entregado creíbles interpretaciones y Luis Tosar, ha demostrado ser un todoterreno, ambos acompañados por secundarios solventes. Pero sus personajes se comportan con poca humanidad, no parecen de carne y hueso.  El trabajo interpretativo no puede superar semejante lastre, por lo que resulta muy difícil que alguna afectada o sus familiares sientan cercanía con lo que se narra. Además, las imágenes de Ma ma (se supone que un ingenioso juego de palabras que hace referencia a la maternidad, la vida, y el cáncer de mama, la muerte, ése es el nivel de la cinta) destilan muy poco dolor. Algún hallazgo ocasional, como el médico cantante, que tiene su gracia al principio, acaba agotando por sobredosis, y al final resulta ridículo, como algunas figuras metafóricas, como la omnipresencia de una niña simbólica en el tramo final.

4/10
La isla del viento

2015 | La isla del viento

1924. Por su oposición a la dictadura de Primo de Rivera, Miguel de Unamuno debe exiliarse en la isla de Fuerteventura, al igual que el diputado Rodrigo Soriano. Allí apoyará a los lugareños, que pagan a precio de oro el agua, por no poder bombearla de un pozo local. Supone el debut en la realización de largometrajes de Manuel Menchón, autor del documental Malta Radio. Acusa demasiado la falta de presupuesto, pero a pesar de todo consigue una ambientación convincente de la época. Aunque cuenta con un reparto desigual, logra un buen trabajo de José Luis Gómez, que a veces tiende a resultar demasiado teatral, pero que aquí es un convincente Unamuno, haciendo olvidar su escaso parecido físico con el escritor. Le acompaña un reparto desigual, que incluye en un rol muy secundario para Víctor Clavijo, con un trabajo logrado como un sacerdote en crisis de fe, inspirado en San Manuel Bueno Mártir. Elogio de la educación como remedio para escapar de la pobreza, el film revela a su director como una promesa a seguir en el futuro. Quizás desentone el epílogo, que recrea el famoso episodio vivido por el escritor de la Generación del 98 en la Universidad de Salamanca, donde tuvo un altercado con Millán Astray al comienzo de la Guerra Civil. Resulta un tanto caricaturesco, en línea con el habitual tratamiento de la contienda por parte del cine español en las últimas décadas.

5/10
El discípulo

2010 | El discípulo

Es difícil comentar algo de este esperpento... Emilio Ruiz Barrachina da rienda suelta a una grotesca y estrambótica fantasía y ofrece una colección de escenas inventadas de la vida de Jesús con el objetivo de convencer al respetable de que no era Dios y de que todo lo que recogen los Evangelios es mentira. La originalidad de Barrachina no tiene límites a la hora de recrear el personaje a su capricho –botón de muestra son su perpetua ira, su obsesión política contra Roma, su pusilanimidad ante el Bautista, su enamoramiento de María Magdalena–, de modo que sería muy cansino enumerar los omnipresentes despropósitos que cuenta de 'ese' Jesús. Si la cosa tuviera entidad, la película resultaría blasfema para los creyentes, pero es todo tan demencial que no pasa del ridículo. Porque, claro está, técnicamente la película da pena. Los diálogos, la dirección de actores –más antinaturales, imposible–, la planificación, la fotografía, el sonido, el paupérrimo diseño de producción, etc., conforman la obra de un completo aficionado.

1/10
La conjura de El Escorial

2008 | La conjura de El Escorial

  El especialista en comedias ligeras Antonio Del Real (Los hombres nunca mienten) cambia por completo de registro. En esta ocasión reconstruye un episodio de la historia de España, con muchísimas posibilidades cinematográficas: el asesinato de Juan de Escobedo, secretario personal de don Juan de Austria, gobernador de los Países Bajos durante el reinado de su hermanastro Felipe II. Escobedo reunió pruebas de que el poderoso hombre de confianza del rey Antonio Pérez apoyaba a los rebeldes flamencos junto con su amante, la princesa de Éboli. Éstos decidieron ordenar su muerte, antes de que les denunciase al rey. El guión ha sido coescrito por el propio Del Real, al frente de un equipo que incluye a la novelista Marta Rivera de la Cruz. Y lo cierto es que se han esforzado por ser fieles a los hechos históricos, engarzando la trama a través de las peripecias de Damiana, una morisca sin recursos, que entra a servir en casa de Escobedo por recomendación del sacerdote Mateo Vázquez y del noble vienés Tiépolo, a los que ha despertado cierta simpatía a pesar de que les ha intentado robar. Ésta es ajusticiada después de que la acusen de intento de asesinato, por servir una sopa envenenada a Escobedo. Su novio, el alguacil Espinosa, con ayuda del sacerdote Vázquez, trata de esclarecer el asunto, porque intuye que Damiana es inocente, y que los verdaderos culpables son personajes poderosos. Del Real dispone del presupuesto suficiente para una reconstrucción de la época más o menos convincente. También se ha podido permitir un reparto internacional con algún nombre que suena. Es un cineasta con oficio, que consigue que el relato se sostenga, lo que dadas las dificultades del género histórico es digno de elogio. Por otro lado sus personajes reales son un poco esquemáticos, pero al menos se alejan de ciertas caricaturas lamentables que hemos podido ver en la pantalla. Sin embargo, los defectos son muchos, lo que da al traste con el enésimo intento del cine español de aprovechar la rica historia del país para ofrecer un espectáculo memorable, tras casos sobradamente conocidos, como Los Borgia, Alatriste o Tirante, el blanco, de calidad desigual. Y es que la sensación general es de estar asistiendo a un film mediocre. La mayoría de los diálogos son forzados o grandilocuentes: “Y esto es de lo que es capaz el Duque de Alba por su rey”, dice el noble personaje tras matar a un perro enfurecido, que amenaza súbitamente al monarca. Otras veces llegan a ser ridículos: “¿Quién es la chica más guapa del mundo?”, dice la morisca al reunirse con su amado. La cámara se mueve con torpeza y la puesta en escena es demasiado sencilla, como queda de manifiesto en secuencias como aquella en que Escobedo atraviesa despreocupadamente una puerta abierta y se topa con Antonio Pérez y la princesa de Éboli en la cama, por lo que se entera de que están liados, un momento propio de culebrón televisivo de tercera. El film incluye desnudos y secuencias de sexo gratuitas, y también escenas de acción, pero estas últimas son tan poco convincentes que deberían haberlas reducido al mínimo en el montaje. El reparto es bastante desigual. Se salva algún actor solvente, como Jürgen Prochnow (protagonista de El submarino), que encarna al alguacil Espinosa, y al que poco se le puede reprochar, pues se ha tomado bastante en serio su trabajo. Tampoco decepcionan los siempre solventes Julia Ormond (la princesa de Éboli), Joaquim de Almeida (Escobedo), Rosana Pastor (la esposa de Antonio Pérez) e incluso Juanjo Puigcorbé (Felipe II). Pero otros son tan notablemente ineficientes que bajan el nivel, sobre todo Blanca Jara (Damiana) y Jordi Mollà (el sacerdote), últimamente muy exagerado, aunque está mejor que en Elizabeth: La edad de oro, de temática similar, donde era un Felipe II lamentable.

4/10
Fotos

1996 | Fotos

Azucena es una chica de 22 años. Vive con su madre, y sufre un trauma sexual de la infancia por el que es incapaz de permitir que un hombre la toque. Azucena se refugia en la religión, de modo que vive rodeada de imágenes, estampitas y velas, hasta el punto de que de vez en cuando se le aparece la mismísima Virgen... Un día conocerá a Narciso, otro joven cuyo pasado es traumático y que se dedica a vestirse de mujer y a desnudarse en el escenario. Estas dos almas en pena parecen estar hechas la una para la otra. El director Elio Quiroga (La hora fría) dirige este despropósito, plagado de situaciones surrealistas, con aire kitch y desagradable, y con un guión poco logrado y que incluye también una empanada mística considerable. El eficaz Gustavo Salmerón hace lo que puede con su triste y rebuscado papel, mientras que Mercedes Ortega no da para mucho.

2/10

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