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Biografía

María Ruiz

María Ruiz

María Ruiz

Filmografía
Paquirri

2009 | Paquirri | Serie TV

Reconstrucción televisiva en dos episodios de la vida del malogrado torero Francisco Rivera "Paquirri", que fallecía en la plaza cordobesa de Pozoblanco, el 26 de septiembre de 1984. La serie comienza en su infancia, donde conoce a Carmina Odóñez, la mujer que se convertirá después en su gran amor. Tras la ruptura, iniciará una relación con la cantante Isabel Pantoja. La realización es un tanto insulsa, y el guión demasiado facilón y melodramático. El reparto realiza una labor irregular, aunque destaca la presencia de algún secundario solvente como Pedro Casablanc.

4/10
Un buen día lo tiene cualquiera

2007 | Un buen día lo tiene cualquiera

Segundo largometraje de Santiago Lorenzo, que en 1988 debutó con Mamá es boba, que denunciaba la telebasura. Esta vez, Lorenzo pretende llamar la atención sobre la dificultad de acceder a una vivienda, entre otros problemas actuales de la sociedad española, en clave de comedia satírica. El protagonista es Arturo, un treintañero que ha sido desahuciado, tras la quiebra de su empresa, y que necesita un techo asequible durante el tiempo que piensa dedicar a estudiar una oposición. Un antiguo amigo le convence para que se inscriba en un programa social llamado Segunda Juventud, mediante el que ancianos solitarios ofrecen una habitación a estudiantes, por poquísimo dinero, a cambio de compañía. Arturo no es estudiante y hace tiempo que sobrepasó la edad límite para apuntarse en el programa, pero falsifica su carnet de identidad y se matricula en la universidad. De esta forma, acaba en casa de Onofre, un anciano con doble personalidad. Aunque el actor protagonista, Diego Martín, conocido por la serie Aquí no hay quien viva, actúa con solvencia, el resto del reparto es irregular, con otros intérpretes que desentonan como el histriónico Juan Antonio Quintana, actor teatral que interpreta a Onofre. Se le debe reconocer al cineasta Santiago Lorenzo cierto talento para la puesta en escena, teniendo en cuenta los pocos recursos de los que dispone, y una sana inquietud por abordar temas candentes. Sin embargo, su película no resulta especialmente brillante, ni sugiere causas ni soluciones para el problema que retrata. Por otro lado, tampoco acaba de resultar creíble ni arranca demasiadas carcajadas.

4/10
El camino de los ingleses

2006 | El camino de los ingleses

Versos sueltos de un poema nostálgico. Trazos impresionistas de un cuadro de la juventud que se fue. Hay que reconocer a Antonio Banderas director su capacidad de riesgo, a la hora de abordar una película ‘rara’, que para atraer al público, sólo tiene su popular nombre. El film, adaptación de una novela de Antonio Soler, transcurre durante un verano. Y aunque las coordenadas espaciotemporales no se definen con un explícito letrero, estamos en la querida Málaga de Banderas, a mediados de los años 70. Con la voz en off de un recién estrenado locutor de radio, que da a sus comentarios sobre el tiempo un tinte de poesía, seguimos el deambular de Miguelito. Éste es un joven al que acaban de extirpar un riñón, y en cuya estancia hospitalaria, gracias a las charlas con su compañero de habitación, ha descubierto que existe “otro mundo”, el de los sentimientos expresados a través del verso. Su primer amor, una joven con la que coincide en la piscina; sus problemáticos amigos y conocidos, con sus circunstancias, que incluyen un suicidio; la profesora, que le da otra visión de la literatura y las cuitas amorosas… Con estos elementos, típicos de las historias iniciáticas, agitados de modo singular en su coctelera, Banderas rememora lo que a la postre parecen, tamizados por la obra de Soler, sus recuerdos juveniles, su ingreso en la edad adulta y sus hasta entonces desconocidas posibilidades. Banderas director demuestra gusto en el encuadre (el arranque en la mesa de operaciones, sin ir más lejos), el montaje y el puntear de la música, aunque llega a hacerse cargante en la premiosa exposición. El tramo final del film, bellamente pasado por agua, es una buena muestra de sensibilidad. Pero pesa demasiado el limitado, limitadísimo horizonte vital de los personajes. Permitiendo una entrada excesiva al erotismo y al sexo sin compromiso –voyeurismo, prostitución, primeras experiencias, lecciones de alcoba…–, las posibilidades de la juventud quedan reducidas al mínimo. El nuevo mundo por descubrir sólo cabe intuirlo, pero Banderas no nos muestra, siquiera, la punta de ese gran iceberg.

6/10

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