Kuang ye shi dai
- Duración: 02h 40 min
- Género: Drama | Ciencia ficción | Experimental
- Público apropiado: Jóvenes
- Valoraciones: decine21 (6) | usuarios (6)
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- Título original: Kuang ye shi dai
- Año: 2025
- Fecha de estreno en España en cines : 30-04-2026
- Países: China, EE.UU., Francia
- Dirección: Gan Bi
- Intérpretes: Jackson Yee, Shu Qi, Mark Chao, Gengxi Li, Jue Huang, Yongzhong Chen, Zhijian Zhang, Chloe Maayan
- Guión: Gan Bi
- Fotografía: Jingsong Dong
- Montaje: Gan Bi
- Distribuye en cine: Filmin
Premios
Festival de Cannes
2025
Ganadora de 1 premio
- Premio Especial del Jurado Gan Bi
Contenidos (de 0 a 4 ¿qué es esto?)
Temas relacionados:
Reparto
Sinopsis oficial
En un mundo donde los humanos han perdido la capacidad de soñar, una mujer descubre un ser misterioso capaz aún de experimentarlos. Ella consigue adentrarse en sus sueños en busca de la verdad…
Crítica Resurrection (2025)
Rebeldes del pijama
Tercer largometraje del cineasta chino Bi Gan, que confirma el talento visual de su autor, ya apuntado en Kaili Blues y Largo viaje hacia la noche, pero también acentúa el carácter críptico de sus tramas, que parecen sueños contados por alguien que se ha despertado a medias y no quiere dar demasiadas explicaciones. Éste tiene lugar en una realidad alternativa, donde la humanidad ha descubierto el secreto de la inmortalidad, dejar de soñar, pues esto consume la vida como una vela encendida, mientras que quienes renuncian a ello pueden prolongarla indefinidamente. Existe una minoría de disidentes, conocidos como “deliriantes”, que se resisten a abandonar el mundo de los sueños. Les persiguen unos enigmáticos agentes, “los Otros”, capaces de introducirse en sus ensoñaciones para eliminarlos.
La historia sigue a uno de estos deliriantes, que atraviesa distintas épocas, identidades y relatos a través de sus sueños. Le persigue una mujer que le implanta un proyector en el cuerpo, permitiéndole vivir una serie de últimas ensoñaciones antes de su final. A partir de ahí, la película se fragmenta en episodios que recorren distintas épocas del siglo XX chino y diversos estilos cinematográficos. En uno de los segmentos más logrados, el protagonista habita un universo que remite al expresionismo alemán, con decorados deformados y sombras imposibles. Más adelante, se convierte en un espía en plena Segunda Guerra Mundial, atrapado en un juego de espejos y traiciones; en otro episodio, aparece como un ladrón en un templo en ruinas, enfrentado a una suerte de deidad burlona; también hay espacio para una historia de estafadores que recuerdan al tono de Luna de papel; y finalmente, el relato desemboca en una historia romántica y vampírica a las puertas del año 2000, rodada en uno de esos largos planos secuencia marca de la casa.
Cada segmento parece estar vinculado a un sentido —vista, oído, olfato— y a una forma de cine distinta, como el cine mudo, el noir o el melodrama romántico influido por Wong Kar-wai. La sensación es la de ir atravesando un museo vivo del cine, donde cada sala cambia las reglas del juego. Por un lado, resulta innegable su potencia visual: hay imágenes de una belleza apabullante, composiciones que parecen cuadros en movimiento y una capacidad poco común para manipular el espacio y el tiempo. Bi Gan rueda como si cada plano fuese una declaración de amor al cine, y en ese sentido la película funciona como un homenaje constante a sus referentes, como Andrei Tarkovsky.
Pero ese mismo impulso cinéfilo acaba volviéndose en su contra. El problema es que, entre tanta filigrana, la emoción se queda en la sala de espera. La película acaba pareciendo más un catálogo de virtuosismo y ejercicio de estilo que un relato con pulso y verdadera sustancia emocional. Su estructura episódica, reiterativa y deliberadamente enigmática, termina por generar una cierta fatiga. La sensación es la de asistir a una sucesión de piezas brillantes pero desconectadas, donde el asombro visual sustituye al desarrollo dramático. Justo es reconocer el esmero de sus actores. Así, Jackson Yee consigue que el personaje central tenga fuerza, pese a que no se trata de un personaje convencional, ni está demasiado definido. Por su parte, Shu Qi aporta misterio y magnetismo como esa figura que oscila entre cazadora y protectora, con un rostro casi inmutable.
Últimos comentarios de los lectores
Pablo - Hace 6 días
Resurrection, de Bi Gan, no es una película para todos: es una experiencia para quienes aceptan perderse. Un viaje profundamente cinéfilo, lleno de ecos, sombras y referencias, que puede aplastarte si no entras en su sueño. Pero, si lo haces, resulta sencillamente apabullante.
En ese mundo distópico, la humanidad ha renunciado a soñar para vivir más tiempo. Solo unos pocos, los Delirantes, prefieren seguir soñando aunque eso los condene a ser mortales. Y ahí late el corazón de la película: vivir no es solo durar.
Bi Gan filma contra un mundo cada vez más rápido, más plano, más moldeado, donde incluso la inteligencia artificial parece amenazar el valor de lo humano. Frente a esa intemperie, Resurrection levanta el cine como refugio, como resistencia y como último territorio posible para seguir soñando. Obra maestra.
Por cierto, no sé quién pone las puntuaciones de los contenidos (en este caso Sexo: 1). No tiene absolutamente nada en ese sentido.
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