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Biografía

Kerry Bishé

Kerry Bishé

36 años

Kerry Bishé

Nació el 01 de Mayo de 1984 en Nueva Zelanda
Filmografía
The Evening Hour

2020 | The Evening Hour

El final de todo

2018 | How It Ends

Will, abogado, está muy enamorada de Sam, Samantha, pero su futuro suegro Tom, militar afroamericano jubilado, es de armas tomar. Viajará de Seattle a Chicago a hacerle una visita, y a comunicarle su intención de casarse, pero el encuentro no puede ir peor. Sin embargo, una extraña catástrofe –terremotos, tormentas, etc– impide la comunicación con Seattle. Entre dudas de si están ante un ataque nuclear del enemigo, o un fenómeno natural, el caso es que no hay vuelos, y Will y Tom se ven obligados a viajar juntos en automóvil, y los peligros a que se enfrentan para retomar el contacto con la amada prometida/hija servirán para estrechar lazos. Película de corte apocalíptico dirigida por el desconocido David M. Rosenthal, podríamos decir con sorna que su mensaje podría ser “no esperes al apocalipsis para llevarte bien con tu suegro, aunque más vale tarde que nunca”. Sea como fuere, el film resulta rutinario y poco consistente, y en algunos pasajes incluso risible. No basta destrozar unos pocos coches, efectos visuales y fotografía nocturno con incendios. Todo se reduce al formato de road-movie con encuentro de personajes diversos, muchos de ellos desesperados, que están dispuestos a cualquier cosa para hacerse con un bidón de gasolina. Falta dramatismo, Theo James resulta muy plano, y Forest Whitaker se limita a hacer lo que le dicen, aunque no parece que se lo crea demasiado. Resulta alucinante el final, por llamarlo de alguna manera.

4/10
Los Romanoff

2018 | The Romanoffs | Serie TV

Una sorprendente serie creada, escrita y dirigida en su integridad por Matthew Weiner, en apariencia muy alejada de su obra más conocida, Mad Men, que se ambientaba en el mundo de la publicidad al final de la década de los 60 en Estados Unidos. A poco que se escarbe, Los Romanoff no es tan diferente, pues las ocho historias completamente independientes que la componen –las conexiones que Weiner ha trazado son ingeniosas, pero casi una suerte de broma privada para dar cohesión–, protagonizadas por supuestos descendientes y familiares más o menos lejanos del asesinado zar ruso Nicolás II, hablan del ser humano contemporáneo, con sus angustias, búsquedas, anhelos y esperanzas, y terminan no siendo tan diferentes de las de los “hombres locos” y las mujeres que trataban de abrirse paso en un mundo eminentemente dominado por los varones. Resulta complicado ofrecer un juicio global cuando aún no se han publicado todos los capítulos, de casi hora y media de duración cada uno, y sabiendo además que son independientes, al estilo de otras series antológicas como la popular Black Mirror, por lo que es de suponer que unos serán mejores que otros. Lo que está claro es que el planteamiento puede desconcertar un tanto, pero la ambición de Weiner resulta innegable, al jugar con un elemento de la mitología del siglo XX anclado en la realidad, esa familia Romanoff que estalla literalmente por los aires a causa de una revolución que pone en cuestión tantos valores e ideas que se suponían sólidas. Al hombre y a la mujer líquidos de nuestros días les ocurre algo semejante, no tienen claro de dónde vienen y adónde van, y aunque quieren aferrarse a lo que pueden, la insatisfacción y la tristeza resultan manifiestas. Es lo que ocurre en el primer episodio “La hora violeta”, donde Weiner se toma su tiempo en poner boca arriba las cartas con las que juega la partida. Anushka es una anciana cascarrabias, que está delicada de salud, y vive en un magnífico piso en pleno centro de París. Atiende sus necesidades con sincera preocupación su sobrino americano Greg, que regenta un hotelito, y que padece fuertes presiones de su novia Sophie, una mujer despampanante, divorciada y que no desea tener hijos, para lograr que su tía les legue pronto su fortuna, el deseo íntimo de ella es que no estuviera incordiándoles todo el tiempo e hiciera el favor de morirse cuanto antes. Debido a su difícil carácter, las empleadas del hogar que cuidan de Anushka duran muy poco tiempo en su puesto. Pero la joven musulmana Hajar se va a convertir en la excepción, estudiante de enfermería, muestra una paciencia infinita con la vieja, aguantando mil y una impertinencias, incluidos comentarios racistas y xenófobos de dudoso gusto. Con medido ritmo, resulta creíble la evolución de los personajes, y la idea de que el amor es la mejor medicina para el entendimiento entre la gente se introduce con suavidad, resulta sugestiva. Por supuesto, se juega al contraste entre la relación de Greg y Sophie, donde que la motivación egoísta material y placentera domina, con la creciente admiración que Greg siente hacia Hajar, ambos pueden mantener conversaciones de altura, intercambiado por ejemplo sus ideas acerca de la existencia de Dios, o compartiendo lo que comparten los amigos, como por ejemplo recuerdos de familia. El cuarteto de actores principales –Marthe Keller, Aaron Eckhart, Inès Melab y Louise Bourgoin– están muy bien, al igual que algunos secundarios de presencia mínima, como los padres de Hajar. "El plural mayestático", el segundo episodio, ofrece una aguda disección del matrimonio a cuento de Michael y Shelly Romanoff, que están acudiendo a sesiones con una psicóloga que les ayude a que su relación no naufrague. Quizá Shelly es muy resolutiva y dominante, pero al menos trata de abordar el problema; su marido adopta en cambio una posición más apática, es un verdadero cínico, lo que se advierte en el modo en que profesionalmente orienta –es un decir– a los jóvenes que están a punto de entrar en la universidad. Podría ayudar a estrechar lazos un crucero que ilusiona mucho a Shelly, y que reúne en el barco a parientes de la familia imperial rusa. Pero Michael fuerza que se prolongue un juicio de cuyo jurado forma prte, siendo el único que discrepa de lo que parece un claro veredicto de culpabilidad. No sólo quiere evitar el viaje, sino ligar con Michelle, una exuberante miembro del jurado. Entretanto Shelly viajará sola y disfrutará de lo lindo del lujo que brinda la ocasión; y aunque surge la ocasión de una aventura, puede más la fidelidad. De nuevo Weiner, sabe ir construyendo la historia, y lanzar preguntas acerca del espectador acerca de cuáles deberían ser las bases sobre las que construir un matrimonio duradero. Resulta imprescindible, claro está, el amor, pero también compartir un proyecto que valga la pena, y la conciencia de que no pueden faltar dificultades. Está muy bien escogida la pareja protagonista, un Corey Stoll en alza desde que se dio a conocer en House of Cards, que encarna bien la insatisfacción vital revestida de egoísmo, y una agradable pero menos conocida Kerry Bishé, con la que el público empatizará inevitablemente. Metacine o metaserie, es la propuesta del tercer episodio, "Casa de fines especiales", en que Weiner recurre como protagonista a Christina Hendricks, con la que hizo Mad Men. La actriz da vida precisamente a una célebre actriz de cine, fichada a última hora para rodar en Europa una serie televisiva sobre los Romanoff. Allí vive una situación surrealista, con una directora superprestigiosa, pero de personalidad pintoresca a la hora de sacar de sus intérpretes las composicones de los personajes que desea, un compañero de reparto con el que se acuesta, e incluso la aparición de lo que se diría un fantasma. "Expectativas", el cuarto episodio, transcurre en una sola jornada en Nueva York, y habla de las frustraciones de Julia, cuya hija Ella está a punto de dar a luz, aunque el marido está de viaje de negocios en la otra punta del mundo. La discusión por esta circunstancia tiene raíces profundas, pues el padre de Ella no es el marido de Julia, sino que es Daniel, profesor experto en la historia de los Romanoff. el hombre al que verdaderamente quería, pero con el que nunca se casó. Ella ignora todo esto, y el secreto ha reconcomido a Julia desde el nacimiento de su hijo. Bastante ambicioso y elaborado es el quinto episodio, "Altas y brillantes esferas", que aborda temas tan en boga como la diversidad, la atmósfera altamente cargada en lo sexual de nuestra sociedad, la cultura de la sospecha, el buenismo y las ínfulas de las clases acomodadas. Todo gira en torno a las sospechas de pedofilia que se ciernen sobre David, profesor de piano homosexual que da clases a los hijos de Katherine, profesora de literatura rusa felizmente casada y emparentada con los Romanoff, una estupenda Diane Lane. Sus dudas sobre ese comportamiento inapropiado le llevan a compartir la información con otras amigas cuyos hijos reciben clases de David, produciéndose reacciones inesperadas, consecuencia de su superficial visión de la vida. Y a charlar con sus hijos, en unas conversaciones decididamente incómodas, y que generan una situación que tiene difícil marcha atrás. El mérito del episodio es que plantea muchos temas, desde los prejuicios a los límites de aceptar eso tan manido de que "cada uno con su vida haga lo que quiera", al daño que se puede hacer con una acusación que se habe pública, aunque no haya pruebas que la sostengan. Y desde la dificultad de hacer "lo correcto", sobre todo cuando esa expresión va vaciándose cada vez más de significado. Hay un importante cambio de escenario en "Panorama", el sexto episodio, que transcurre en la capital de México. Abel es un periodista de exacerbado idealismo y romántico empedernido, no es de los que mira el mundo con cinismo, aunque no se engaña acerca del horror que atraviesa la historia. Actualmente investiga las actividades de un centro hospitalario privado de lujo, donde buscan curación enfermos desahuciados cargados de dinero, muchas veces de procedencia dudosa. Allí queda fascinado por Victoria –que resultará ser descendiente de los Romanoff– que acompaña a su hijo de doce años Nicke, hemofílico, una bella mujer y madre dedicada por completo a buscar una posible curación para su hijo. Juan Pablo Castañeda encarna bien a un periodista que no acaba de tener el empuje que se supone a alguien de su oficio, no tiene del todo los pies en el suelo y puede más en él la mirada que busca la utopía y su carácter enamoradizo y descubridor de la belleza, allá donde hay tanta fealdad. La relación con Victoria, estupenda Radha Mitchell, está bien perfilada, y sus visitas turísticas a la catedral, al mural de Diego Rivera en el palacio presidencial y a las ruinas de la antigua Teotihuacan tienen particular encanto, como si el tiempo se hubiera detenido y los personajes pudieran gustar brevemente la eternidad, un algo de felicidad. El último plano en la plaza, es un auténtico y logrado homenaje al citado mural de Rivera. "El final de la línea", el capítulo 7, aborda un tema importante en cualquier familia de rancio abolengo, la continuidad dinástica. En efecto, Anka y Joe Garner son un matrimonio sin hijos, que anhela la adopción, motivo por el que se han desplazado a la gélida Vladivostok, en Rusia. Allí les espera Elena, la asistente social, que se supone que les ha encontrado un bebé precioso. Pero cuando la pareja se queda a solas, algo extraño nota, la pequeña no llora como se esperaría en una criatura de pocos meses, apenas reacciona a sus carantoñas. ¿Les estarán dando gato por liebre? La situación saca a la superficie rencores y reproches. La conexión Romanoff viene por Anka, sus ancestros la conecta con la familia zarista. Pero la trama de Weiner ayuda a plantear, no sólo cuestiones como la burocracia gubernamental de la nueva Rusia y sus posibles corruptelas, sino también la de ese supuesto derecho que se autoconceden un hombre y una mujer a tener un hijo, sí o sí, incluso con la opción de elegir un buen "producto", que para eso pagan. Finalmente, la serie se remata con "El relato que todo lo sostiene", un alarde de relatos encapsulados, al estilo de las muñecas rusas, una historia contiene a otra, enlazando tragedias con nuevos narradores, a partir del encuentro de un tipo, guionista de una miniserie televisiva sobre los Romanoff, con una mujer que le incordia en el tren en el que ambos viajan. De algún modo se da razón de cómo ha evolucionado la identidad sexual de esa mujer, que antes era hombre, que tuvo un romance homosexual que supuso un gran desengaño, y que de niño vio como una auténtica arpía se camelaba a su padre, deshaciéndose de modo cruel de la madre. Suena, y algo tiene de eso, a culebrón, pero la habilidad de Weiner concede gran consistencia al conjunto, y no es simplista, porque se concede que la evolución de Simon Burrows, ella/él, está marcada por duros y traumáticos sucesos de la infancia, la sensibilidad y carencias afectivas disparan las tendencias homosexuales.

7/10
Narcos (3ª temporada)

2017 | Narcos | Serie TV

1993. Aunque Pablo Escobar ha caído, el narcotráfico sigue más vivo que nunca en Colombia, a través de la actividad del Cartel de Cali, dirigida con mano férrea y exquisitas maneras empresariales por Gilberto Orejuela y los hermanos Rodríguez. Aunque tan criminales y desalmados como Escobar en el manejo de la cocaína, su estilo es diferente, de hecho se les conoce como "los caballeros de Cali", pues evitan que la violencia que practican tenga demasiada exposición, lo suyo son los negocios. Tan es así que han llegado a una suerte de acuerdo con la recientemente empezada presidencia de Bill Clinton para desmantelar su imperio en un plazo de seis meses, lo que les garantizaría una condena carcelaria mínima, y un placentero retiro con la fortuna que han amasado, que todavía puede adquirir un tamaño mayor en el tiempo que les queda. Pero a los hombres de la ley, como el agente de la DEA Javier Peña, que fue decisivo para la caída de Escobar, no les caen en gracia estos tejemanejes, se les escapa la política de altos vuelos que ve indeseable que los narcos financien a las FARC, los guerrilleros que combanten a las autoridades democráticas de Colombia. Y tratan de aprovechar esos seis meses en que Gilberto y compañía son fugitivos de la justicia. Una vez desaparecido de Narcos el carismático personaje de Pablo Escobar, cabía pensar que sus creadores Carlo Bernard, Chris Brancato y Doug Miro se encontraran más limitados. Pero saben mantener un ritmo narrativo excelente y despertar el interés por la nueva organización, que ya competía con la de Medellín en las otras temporadas, y por los criminales que pululan en ella, algunos ya conocidos como el homosexual Pacho, interpretado Alberto Amman, otros recién incorporados como el eficaz contable interpretado por Javier Cámara, o el experto en seguridad que desea dejar atrás su servicio a los mafiosos. La idea de algún modo es jugar con la "clase" de estos personajes, aunque basta una mirada mínimamente atenta para detectar la misma depravación e inmoralidad, por ejemplo con la poligamia festiva de Gilberto. Como ocurrió en las otras temporadas, se está atento también a los que están del lado de la ley, aquí con la voz en off de Peña, muy bien interpretado nuevamente por Pedro Pascal, donde no faltan los tipos de dudosa moral en el ejército colombiano o en la CIA. Aunque no se escatima el sexo y la violencia, claramente hay más contención en estos episodios, en coherencia con la "elegancia" de los narcotraficantes de Cali.

6/10
Halt and Catch Fire (2ª temporada)

2015 | Halt and Catch Fire | Serie TV

Esta segunda temporada que empieza en 1985, se centra en Motín (‘Mutiny), la nueva start-up creada por Cameron Howe y Donna Clark que se basa en la más idea perturbadora de la era moderna: Internet. Al mismo tiempo, Joe, Gordon y Bosworth quedarán atrapados en su propia ola ‘online’, y rehacer el panorama tecnológico que les rodea será un buen intento de sanar las viejas heridas. Esta temporada explora la delgada línea que separa el genio del autoengaño, la fragilidad de la conexión humana y el deseo, especialmente en un mundo obsesionado por la tecnología, para dejar una marca significativa y hacer algo que realmente importa.

Halt and Catch Fire

2014 | Halt and Catch Fire | Serie TV

Grand piano

2013 | Grand piano

El alicantino Eugenio Mira dio muestras de su talento en The Birthday, pero decepcionó bastante con su segundo trabajo, Agnosia. Ahora, recupera el fuelle con Grand Piano, una producción española rodada en inglés, con actores reconocidos internacionalmente, que aspira a tener repercusión a nivel mundial. Le produce Rodrigo Cortés, que precisamente triunfó internacionalmente con Buried (Enterrado). Si aquélla transcurre íntegramente en un ataúd, Grand Piano no se queda manca, pues a excepción de un prólogo –que se podían haber ahorrado– y el epílogo, tiene lugar a lo largo de un concierto de música clásica en Chicago. El recital supone la reaparición de Tom Selnick, un virtuoso del piano que reaparece años después de una funesta interpretación. En la partitura encuentra inquietantes mensajes de un francotirador que está apuntándole a él y a su esposa, estrella del cine que asiste al evento. Si no hace lo que le pida, apretará el gatillo... En su imitación clara del cine de Alfred Hitchcock, Grand Piano recuerda mucho a los poco originales pero amenos thrillers de Brian de Palma, sobre todo en una (excelente) secuencia en la que se llega a partir la pantalla en dos. Como el italoamericano, Mira parece inspirado en la obra del Mago del Suspense, en concreto en la célebre e inimitable secuencia concertística del final de El hombre que sabía demasiado. Pero Mira logra apabullar con sus brillantes movimientos de cámara que aportan gran dinamismo a Grand Piano a pesar de su escenario casi único. Le beneficia su enorme elegancia, recogida del autor de Con la muerte en los talones, que tiene su máxima expresión en un afortunado corte que pasa de lo que iba a ser un terrible degollamiento al arco de un violonchelo. A una altura superior a lo habitual, el “hobbit” Elijah Wood da la talla como músico con miedo escénico. También sorprende John Cusack, presente en la mayor parte del metraje únicamente con su voz, como psicópata a pesar de la enorme simpatía que habitualmente transmite este actor. Grand Piano tiene un gran mérito y podría haber sido memorable, aunque se le puede reprochar alguna pega, como que exige suspender la incredulidad ante el hecho de que un virtuoso del piano sea capaz de mandar mensajes por el móvil mientras ejecuta obras de enorme complejidad. En cualquier caso, el espectador que entre en el juego, pasará un rato agradable.

6/10
Argo

2012 | Argo

Argo, dirigida por Ben Affleck, es una buena película, tiene todas las papeletas para estar esta año en los Oscar. Entre los productores, además de Affleck, figura George Clooney. El film se basa en un caso real, una parte no excesivamente conocida de la crisis de los rehenes de la embajada americana en Irán, acontecida en 1979, en plena revolución del ayatollah Jomeini. Que gran parte del personal diplomático fue retenido y humillado durante cerca de un año, y que la tristemente célebre operación de “ResCarter” fue un fracaso sí suena. Pero el film se centra en seis personas que lograron salir de la legación y refugiarse en la embajada canadiense. Ante la falta de opciones para sacarles del país, un agente de la CIA alumbra la peregrina idea de simular que un equipo de cine canadiense, aliado con Hollywood, anda buscando localizaciones para una desopilante película de corte fantástico titulada precisamente “Argo”. El guión de Argo es obra del desconocido Chris Terrio, y Ben Affleck sabe dar al relato un aire setentero, lleno de emoción, pero también de las justas dosis de humor. El tempo es perfecto: la presentación al público de los antecedentes, las opciones de rescate, los preparativos, el caldeado ambiente en las calles de Teherán, las dudas de la administración Carter, la vida en la embajada canadiense... El riesgo de tomar este caso particular y dejar orillada la gran crisis de la embajada americana se sortea con éxito. Quizá el clímax es excesivo, muy peliculero y hollywoodiense, pero en general tenemos una de esas grandes producciones de las que puede enorgullecerse con razón el cine americano y con las que el espectador empatiza enseguida. El reparto es sencillamente perfecto, componen unos personajes creíbles, tanto en el mundo de los espías -el propio Affleck y Bryan Cranston...- como en el de Hollywood -John Goodman y Alan Arkin- y el diplomático -Tate Donovan, Victor Garber y Clea DuVall, entre otros-.

7/10

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