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Biografía

Bernhard Schlink

Bernhard Schlink

Bernhard Schlink

Filmografía
The Reader (El lector)

2008 | The Reader

El peso de una relación inapropiada, aumentado por la dinámica de la Historia, a lo largo de toda una vida. En la Alemania de los años 50 Michael  Berg es un adolescente robusto y amante de la lectura, sensible y vitalista. Un día que se encuentra mal en la calle, le ayuda una mujer, Hanna Schmitz, revisora en un tranvía, atractiva, solitaria y enigmática. Cuando pasados unos días le lleva unas flores para agradecer su atención, comienza un juego de seducción por parte de ella. Atrapado en el recién descubierto vértigo del erotismo, comienza una larga relación clandestina, donde ninguno de los dos parece detenerse demasiado a considerar la diferencia de edad que media entre ambos -él tiene 15 años, ella 36-, los encuentros sexuales parecen convertirse en razón principalísima para levantarse cada mañana, aunque en ocasiones discutan, pues ella exhibe un extraño carácter con inesperados cambios de humor, y nunca habla mucho de sí misma. Como Hanna es analfabeta, uno de los aspectos más gozosos de la relación estriba en los momentos en que Michael le lee los libros que forman parte de sus tareas escolares. Un día, de repente, Hanna desaparece. Michael sigue con su vida, y estudia derecho en la universidad. El reencuentro con su antiguo amor se va a producir en circunstancias traumáticas, cuando Michael acude a un juicio contra antiguos criminales de guerra, que se celebra en Berlín.El director de Billy Elliot (Quiero bailar) continúa la línea de historias traumáticas y deprimentes marcada por su anterior film, Las horas. Stephen Daldry repite colaboración con el guionista David Hare a la hora de adaptar una novela del alemán Bernhard Schlink, que bucea en las heridas no cicatrizadas del traumático pasado nazi de su patria. Aunque Hare da algunas vueltas a la estructura narrativa, con saltos al pasado y al presente, la historia que se nos cuenta tiene tres etapas bien determinadas. Está esa apasionada relación entre un jovencito y una treintañera, narrada con consciente morosidad e innegable insistencia erótica, aunque se “revista” -es un decir, los actores aparecen desnudos en gran parte de estos pasajes- de preciosismo esteticista; un amor sin compromiso, corrupción de un menor inexperto, por tanto, poco amor, traspasado de gélida frialdad, porque no existe entrega mutua plena, Michael y Hanna son unos desconocidos el uno para el otro. Esto influye sobremanera en la segunda parte del film, alrededor del juicio, donde las sorpresas sobre la identidad de Hanna afectan aún más a un Michael que ya da la impresión de estar muy vacío en sus capacidades amatorias, véase la relación con sus padres y con una compañera de la universidad, su futura esposa. El tercer tramo de la historia es el que podría denominarse “carcelario”, donde la relación de los protagonistas continúa de una manera peculiar, los libros grabados en cassette; puede considerarse una idea bonita, al final lo que queda del “amor” es la búsqueda común en la superación del analfabetismo, más que una relación física, inevitablemente efímera.Deja este film -la última producción de los fallecidos en 2008 Anthony Minghella y Sydney Pollack- un regusto amargo, hay en él una especie de nihilismo fatalista que impregna cada fotograma. De algún modo se apunta a una culpa colectiva en el drama de la Alemania nazi, que no admite absolución, sólo queda pasar página, tratar de olvidar, meta imposible, y esperar que las nuevas generaciones, libres de dicha culpa, lo hagan mejor. Por lo visto sus artífices, por razones difíciles de entender, decidieron dejar fuera de la trama cualquier mención expresa a la redención o al perdón. Lo que no deja de ser paradójico, porque la escena final del encuentro de Michael con una víctima del holocausto está pidiendo a gritos ambas actitudes, y de hecho, tácitamente se hallan presentes. Queda pues una película bien narrada, con buenas interpretaciones, sobre todo de Kate Winslet, David Kross y Ralph Fiennes, pero que no conduce a ninguna parte.

6/10
Crónica de un engaño

2008 | The Other Man

Grande, grandísimo chasco. Crónica de un engaño está dirigida por Richard Eyre, responsable entre otra de Iris (2001) y Diario de un escándalo, esta última su mejor película hasta la fecha. Aquí adapta un relato de Bernhard Schlink, autor alemán que ha sido adaptado también en 2008 en The Reader (El lector), con mejor fortuna. El film pretende ser una especie de disección del matrimonio, una mirada a las grietas que pueden existir en una relación de pareja, a través de un triángulo amoroso bastante vulgar. Usando de una estructura que juega al despiste, con abundantes flash-backs, vemos al protagonista, Peter (Liam Neeson), roto, porque su mujer, Lisa (Laura Linney), le ha dejado. Y descubre, en su ordenador personal, correos electrónicos y fotografías de un tipo, Ralph (Antonio Banderas), con el que ella ha tenido una larga aventura. Consciente de que Ralph está intentando reunirse con su esposa, acude a Milán, donde traba conocimiento, aunque sin desvelar su identidad de marido de Lisa; y escucha, de modo obsesivo, el relato que le hace el otro, un perdedor, de su relación con Lisa. Entretanto, la hija de Peter y Lisa, preocupada por su progenitor, le pide que olvide el tema, ha de dejar ir a su madre.Eyre ofrece una película lenta y reiterativa, tal vez con la intención de subrayar las obsesiones del protagonista, lo que no le impide ser cansino, en parte por la pobre visión de la vida familiar y conyugal. Su "sorpresa", que da un vuelco algo dramático al relato, suena a falsete. Y los actores no parecen creerse del todo a sus personajes, especialmente Neeson y Banderas, cuya "amistad" por así decir surge demasiado deprisa, resulta difícil de aceptar. Y hay recursos narrativos demasiado artificiales (las partidas de ajedrez, el ordenador, el móvil), cuando no de una gratuidad que roza el absurdo (la tortuguita, los zapatos).

4/10

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