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Biografía

Harald Kloser

Harald Kloser

Harald Kloser

Filmografía
Midway

2019 | Midway

Roland Emmerich es un cineasta alemán que ya desde el inicio de su carrera mostró su fascinación por el cine estadounidense, siguiendo los parámetros de un Spielberg en títulos como El secreto de Joey. Luego, ya en Hollywood, demostró una sorprendente atracción hacia títulos que rendían pleitesía al amor de los yanquis por su país, con Independence Day  y El patriota, a la vez que manejaba enormes presupuestos, sin duda que se movía como pez en el agua a la hora de armar superproducciones. Por ello no resulta extraña que ahora dirija Midway, sobre la Guerra del Pacífico en los años de la Segunda Guerra Mundial, concediendo el espacio principal a la batalla del título, aunque ampliando el marco con los prolegómenos que conducen a ese punto culminante de la contienda. Por supuesto, no es la primera vez que el cine la aborda, en 1976 tuvimos La batalla de Midway de Jack Smight, con un reparto plagado de estrellas, Charlton Heston, Henry Fonda, James Coburn, Glenn Ford y Toshiro Mifune, entre otros. En realidad podríamos decir que el film de Emmerich combina lo contado ahí con lo que mostraba la película de 1970 Tora, Tora, Tora. De modo que la trama arranca con el oficial de inteligencia Edwin Layton detectando que Japón podría sentirse fuerte para intentar imponer su dominio en el Pacífico, pero sin que sus advertencias sean escuchadas, lo que conduce al desastre de Pearl Harbor, el ataque japonés inesperado y que destruye gran parte de la flota. Con el nombramiento del almirante Chester Nimitz, Estados Unidos se prepara para dar una respuesta contundente, el audaz bombardeo de Tokio, coordinado por el teniente coronel Jimmy Doolittle. Para llevar a cabo la operación es necesario que inteligencia, con Layton detrás sea escuchada, en sus intentos de descodificar los mensajes nipones. Y pilotos como Dick Best se jugarán la vida, pues las operaciones tan lejos de un lugar para repostar, y sin apenas portaviones, son de altísimo riesgo. Todo conducirá a la batalla de Midway, que podría convertirse en una trampa mortal para unos y otros, decidiéndose el destino de la guerra. El film de Emmerich, coproducción con China que cuenta con un guion del más bien desconocido Wes Tooke, es riguroso a la hora de ceñirse a los hechos históricos, y se sigue con interés. Los efectos visuales digitales siguen perfeccionándose, de modo que todas las escenas de acción bélica resultan impactantes. Como es de rigor en una cinta de guerra que sigue las pautas de la vieja escuela, resulta importante el reparto, casi exclusivamente masculino, donde destaca Woody Harrelson, un actor igual se enfrenta a los zombies con guasa en Zombieland. Mata y remata, que se lanza a interpretar con enorme dignidad y clase al almirante Nimitz. Hay muchos rostros reconocibles, como el de Nick Jonas, uno de los hermanos Jonas, el valiente piloto Bruno, o los de Dennis Quaid, Aaron Eckhart y Luke Evans, correctos aunque no tienen la fuerza de los clásicos. El bando japonés es retratado con respeto, se evita caer en el trazo típico de la caricatura.

6/10
Independence Day: Contraataque

2016 | Independence Day: Resurgence

Han pasado dos décadas desde que la Tierra sobreviviera a aquella invasión alienígena, tras la que la conmemoración del 4 de julio se hizo extensiva como Día de la Independencia para todo el planeta Tierra. Los países aprendieron a superar sus diferencias y ahora viven en paz y armonía. Gracias a los restos de tecnología del enemigo que quedaron abandonados, la humanidad ha realizado grandes avances, sobre todo en cuanto a vehículos antigravitatorios y cazas de combate se refiere. Sin embargo, David Levinson, científico que dio con la solución a la amenaza, advierte de que el enemigo regresará un día. No es el único que piensa que esto puede ocurrir, pues el que fuera presidente entonces, Thomas J. Whitmore, está obsesionado con que el retorno se producirá. Lo que ha dejado claro a su círculo íntimo, que incluye a su hija, Patricia, y a Dylan, vástago del fallecido Steven Hiller, que ha seguido sus pasos como piloto del ejército. Sorprende que haya tardado veinte años en rodarse la secuela de un blockbuster que en su día recaudó más de 800 millones de dólares, sobre todo porque su máximo artífice, como director y guionista, Roland Emmerich, no ha buscado caminos nuevos precisamente; la mayor parte de lo que ha rodado desde entonces variaba muy poco, pues Godzilla, El día de mañana o 2012, sólo traían como novedad qué desastre reemplazaría a los extraterrestres a la hora de poner en peligro al mundo. Pero al final, el cineasta alemán ha cedido a las presiones de Fox, y retoma su mayor éxito. La falta de acuerdo con la principal estrella del original, Will Smith, no ha supuesto un gran quebradero de cabeza a la hora de componer el libreto. Su rol lo ocupa su vástago en la ficción, encarnado por el joven en alza Jessie Usher (Level Up), y con un par de llamativas fotos a gran tamaño que recuerdan al ‘difunto’, asunto zanjado. Por lo demás, repite el grueso del coral reparto, con Bill Pullman, Brent Spiner, Vivica A. Fox y Jeff Goldblum de nuevo en la piel de sus personajes, con el añadido de alguna joven promesa, Liam Hemsworth y Maika Monroe, y de alguna actriz prestigiosa, como la francesa Charlotte Gainsbourg. Aunque aquí hablar del reparto es lo de menos. No desentonan, pero tampoco tienen mucho tiempo para lucirse, ni sus personajes están demasiado desarrollados. Por ejemplo, se atisban posibilidades en la relación amor-odio Goldblum-Gainsbourg, pero queda reducida a pavesas. A un film de Emmerich se va a ver cómo explota el Puente de Londres, la Casa Blanca (de nuevo), etc., y eso sí que abunda. Se supone que en una secuela debe haber más explosiones que en el original, aquí resultaría imposible, en todo caso las mismas, así que como apunta el personaje de Goldblum… ¡las naves invasoras son más grandes! Quizás se echa de menos algo del humor voluntario (o involuntario) del original, pero nadie que pague una entrada se sentirá engañado. Emmerich sirve lo que se esperaba, entretenimiento ligero de verano para toda la familia. Tras dirigir la vilipendiada por la crítica Stonewall, en torno a una tragedia que incidió en el movimiento homosexual, el realizador proclamó a los cuatro vientos que en esta superproducción metería a una pareja gay. Sin embargo, todo se ha quedado en guiños, en la relación entre un soldado negro y un contable friki, que el grueso del público ni captará. 

5/10
Asalto al poder

2013 | White House Down

John Cale desea fervientemente servir en la seguridad de la Casa Blanca, protegiendo al presidente. Veterano de Afganistán, separado y con una hijita, Emily, con estudios justitos, el chico se esfuerza, pero su solicitud va a ser rechazada, porque le entrevista una antigua novia. Lejos de deprimirse, trata de mantener el ánimo alto y aprovechar la ocasión para ver con Emily la Casa Blanca en la clásica visita turística. Con tan mala pata que la cosa coincide con el más terrible ataque terrorista que imaginarse pueda, donde el objetivo primero es el presidente, pieza de algo que podría suponer el principio del apocalipsis. Así que puede que no sea tan mala pata, pues Cale podría marcar la diferencia y dar una vuelta a la situación... con ayuda de su niña y del comandante en jefe, claro está. Después de su aventura shakespereana Anonymous, el director alemán más estadounidense, Roland Emmerich, vuelve adonde solía, hasta el punto de que bien podríamos subtitular este film “Independence Day 2”. En Asalto al poder ofrece un tebeo de grandes proporciones adrenalíticas, con abundantes explosiones, dosis de patriotismo, alabanzas a los presidentes pacifistas, y críticas a la industria armamentística, ellos serían los más interesados en alimentar las guerras para forrarse a su costa. A condición de no tomarse la cosa demasiado en serio, el espectador tiene en Asalto al poder una cinta entretenida, con el chico humilde que logra realizar su sueño (no creemos que sea un “spoiler” señalar que el mundo estará a salvo gracias al cachas Channing Tatum) y gana tantos ante una cría que había decidido no llamarle “papá” nunca más (no, no pensamos desvelar si cambia de idea, eso desde luego sería un “spoiler”). Emmerich maneja un guión de James Vanderbilt que, asumidos los pasajes más o menos sonrojantes, resulta medianamente coherente a la hora de introducir escenas asombrosas, como la persecución de limusinas presidenciales en los jardines de la Casa Blanca. El reparto de Asalto al poder es solvente, sobre todo James Woods, aunque el suyo y el resto de los personajes resultan bastante estereotipados, por ejemplo, con Jamie Foxx jugando a ser un clon de Obama, con gafas de pasta, para disimular un poco, o Maggie Gyllenhaal dando instrucciones con sus auriculares.

4/10
Anonymous

2011 | Anonymous

El conde de Oxford está triste. En primer lugar, porque siendo un escritor de talento, no puede hacer público su don, pues se supone que componer poemas y obras de teatro es oficio propio de plebeyos. Motivo por el cual se busca un hombre de paja para que firme sus obras, que debía ser Ben Jonson, pero que acaba siendo el tosco actor, que no sabe escribir la “o” con un canuto, William Shakespeare. Por si éste fuera poco pesar, Oxford se encuentra atrapado en un matrimonio sin amor con una mujer que le emparenta con la todopoderosa familia Cecil, consejeros de la reina Isabel I, de quien realmente nuestro caballero está enamorado. Roland Emmerich sorprende a propios y extraños alejándose del género catastrofista al que debe la fama ( Independence Day, El día de mañana) para hacer una inmersión en el drama isabelino, en algo que bien podríamos denominar “historia ficción”, subgénero que ha dado joyas cinematográficas como Amadeus, referencia obvia del film: casualmente ambos títulos empiezan por “A” y acaban por “us”, pero sólo en este detalle y en el tipo de historia coinciden, pues la película de Milos Forman está a años luz de lo logrado por un Emmerich con ínfulas de iconoclasta. Resulta curioso que el guión del film se deba a John Orloff, que firmó el libreto de Un corazón invencible, que se basaba en una historia real. Aquí se parte de las dudas de los académicos acerca de la autoría de la obra de Shakespeare para orquestar una trama que no acaba de funcionar. Seguramente el principal problema, que Emmerich no sabe solventar, es que en realidad está contando dos historias que no tienen mucho que ver entre sí, son como el aceite y el agua: por un lado está el talento literario oculto del conde de Oxford, atribuido a un patán, con los celos entre unos y otros autores; y por otro las intrigas palaciegas y el drama familiar y afectivo del protagonista. Aunque se intenta relacionarlas –el subtexto de las obras de teatro aludiría a la situación política, los problemas de Oxford conformarían una gran tragedia que supera con creces la ficción...–, lo cierto es que cada una va un poco por su lado, torpemente. Si en Amadeus Mozart tenía rasgos que lo hacían insoportable, aquí se cargan más las tintas: Shakespeare es un tipo mediocre, a lo que suma su condición de ambicioso, mujeriego, asesino y traidor, y su nula capacidad de escribir; por si fuera poco, a la reina Isabel, al menos en los pasajes en que presenta una edad avanzada, se la pinta como una ridícula vieja chocha con algún escaso momento de lucidez, con alguna escena gratuita como aquella en la que un noble irrumpe en sus estancias sorprendiéndola con sus doncellas en paños menores. Tal acumulación de trazos grotescos no hacen ningún favor al film, que está exigiendo al espectador una suspensión de la incredulidad, una complicidad a la que resulta difícil responder afirmativamente. De modo que todo se queda en un intento fallido de Emmerich por desencasillarse, donde un competente reparto no tiene mucho que hacer por los trazos demasiado simplones de sus personajes. Pero en fin, siempre queda el empaque de la época, algunos fragmentos de la obra de Shakespeare, y sobre todo los impactantes prólogo y epílogo pronunciados por un contemporáneo Derek Jacobi, todo un guiño a la idéntica función que ejercía el actor en el Enrique V (1989) de Kenneth Branagh.

4/10
2012

2009 | 2012

Esto se acaba. O sea, el mundo. Lo ha predicho un astrofísico indio en 2009, el sol se ha vuelto un poco loco, tormentas en el astro rey y tal, y los neutrinos han dado pie a nuevas partículas elementales, con reacciones que irán afectando de modo creciente al núcleo y a la corteza terrestres. Aunque en realidad ya los mayas, muy previsores, concibieron un calendario que termina en 2012. Total, que en tres años, y de modo supersecreto, las grandes potencias se ponen de acuerdo para construir unas naves gracias a las cuales se salvarán unas 400.000 personas. Menos da una piedra. La fecha fatídica del fin del mundo se acerca, y diversos personajes –una familia con dos hijos, los padres divorciados y un tercero en el hogar; un científico muy listo que tiene a su padre en un barco; el viudo presidente negro de los Estados Unidos y su hija; un ‘nuevo rico’ ruso con sus dos retoños y su amante; más algunos tibetanos que pasaban por ahí...– se enfrentan a la dura realidad, cada uno a su modo. El alemán Roland Emmerich es especialista en destrozos y demoliciones del cine de acción, como probó en Independence Day, Godzilla y El día de mañana. Aquí el desafío es un ‘más difícil todavía’, y probablemente sólo de este modo puede ser juzgada 2012, que argumentalmente apenas depara una mínima sorpresa, que no es cuestión de desvelar. Se trata de un film fiel a los cánones del cine catastrofista, concebido como una atracción ferial, donde se trata de disfrutar con carreteras ‘arrugándose’, puentes estrujados, edificios hechos mil añicos, grietas y erupciones, autos volando, barcos volcados, etc, etc. Y en efecto, se alcanzan cotas de gran perfección en los efectos especiales, de modo particular en el destrozo de edificios emblemáticos. Sobre esto sólo cabe criticar el desmesurado metraje de la cinta, la cosa se podía haber despachado en menos de dos horas. Y como el presupuesto se va en los mentados efectos, a la hora de hacer el reparto se ha optado por actores carismáticos, pero no estrellas de sueldos prohibitivos. Algún despistado podría esperar que el film invitara a alguna reflexión sobre qué debería hacer uno si supiera que el tiempo se le acaba. Pero eso sería pedir peras al olmo, no se va más allá de señalar que hay que amar al prójimo, y sacrificarse por él. La religión en este contexto es un mero elemento ornamental, creer que obedece a alguna razón que los únicos iconos religiosos cuya destrucción se contempla son el Cristo de Río de Janeiro, San Pedro y la Capilla Sixtina, mientras un sabio lama parece poco menos que el culmen de la sabiduría, sería conceder al film una elaboración intelectual de la que carece por completo. En tal sentido tal vez sería más exacto decir que Emmerich director juega a ser Dios, decidiendo quién vive y quién muere en el film. Y se lo pasa divinamente.

4/10
10.000

2008 | 10,000 B.C.

El alemán Roland Emmerich es uno de los reyes del blockbuster, desde que se instaló en Hollywood a principios de los 90. Algo tendrá este director cuando le bendicen, pues lo cierto es que no ha tenido ningún batacazo y alguno de sus trabajosha sidotodo un acontecimiento para las taquillas. Y lo que tiene Emmerich es una habilidad innata para vender lo que rueda, y un sentido del espectáculo que compensa bastante sus defectos narrativos y sus frecuentes momentos surrealistas, estilo presidente de los Estados Unidos al frente de sus tropas en un caza –en su mayor éxito, Independence Day–, o el movimiento de emigración de Estados Unidos a México de El día de mañana. Así debe tomarse 10.000, un cómic de lujo que irritará a quienes se lo tomen demasiado en serio, pero que ofrece momentos muy vistosos, al jugar la baza de los efectos especiales de vanguardia, que ofrecen unos mamuts que parecen de carne y colmillos. El título español resulta confuso, pues no se sabe muy bien si hace referencia a 10.000 guerreros, como en 300, pero a lo bestia. En realidad se refiere al año 10.000 antes de Cristo. Uno se pregunta si la obsesión por el laicismo en la España actual ha provocado que los distribuidores tengan miedo de que aparezca la palabra Cristo en el título, y ése es el auténtico motivo de que rebautizaran así un film que originalmente se llama 10.000 B.C. Tiene muchos puntos en común la película con la mucho más redonda Apocalypto, que debió estrenarse cuando el propio Emmerich y el hasta ahora compositor Harald Kloser, ya tenían cerrado el guión y el proyecto estaba muy avanzado. En ambos filmes, un grupo de indígenas lleva una existencia idílica, dedicados a la caza. Hasta que unos guerreros de una civilización superior asolan su aldea y capturan a varios de los habitantes. En este caso, D’Leh, joven cazador, encabeza una expedición de rescate, pues los captores se han llevado entre otros a su amada Evolet, una joven que presenta un rasgo inédito entre los suyos, pues tiene los ojos azules. La prehistoria de Emmerich, en la que caben hasta pirámides egipcias, es tan fantasiosa que se parece mucho más al mundo mágico de Conan, el bárbaro que a En busca del fuego, que junto al principio de 2001: una odisea del espacio, es hasta la fecha la mejor de las pocas incursiones cinematográficas en los albores de la humanidad. También tiene puntos en común con Stargate, del propio Emmerich, en la que unos hombres prehistóricos convivían con civilizaciones más avanzadas y donde el espectador acababa aceptando cualquier elemento fantasioso. Quizás el error de Emmerich en esta ocasión es que no muestra sus cartas desde el principio, por lo que no acaba de funcionar del todo que de repente aparezcan unas monstruosos aves, unos villanos que usan barcos y son de una era distinta a los protagonistas, e incluso elementos de brujería. Y todo eso a pesar de que sus hombres de las cavernas, de estética rastafari, no resultaban del todo convincentes. El cine se toma muchas licencias en sus películas históricas, a veces sin un mínimo de rigor histórico. Aún así, en cintas como Gladiator, el espectador pone mucho de su parte para suponer que está en la antigua Roma. No ocurre así en este caso, en el que a partir de un punto del metraje deja de ser por completo una cinta prehistórica. Se aprecia un esfuerzo del director –y coguionista– por darle cierto fondo a un relato, que gira en torno al sacrificio en aras del amor, y que acierta al plantearse que los avances técnicos mal utilizados no dan lugar a una civilización mejor necesariamente, sino que eso depende de la finalidad con la que se utilicen. En cualquier caso, que el público sepa que lo que va a ver son secuencias tan apabullantes como la cacería inicial.

4/10
Dresde, el infierno

2006 | Dresden

Un triángulo amoroso con el telón de fondo histórico de la Segunda Guerra Mundial y el traumático bombardeo por parte de los aliados de la ciudad de Dresde, que fue prácticamente arrasada. Para tratar este suceso que todavía duele entre los alemanes, esta TV-movie imagina una historia de amor de una mujer, enfermera, que se debate entre el amor por un médico compatriota, y un piloto británico que ha sido atendido en su hospital. Esta digna producción demuestra contar con abundantes medios, pero, definitivamente no es El submarino, ni tampoco Stalingrado, por citar dos importantes filmes bélicos hechos en Alemania. Tiene interés por ser la primera vez que se trata el destino de Dresde en la pantalla, pero la trama resulta convencional, incluido el peaje de incluir una estúpida escena de sexo muy criticada por los comentaristas alemanes –"obscena" fue la palabra que usó el crítico Peter Von Becker–, que no podían entender cómo la enfermera y el piloto podían "enrollarse" en medio del caos de heridos y moribundos del hospital.

5/10
La tormenta del siglo

2006 | Die Sturmflut

Susanne es una inteligente meteoróloga de Hamburgo que descubre que una enorme tormenta marina va a destruir la ciudad. Aunque las autoridades no hacen caso de sus advertencias, ella marchará para combrobarlo a una plataforma en medio del Mar. Cuando sus sospechas quedan demostradas tendrá que hacer lo posible para que el maremoto no se lleve miles de vidas por delante. Extenso telefilm alemán, inspirado en hechos reales, que sigue la estela de otras grandes películas de catástrofes. Esta se hace un poco larga y el guión no acaba de interesar demasiado, aunque tiene sus momentos de tensión. Al menos cuenta con buenos intérpretes, entre los que sobresalen Nadja Uhl y Benno Fürmann (La princesa y el guerrero).

4/10
Alien vs. Predator

2004 | AVP: Alien vs. Predator

Un satélite estadounidense detecta una extraña construcción piramidal en la Antártida. Para investigar el interior, el millonario Charles Bishop Weyland contrata a la especialista en medio ambiente y aventurera Alexa Woods, con el fin de que dirija una expedición de científicos y especialistas en diversas disciplinas. Resulta que el lugar presenta similitudes con las construcciones de los antiguos mayas y egipcios. Pero unas criaturas alienígenas habitan en su interior, y además, Alexa y sus hombres no son los únicos que están visitando el lugar en ese momento. Las recientes Freddy contra Jason y Van Helsing combinaban populares personajes del cine de terror. Ahora, Paul West Anderson, responsable de Resident Evil, mezcla Alien, la saga más popular de terror fantástico, con Depredador, una excelente cinta de John McTiernan que dio lugar a una repetitiva secuela. Como siempre, Anderson muestra una gran capacidad para crear ambientes sugerentes de cine de terror, y empieza enseguida con el recital de porrazos, quizás para compensar que el guión, también escrito por él, no es excesivamente ambicioso. Y eso que aporta ideas interesantes, como que la pirámide donde transcurre la acción cambie constantemente, al estilo Cube (¿habían pensado rodar Cube vs. Predator?). Sobre todo se echa de menos a Sigourney Weaver, Ripley, sustituida por actores desconocidos. Al menos interpreta un papel Lance Henriksen, el mismo que hacía de Bishop, el simpático androide de Aliens y Alien 3. En esta ocasión, Henriksen es Charles Bishop Weyland, fundador de la compañía Weyland Yutani Corporation, que aparece en las diferentes entregas de la saga. Y si continúan los cruces de sagas fílmicas, ¿para cuándo Bridget Jones contra Nemo y la bruja de Blair?

4/10
El día de mañana

2004 | The Day After Tomorrow

Film catastrofista que aprovecha una cuestión de rabiosa actualidad: el cambio climático. Una perturbarción en la corriente del Atlántico produce una cataclismo de proporciones planetarias. Deshielo, tormentas, huracanes, que traen consigo una nueva era glacial. Nueva York es una de las ciudades afectadas, donde Sam Hall queda atrapado con unos amigos en la Biblioteca Pública. Pero papá Hall, experto climatólogo, acudirá al rescate. Estupendos efectos especiales, con la Gran Manzana inundada y cubierta de nieve, y acierto en la elección de Jake Gyllenhaal como adolescente desastrado, un poco a lo Tobey Maguire en Spider-Man, pueden anotarse en el haber de la película entregada por Roland Emmerich (Independence Day, El patriota), que círcula por los cánones clásicos del género, el esquema de mostrar a diversos personajes en peligro. Algún elemento original (los todopoderosos EE.UU. pidiendo ayuda al Tercer Mundo, la quema de libros para obtener calor) no ocultan los puntos débiles: la obcecación del padre por ir a buscar a su retoño, poco verosímil, y el modo en que se resuelve el film, donde las cosas ocurren porque sí. También resulta llamativa la ausencia de lo trascendente en una historia que nos presenta poco menos que la inminencia del fin del mundo.

6/10
Las cruzadas

2001 | Crociati | Serie TV

Interesante miniserie televisiva italiana sobre los apasionantes hechos históricos de las cruzadas. Con adecuado tono épico, el film nos sitúa en el siglo XI, cuando el Papa Urbano II convoca una cruzada contra los sarracenos, para liberar la ciudad santa de Jerusalén. El film sigue las andanzas de tres jóvenes amigos, Richard, Peter y Andrew, que desean unirse al ejército cruzado. En el reparto destacan Alessandro Gassman y Franco Nero.

4/10
Un túnel hacia la libertad

2001 | Der Tunnel

Harry Melchior es un campeón de natación de Alemania del Este. Cuando gana una medalla se niega a recibirla porque no está de acuerdo con el régimen comunista, y algo después consigue escapar del país, poco antes de la construcción del Muro de Berlín. Su hermana se ha quedado detrás de este muro, por lo que Harry se propone cavar un túnel para que ella consiga pasar al lado occidental. Varios amigos intentan aprovechar el túnel para escapar, ya que viven en situaciones precarias. Cuidada reconstrucción de una historia real: la huida de 29 personas a través de un túnel de Berlín Oriental. Sus peripecias ya dieron lugar al film Escape from East Berlin, de Robert Siodmak. El alemán Roland Suso Richter opta por un estilo realista a la hora de recomponer los dramáticos sucesos.

7/10
Seducción asesina

2001 | And Never Let Her Go

Extensísimo telefilm de más de tres horas de duración que narra una historia real, que más tarde fue recogida en el libro de Ann Rule. Cuenta la desaparición de una mujer después de mantener una relación amorosa con un abogado prestigioso, poderoso y.... casado. Por supuesto las sospechas estaban claras. El reparto es solvente, encabezado por el televisivo Mark Harmon.

5/10
Nivel 13

1999 | The Thirteenth Floor

El enigmático empresario Hannon Fuller ha muerto de modo misterioso. Su amigo y socio Douglas se ve inmerso, a su pesar, en una peligrosa espiral de crímenes, donde el trago más amargo es el descubrimiento de que Fuller llevaba una curiosa doble vida en mundos paralelos: por un lado, vivía en 1937, por otro, en la futurista época del presente. Película de ciencia ficción que juega con el concepto de realidad virtual y otras ideas que recuerdan a Matrix. El director, apadrinado por Roland Emmerich (Independence Day), se pone trascendente cuando explica su film: “El contexto filosófico, sobre la cuestión de quién es el creador y cuál es la creación. (...) Son temas que me intrigaron, ese discurso existencialista sobre el dilema de qué y quién es Dios y cuál es la realidad.” Los efectos especiales y las maquetas son magníficos, en una historia donde está presente la intriga tipo Hitchcock e incluso el romance.

5/10
Comedian Harmonists

1997 | Comedian Harmonists

El alemán Joseph Vilsmaier sigue con su afición a las historias reales, al contar la trayectoria de un sexteto musical –uno tocaba el piano y los otros cinco cantaban–, que actuaron juntos entre 1927 y 1934, momento en que los nazis suben al poder, una mala noticia para tres de ellos que eran judíos. El film, de cuidadísima dirección artística, atrapa por su interés humano, y por el gran talento musical de los 'Comedian Harmonists', que imitaban los diversos instrumentos con sus cuerdas vocales.

6/10
Marina Oswald

1993 | Fatal Deception: Mrs. Lee Harvey Oswald

Marina Oswald era la joven esposa de Lee Harvey Oswald, el hombre que disparó a la comitiva presidencial y produjo la muerte del presidente John F. Kennedy. Mediante flashbacks, la película hace un recorrido por la vida en común de Marina con su marido Lee, desde su estancia en Rusia, su vida familiar y los hechos que rodearon a la muerte del presidente y el posterior asesinato de Harvey, camino de la cárcel. Película hecha para la televisión donde Helena Bonham Carter se pone en la piel de la esposa de Oswald, trabajo por el que fue nominada a mejor actriz en los Globos de Oro.

5/10
2012

2009 | 2012

Esto se acaba. O sea, el mundo. Lo ha predicho un astrofísico indio en 2009, el sol se ha vuelto un poco loco, tormentas en el astro rey y tal, y los neutrinos han dado pie a nuevas partículas elementales, con reacciones que irán afectando de modo creciente al núcleo y a la corteza terrestres. Aunque en realidad ya los mayas, muy previsores, concibieron un calendario que termina en 2012. Total, que en tres años, y de modo supersecreto, las grandes potencias se ponen de acuerdo para construir unas naves gracias a las cuales se salvarán unas 400.000 personas. Menos da una piedra. La fecha fatídica del fin del mundo se acerca, y diversos personajes –una familia con dos hijos, los padres divorciados y un tercero en el hogar; un científico muy listo que tiene a su padre en un barco; el viudo presidente negro de los Estados Unidos y su hija; un ‘nuevo rico’ ruso con sus dos retoños y su amante; más algunos tibetanos que pasaban por ahí...– se enfrentan a la dura realidad, cada uno a su modo. El alemán Roland Emmerich es especialista en destrozos y demoliciones del cine de acción, como probó en Independence Day, Godzilla y El día de mañana. Aquí el desafío es un ‘más difícil todavía’, y probablemente sólo de este modo puede ser juzgada 2012, que argumentalmente apenas depara una mínima sorpresa, que no es cuestión de desvelar. Se trata de un film fiel a los cánones del cine catastrofista, concebido como una atracción ferial, donde se trata de disfrutar con carreteras ‘arrugándose’, puentes estrujados, edificios hechos mil añicos, grietas y erupciones, autos volando, barcos volcados, etc, etc. Y en efecto, se alcanzan cotas de gran perfección en los efectos especiales, de modo particular en el destrozo de edificios emblemáticos. Sobre esto sólo cabe criticar el desmesurado metraje de la cinta, la cosa se podía haber despachado en menos de dos horas. Y como el presupuesto se va en los mentados efectos, a la hora de hacer el reparto se ha optado por actores carismáticos, pero no estrellas de sueldos prohibitivos. Algún despistado podría esperar que el film invitara a alguna reflexión sobre qué debería hacer uno si supiera que el tiempo se le acaba. Pero eso sería pedir peras al olmo, no se va más allá de señalar que hay que amar al prójimo, y sacrificarse por él. La religión en este contexto es un mero elemento ornamental, creer que obedece a alguna razón que los únicos iconos religiosos cuya destrucción se contempla son el Cristo de Río de Janeiro, San Pedro y la Capilla Sixtina, mientras un sabio lama parece poco menos que el culmen de la sabiduría, sería conceder al film una elaboración intelectual de la que carece por completo. En tal sentido tal vez sería más exacto decir que Emmerich director juega a ser Dios, decidiendo quién vive y quién muere en el film. Y se lo pasa divinamente.

4/10
10.000

2008 | 10,000 B.C.

El alemán Roland Emmerich es uno de los reyes del blockbuster, desde que se instaló en Hollywood a principios de los 90. Algo tendrá este director cuando le bendicen, pues lo cierto es que no ha tenido ningún batacazo y alguno de sus trabajosha sidotodo un acontecimiento para las taquillas. Y lo que tiene Emmerich es una habilidad innata para vender lo que rueda, y un sentido del espectáculo que compensa bastante sus defectos narrativos y sus frecuentes momentos surrealistas, estilo presidente de los Estados Unidos al frente de sus tropas en un caza –en su mayor éxito, Independence Day–, o el movimiento de emigración de Estados Unidos a México de El día de mañana. Así debe tomarse 10.000, un cómic de lujo que irritará a quienes se lo tomen demasiado en serio, pero que ofrece momentos muy vistosos, al jugar la baza de los efectos especiales de vanguardia, que ofrecen unos mamuts que parecen de carne y colmillos. El título español resulta confuso, pues no se sabe muy bien si hace referencia a 10.000 guerreros, como en 300, pero a lo bestia. En realidad se refiere al año 10.000 antes de Cristo. Uno se pregunta si la obsesión por el laicismo en la España actual ha provocado que los distribuidores tengan miedo de que aparezca la palabra Cristo en el título, y ése es el auténtico motivo de que rebautizaran así un film que originalmente se llama 10.000 B.C. Tiene muchos puntos en común la película con la mucho más redonda Apocalypto, que debió estrenarse cuando el propio Emmerich y el hasta ahora compositor Harald Kloser, ya tenían cerrado el guión y el proyecto estaba muy avanzado. En ambos filmes, un grupo de indígenas lleva una existencia idílica, dedicados a la caza. Hasta que unos guerreros de una civilización superior asolan su aldea y capturan a varios de los habitantes. En este caso, D’Leh, joven cazador, encabeza una expedición de rescate, pues los captores se han llevado entre otros a su amada Evolet, una joven que presenta un rasgo inédito entre los suyos, pues tiene los ojos azules. La prehistoria de Emmerich, en la que caben hasta pirámides egipcias, es tan fantasiosa que se parece mucho más al mundo mágico de Conan, el bárbaro que a En busca del fuego, que junto al principio de 2001: una odisea del espacio, es hasta la fecha la mejor de las pocas incursiones cinematográficas en los albores de la humanidad. También tiene puntos en común con Stargate, del propio Emmerich, en la que unos hombres prehistóricos convivían con civilizaciones más avanzadas y donde el espectador acababa aceptando cualquier elemento fantasioso. Quizás el error de Emmerich en esta ocasión es que no muestra sus cartas desde el principio, por lo que no acaba de funcionar del todo que de repente aparezcan unas monstruosos aves, unos villanos que usan barcos y son de una era distinta a los protagonistas, e incluso elementos de brujería. Y todo eso a pesar de que sus hombres de las cavernas, de estética rastafari, no resultaban del todo convincentes. El cine se toma muchas licencias en sus películas históricas, a veces sin un mínimo de rigor histórico. Aún así, en cintas como Gladiator, el espectador pone mucho de su parte para suponer que está en la antigua Roma. No ocurre así en este caso, en el que a partir de un punto del metraje deja de ser por completo una cinta prehistórica. Se aprecia un esfuerzo del director –y coguionista– por darle cierto fondo a un relato, que gira en torno al sacrificio en aras del amor, y que acierta al plantearse que los avances técnicos mal utilizados no dan lugar a una civilización mejor necesariamente, sino que eso depende de la finalidad con la que se utilicen. En cualquier caso, que el público sepa que lo que va a ver son secuencias tan apabullantes como la cacería inicial.

4/10

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