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Biografía

Rick Rowley

Rick Rowley

Filmografía
16 Shots

2019 | 16 Shots

¿Qué invadimos ahora?

2015 | Where to Invade Next

Los documentales de Michael Moore son perfectamente reconocibles, y el que nos ocupa no es la excepción. El cineasta, al igual que hizo en Fahrenheit 9/11 y Bowling for Columbine, por citar sus títulos más celebrados, recurre a la ironía burlona para cuestionar a unos Estados Unidos a los que asegura amar, pero que le parece que no están a la altura de las actuales circunstancias históricas; y para demostrarlo acude a las comparaciones con otros países, mayormente la vieja Europa, aunque también Túnez. La idea es reírse de la vieja costumbre americana de invadir países, que ahora estaría un poco en decadencia, pero que Moore retoma visitando países europeos como Italia, Francia, Portugal, Noruega, Alemania, Eslovenia o Islandia a los que "invade" robándoles ideas como vacaciones pagadas, cobertura sanitaria universal, buena alimentación, la no criminalización de los consumidores de drogas, la universidad gratuita o las cárceles que buscan la redención de los presos, entre otras. Las virtudes y defectos del film son los usuales en el cineasta. Logra entregar un film muy entretenido –aunque se pasa con su excesivo metraje de dos horas–, y critica algunas debilidades de la versión actual del "American Way of Life"; pero a la vez es muy, muy simplista, pues la visión que da de Europa y Túnez resulta absolutamente idílica, parece que no exista en esos lugares ningún problema, aparte de que es tan negativo con su propio país que el intento final de recuperar a los suyos suena a bastante tramposo, no parece que vaya a hacer muchos amigos entre sus compatriotas. Además en la "turmix" de Moore, parece que cabe todo y que todo es lo mismo, así  igual habla del derecho al aborto y a una educación sexual desconectada del amor y la responsabilidad, que de los abusos de los bancos o la comida basura, y hemos de creer que el matrimonio gay es un hito semejante a la caída del Muro de Berlín, o que en Estados Unidos se persigue el consumo de drogas para encerrar a los negros en la cárcel, todo lo cual, como mínimo, es, simple y llanamente, mezclar churras con merinas.

6/10
Guerras sucias (Dirty Wars)

2013 | Dirty Wars

Auténtico viaje de descubrimiento y decepción del periodista de investigación Jeremy Scahill, que a partir de un ataque de tropas estadounidenses en un lugar remoto en Afganistán se topa con la punta del iceberg de todo un entramado de guerra sucia para combatir el terrorismo, iniciado bajo la presidencia de George W. Bush e intensificado por el actual inquilino de la Casa Blanca, Barack Obama. De modo que averigua la existencia de la misteriosa JSOC, un comando de operaciones especiales del que nadie sabe nada hasta que pueden apuntarse a bombo y platillo el éxito de la eliminación de Osama Bin Laden. El valor de este documental dirigido por Rick Rowley, y narrado por su auténtico protagonista, Jeremy Scahill, es su mirada nada naïf que busca exponer la verdad de los hechos sin tapujos. Por supuesto que el avezado reportero sabe de los desafíos a que se enfrentan Estados Unidos y el mundo por la amenaza terrorista, pero eso no impide, al contrario, lo exige, un riguroso código moral de actuación y ciertas garantías legales que brillan por su ausencia. El planteamiento de las autoridades americanas sería el clásico del “todo vale”, “es inevitable que haya víctimas colaterales inocentes”, etcétera, con operaciones encubiertas que buscan eliminar no sólo amenazas, sino potenciales amenazas, como la del hijo adolescente de Anwar Awlaki. La guerra es algo horrible, constata Guerras sucias (Dirty Wars), y el relato, bien ensamblado, prueba, como se suele decir, que una de sus primeras víctimas es la verdad, junto a cierta degradación moral, que lleva a acostumbrarse a hechos deleznables, invocando razones del “mal menor” o de “prevención”. El documental nos dice que no hay respuestas sencillas, pero también es muy elocuente acerca de la espiral de violencia que se produce cuando se dejan de lado ciertos estándares morales y se pone uno a la altura del mal que dice combatir; el precio es demasiado alto. De más de un testimonio que escuchamos en la cinta se colige que muchos terroristas pueden haberse decidido a serlos después de una acción que demuestra que la superioridad moral de occidente no era tal. Pero es que además uno ha de admitir que se han traicionado los principios que uno decía defender. La película no sólo aparece cargada de razones, sino que su discurso está bien trabado y no cansa, y se acierta al no adoptarse aires de ser “los más listos de la clase”. Se usan bien ciertas grabaciones en vídeo reveladoras, la música acompaña bien sin imponerse, y hay buenas ideas como el uso del blanco y negro hacia el final de la historia, para hablar de esperanzas tal vez truncadas.

6/10
16 Shots

2019 | 16 Shots

Guerras sucias (Dirty Wars)

2013 | Dirty Wars

Auténtico viaje de descubrimiento y decepción del periodista de investigación Jeremy Scahill, que a partir de un ataque de tropas estadounidenses en un lugar remoto en Afganistán se topa con la punta del iceberg de todo un entramado de guerra sucia para combatir el terrorismo, iniciado bajo la presidencia de George W. Bush e intensificado por el actual inquilino de la Casa Blanca, Barack Obama. De modo que averigua la existencia de la misteriosa JSOC, un comando de operaciones especiales del que nadie sabe nada hasta que pueden apuntarse a bombo y platillo el éxito de la eliminación de Osama Bin Laden. El valor de este documental dirigido por Rick Rowley, y narrado por su auténtico protagonista, Jeremy Scahill, es su mirada nada naïf que busca exponer la verdad de los hechos sin tapujos. Por supuesto que el avezado reportero sabe de los desafíos a que se enfrentan Estados Unidos y el mundo por la amenaza terrorista, pero eso no impide, al contrario, lo exige, un riguroso código moral de actuación y ciertas garantías legales que brillan por su ausencia. El planteamiento de las autoridades americanas sería el clásico del “todo vale”, “es inevitable que haya víctimas colaterales inocentes”, etcétera, con operaciones encubiertas que buscan eliminar no sólo amenazas, sino potenciales amenazas, como la del hijo adolescente de Anwar Awlaki. La guerra es algo horrible, constata Guerras sucias (Dirty Wars), y el relato, bien ensamblado, prueba, como se suele decir, que una de sus primeras víctimas es la verdad, junto a cierta degradación moral, que lleva a acostumbrarse a hechos deleznables, invocando razones del “mal menor” o de “prevención”. El documental nos dice que no hay respuestas sencillas, pero también es muy elocuente acerca de la espiral de violencia que se produce cuando se dejan de lado ciertos estándares morales y se pone uno a la altura del mal que dice combatir; el precio es demasiado alto. De más de un testimonio que escuchamos en la cinta se colige que muchos terroristas pueden haberse decidido a serlos después de una acción que demuestra que la superioridad moral de occidente no era tal. Pero es que además uno ha de admitir que se han traicionado los principios que uno decía defender. La película no sólo aparece cargada de razones, sino que su discurso está bien trabado y no cansa, y se acierta al no adoptarse aires de ser “los más listos de la clase”. Se usan bien ciertas grabaciones en vídeo reveladoras, la música acompaña bien sin imponerse, y hay buenas ideas como el uso del blanco y negro hacia el final de la historia, para hablar de esperanzas tal vez truncadas.

6/10
16 Shots

2019 | 16 Shots

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