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Nota decine21
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Gracias a Dios

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Grâce à Dieu

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Sinopsis oficial

Gracias a Dios

Alexandre vive en Lyon con su esposa e hijos. Por casualidad, se entera de que el sacerdote que abusó de él cuando era un boy scout sigue trabajando con niños. Se lanza en un combate al que no tardan en unirse François y Emmanuel, otras víctimas del sacerdote, con el fin de “liberarse” de sus sufrimientos a través de la palabra. Pero las repercusiones y consecuencias de sus testimonios no dejarán a nadie indemne.

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Crítica decine21.com

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7
Las ovejas heridas y el mal pastor
Las ovejas heridas y el mal pastor

Terrible película basada en dolorosos hechos reales, el abuso sexual de menores por el padre Bernard Preynat, que él mismo admite, y la acusación de encubrimiento de su obispo en Lyon, el cardenal Barberin, que niega categóricamente. Está hábilmente estructurada siguiendo a tres víctimas, de protagonismo consecutivo, y cuyo modo de encajar la agresión va de mejor a peor: Alexandre, brillante profesional, está casado, tiene cinco hijos y mantiene su fe; François derivó al ateísmo, pero ha podido formar una familia y pasar página; mientras que Emmanuel ha desarrollado claras patologías. La denuncia del primero en el obispado y una respuesta insatisfactoria dispara el procedimiento civil, con más denuncias y la formación de una asociación de víctimas.

François Ozon, director y guionista, tiene en su filmografía dos títulos muy notables, Frantz y En la casa, pero el resto es irregular, también por su inclinación hacia las tramas malsanas que abordan situaciones complejas y personajes psicológicamente desequilibrados, perdidos en mil traumas y obsesiones. Aquí, en la estela de Spotlight, se ciñe por primera vez a sucedidos auténticos, abordando un tema de rabiosa y triste actualidad, los casos de pederastia en la Iglesia que siguen copando la primera plana de los medios. Al poco de presentar su película en el Festival de Berlín, donde fue reconocida con el Gran Premio del Jurado, un tribunal de civil declaraba a Barberin culpable de obstrucción a la justicia, condenándole a ocho meses de prisión, polémica sentencia que ha sido recurrida y sobre la que deberá pronunciarse una instancia superior. No es éste el lugar para indagar sobre todos los detalles del caso, pero me permito incluir este enlace para quien desee más información.

No deja de ser curioso que Ozon, conocido por el tono morboso y sexualmente explícito de gran parte de su cine, dé un giro de 180 grados con un enfoque contenido en esta turbia historia anclada en la realidad, procurando abordar los hechos con rigor y calculada ambigüedad, ofreciendo con buen pulso dramático el punto de vista de los distintos personajes y procurando ser delicado en los pasajes que podían ser más escabrosos, aquellos en que se evocan los abusos. De este modo se pueden entender las distintas posiciones, y el daño tremendo que puede seguir al escándalo, incluida la pérdida de la fe, por la inconsecuencia entre las palabras de Cristo, escuchadas y predicadas, y el modo en que se percibe que son encarnadas en la propia vida, por parte de unos pastores que deberían dar buen ejemplo y guiar a las ovejas que se le han confiado, si tomamos al pie de la letra las palabras de Jesús en que describe el ministerio de sus discípulos.

Resulta poco menos que imposible ser ecuánime ante un vidrioso film como éste, sobre todo si el espectador parte de posiciones inamovibles. Inevitablemente, dejará mal sabor de boca al fiel católico, por los propios hechos descritos y el terrible daño sufrido por las víctimas, por el uso como arma arrojadiza que algunos harán de la película para atacar a la Iglesia –algunos no entienden, al hablar de “la institución”, que para un creyente la Iglesia la forman todos y cada uno de los fieles unidos a Cristo, no se trata de una “estructura”–, y porque el caso de Lyon y otros han cobrado una enorme fuerza simbólica, amplificados por la caja de resonancia mediática que incluye internet y el propio film Gracias a Dios; reconocido por todos el horror de los casos de sacerdotes pederastas, la carga de la duda se arroja sobre los hombros de sus superiores, si supieron manejar la situación cuando tuvieron conocimiento de ella, si deberían haber denunciado la situación inmediatamente, etcétera. Y hasta puede entenderse que en río tan revuelto las creencias más hondas del creyente devoto puedan sufrir más de una conmoción.

Ayuda de modo clave en el buen funcionamiento fílmico del trabajo de Ozon su esfuerzo por retratar seres humanos cercanos, ninguno se convierte en burda caricatura, ya sean víctimas, padres, familia, el sacerdotes pederasta, el obispo, la psicóloga de la diócesis, abogados y funcionarios de la justicia. El cineasta galo era consciente de que haría un daño letal a su obra dotarla de un tono tosco y panfletario, y quizá él mismo ha entendido que debía ser lo más justo posible, sabiendo que llegaría a las salas con el caso todavía en estudio en los tribunales. Y así, aunque pueden parecer incompletos algunos rasgos de ciertos personajes, o que se incide demasiado en un modo de acoger a las víctimas burocrático o calculador, en general se aprecia un interés sincero por ofrecer un retrato creíble de lo que es un relato ficcionado sobre hechos reales. También se advierte el esfuerzo de un enfoque honesto al apuntar que no sólo en la Iglesia ha habido abusos –el caso de la mujer de Alexander–, o las discrepancias que surgen, en el modo de encarar su actuación ante la opinión pública, en el mismo seno de “La Parole Liberée”, la asociación de víctimas, incluso con cotilleos sobre otros cuando están ausentes. Las debilidades de unos y otros, el asomo del odio, el rencor y la incapacidad de perdonar, el arrugarse porque se desea recuperar una vida normal, ayuda a vislumbrar que nadie es un héroe de una pieza en esta triste historia.

Por supuesto el elenco actoral ayuda que el espectador vea ante sus ojos personas y se conmueva con sus cuitas, y a tal efecto hacen un buen trabajo, entre otros, Melvil Poupaud, Denis Ménochet, Swann Arlaud y Éric Caravaca, víctimas, y con menos peso, Bernard Verley, el padre Preynat, François Marthouret, el cardenal Barberin, y Martine Erhel, la psicóloga Régine Maire.

Perdonar o no perdonar, he ahí el dilema

ozonQuizá “perdón” sea la palabra clave para entender la lectura que hace el film del caso Preynat. En un momento del film, la mujer de Alexandre le dice a su marido que si perdona al padre Preynat, continuará siendo una víctima toda su vida.

Explica sobre esto el director y guionista François Ozon: “Una afirmación que plantea preguntas que yo mismo me hice. Dentro de la lógica redentora de la religión católica, el encuentro organizado por Régine Maire [la psicóloga] entre Alexandre y Preynat es concebible. Normalmente, el sacerdote debería pedir perdón, pero Preynat no lo hace y el cardenal Barbarin se enfurece. Al contrario, en opinión de los psicólogos especializados con los que hablé, este encuentro es una auténtica aberración, ya que Alexandre vuelve a ocupar la posición de víctima ante el verdugo que sigue siendo Preynat. Para que el encuentro pueda ser positivo o reparador, es necesario salir del espacio ambiguo de la religión y de la moral para encontrar un marco jurídico."

Y continúa Ozon: "De ahí el interrogante implícito: ¿La eterna situación de espera de la Iglesia se debe a que solo se trata de una institución envejecida y estancada, o a la propia naturaleza de la religión católica, una religión del perdón por excelencia? En un momento, Barbarin dice: ‘Siempre habrá una puerta abierta para los pecadores’, al tiempo que insiste en que debe sancionarse a Preynat. Es un discurso ambiguo, ¿exactamente dónde se posiciona? De ahí que la fe de Alexandre se tambalee, se quede en suspenso cuando su hijo le pregunta al final: ‘¿Sigues creyendo en Dios?’. De hecho, habría sido mejor preguntar: ‘¿Aún crees en la institución católica?’”

Tiene una visión diferente el actor que da vida a Alexandre, Melvil Poupaud: “Al leer el guion, fue lo único con lo que no estuve de acuerdo con François. En mi opinión, si tienes fe, no puedes decir una cosa así. Una auténtica creyente diría: ‘Oremos para que encuentres la fuerza para perdonarle’. No somos nosotros quienes concedemos el perdón al otro. No es la reflexión ni el trabajo de uno mismo, ni siquiera es una cuestión de moral. Es una gracia del Señor que nos sobrepasa y nos hace capaces de perdonar incluso lo imperdonable. Lo que no impide que después Alexandre lo denuncie ante la justicia. El perdón y la justicia son dos cosas diferentes.”

DVD, Plataformas digitales
Distribuye: Cameo
Extras: Español y francés 5.1.
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