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La Divina Misericordia
7 /10 decine21

La Divina Misericordia

Milosc i milosierdzie

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Sinopsis oficial

Una película que reconstruye los momentos más relevantes de la vida de Santa Faustina Kowalska y del origen de una devoción que siguen diariamente millones de personas de todo el mundo.

7 /10 decine21

Crítica

La mística Faustina Kowalska y su legado

La mística Faustina Kowalska y su legado

La historia de la devoción a la Divina Misericordia, impulsada por la monja polaca Faustina Kowalska (1905-1938) y por su principal colaborador, el padre Michał Sopoćko, director espiritual de Kowalska. Esta monja recibió extraordinarias gracias por parte de Dios, quien le encomendó que fuera pintado un cuadro que mostrara a Jesucristo derramando el abismo de su misericordia sobre el mundo, al tiempo que le encargaba que se instituyera una fiesta litúrgica de la Divina Misericordia y que se difundiera su devoción. A la muerte de la monja por tuberculosis a la temprana edad de 33 años, Sopoćko prosiguió con su legado. La devoción fue extendiéndose hasta desembocar en la fundación de una nueva congregación dedicada a difundir la Divina Misericordia en el mundo, según las visiones que había tenido Kowalska antes de morir.

La Divina Misericordia podría encuadrarse en el género del docudrama. Tiene dos partes claramente diferenciadas: por un lado, comienza siendo una historia dramatizada como si de una película de ficción se tratara pero que también intercala en medio de la narración entrevistas con personas de la actualidad –principalmente sacerdotes y religiosas de la Congregación de la Divina Misericordia–, que glosan los sucesos ficcionados y completan con datos y más información el itinerario de los personajes y cómo se fue abriendo camino en la Iglesia la devoción a la Divina Misericordia, desde Polonia hasta Estados Unidos y México y luego hasta el mundo entero. Y luego hay una segunda parte, ya más claramente del género documental, en donde se habla del cuadro original –muy llamativa la comparación con la Sábana Santa de Turín– y de la devoción a la Divina Misericordia en la actualidad, desde que San Juan Pablo II, siendo aún el cardenal Karol Wojtyla, se propusiera rescatar del olvido y la ignominia a Faustina Kowalska. Esta parte responde a un reportaje más convencional, en donde se narran por medio de entrevistas, anécdotas y experiencias personales las actividades de la Congregación de la Divina Misericordia y se explica el mensaje que transmite al mundo, sobre todo en favor de los enfermos, los pecadores y agonizantes.

Tratándose de una película religiosa, llama la atención el cuidado interior y exterior de la película de Michal Kondrat, cuyo modo de hacer pudimos ver anteriormente en Dos Coronas, película religiosa sobre Maximiliano Maria Kolbe, santo polaco martirizado por los nazis. Con similar recurso narrativo –drama y documental–, Kondrat da muestras de dominar el arte cinematográfico y de tener a la vez una sensibilidad religiosa de altura, capaz de aportar una catequesis católica nunca cargante o almibarada, siempre de gran seriedad teológica y rigor histórico. Habla con claridad y concisión (ese comienzo que pone en contexto la historia que va a contar), usa la elipsis con contundencia y es breve siempre en su exposición. Evita así que los planos que pudieran chirriar más –los de las primeras apariciones de Cristo, sobre todo– sean convincentes. Por otro lado, es inevitable que el guión quede un tanto cojo si lo comparamos con la gran cantidad de datos que tenemos de Kowalska, quien dejó escrito un voluminoso diario en donde recogía sus innumerables visiones –Cristo, la Virgen, el Niño Jesús, San José, etc.– y sus continuas mociones sobrenaturales y experiencias místicas.

Hay que reconocer que la parte ficcionada de la película resulta reconfortante gracias también al casting. La actriz Kamila Kaminska aporta a la protagonista una gran personalidad, con esa mirada azul, reconcentrada, capaz de transmitir también algo distinto y quizá inquietante, un modo de ser que casa muy bien con la idea extraordinaria que tenemos de Kowalska, una mujer en cierta forma misteriosa, como pocas ha habido en el mundo. Por su parte, Maciej Malysa da siempre el toque de naturalidad de quien tiene los pies en la tierra, un sacerdote santo que parece estar superado por los acontecimientos.

María Faustina Kowalska

María Faustina Kowalska –más conocida simplemente como Faustina Kowalska­– nació en 1905 en Głogowiec, una localidad cercana a Lodz, en Polonia. Desde muy niña sintió que Dios la llamaba a dedicarle su vida entera. No sin muchos obstáculos, con veinte años entró en el convento de la Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia y empezó a tener numerosas experiencias místicas, según las cuales Dios le encomendaba que diera a conocer al mundo su inagotable Misericordia con los pecadores. Para hacer llegar ese mensaje la monja sufrió mucho y, como suele ocurrirle a los grandes santos de la Iglesia, fue muy incomprendida. Pero encontró un aliado magnífico en su director espiritual, el padre Michał Sopoćko. María Faustina Kowalska murió de tuberculosis el 5 de octubre de 1938 en Cracovia. Fue canonizada por San Juan Pablo II el 30 de abril de 2000, día en que también instituyó la Fiesta de la Divina Misericordia para toda la Iglesia.

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