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Siempre hay un mañana
7 /10 decine21

Siempre hay un mañana

There's Always Tomorrow

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7 /10 decine21

Crítica

Reencuentro

Reencuentro

Clifford Groves es un fabricante de juguetes, encantado con su trabajo, siempre elaborando nuevas líneas de productos para los más pequeños, muñecas, robots y trenes eléctricos. Casado desde hace veinte años con Marion, y padre de tres hijos, trata de poner ilusión en el día a día, pero siente que su vida se ha convertido en una cansina rutina, donde su esposa está más pendiente de los retoños y sus percances, típicos de la adolescencia y el noviazgo, que de él. Tras dos planes frustrados en pareja, aparece en escena Norma Miller Vale, que colaboró profesionalmente con Clifford años atrás. Y disfrutan pasando tiempo juntos, tras una coincidencia casual en un hotel donde él debía reunirse con un importante empresario juguetero. Se ha encendido la chispa de la pasión, lo que no dejan de detectar dos de los hijos, y que afecta especialmente al mayor, que ve cómo el descubrimiento influye negativamente en la relación con su novia, se ha producido en él un cierto desencanto en su visión idealista del amor, donde sus padres eran unos referentes.

Adaptación de la novela de Ursula Parrott, que ya en 1934 había sido objeto de una versión cinematográfica con el título de There's Always Tomorrow, dirigida por Edward Sloman, y con Frank Morgan y Binnie Barnes de pareja protagonista. Ofrece una interesante mirada al peligro de que la rutina se instale en el matrimonio, y en que la pasión escondida y el amor imposible reconcoman por dentro. De modo que se puede acabar actuando de modo automático, de ahí que la imagen del juguete del robot sea muy poderosa.

El film contrapone el estilo de vida de una mujer independiente –con una carrera profesional exitosa en el mundo del diseño de la moda, pero a la que le falta algo, en el fondo envidia a la familia de Groves–, con el de los dos esposos, especialmente Marion, ama de casa con mentalidad práctica para afrontar los desafíos domésticos, y que incluso ya no se pone vestidos sexys o juveniles, porque ahora es madre de familia y tiene una responsabilidad. Se viene a indicar que ambas posiciones tienen ventajas e inconvenientes, y hay que saber aceptar la propia posición social, y en cualquier caso, no renunciar a la búsqueda de la felicidad. 

La película, estupenda, y muy sugerente, no tuvo el éxito esperado, quizá por decisiones atrevidas como la de filmar en 1955 en blanco y negro –algo no habitual en la filmografía melodramática de Douglas Sirk– con una realista fotografía del maestro Russell Metty. Las imágenes juegan con el simbolismo de la lluvia, un componente no habitual en la California donde transcurre la acción, que ayudan a acentuar la "grisura" de una vida donde unos días se parecen mucho a los que siguen. También resulta muy adecuada la presencia repetida del nostálgico tema musical "Blue Moon". El rodaje fue como la seda y solo duró dos meses. El director alabó a sus dos actores: “Fred MacMurray era un actor muy bueno, y ambiguo: era un hombre de éxito en el trabajo pero un fracaso en su hogar. Barbara Stanwyck era una actriz excelente”. Ambos habían trabajado una década antes en la mítica muestra de cine negro Perdición.

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