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Lista de cine

Las 100 mejores películas sobre noviazgo, matrimonio y relaciones de pareja

De entrada parece muy bonito eso del compromiso matrimonial y el hogar con niños, y desde luego se trata de una aventura apasionante.

Pero no todo en el matrimonio es de color rosa, y tras el enamoramiento y la consiguiente boda, en la convivencia aparecen las dificultades: rutina, abandono, atracción por otras personas, fracasos profesionales, familia política... Ofrecemos una lista de más de 100 títulos sobre noviazgo, matrimonio y relaciones de pareja.

Hemos hecho particular incidencia en los filmes que abordan primordialmente las dificultades que pueden surgir en la relación hombre-mujer, como la infidelidad, la violencia doméstica, el divorcio, el aburrimiento, la rutina, el envejecimiento mal llevado... De modo que, concretamente, para el tema de la educación de los hijos, remitimos a otras listas, aunque en algún título la cuestión puede estar también presente.

Las 100 mejores películas sobre noviazgo, matrimonio y relaciones de pareja
(2019) | 90 min. | Drama Tráiler
Al retirado campeón de automovilismo Jean-Louis Duroc, interno en una residencia de ancianos, le diagnostican Alzheimer. Su hijo acude a visitar a la antigua productora de cine Anne Gauthier, que mantuvo una breve relación con su padre, porque éste aún la recuerda como el gran amor de su vida, así que le pide que acuda a visitarlo, ya que está convencido de que volver a verla le hará mucho bien. Claude Lelouch se enfrenta a su película 49, después de que hayan transcurrido ese número de años y alguno más. Recupera a los personajes de su mayor éxito, Un hombre y una mujer, de 1966, por el que ganó el Oscar al mejor guión y la Palma de Oro en Cannes. Ya rodó una secuela, Un hombre y una mujer: 2ª parte, en 1986, y un film del mismo corte, pero en clave de western, Otro hombre, otra mujer, de 1977. Apela a la nostalgia desde el arranque, cuando una terapeuta del centro en el que vive el protagonista propone a los residentes ejercitar la memoria, recordando la fecha de acontecimientos históricos destacados de las últimas décadas, como la elección de François Mitterrand como presidente, o los atentados del 11 de septiembre de 2001. Un amplio porcentaje de la cinta se compone de flash-backs, en los que en realidad se repite el metraje más destacado de la primera parte (ignorando por completo la segunda), y resuena, como no podía ser de otra manera, el famoso “Ba daba daba”, compuesto para aquélla por Francis Lai. Sin embargo, el visionado resulta ameno, porque ofrece una visión muy optimista de la última etapa de la vida, en la que se nota la sinceridad del propio realizador, que vislumbra que se acerca al final. Se habla también de las oportunidades perdidas para mantener lo que verdaderamente importa, deduciéndose una crítica sin aspavientos a la época en la que triunfó la famosa cinta, cuando faltaba poco para el mayo del 68, y a la época de la contracultura. Entonces se abogaba por el amor libre, lo que implicaba no mantener en el tiempo relaciones que hubieran podido ser más serias y profundas. Como ocurría con sus dos predecesoras, Los años más bellos de una vida se compone sobre todo de conversaciones entre los dos protagonistas, Lelouch debió ser una buena fuente de inspiración para Richard Linklater, para su trilogía iniciada con Antes del amanecer. Enfermo de cáncer en la vida real, el casi nonagenario Jean-Louis Trintignant –más deteriorado físicamente que en Amor, de 2012– mantiene gran parte de su fuerza en pantalla, mientras que Anouk Aimée ha envejecido mejor, y no ha perdido su talento. Sorprende la intensidad de Monica Bellucci, que aparece únicamente en una escena, que quizás aporta poco al conjunto, lo que da igual por su brillantez.
6/10
(1955) | 84 min. | Drama
Clifford Groves es un fabricante de juguetes, encantado con su trabajo, siempre elaborando nuevas líneas de productos para los más pequeños, muñecas, robots y trenes eléctricos. Casado desde hace veinte años con Marion, y padre de tres hijos, trata de poner ilusión en el día a día, pero siente que su vida se ha convertido en una cansina rutina, donde su esposa está más pendiente de los retoños y sus percances, típicos de la adolescencia y el noviazgo, que de él. Tras dos planes frustrados en pareja, aparece en escena Norma Miller Vale, que colaboró profesionalmente con Clifford años atrás. Y disfrutan pasando tiempo juntos, tras una coincidencia casual en un hotel donde él debía reunirse con un importante empresario juguetero. Se ha encendido la chispa de la pasión, lo que no dejan de detectar dos de los hijos, y que afecta especialmente al mayor, que ve cómo el descubrimiento influye negativamente en la relación con su novia, se ha producido en él un cierto desencanto en su visión idealista del amor, donde sus padres eran unos referentes. Adaptación de la novela de Ursula Parrott, que ya en 1934 había sido objeto de una versión cinematográfica con el título de There's Always Tomorrow, dirigida por Edward Sloman, y con Frank Morgan y Binnie Barnes de pareja protagonista. Ofrece una interesante mirada al peligro de que la rutina se instale en el matrimonio, y en que la pasión escondida y el amor imposible reconcoman por dentro. De modo que se puede acabar actuando de modo automático, de ahí que la imagen del juguete del robot sea muy poderosa. El film contrapone el estilo de vida de una mujer independiente –con una carrera profesional exitosa en el mundo del diseño de la moda, pero a la que le falta algo, en el fondo envidia a la familia de Groves–, con el de los dos esposos, especialmente Marion, ama de casa con mentalidad práctica para afrontar los desafíos domésticos, y que incluso ya no se pone vestidos sexys o juveniles, porque ahora es madre de familia y tiene una responsabilidad. Se viene a indicar que ambas posiciones tienen ventajas e inconvenientes, y hay que saber aceptar la propia posición social, y en cualquier caso, no renunciar a la búsqueda de la felicidad.  La película, estupenda, y muy sugerente, no tuvo el éxito esperado, quizá por decisiones atrevidas como la de filmar en 1955 en blanco y negro –algo no habitual en la filmografía melodramática de Douglas Sirk– con una realista fotografía del maestro Russell Metty. Las imágenes juegan con el simbolismo de la lluvia, un componente no habitual en la California donde transcurre la acción, que ayudan a acentuar la "grisura" de una vida donde unos días se parecen mucho a los que siguen. También resulta muy adecuada la presencia repetida del nostálgico tema musical "Blue Moon". El rodaje fue como la seda y solo duró dos meses. El director alabó a sus dos actores: “Fred MacMurray era un actor muy bueno, y ambiguo: era un hombre de éxito en el trabajo pero un fracaso en su hogar. Barbara Stanwyck era una actriz excelente”. Ambos habían trabajado una década antes en la mítica muestra de cine negro Perdición.
7/10
(2018) | 75 min. | Romántico | Comedia | Drama Tráiler
Segunda película como director de Louis Garrel, de nuevo con su protagonismo dando vida a un personaje llamado Abel, como el de su primer film, Los dos amigos. Consiste en una pequeña pieza de cámara, de estructura impecable, en cuyo guión ha intervenido también un peso pesado de la escritura cinematográfica, el colaborador habitual de Luis Buñuel Jean-Claude Carrière. Se trata de una cinta muy francesa, deudora del cine de la nouvelle vague, y muy concretamente del de François Truffaut. Sigue al indolente Abel, plantado por su pareja Marianne, que se va a vivir con quien era su mejor amigo, Paul, está esperando de él un hijo. Ocho años después, Paul muere repentinamente. Y Abel y Marianne retoman su antigua relación, entre las suspicacias del niño Joseph, el hijo de ella, que asegura que la madre envenenó a Paul; y las de Ève, hermana pequeña de Paul, que siempre estuvo obsesivamente enamorada de Abel. La película está bien llevada, se sigue con interés, y capta una instantánea de esta sociedad nuestra poblada de adultos inmaduros, los pensamientos de Abel, Marianne (Laetitia Casta) y Éve (Lily-Rose Depp), recogidos con una voz en off, junto a sus decisiones y acciones, impulsivas y poco razonables, son buena muestra de ello.
6/10
(2003) | 115 min. | Drama
Parecía que el maestro sueco Ingmar Bergman había dicho adiós al cine, al menos en el capítulo de la dirección. Pero hete aquí que vuelve a la palestra y, con 85 años, entrega una nueva obra maestra, pequeña pieza de cámara que retoma a los personajes de Secretos de un matrimonio (1973), Marianne y Johan, interpretados por los excelentes intérpretes Liv Ullmann –que compartió años de su vida con Bergman– y Erland Josephson. El matrimonio de aquel film se divorció, y Johan, músico, vive aislado en una casa en el bosque. Nunca ha querido a su hijo, que vive en una casa cercana y va económicamente apretado, y sí aprecia en cambio a su nieta, en la que detecta talento musical. Pero su egocentrismo le impide reconocer el amor de los otros (la visita de Marianne), y en cambio se empeña en herir moralmente a los que le rodean, una actitud que no dejará de pasarle factura. En la película de Bergman revolotean sus viejos, eternos temas –el amor hombre-mujer, padres-hijos, la incomunicación, el silencio de Dios–, planteados con increíble ‘violencia psicológica’, con una mirada que de nuevo parece tener algo de autobiográfico.
8/10
(1964) | 112 min. | Drama
Indiscutible obra maestra del danés Carl Theodor Dreyer, y el más célebre film del director con Ordet (La palabra) (1955), perfecto broche de oro a su modélica filmografía. Genios escandinavo del celuloide, junto a Victor Sjöström e Ingmar Bergman, Dreyer ofrece en Gertrud una hermosísima reflexión sobre el amor y el tiempo que se va. La protagonista del film es la mujer del título, Gertrud, que vive un matrimonio anodino con Gustav, un político, y que renunció a una posible carrera como cantante de ópera. Su aventura amorosa con Erland, un compositor, no parece llevar a ninguna parte, se reduce a una simple vía de escape hedonista; y el reencuentro con un poeta que siempre la amó, Gabriel, representa las oportunidades perdidas; las dos son otras posibles vías de acometer la necesidad, común a todo ser humano, de encauzar el amor. Aunque aún podría existir otra vía, con su parte de amargura, que se llama soledad. Como en otros filmes de Dreyer, predomina un estilo sobrio y un aire teatral, acentuado por el hieratismo de los personajes, cuyas opciones vitales se dirían cristalizadas, sin posibilidad de evolución. Por ello el cine de Dreyer no es fácil, no está hecho para mentes con encefalograma plano. Dreyer invita a la refleción, y para ello hace un uso magistral de la palabra y de los silencios, y también de las miradas, a veces a través de espejos, en otras ocasiones utilizando con maestría el fuera de campo. Su dominio de las coordenadas espaciotemporales en la narración fílmica se revela deslumbrante, y la fotografía en blanco y negro apuntala el ascetismo desnudo de la propuesta.
9/10
(2004) | 93 min. | Comedia
Oscar Wilde fue considerado por algunos de sus coetáneos como un autor brillante, pero al que podía la ligereza a la hora de abordar temas de entidad, confiado sólo a la chispa de su ingenio, al uso constante de la ironía y las réplicas perfectas. Cuando la sombra del pensamiento débil cubre hoy gran parte del globo, esta traslación de su pieza teatral El abanico de Lady Windermere a la Riviera italiana de los años 30, se nos antoja disección agudísima acerca del matrimonio y las bases del amor. La señora Erlynn es una hermosa mujer, ya madura, que vive gracias a la ‘generosidad’ de sus amantes, hombres casados que han dejado languidecer su matrimonio. Al saber de la boda de Robert y Meg Windermere acude a la Riviera, donde se ha trasladado a vivir la joven pareja. Como Robert empieza a pasarle periódicamente importantes sumas de dinero, todo apunta a que la señora Erlynn se ha convertido en su querida. Entretanto el hedonista lord Darlington intenta seducir a la dulce Meg, y lord Augustus ‘Tuppy’, un hombre mayor y acaudalado, cree haber encontrado en la señora Erlynn a su futura esposa. El guión de Howard Himelstein conserva la agilidad de la obra original, sus divertidos y acelerados diálogos de ‘screwball comedy’; intercambios de frases como “-¿Usted nunca piensa en el matrimonio? -Constantemente, por eso sigo aún soltero” son sencillamente memorables. El director Mike Barker sabe dirigir con el exquisito clasicismo que ya exhibió en Matar a un rey. Y un reparto maravilloso ( Helen Hunt, Scarlett Johansson y Tom Wilkinson) ayuda al fulgor de “una levedad que se parecía a los fuegos artificiales en más de un sentido”, al decir de Chesterton, pero que desprende no sólo luces de bonitos colores, sino la calidez del verdadero ser humano.
7/10
(2004) | 106 min. | Romántico Tráiler
Padre de familia, abogado, con dos hijos, que sólo tiene motivos para ser feliz… no es feliz. El día de su cumpleaños, pese al ambiente festivo que impregna su casa, no puede evitar la sonrisa forzada de quien acepta una celebración convencional. Las cosas cambiarán gracias a un rostro triste como el suyo: el de una profesora de una academia de baile, a quien ve cada día, tras el cristal de una ventana, desde su vagón de metro. Un día se apea, y casi sin pensarlo se apunta a clases de baile. Oculta la decisión a su familia, y lo que al principio era curiosidad por una atractiva mujer se convierte en pasión por el baile, y alegre camaradería con alumnos y profesores. Película perdidamente romántica, y que no se avergüenza de serlo, remake de un film japonés de 1997, firmado por Masayuki Suo. Su apuesta la acerca al acaramelamiento, pero la presencia de un director con personalidad, Peter Chelsom, evita el peligro, real, del ridículo. Sin ambigüedades, se señala que los problemas en casa no se arreglan ‘liándose’ con la vecina de enfrente. Pero el motivo para superar las personales insatisfacciones, la afición por el baile, no deja de ser endeble, aun aderezado con lo que éste propicia: nuevas amistades y un redescubierto aprecio a lo que tiene, una familia estupenda. Hay un acierto completo en el reparto, tanto en el trío protagonista (Gere, López, Sarandon) como, y quizá más, en los personajes secundarios (Stanley Tucci, inesperado bailarín latino; Lisa Ann Walter, bailarina de ‘peso’; Richard Jenkins, el detective…).
5/10
(2004) | 91 min. | Drama
Wayne y Eileen. Un matrimonio maduro y rico. Sus dos hijos ya se han independizado. La rutina preside sus vidas. Él se pone cada día su impecable traje, besa distraídamente a su esposa, y se encamina al trabajo. Pero en una jornada como cualquier otra algo sucede. Un hombre se acerca al coche de Wayne. Se trata de Arnold, un rostro vagamente conocido. Y la amenaza con una pistola no deja lugar a dudas: se trata de un secuestro. Seguimos entonces dos hilos narrativos: el recorrido de la víctima y su captor a un lugar convenido con los cómplices de éste, y los nervios deshechos de mujer e hijos, asistidos por la policía. El holandés Pieter Jan Brugge ha desarrollado una notable carrera de productor en Estados Unidos, con títulos como El dilema. Ahora debuta en la dirección con un drama de aires clásicos, y pegado a la realidad, con personajes bien perfilados, que son un regalo para los protagonistas, unos Willem Dafoe, Robert Redford y Helen Mirren de lujo Lejos de las fantasías hollywoodienses, Brugge apuesta por la normalidad, una historia de personas vulgares con taras reconocibles, a las que una desgracia obliga a reaccionar. Maneja así un guión bien escrito, donde lo sorprendente son las pocas sorpresas. Sólo existen algunas dudas que deben ser despejadas, a las que alude el certero título original, The Clearing. Alrededor de la psicología del trío protagonista, su pena y amor por lo que se hizo y se dejó de hacer, la película avanza inexorable hasta su emotivo y sobrio final.
6/10
(2003) | 103 min. | Drama
Abel parece un tipo gris como otro cualquiera: vive con su madre en las afueras de Barcelona, regenta una tienda de ropa, tiene una novia que empieza a estar un poco harta de él, se mueve entre el kiosko de la esquina y los baretos de la zona. Poco a poco conocemos que por debajo de esa rutina, hay una frustración que se desfoga cometiendo crímenes sin motivo aparente. Jaime Rosales muestra con frialdad matemática la rutina de Abel, encarnado con convicción por Alex Brendemühl.
5/10
(1946) | 172 min. | Drama
Al acabar la contienda, tres veteranos de la II Guerra Mundial descubren que regresar a la normalidad puede ser más duro que el combate. Al, Fred y Homer se conocen a bordo del avión que les lleva de vuelta a casa. Y surge, natural, la amistad. Su alegría por la paz y el reencuentro con sus seres queridos tropiezan pronto con dificultades: Al se reincorpora a su puesto en un banco, su mujer e hijos le adoran, pero tiene problemas con el alcohol; Fred ve que no hay trabajo para él, y que su esposa, con la que se casó en vísperas de alistarse, no es como creía; y Homer, que perdió sus dos manos, no puede soportar que sus padres y su novia le tengan lástima. William Wyler filmó a partir de la obra de MacKinlay Cantor, con guión de Robert Sherwood, una obra maestra que completaba su contribución a la guerra con La Sra. Miniver (una inyección de moral a los civiles que sufría intensos bombardeos y la ausencia de los soldados) y Memphis Belle (soberbio documental).
9/10
(2003) | 124 min. | Drama
21 gramos. La diferencia entre la vida y la muerte, lo que media entre un cuerpo animado y un cadáver. Con este título el mexicano Alejandro González Iñárritu nos habla de la fragilidad de la existencia, de los hilos tenues de nuestro devenir terreno, que pensamos controlar, pero que con enorme facilidad se parten o enredan. Al igual que hiciera en su notable debut, la muy dura Amores perros, nos cuenta tres historias. Pero su peculiar estructura de puzzle, inspirada en William Faulkner, es esta vez más complicada. De modo fragmentado, y al principio desconcertante, nos presenta a tres personajes, cuyos derroteros finalmente están muy relacionados, auténtica carambola a tres bandas. El director rueda su película en inglés, con estilo realista algo desaseado, como si fuera la vida misma, sin esfuerzos por embellecer las imágenes y con brioso montaje. Jack Jordan, preso convicto, acaba de salir de la cárcel. Allí ha abrazado el cristianismo evangelista. Está convencido del “Jesús te ama”, y desea sinceramente salir adelante, junto a su familia. Pero a las dificultades para conseguir trabajo, se suma un fatal atropello. Con su vehículo se lleva por delante al marido y dos hijitas de las hasta entonces felizmente casada Cristina Peck. Termina de completar el cuadro Paul Rivers, enfermo del corazón, necesitado de un trasplante. Y el órgano se lo va a proporcionar el difunto esposo de Cristina. González Iñárritu y su coguionista Guillermo Arriaga hablan con gravedad y sentido fatalista del destino, fuerzas incontrolables que dan al traste con nuestros proyectos. Al describir las situaciones familiares, no se conforman con lugares comunes: así, se nos habla del deteriorado matrimonio de Paul, mantenido artificialmente con mentiras y medias verdades, incluido un aborto que su esposa Mary le ocultó; de las dificultades del “volver a empezar” de Jack, la falta de confianza de la esposa; y de lo que era una vida feliz en Cristina, y que se transforma en desesperación pura y dura, retorno a la adicción a las drogas y deseo de venganza. Cada fotograma transpira rabia, amargura y nihilismo. Hay pequeñas cosas que nos hacen felices, pero duran poco. No hay sentido en el dolor, si hubiera Dios no habría permitido esto, viene a pensar el pobre Jack. La catarsis que al final alcanzan los personajes es limitada.
7/10
(2002) | 101 min. | Romántico | Drama
Landon (Shane West), el típico guaperas guay en un instituto. Tiene su pandilla de amiguetes, y gran éxito entre las chicas. Pero es un tipo vacío y superficial, sin grandes planteamientos vitales. Una gamberrada pasada de rosca con un recién llegado, conduce a éste al hospital, donde se recupera muy lentamente. A modo de correctivo, Landon debe ser tutor de un chaval los fines de semana; además deberá colaborar con el grupo de teatro, donde según él y sus colegas, está la gente más aburrida del instituto. Entre ellos, Jamie (Mandy Moore), hija de un clérigo (Peter Coyote), que tiene un aspecto y ropa muy serios, y a la que no tiene más remedio que pedir ayuda para aprender su papel en una obra. Con lo que no contaba Landon es con enamorarse: lo que le produce un conflicto, ya que por un lado no le apetece que sus amigos la vean con una chica supuestamente friqui, y por otro admira su inteligencia y visión trascendente de la existencia. Acostumbrados a tanto film de adolescente descerebrado, sorprende esta historia, de más altos vuelos. Basada en una novela de Nicholas Sparks, presenta una historia de amor, en la que deben ser superados los prejuicios y el miedo a lo que piensen los demás. Cuestiones como esperar al matrimonio para mantener relaciones sexuales no son muy habituales en el cine reciente. Adam Shankman sabe presentar la cuestión sin mojigaterías; a la vez, aborda el misterio insondable del dolor y el sufrimiento, a través de la grave enfermedad de uno de los personajes. Además de los jóvenes actores, muy en su sitio, podemos ver a Peter Coyote, sacando adelante el papel poco agradecido del pastor.
5/10
(1949) | 108 min. | Drama | Romántico
Dentro de la filmografía de Yasujiro Ozo destaca Primavera tardía, uno de sus títulos más geniales, y en el que aparecen sus temas principales, sobre los que haría luego mil y una variaciones en la filmografía posterior. La película se centra en la relación entre Kasuyochi (Hohi Aoki), un hombre viudo, y su hija Noriko (Setsuko Hara), en edad casadera, pero que rehúsa siquiera plantearse el matrimonio, por el deseo de cuidar de su progenitor. Kasuyochi, que desea ante todo la felicidad de su hija, se planteará la idea de casarse de nuevo, para que su hija no se sienta obligada por el deseo de cumplir con su deber filial; en parte actua así porque piensa que la actitud de su hija puede deberse también al hecho de encontrarse en una situación cómoda, que ya conoce, y a que la prefiere en vez de enfrentarse al desafío de formar su propia familia. La relación entre padres e hijos, el choque generacional, es una cuestión que aletea en prácticamente todo el cine de Ozu, aun en los títulos que imprime un tono más ligero, sentido del humor incluido. Aquí este maestro en humanidad es todo un prodigio de delicadeza por el modo en que teje las acciones de uno y otro personaje: la tía que busca un pretendiente, las miradas entre padre e hija, que anticipan los temas sobre los van a conversar. Los actores, que repitireron con el director en varias ocasiones, están perfectos. “Formulé mi propio estilo de dirección en mi cabeza, procediendo sin una imitación innecesaria de otros… No he tenido a alguien a quien pueda llamar maestro. Me apoyé en mi propia fuerza”, asegura Ozu a la hora de describir cómo son sus filmes. La cámara está siempre estática, pero los encuadres y los planos de transición en exteriores le conceden el necesario dinamismo. Curiosamente, aunque aborda historias centradas en la familia, el director nipón nunca se casó.
7/10
(2003) | 100 min. | Comedia
Miles Massey (George Clooney) es un abogado especializado en divorcios, inventor de una cláusula matrimonial infalible, pensada para solteros de oro que no desean ser esquilmados por potenciales pretendientes depredadores. A él acude un marido pillado "in fraganti" con otra mujer, cuya esposa, Marilyn Rexroth (Catherine Zeta-Jones), solicita el divorcio. El descubrimiento de que Marilyn se casó por dinero, facilita a Massey la defensa de su cliente; pero con lo que no podía contar es con enamorarse de esa increíble mujer, que volverá a cruzarse en su vida. Con la excusa de una comedia más o menos alocada, con pareja de intensidad y química sorprendentes (magníficos George Clooney, al que cada vez le viene menos grande la comparación con Cary Grant, y Catherine Zeta-Jones, bellísima y muy contenida), los hermanos Joel y Ethan Coen sirven una aguda crítica a una sociedad en que los divorcios están a la orden del día, y donde los repartos de bienes enriquecen a picapleitos y cónyuges ambiciosos. Los acuerdos que tienen en cuenta el “por si acaso”, o los pactos por los que “no me enfadaré si sales con otro”, hablan a las claras, con un divertido toque cínico, de matrimonios donde hay de todo menos amor. Los Coen apuestan en esta ocasión por una narración muy clásica, donde la cámara apenas se hace notar. Siguen presentes los detalles surrealistas que les han hecho célebres (las apariciones con fondo negro de un abogado mentor enchufado a un gotero, el genial asesino asmático, el marido maltratado haciéndose una foto Polaroid de sus lesiones…), pero más integrados en la historia. Al fondo de una línea asumidamente disparatada, donde la exageración es norma, late sin moralinas el anhelo de un amor verdadero y para siempre, como lo único capaz de satisfacer a las personas. A Massey le sale el dinero por las orejas, y Marilyn tiene una fortuna al alcance de su mano: pero no les basta, lo saben y están insatisfechos. De un modo quizá menos brillante que en otras ocasiones pero eficaz, los Coen entregan un film entretenido, en el que funciona el juego del ratón y el gato. Desentonan un par de detalles zafios, aunque se incluyan con la intención de subrayar las patéticas infidelidades conyugales de algunos personajes.
7/10
(2003) | 106 min. | Drama Tráiler
Una película sobre la violencia doméstica puede ser arma de doble filo. Tema de rabiosa actualidad, acapara desgraciadamente titulares en los medios de comunicación; la cuestión preocupa, hay un público interesado. Pero por otro lado, se presta fácilmente a los didactismos facilones, a la truculencia barata. Por eso hay que reconocer el virtuosismo de Icíar Bollaín (Hola, ¿estás sola?, Flores de otro mundo), que entrega una película medida equilibrada y con matices, con distintos puntos de vista. La historia se centra en la deteriorada relación de Pilar y Antonio (magníficos Laia Marull y Luis Tosar), casados y con un niño, que viven en una ciudad de provincias. Una noche, ella se presenta en casa de su hermana con el crío, llorosa y en zapatillas. Ha sufrido un episodio más de malos tratos, que le empuja a una separación temporal. Bollaín, coautora del guión con Alicia Luna, se detiene en la descripción de los dos personajes principales: ambos siguen enamorados, se quieren de verdad; ella apenas puede dominar el miedo cuando adivina el inicio de un arrebato de violencia de él; airearse, trabajar fuera de casa en un museo, hacer nuevas amigas, da a Pilar nuevas alas; mientras, Antonio se esfuerza en seguir una terapia, escucha al psicólogo, anota en un cuadernito lo que pasa por su cabeza cuando le domina la ira; pero sus estrechos horizontes, un querer y no poder, configuran un pesado lastre. El cuadro se completa con los alrededores de la pareja: la madre que aguantó junto a su marido hasta el final de sus días (“lo hice lo mejor que supe”, asegura), la hermana indignada, que no entiende que Pilar lo intente de nuevo, las amigas del trabajo (presentadas con unas pinceladas algo simplistas, como prototipo de independencia bien llevada), el terapeuta que trata de dar pistas, los compañeros de la terapia de grupo, que presentan un abanico de mayor o menor aprecio a sus mujeres.
6/10
(1999) | 104 min. | Drama
Fin de semana londinense. Los distintos miembros de una familia: un matrimonio, instalado en la rutina, donde sólo él parece detectar que “tenemos un problema”; y los cuatro hijos. Además de Darren, que se largó sin decir adónde, hay tres mujeres: Molly, a punto de dar a luz, ignorante de los problemas laborales de su esposo; Debbie, separada, madre de un niño de nueve años; y Nadia, que vive sola, sin encontrar el amor de su vida. Michael Winterbottom (Jude, In This World) bucea en las aguas del desconcierto vital de sus personajes, con estilo ágil y audacias formales. Y da su particular visión del País de las Maravillas, referencia al mundo cotidiano que espera a Alice, nombre que recibiría el bebé de Molly si fuera niña. El film muestra los contrastes de ese mundo: deseos de ternura y amor, frente a egoísmo y soledad; pesimismo y amargura frente a humor. Aunque la historia es dura, el director sabe dotar a los personajes de una necesaria humanidad.
7/10
(2002) | 120 min. | Drama
Tom. Padre de familia. Una buena esposa, dos niños estupendos. No es mal tipo. Pero sus jornadas son aburridas, cada una igual a la otra. Su trabajo es anodino y la vida parece ofrecer pocos alicientes. Cerca de los 40, la crisis podría estallar en cualquier momento. Porque tiende, además, a la disipación: se distrae con la publicidad de lencería y las chicas guapas que se cruzan en su camino, y halaga a su ego masculino que una compañera le tire los tejos. Pero una inesperada noticia, que le trae una antigua novia, trastoca todo: hace nueve años, ella tuvo una hija de él; y le ocultó el hecho. Ahora está sin blanca, y antes de que vaya a un orfanato, prefiriría que él se hiciera cargo de Nina. ¿Aceptará su mujer a la niña en casa? El francés Manuel Poirier sorprendió con Western, que permitió descubrir a un excelente actor español, Sergi López. Ahora vuelven a trabajar juntos en un film luminoso sobre amor y responsabilidad. Guionista y director, Poirier despliega la historia con ritmo tranquilo, adecuado al ambiente rural de la Bretaña donde se desarrolla. Y compone una galería de personajes entrañables, con problemas semejantes a los de Tom, que se hacen querer. Lejos de la sensiblería presenta, con optimismo muy de agradecer, gente de carne y hueso, y problemas que a todo el mundo atañen. El detonante de la trama (el descubrimiento de la hija desconocida) sirve a Tom a modo de potente foco, que ilumina lo que un estilo de vida acomodaticio había empañado.
6/10
(2002) | 108 min. | Drama
Fernando. Un maduro profesor universitario argentino. Aferrado a sus ideales sociales de siempre. Casado de toda la vida con Liliana, una catalana, mujer fuerte, su perfecto sostén. Ellos viven en Argentina, pero tienen un hijo casado, Pedro, con dos niños, en España. Las diferencias entre las dos generaciones resultan manifiestas: Fernando cree firmemente en la utopía de la justicia social; Pedro es un hombre de hoy, que vive al día, que bastante tiene con sacar adelante a los suyos. El film describe cómo afronta Fernando el otoño de su vida, que coincide con la etapa a veces traumática de la prejubilación. Ésta se hace soportable gracias a la esposa cercana, que adivina que algo no va, que sabe sacrificarse. Sensible historia con guión de Adolfo Aristarain y Kathy Saavedra, a partir de un relato de Lorenzo F. Aristarain, premiado con el Goya. La película realiza un cuadro perfecto de un matrimonio que ha sabido mantener joven su amor, a pesar del transcurrir de los años, donde la esposa sabe adivinar lo que le ocurre al marido con una simple miradita. Acostumbrados a tanto film superficial que describe amores basados sólo en la pasión y en el atractivo físico, sorprende Lugares comunes, que muestra con hondura las bases sólidas sobre las que se asienta el afecto verdadero, que tiende a ser duradero. La película no sería la misma si faltara la gran composición interpretativa de ese par de actorazos que se llaman Federico Luppi y Mercedes Sampietro. Ésta fue merecidamente premiada en el Festival de San Sebastián y en los Goya.
6/10
(2001) | 134 min. | Drama
Sombría, durísima e impactante historia, con una estupenda baza a su favor: cuenta con una serie de personajes muy bien definidos, encarnados por actores de carácter. Son muy justas las candidaturas al Oscar que lograron Spacek, Wilkinson y Tomei. Los dos primeros conforman un matrimonio maduro, preocupado por la relación que mantiene su hijo, recién salido de la adolescencia, con una mujer divorciada, madre de dos críos. Y aún les espera un sufrimiento mayor. Una vida arrancada inesperadamente. El vacío de la ausencia. La falta de consuelos. Las reacciones contrapuestas. El film de Todd Field comparte temas con la película italiana La habitación del hijo. También aquí se habla del misterio de la muerte aunque, a diferencia de lo que ocurría en el film de Moretti, hay un culpable tangible de la desgracia. Esto hace que la narración tome un derrotero inesperado que, algunos dirán, chirría un tanto; pero que confirma que nada nos devuelve al ser querido, que a todos toca apurar el cáliz del dolor.
4/10
(2001) | 99 min. | Drama
Una familia feliz. El padre, la madre, los dos hijos adolescentes, chico y chica. Se llevan bien. Apenas hay conflictos. Hasta que un día… el padre, que es psicoanalista, debe acudir a ver a un paciente. No podrá salir con su hijo Andrea, que aprovechar para ir a bucear con sus amigos. Será su última inmersión. El chaval muere, y todos se derrumban. ¿Hay un sentido en esa muerte? ¿Es posible superarla? ¿Por qué tanto dolor? Surgen mil y una dudas: “si no hubiera ido a ver a ese tipo, que encima no quería nada”, “debería haber estado más tiempo con él”, “hablar más”… El italiano Nanni Moretti ganó la Palma de Oro en Cannes con este drama que habla del vacío que puede dejar la muerte. Sentimientos de culpa, dificultad para reanudar la vida ordinaria, e incluso el silencio de Dios, forman parte de una película que llega a todo espectador, y que provoca un nudo en la garganta. Hasta el desenlace, un prodigio en su simplicidad, que nos permite tomar aire tras pasar casi cien minutos con la respiración contenida.
7/10