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Biografía

Anna Baryshnikov

Anna Baryshnikov

Anna Baryshnikov

Filmografía
Dickinson

2019 | Dickinson | Serie TV

Serie creada por Alena Smith, para la reciente plataforma Apple TV+. La trama gira alrededor de la célebre poetisa Emily Dickinson (1830-1886), con toque “modernillo” para atraer a... no se sabe qué público, pero es de suponer que al joven y vanguardista. Al menos en los primeros episodios sigue a Emily siendo una jovencita casi adolescente, ya rebosante de talento artístico, aunque oprimida por el asfixiante ambiente familiar puritano y de puro patriarcado: el cabeza de familia es el que puede aspirar a triunfar en política, el hermano varón también puede labrarse un futuro, pero la madre y la otra hermana están para las tareas domésticas. En tal tesitura, se nos muestra a Emily como una joven rebelde y de ideas diferentes, capaz de hacer, hasta cierto punto, lo que se propone. También se sugiere que su amistad con su luego cuñada Susan Gilbert es algo más que amistad, sería un lésbico amor apasionado, que explicaría sus cartas de amor, aunque nunca se casó; se trata de una teoría sin ningún fundamente en hechos reales, pero que como conjetura encaja a la perfección a la actual atmósfera de las teorías de género, tan en boga. Además de forzarse la historia, se introducen canciones modernas, o pasajes oníricos, con carruajes fantasmas conducidos por la muerte, un afroamericano. Habrá quien pensará que se trata de un planteamiento original y atrevido, pero más bien parece pedante e inservible para poner en valor los poemas de la Dickinson. Tampoco pega excesivamente Hailee Steinfeld, a pesar de lo buena actriz que es, se trata del clásico caso de equivocarse de actriz para un rol. Funciona mucho mejor Cynthia Nixon, en la película, mucho más recomendable Historia de una pasión.

5/10
La profesora de parvulario

2018 | The Kindergarten Teacher

Staten Island. Lisa Spinelli es profesora de educación infantil. Casada y madre de dos hijos a las puertas de la universidad, Lisa tiene mucha sensibilidad y cultiva una afición que alimenta con clases semanales: la poesía. Por casualidad un día escucha recitar un poema a uno de sus alumnos, Jimmy, de 5 años. Lisa queda epatada por calidad de lo que acaba de escuchar y recitará con éxito ese poema en sus clases. Poco a poco la maestra se irá obsesionando con el don que tiene su pequeño alumno y le empujará a seguir explotando su talento. Interesante película estadounidense, escrita y dirigida con personalidad por Sara Colangelo, versionada a partir de la homónima película israelí dirigida por Nadav Lapid en 2014. La insólita historia plantea muchas cuestiones de interés, algunas peliagudas: ¿dónde está el límite de un profesor? ¿Es el talento artístico algo innato? ¿Puede un niño que no sabe leer ni escribir ser un excepcional poeta? ¿Y es correcto usar ese don ajeno procedente de un menor? ¿Hasta qué punto alentar a los niños y jóvenes es reducir su libertad? El inteligente guión plantea estas cuestiones dentro de una trama bien confeccionada, verosímil, si bien toca en ocasiones elementos casi bizarros en la extraña relación que se establece entre el niño y su profesora. Ésta es una mujer en seria crisis, obsesionada por alcanzar una belleza artística que se le escapa, no tiene el talento que anhela. Está bien mostrado cómo vierte su frustración en los hábitos de sus hijos, intereses que ella ve banales, sentimiento que se agudiza cuando descubre el don poético de Jimmy (que, por otra parte, dice “tengo poema” como podría estar diciendo “tengo popó”). Extraer entonces esa belleza oculta de la cabecita del niño –algo de lo que nadie parece ser consciente– se convierte en obsesión delirante, salvar esos poemas serán el exorcismo de sus propias carencias, de sus búsquedas estériles. ¿Pero cuál es el precio? La actriz Maggie Gyllenhaal da el tipo perfecto de la protagonista. Interpreta con sumo oficio ese tipo de personajes normales, incluso vulgares, que tienen algo de insano e inquietante. La profesora del parvulario es una película extraña, diferente por su argumento, pero que al margen de lo equivocado o no de las decisiones de la maestra, también hace pensar al espectador y preguntarse si no estamos desperdiciando nuestros talentos y deslizando a la sociedad (a los jóvenes especialmente) a un estado superficial en una época en donde el bombardeo visual y digital, la frivolidad que invade las redes sociales o el ocio trivial están aletargando progresivamente nuestra capacidad de alcanzar y disfrutar de la belleza.

6/10
Manchester frente al mar

2016 | Manchester by the Sea

Invierno, Massachussets. Arrendado en un pequeño semisótano, Lee Chandler malvive trabajando como fontanero y “arreglalotodo” en varios bloques de pisos. Es hombre trabajador pero de pocas palabras, no muy dado a relacionarse en sociedad. Recibirá una llamada de su pueblo: su hermano Joe acaba de fallecer debido a una enfermedad congénita en el corazón. Le tocará a Lee poner en orden las cosas de su hermano, comunicarle la noticia a su sobrino de dieciséis años, administrar sus propiedades, preparar el entierro, el funeral, etc. Hondísimo y desolador drama familiar entregado con perfección por el guionista y director Kenneth Lonergan, conocido por su estupendo debut tras las cámaras con Puedes contar conmigo. No sale Lonergan de su universo narrativo: los lazos familiares, la muerte, la culpa y las dificultades para reencontrar el rumbo cuando todo se ha hecho añicos. Lo transmite con una película dura, muy dura en su trama argumental, pero ofrecida con una enorme humanidad, con personajes reales, vivísimos, en las antípodas del tópico, a quienes no les cabe más remedio que seguir adelante y afrontar los embates de la vida, a veces verdaderamente trágicos. El sentido del dolor y la desgracia es tan insondable como la inmensidad del océano. Por mucho que lo miremos, que lo contemplemos frente a nosotros, será complicado encontrar las respuestas, tan misterioso es. Visualmente Manchester frente al mar se despliega como un puzle, en donde por medio de un montaje pormenorizado se van intercalando piezas en diferentes tiempos, que responden a las vivencias del pasado del protagonista. Retazos de vida, que surgen como recuerdos, flashes de lo que fue y se evaporó para siempre. Tal cualidad consigue que narrativamente la película sea un prodigio, pues se elude la confusión con maestría, golpea directamente donde quiere y a la vez se logra transmitir la idea de que es imposible intentar abarcar siquiera una gran parte del mundo exterior e interior de las personas. Siempre faltan piezas, pero bastan unos trazos firmes para vislumbrar un retrato. Así, casi es más importante en el film –en presencia y entidad– lo que no se muestra que lo que vemos en pantalla, por ejemplo en la relación entre Lee y su mujer (maravillosa Michelle Williams), sucesos apenas velados pero que sabiamente Lonergan los hace asomar en la prodigiosa escena del encuentro en la calle, de un dramatismo abrumador. Pero también en lo referente a la relación de Lee con su sobrino (estupendo Lucas Hedges) –esa compañía en el dormitorio, esa confesión en la cocina– o con sus amigos, personas buenas que siempre están ahí, con el hombro preparado en el momento malo. En el plano interpretativo, lo que hace Casey Affleck (Adiós pequeña adiós) con Lee Chandler es asombroso, angustiante. Faltan adjetivos para definir una verosimilitud tan perfecta. Pocas veces el Oscar sería un premio tan justo. A la pericia narrativa hay que añadir también la excelente puesta en escena y el acierto en las bellas localizaciones en la costa de Massachussetts, donde parece que las heridas no pueden empezar a cerrar hasta que llega el sol para calentar la tierra. Y funciona la potente inclusión de una reconocible banda sonora de calidad –Händel, Albinoni, Massenet, etc.–, que ayuda a digerir esas bellas imágenes contemplativas cuando acechan los instantes más trágicos y el espectador sólo puede tragar saliva. No estamos lo que se dice ante una película alegre, más bien todo lo contrario. Sencillamente hay cosas que no se pueden superar. Y por eso, es cierto, se le puede achacar al director neoyorquino haber llevado la historia hasta el extremo de la aflicción, dejando muy poco hueco para respirar. Y también que el recurso a la trascendencia, tan humano en ciertos casos, pase de puntillas. Sin embargo, pese a todo, Lonergan no hace una retrato sombrío de la existencia –incluso se permite algún momento cómico (o tragicómico)–, más bien parece subrayar algo que ya es claramente capital en su filmografía: pase lo que pase queda la familia, ella es el cabo fuerte, seguro, al que hay que agarrarse para mantenerse cuerdos. Es un comienzo.

7/10

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