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Biografía

Bill Condon

Bill Condon

64 años

Bill Condon

Nació el 22 de Octubre de 1955 en Nueva York, EE.UU.

Premios: 1 Oscar (más 1 premios)

Oscar
1999

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

Filmografía
La gran mentira

2019 | The Good Liar

Roy Courtnay y Betty McLeish son dos ancianos que viven en Londres, ambos viudos, que conciertan una cita tras conocerse en internet. Aunque escépticos acerca de que el encuentro pueda resultar bien, congenian casi al instante. Y poco a poco van estrechando lazos, disfrutando de la compañía mutua. El que desconfía de Roy es Stephen, el nieto de Betty, a quien no deja de recordarle que es un desconocido. Y hay motivos para recelar, pues Roy es un estafador profesional, que con su socio Vincent acaba de orquestar un timo para inversores ambiciosos. En el caso de Betty, la meta es hacerse con el control de sus abundantes bienes. Bill Condon adapta una novela de Nicholas Searle con guion de Jeffrey Hatcher, que ya escribió un libreto con célebre detective entrado en años, Mr. Holmes. El film se ve con agrado gracias a su genial pareja protagonista, Ian McKellen y Helen Mirren son dos actores estupendos. Por lo tanto, todo el juego envolvente de Roy, junto a la credulidad de Betty, se acaba aceptando, aunque algo se subleve en el imaginario del espectador, al que dan ganas de gritar en más de un momento a la protagonista, "pero por favor, ¡no seas idiota!". En los tiempos que corren, como es de suponer, no se puede concebir que una mujer con papel principal en una película sea tonta, por lo cual, se adivina que en algún momento Condon se sacará algún conejo de la chistera y se volverán las tornas. Y quizá aquí radica el principal problema del film, que tal conejo resulta bastante tramposo. Se supone que el hecho de que el nieto Stephen esté escribiendo su tesis sobre un conocido nazi anticipa la sorpresa del pasado de timador y timada, pero verdaderamente está traído todo bastante por los pelos, y al final acabamos asistiendo a la enésima historia de venganza –en Hollywood y alrededores desconocen palabras como "perdón" o el concepto de "pasar página" o de "acudir a los tribunales"–, en que uno acaba tomándose la justicia por su mano.

6/10
La Bella y la Bestia

2017 | Beauty and the Beast

Traslación a imagen real de la emblemática película del mismo título en dibujos animados producida por Disney en 1991, cuya repercusión fue enorme y ayudó a consolidar la nueva etapa creativa de los estudios Disney, tras el remonte que supuso La sirenita en 1989, ratificado luego por el éxito de El rey león en 1994. La historia basada en el libreto escrito entonces por la especialista de la compañía Linda Woolverton, se ha mantenido esencialmente idéntica, si bien ahora las pequeñas modificaciones del guión hay que apuntárselas a Stephen Chbosky y Evan Spiliotopoulos, éste último ya con una amplia trayectoria como guionista de la productora. Es bien sabido que el argumento narra los prolegómenos de un amor más que improbable entre una hermosa y espabilada chica de pueblo, ávida de lecturas, de fuerte personalidad y libertad interior, y un ser abominable, horrible criatura cuyo aspecto terrorífico es fruto del hechizo al que fue sometido por un hada. El tenebroso castillo encantado, con sus simpáticos personajes parlanchines convertidos en objetos, será el escenario del cuento de hadas. Al frente de esta versión de La bella y la bestia se sitúa Bill Condon (Dioses y monstruos, Mr. Holmes) un director que rueda elegancia extraordinaria y para quien supuestamente el proyecto debería de ser una perita en dulce. A este respecto hay que constatar que la factura general es buena, pero que a la vez no regala apenas momentos memorables y algunos de los que a priori deberían serlo –el baile entre los protagonistas, la batalla contra la turba que asalta el castillo– saben a poco. Tampoco consigue Condon un buen arranque (ese baile de mujeres en el castillo), una secuencia precipitada que no logra el propósito de presentar eficazmente al personaje de la bestia, motivo por el cual su personalidad ya queda algo deslucida durante toda la película. Por el contrario sí funcionan las pocas escenas de acción –los encuentros con los lobos son fantásticos– y la presencia viva de los objetos animados, el reloj, el candelabro, las tazas, dando fe de las virguerías técnicas a las que ha llegado el cine. Los mejores momentos del film son los que tienen lugar en el castillo y sus alrededores, pues el tono misterioso y romántico atrapa, y casa a la perfección con la fotografía oscura y nevada. En general destaca sin duda el diseño de producción y la ambientación dieciochesca, propia del relato original escrito por la francesa Jeanne-Marie Leprince de Beaumont (1711-1780), que resalta la atmósfera gótica, sobre todo en esos efectistas y sombríos planos exteriores. Sin embargo, el equilibrio se rompe al trasladar la acción a las aventuras de los antipáticos Gastón y su compañero Le Fou, especialmente en las escenas de la taberna. Quizá en el original también era esa la parte que peor funcionaba pero es que además en este caso, más allá de algunos amaneramientos totalmente gratuitos –esos "momentos gay" de los que tanto se ha hablado (Disney rendida a la ideología de género, quién lo iba a decir)–, la comicidad frívola, casi de cuchufleta, con que se trata esa subtrama nos saca del meollo dramático central y no prepara precisamente un terreno propicio para la seriedad del enfrentamiento final. En verdad si se eliminaran esos personajes tan sumamente desagradables la historia ni lo notaría. Capítulo aparte merece la música, porque La bella y la bestia es también un musical y la presencia de las canciones es constante, sobre todo en los dos primeros tercios del film. La inolvidable partitura original de Alan Menken brilla aquí en todo su esplendor, con una magnífica y a veces apabullante orquestación. Y es una verdadera sorpresa la voz de Emma Watson, con modulaciones y alturas nada fáciles que ella supera con sobresaliente. Así que la actriz es lo mejor de un film del que ya conocemos la historia, su personaje es a veces conmovedor –esa fascinación cuando entra en la biblioteca– y en todo momento resulta creíble.

6/10
Mr. Holmes

2015 | Mr. Holmes

Sherlock Holmes ya ha alcanzado la respetable edad de 93 años. Después de una estancia en Japón, regresa a su residencia de campo en Sussex, con la única compañía de su ama de llaves y el hijo de ésta. Mientras inicia al chaval en los secretos de la apicultura, el detective desafiará ciertos atisbos de senilidad que no le permiten recordar el desenlace de su último caso, acontecido veinte años atrás, cuando un cliente le contrató para vigilar a su esposa. Lo ocurrido entonces motivó que se retirara definitivamente. Tras dejarse absorber por el 'mainstrean' de Hollywood, Bill Condon recaló en musicales como Dreamgirls, las superproducciones juveniles Crepúsculo. Amanecer Parte 1 y Parte 2, y la impersonal El quinto poder. En busca de sí mismo, retoma la esencia de uno de sus primeros trabajos, Dioses y monstruos, su tercer largometraje de cine, pues en Mr. Holmes se repiten diversos elementos de aquél. Aquí, Mr. Holmes también se centra en la relación entre una vieja gloria, y un joven –en este caso un niño– de procedencia humilde, fascinado por él. Adaptación de la aguda novela publicada por Mitch Cullin en 2005 "Un sencillo truco mental", en Mr. Holmes su director hace gala de una elegante puesta en escena, y sabe adentrar con sutilidad al espectador en la mente deductiva del célebre detective, que no parece estar en el mismo plano de existencia de los demás. Recapacita a lo largo del metraje sobre el pensamiento científico, muy útil si está al servicio de las personas, pero que también puede resultar deshumanizador. Se habla también de la soledad de quien no logra empatizar con los demás por su brillantez, y aunque está muy presente la desesperación ante la pérdida de habilidades con los años, por otro lado muestra la posibilidad de superación del ser humano incluso a una edad avanzada, pues por mucho que hayan pasado los años es posible seguir progresando en el entendimiento del mundo. Lo demuestra el actor septuagenario decidido a seguir mejorando (si esto es posible) Ian McKellen, que entrega uno de sus mejores trabajos en una carrera ya de por sí larga y brillante. Sólo por contemplar su trabajo, merecería la pena pagar la entrada. Lo eclipsa todo, pese a que está muy bien acompañado por la siempre excelente Laura Linney y el expresivo niño Milo Parker, al que no en vano se ha apresurado a reclutar Tim Burton para El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares. Puede decepcionar a quienes esperen grandes misterios (aunque depara alguno que otro), pues se aparta del sendero del thriller. Por contra, la disfrutarán especialmente los 'holmesianos' –apasionados del personaje central–, pues abundan los guiños y las vueltas de tuerca a la obra de Sir Arthur Conan Doyle y otras aproximaciones (impagable el cameo de Nicholas Rowe, protagonista de El secreto de la pirámide, encarnando de nuevo al detective).

8/10
El quinto poder

2013 | The Fifth Estate

La historia de WikiLeaks y su principal impulsor, Julian Assange, que hizo temblar a las altas esferas del poder con la publicación masiva en internet, gracias a fuentes anónimas, de actuaciones secretas inmorales o fuera de la legalidad. El film de Bill Condon, que se basa en los libros "Inside WikiLeaks: My Time with Julian Assange at the World's Most Dangerous Website" –del antiguo socio de Assange, Daniel Domscheit-Berg– y "WikiLeaks: Inside Julian Assange's War on Secrecy" –de Luke Harding y David Leigh–, apunta al nacimiento de un quinto poder de rasgos todavía difusos, que habría sobrepasado a los medios de comunicación, por el aprovechamiento de las nuevas tecnologías para propagar desde un website material sensible que atañe al resto de los estamentos de poder, y que podría configurar a una especie de nuevo “perro guardián”, pero también a un “Gran Hermano” de los vaticinados por George Orwell. La idea es que se ha abierto una “caja de Pandora” que lo está cambiando todo. Estamos ante una cinta que maneja abundante información y puntos de vista sobre un episodio de la historia reciente, y el guión de Josh Singer, bregado en la serie televisiva El ala oeste de la Casa Blanca, se las arregla para que no nos perdamos en la maraña de información, y disfrutemos de un relato que puede hacer pensar en Todos los hombres del presidente, o más reciente en el tiempo, y también con la revolución tecnológica bien presente, La red social. Junto a una foto bastante completa de lo ocurrido, hay una buena definición de personajes, y jugadas inteligentes, como la escena final, en que el propio Assange (su “alter ego” Benedict Cumberbatch) opina sobre la película y los libros publicados sobre WikiLeaks. Quizá el principal acierto del film es no erigirse en juez implacable de unos y otros. De modo que se pinta el idealismo que mueve a los activistas de WikiLeaks, aunque sin dejar de señalar el vértigo que les proporciona su recién estrenado poder, que puede conducir a egocentrismo algo despiadado –el retrato de Assange en tal sentido no es demasiado amable, y se apunta a secretos del pasado que habrían marcado su personalidad– o a plantearse la necesidad de marcarse ciertos límites –el dilema de Daniel Domscheit-Berg, al que da vida Daniel Brühl imprimiéndole humanidad–. Se señalan las consecuencias que puede tener la publicación de información confidencial, incluso en lo relativo a poner vidas en peligro. O se plantea la redefinición de los medios de comunicación tradicionales por la llegada de nuevos agentes informativos que operan con reglas nuevas, y ante los que cabría exhibir ciertos estándares de superioridad moral aplicados en el pasado, prácticas como el contraste de la información con varias fuentes y su protección.

6/10
Amanecer (Parte 2)

2012 | Breaking Dawn - Part 2

El matrimonio formado por Bella (Kristen Stewart) y Edward Cullen (Robert Pattinson) es feliz con su hija Renesmee, a la que todos los vampiros Cullen adoran y que cuenta además con la protección lobuna de Jacob (Taylor Lutner). Pero el peligro de la destrucción se acerca cuando Alice Cullen advierte que los Vulturis se disponen a eliminarlos a todos. La causa es que piensan que Renesmee es una niña inmortal, algo que está completamente prohibido para ellos y que lleva consigo el aquelarre de los responsables. Se acabó... ¿O no? Quién sabe, porque aunque con Amanecer (Parte 2) se cierra la saga iniciada con Crepúsculo allá por 2008, basada en la tetralogía escrita por Stephenie Meyer, lo cierto es que el desenlace ofrece un final totalmente abierto. Es fácil por eso que alguien se lance a proseguir esta historia de vampiros y hombres lobo, de buenos y malos, de amor y romanticismo exacerbados. Que nadie espere grandes novedades en este colofón. Al hilo del film anterior, también dirigido por Bill Condon, todo el argumento es unívoco, lineal y muy simple, aunque el desarrollo narrativo contenga alguna sorpresa lograda. La familia Cullen está muy preocupada por lo que pueda acontecerles debido a la amenaza de los Vulturis, y planean el encuentro final. El film es así como una larga espera, dimes y diretes, opiniones contrapuestas, silencios y temores, que desembocará en un enfrentamiento en el campo nevado. Para dar un poquito de contenido se introduce un nuevo elemento en la historia, que es el de los diversos poderes que tienen los vampiros. Este hecho ya estaba apuntado en películas anteriores, con las premoniciones de Alice (Ashley Greene), la fuerza mental de Jane (Dakota Fanning), etc., pero aquí se convierte en un aspecto principal que dirimirá el curso de los acontecimientos. Junto a ello se introducen nuevos personajes, aunque más bien sirven para distraer puesto que no aportan absolutamente nada al conjunto. Por lo demás, están presentes todos los elementos por los que han suspirado tantísimos espectadores adolescentes durante años, especialmente el apasionado amor entre Bella y Edward, que ahora cuenta con personificación de ese amor en su hija Renesmee. Tan acaramelado aspecto de la saga ya es conocido en el mundo entero, pero eso no quita que los más adultos suelten la mejor de sus carcajadas en algún momento de extrema ridiculez, como cuando el exhibicionista Taylor Lautner decide enseñarle sus “poderes” al padre de Bella. La preciosa música de Carter Burwell se encarga de rellenar los evocadores huecos entre miradas y desvelos, en los frecuentes encuentros amatorios entre los dos protagonistas o en las tertulias vampíricas de sala de estar, mientras que también se ofrece una vibrante batalla en el que los efectos especiales, todo hay que decirlo, están a la altura. Los actores cumplen, sin que se exija de ellos gran cosa. Si acaso destaca Michael Sheen en su papel de Aro, el rey de los Vulturis.

4/10
Amanecer (Parte 1)

2011 | Breaking Dawn - Part 1

Bella y Edward se van a casar. Jacob acepta el hecho a duras penas. Bella está muy emocionada por la boda, pero también tiene el susto metido en el cuerpo. Mientras que Edward siente temor por las consecuencias de ese amor prohibido que siente por una humana. Las respectivas familias reciben el hecho con gran alegría... Pero lo más delicado llegará durante la luna de miel, ya que un embarazo de Bella podría tener consecuencias muy peligrosas y totalmente irreparables. Primera parte del colofón final de la saga comenzada con Crepúsculo, y continuada con Luna nueva y Eclipse. En este caso la adaptación del cuarto y último libro de la serie literaria creada por Stephenie Meyer ha sido desdoblado en dos películas –artimaña que ya ocurrió con la serie de Harry Potter–, sin duda para sacarle un mayor partido comercial. Toma el mando tras la cámara el prestigioso director Bill Condon (Dioses y monstruos), pero que a decir verdad tampoco aporta su identidad personal al resultado, ni a la puesta en escena ni al tono de la historia. Si acaso se nota su mano en la insistencia de los encuentros sexuales entre Edward y Bella (aunque manteniendo el aire de los demás filmes, Condon se esfuerza en no mostrar desnudeces explícitas). De todas formas, no lo ha debido tener fácil el director ya que toda la trama de la guionista habitual, Melissa Rosenberg, es en este caso absolutamente lineal, también con diálogos poco inspirados. Apenas hay espacio para nada que no sea el amor y las dudas entre Edward y Bella, y para las miradas que ambos entrecruzan con Jacob. Es la historia más plana de las que se han rodado hasta ahora, pues prácticamente todo sucede entre cuatro paredes y, salvo unas pocas imágenes, apenas hay secuencias de acción dignas de ese nombre. En general, poca, muy poca evolución aporta el film tras haber presenciado los primeros minutos y tras haber dejado claro cuál es la clave que vertebra la historia: las consecuencias de un embarazo vampírico en Bella. A este respecto, y siguiendo con el singular enfoque de la serie, se podría traer a colación el planteamiento ético del respeto absoluto por la vida engendrada por las madres, cuando todo les empuja a deshacerse de sus bebés (en el film se desecha explícitamente el término de “feto”, mucho más ambiguo), ya sea por la presión social, la oposición de los seres queridos o el riesgo de perder la propia vida. Por otra parte, es posible que los amantes del libro queden decepcionados, debido al leve peso de muchos personajes secundarios. Tan sólo hay uno que toma cierta relevancia con respecto a otros filmes, el de Rosalie (Nikki Reed), pero todos los demás se diluyen dentro del meollo principal y apenas si tienen una frase de diálogo.

4/10
Dreamgirls

2006 | Dreamgirls

Enésima revisitación libre del cuento de la Cenicienta, a cuento, nunca mejor dicho, del ascenso a la fama de las tres componentes del grupo musical “The Dreams”, que como ‘Los tres mosqueteros’, eran en realidad cuatro. El musical de Michael Bennett sobre esas jóvenes mujeres negras de humilde condición y su entorno, que llegan a lo más alto de la carrera artística pero se dejan en el camino jirones de su alma, triunfó en Broadway en 1981, con seis premios Tony y cinco años de representaciones. El libreto se debía a Tom Eyen, con la música de Henry Krieger. Acomete la adaptación y dirección cinematográficas Bill Condon, que algo sabe de llevar musicales a la pantalla tras su guión de Chicago (2002). Aquí sabe introducir bien a los personajes –el trío compuesto por Deena, Lorrell y Effie; el vendedor de autos aspirante a promotor artístico Curtis Taylor; el letrista C.C.; el triunfador cantante James ‘Thunder’ Early; y el anciano agente Marty–, y con naturalidad conduce al momento en que el mujeriego Early acepta que “The Dreamettes” –más tarde rebautizadas “The Dreams”– hagan los coros de sus canciones. De un modo sencillo, confiando en el carisma de los actores y en unas pasiones universales y muy reconocibles por cualquiera de carne y hueso, el film nos sitúa en la tesitura del deseado éxito, y del modo en qué afecta a unos y otros, el precio de la fama. Así, se retrata la ambición, que sacrifica los lazos de esa ‘familia’, la atracción amorosa que lleva a saltarse las debidas lealtades, el escapismo en la droga… Todo con cierto afecto sincero al fondo, no siempre bien manifestado, por la 'neblina' de los oropeles de esa fama que todo lo mata. Inicialmente, los números musicales tardan en llegar. Tiene uno la sensación de que el film va a introducir las canciones sólo en las actuaciones de “The Dreams” en el escenario. Pero no es así, y algunas expresan muy bien el estado anímico de los personajes. Particularmente sobresale la canción “And I Am Telling You I’m Not Going” en un momento álgido del film, donde Jennifer Hudson –debutante en el cine, y conocida por haber sido finalista en el ‘reality’ televisivo “American Idol”– está sencillamente soberbia, con una voz preciosa, llena de sentimiento, y cuya interpretación es perfectamente recogida por la cámara. La película es un completo acierto en su reparto. Bien puede decirse que Hudson es la que roba la función, tal vez por ser una desconocida, pero Beyoncé Knowles aguanta muy bien el tipo con un personaje de imagen distinta a la que suele lucir, Eddie Murphy logra conmover con su patético Early, Jamie Foxx saber cargar con un personaje antipático, y el resto (Danny Glover, los desconocidos Anika Noni Rose y Keith Robinson) está muy en su sitio.

7/10
Kinsey

2004 | Kinsey

Entre 1948 y 1950, el biólogo estadounidense Alfred Kinsey aplicó sus métodos estadísticos de observación de moscas a los hábitos sexuales de hombres y mujeres. Los resultados del Informe Kinsey contribuyeron así a la llamada ‘revolución sexual’, al defender que el comportamiento únicamente heterosexual y monógamo es anormal, producto de inhibiciones culturales y condicionamientos sociales. Este film, escrito y dirigido por Bill Condon (Dioses y monstruos), ofrece un perfil de Kinsey con luces y sombras, alternando pasajes en blanco y negro en que es entrevistado, con otros en color, donde se aborda su singular historia. Así, se aplaude su oposición al puritanismo y los tabúes sexuales, pero al tiempo se cuestionan sus estudios sesgados (las personas que responden a sus tests son las más promiscuas, y adolecen de graves patologías) y la insensata infidelidad a su esposa, que acaban produciendo rechazo incluso entre sus más estrechos colaboradores. El film está bien rodado, y tiene un selecto reparto, aunque es difícil adivinar adónde quiere ir a parar, su visión de la sexualidad humana carece de una adecuada base antropológica.

4/10
Dioses y monstruos

1998 | Gods and Monsters

El director de cine James Whale vive un tranquilo retiro en una lujosa mansión. Pura apariencia. Su estado de salud es delicado, tras una apoplejía. La llegada a casa de Boone, apuesto jardinero, parece animar a un Whale que no oculta su homosexualidad. Enseguida le propone que pose para una serie de dibujos; mientras, el joven podrá escuchar fascinantes historias del viejo Hollywood. Bill Condon, director y guionista, adapta la novela El padre de Frankenstein de Christopher Bram. Su libreto, brillante, ganó un Oscar. El artificio de presentar a Whale como nuevo doctor Frankenstein que está diseñando en Boone un monstruo, es sólido. Condon también acierta en la realización: agilidad, buena partitura, planos llenos de poesía como el último del film, en que Boone imita al monstruo A esto suma una magnífica definición de personajes y relaciones, donde dominan amistad (la dedicatoria “Clayton Boone, ¿amigos?” es muy clara) y lealtad: no es extraño que Ian McKellen fuera premiado en San Sebastián por su papel de Whale; o que Lynn Redgrave, como asistenta del cineasta, haya recibido un Globo de Oro; también vale la pena llamar la atención sobre Brendan Fraser, tras ese film ligero llamado George de la Jungla. La película respira romanticismo por el mundo del cine, tal y como ocurría con Ed Wood. Sólo que donde ahí había optimismo a toda costa, aun en medio de las penas, aquí se agarra la vena de la tragedia y del cansancio de vivir. Uno de los planos del film, tomado prestado de El crepúsculo de los dioses de Billy Wilder, deja bien sentado por donde van los tiros.

8/10
Candyman 2

1995 | Candyman: Farewell To The Flesh

La joven profesora Annie Tarrant investiga el asesinato de su padre. Descubre que está relacionado con Candyman, una criatura fantasmal. Secuela del film de terror basado en un relato de Clive Barker.

4/10
Deadly Relations

1993 | Deadly Relations

Leonard es un militar que es demasiado autoritario con sus cuatro hijas, de modo que casi controla su vida en todos sus aspectos. Sobre todo, está pendiente de con qué hombres salen, y si los desaprueba lo deja saber claramente. Cuando una de sus hijas queda embarazada, la tensión aumenta hasta límites patológicos, lo cual derivará en el asesinato. Thriller televisivo de bajos vuelos y con poquito atractivo, a pesar de que se basa en una truculenta historia real. Dirige quien años más tarde triunfara con Dioses y monstruos y Dreamgirls, el neoyorquino Bill Condon. Entre el reparto, destaca la presencia de unos jovencitos Gwyneth Paltrow y Matthew Perry.

4/10
Asesinato

1991 | Murder 101

Charles Lattimore es un profesor al que acusan de asesinato. El hombre intentará demostrar su inocencia.

El gran showman

2017 | The Greatest Showman

Phineas Taylor Barnum, humilde hijo de un sastre, soñaba desde niño con triunfar y cumplir sus sueños de amor con Charity, hija adinerada de unos padres estrictos. Los años los separaron pero su amor perduró y al cabo de los años Phineas y Charity formaron una familia. Pero las facultades económicas para salir adelante parecen obstáculos insalvables. Phineas tendrá entonces una idea estrafalaria: montar un espectáculo de entretenimiento en un teatro, en donde los protagonistas sean personas singulares, hombres y mujeres de apariencia extraña cuyas vergonzosas características corporales les han convertido en seres desfavorecidos, olvidados por la sociedad. El desconocido Michael Gracey, que hasta el momento tan sólo había participado en el departamento de efectos especiales en algunas películas discretas, como Ned Kelly, debuta a lo grande en la dirección con este notable musical inspirado en la vida del empresario P.T. Barnum (1810-1891), cuyas andanzas ya habían dado origen a varios biopics, que ofrecían diversos puntos de vista sobre el personaje, entre ellos El poderoso Barnum (1934), Barnum (1986), con Burt Lancaster, o La vida de P.T. Barnum, protagonizado por Beau Bridges en 1999. Gracey ha contado para dar forma su relato con un peso pesado en el género, Bill Condon (Chicago) quien junto a Jenny Bicks (Sexo en Nueva York) pergeña un guión lustroso, aunque sencillo y muy clásico en sus planteamientos, donde sobresale ante todo el dibujo amable, familiar y honrado que se hace de Barnum. La mano de Condon se nota especialmente en algunos momentos, como en el arranque, una rítmica escena en donde la luz y las sombras contrastan con brillantez y cuyo colofón acaba deslizándose hacia el pasado en una sutil transición. El gran showman ejemplifica el ideal del self-made man norteamericano, el hombre que de la nada logra hacer realidad sus sueños. No por casualidad el principal tema musical del film, “A Millions Dreams”, hace referencia a este aspecto y se repite como un leitmotiv a lo largo de la película, desde su primera interpretación en la preciosa escena familiar del tejado. Pero en su itinerario el protagonista se dará de bruces contra el suelo una y otra vez, y el precio de su ambición serán los peligros y tentaciones que tendrá que sortear o asumir. Siempre habrá dificultades, zancadillas y reveses del destino, pero también la fuerza y el cariño necesario para salir adelante. Es de agradecer que el director Michael Gracey apueste firmemente por el optimismo, la familia y la amistad, alejándose de modernas tragedias o deprimentes visiones de la vida tan alejadas del musical clásico. Es cierto que hay luces y sombras en el resultado. Quizá de fondo falta potencia en los conflictos, que a fuerza de abarcar demasiado se diluyen un poco, también porque se echa de menos una mayor cohesión en las fases de la historia. Asimismo algunos aspectos –la subtrama con la cantante Jenny Lind , la relación con los suegros, la presencia de la esposa– podrían haber dado más juego y probablemente el conjunto hubiera requerido un metraje algo superior para evitar esa ligereza que queda en el aire. Es posible que también sean efectos de introducir algunas canciones muy consecutivas, que por otra parte harán las delicias de los aficionados al musical. Escritas por Justin Paul y Benj Pasek, letristas ambos de los temas de La La Land, ofrecen aquí el necesario lirismo a la historia y algunas de sus creaciones son en verdad fantásticas, como “Never Enough” o la romántica “Rewrite the Star”, además de la ya citada “A Million Dreams”. El protagonismo de Hugh Jackman es todo un acierto. Tiene una apostura impecable, sabe bailar y cantar y posee el carisma necesario llenar la pantalla. Pero está bien acompañado por un reparto adecuado, comenzando por un Zac Efron cantarín y romántico que recupera así sus inicios en High School Musical. Menos protagonismo tiene Michelle Williams aunque demuestra saber cantar como los ángeles interpretando “Tightrope”. Y magnética resulta por su parte Rebecca Ferguson en su papel de la diva Jenny Lind; una verdadera lástima que en su escena clave le doble la voz la cantante Loren Allred.

6/10
Dreamgirls

2006 | Dreamgirls

Enésima revisitación libre del cuento de la Cenicienta, a cuento, nunca mejor dicho, del ascenso a la fama de las tres componentes del grupo musical “The Dreams”, que como ‘Los tres mosqueteros’, eran en realidad cuatro. El musical de Michael Bennett sobre esas jóvenes mujeres negras de humilde condición y su entorno, que llegan a lo más alto de la carrera artística pero se dejan en el camino jirones de su alma, triunfó en Broadway en 1981, con seis premios Tony y cinco años de representaciones. El libreto se debía a Tom Eyen, con la música de Henry Krieger. Acomete la adaptación y dirección cinematográficas Bill Condon, que algo sabe de llevar musicales a la pantalla tras su guión de Chicago (2002). Aquí sabe introducir bien a los personajes –el trío compuesto por Deena, Lorrell y Effie; el vendedor de autos aspirante a promotor artístico Curtis Taylor; el letrista C.C.; el triunfador cantante James ‘Thunder’ Early; y el anciano agente Marty–, y con naturalidad conduce al momento en que el mujeriego Early acepta que “The Dreamettes” –más tarde rebautizadas “The Dreams”– hagan los coros de sus canciones. De un modo sencillo, confiando en el carisma de los actores y en unas pasiones universales y muy reconocibles por cualquiera de carne y hueso, el film nos sitúa en la tesitura del deseado éxito, y del modo en qué afecta a unos y otros, el precio de la fama. Así, se retrata la ambición, que sacrifica los lazos de esa ‘familia’, la atracción amorosa que lleva a saltarse las debidas lealtades, el escapismo en la droga… Todo con cierto afecto sincero al fondo, no siempre bien manifestado, por la 'neblina' de los oropeles de esa fama que todo lo mata. Inicialmente, los números musicales tardan en llegar. Tiene uno la sensación de que el film va a introducir las canciones sólo en las actuaciones de “The Dreams” en el escenario. Pero no es así, y algunas expresan muy bien el estado anímico de los personajes. Particularmente sobresale la canción “And I Am Telling You I’m Not Going” en un momento álgido del film, donde Jennifer Hudson –debutante en el cine, y conocida por haber sido finalista en el ‘reality’ televisivo “American Idol”– está sencillamente soberbia, con una voz preciosa, llena de sentimiento, y cuya interpretación es perfectamente recogida por la cámara. La película es un completo acierto en su reparto. Bien puede decirse que Hudson es la que roba la función, tal vez por ser una desconocida, pero Beyoncé Knowles aguanta muy bien el tipo con un personaje de imagen distinta a la que suele lucir, Eddie Murphy logra conmover con su patético Early, Jamie Foxx saber cargar con un personaje antipático, y el resto (Danny Glover, los desconocidos Anika Noni Rose y Keith Robinson) está muy en su sitio.

7/10
Kinsey

2004 | Kinsey

Entre 1948 y 1950, el biólogo estadounidense Alfred Kinsey aplicó sus métodos estadísticos de observación de moscas a los hábitos sexuales de hombres y mujeres. Los resultados del Informe Kinsey contribuyeron así a la llamada ‘revolución sexual’, al defender que el comportamiento únicamente heterosexual y monógamo es anormal, producto de inhibiciones culturales y condicionamientos sociales. Este film, escrito y dirigido por Bill Condon (Dioses y monstruos), ofrece un perfil de Kinsey con luces y sombras, alternando pasajes en blanco y negro en que es entrevistado, con otros en color, donde se aborda su singular historia. Así, se aplaude su oposición al puritanismo y los tabúes sexuales, pero al tiempo se cuestionan sus estudios sesgados (las personas que responden a sus tests son las más promiscuas, y adolecen de graves patologías) y la insensata infidelidad a su esposa, que acaban produciendo rechazo incluso entre sus más estrechos colaboradores. El film está bien rodado, y tiene un selecto reparto, aunque es difícil adivinar adónde quiere ir a parar, su visión de la sexualidad humana carece de una adecuada base antropológica.

4/10
The Devil and Daniel Webster

2004 | The Devil and Daniel Webster

Para debutar detrás de las cámaras, el ya experimentado actor Alec Baldwin (Coacción a un jurado) elige esta comedia ideada muchos años antes por Stephen Vincent Benet y luego trasladada al teatro. La historia, que ya había sido llevada a la gran pantalla en 1941 con el título El hombre que vendió su alma, trata de un escritor que decide vender su alma al diablo con el fin de recuperar su inspiración. Sin embargo, esa decisión no será nada fácil de mantener. Para romper el pacto contará con la ayuda del editor Daniel Webster, que con su elocuencia será capaz de enfrentarse al poder de las tinieblas. Se trata, por tanto, de una entretenida versión del mito de Fausto, llevado esta vez a la época de los grandes escritores americanos modernos (en la películas desfilan tipos como Truman Capote o Ernest Hemingway). Además del papel de Baldwin, el film cuenta con un buen trabajo de Anthony Hopkins interpretando a Webster. La película es conocida también por el título "Shortcut to Happiness".

5/10
Chicago (2002)

2002 | Chicago

Ambientada en los años de la Depresión, Chicago (2003) cuenta la estancia en prisión de Roxie Hart, una chica que desea triunfar en el mundo del cabaret y las candilejas. Un crimen pasional la ha conducido a compartir cárcel con otras mujeres asesinas; una de ellas es Velma Kelly, la estrella favorita de Roxie, su idolatrada modelo, a la que acude en busca de consejo. Pero su actitud de diva inaccesible –ni en lo musical ni en lo carcelario acepta ayudarla–, supone una decepción. Informada por Mamá Morton, guardián de la cárcel, de las rutinas del lugar, advierte que la única forma de salir bien librada es ganarse el favor de Billy Flynn, un astuto abogado que gusta del dinero y la fama. Bill Condon (Dioses y monstruos), autor del guión, parte de una buena idea para insertar en la trama los números musicales que jalonan el film: es Roxie, anhelosa de triunfar como cantante, quien imagina sus evoluciones como un espectáculo del que ella es protagonista absoluta; un poco al modo de Björk en Bailar en la oscuridad. De este modo, momentos como el interrogatorio de la policía, las explicaciones de las presas sobre los hechos que les llevaron a la cárcel, el manejo de la prensa o la actuación ante los tribunales, se convierten en escenas brillantísimas, donde las canciones no hacen sino apuntalar el buscado y muy conseguido tono de vodevil. A la hora de dirigir los números musicales, Rob Marshall ha optado por dar predominio a los fondos minimalistas absolutamente oscuros y los focos apenas recogen otra cosa que las figuras de las sensuales cantantes y bailarinas. Los actores principales, a excepción de Queen Latifah, apenas tenían experiencia musical: pero Renée Zellweger, Catherine Zeta-Jones (que se llevó el Oscar a la mejor actriz de reparto), Richard Gere, John C. Reilly y compañía han trabajado duro y superan con nota alta el envite de cantar y bailar.

8/10
Dioses y monstruos

1998 | Gods and Monsters

El director de cine James Whale vive un tranquilo retiro en una lujosa mansión. Pura apariencia. Su estado de salud es delicado, tras una apoplejía. La llegada a casa de Boone, apuesto jardinero, parece animar a un Whale que no oculta su homosexualidad. Enseguida le propone que pose para una serie de dibujos; mientras, el joven podrá escuchar fascinantes historias del viejo Hollywood. Bill Condon, director y guionista, adapta la novela El padre de Frankenstein de Christopher Bram. Su libreto, brillante, ganó un Oscar. El artificio de presentar a Whale como nuevo doctor Frankenstein que está diseñando en Boone un monstruo, es sólido. Condon también acierta en la realización: agilidad, buena partitura, planos llenos de poesía como el último del film, en que Boone imita al monstruo A esto suma una magnífica definición de personajes y relaciones, donde dominan amistad (la dedicatoria “Clayton Boone, ¿amigos?” es muy clara) y lealtad: no es extraño que Ian McKellen fuera premiado en San Sebastián por su papel de Whale; o que Lynn Redgrave, como asistenta del cineasta, haya recibido un Globo de Oro; también vale la pena llamar la atención sobre Brendan Fraser, tras ese film ligero llamado George de la Jungla. La película respira romanticismo por el mundo del cine, tal y como ocurría con Ed Wood. Sólo que donde ahí había optimismo a toda costa, aun en medio de las penas, aquí se agarra la vena de la tragedia y del cansancio de vivir. Uno de los planos del film, tomado prestado de El crepúsculo de los dioses de Billy Wilder, deja bien sentado por donde van los tiros.

8/10
FX2 Ilusiones mortales

1991 | F/X2

Bryan Brown retoma el papel de Rollie Tyler, un genio de los efectos especiales. En esta ocasión Rollie colabora con la policía, poniendo a su servicio su peculiar talento para capturar a un peligroso psicópata. No obstante las cosas no transcurren como habían sido planeadas, y un agente resulta asesinado, siendo Rollie el único testigo. El maestro de los efectos especiales acude a pedir ayuda a su viejo amigo Leo McCarthy, que ahora trabaja como detective privado. Ambos deberán enfrentarse a una poderosa conspiración que implica a altos cargos de diversos estamentos del poder. Richard Franklin dirige esta entretenida secuela, a la que sabe imprimir grandes dosis de suspense y acción. Al igual que ocurriera en la primera, lo más impactante son los diferentes efectos especiales que utiliza Rollie, y que en más de una ocasión dejan al espectador boquiabierto. Bryan Brown se ve acompañado por el veterano Brian Dennehy.

5/10
Asesinato

1991 | Murder 101

Charles Lattimore es un profesor al que acusan de asesinato. El hombre intentará demostrar su inocencia.

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