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Biografía

César Charlone

César Charlone

César Charlone

Filmografía
Los dos papas

2019 | The Two Popes

Película que imagina un supuesto encuentro en Roma del papa Benedicto XVI, con el cardenal de Buenos Aires Jorge Bergoglio. Éste tiene la intención de presentar su renuncia al pontífice como obispo, pero el otro le tiene reservada una sorpresa, dar paso a un nuevo Papa haciendo historia. El guionista Anthony McCarten se ha especializado en historias basadas en carismáticos personajes reales. En el haber de sus libretos figuran el científico Stephen Hawking (La teoría del todo), el primer ministro británico Winston Churchill (El instante más oscuro) y el legendario vocalista de Queen Freddie Mercury (Bohemian Rhapsody). Ahora, con el esquema de “habría podido ocurrir así”, arroja su mirada al papa Francisco y a su predecesor emérito, y el resultado combina momentos brillantes junto a otros que no lo son tanto. Desde el punto de vista de la producción, la película resulta más que notable. Realmente parece que nos movemos por las estancias vaticanas, incluido el imponente marco de la Capilla Sixtina, donde se desarrollan los dos cónclaves en que uno y otro papa acabarán siendo elegidos, con la consiguiente fumata blanca y el ritual del “habemus papam” en la Plaza de San Pedro en Roma. Y se sabe dar aire cinematográfico –mérito de Fernando Meirelles, que sin embargo nunca ha superado el vigor de la obra que le encumbró, Ciudad de Dios– a lo que podría haber sido una obra de teatro. Pero por supuestos estamos ante una historia de dos personajes, que de entrada tienen un carácter bien diferente, Joseph Ratzinger es alemán, Jorge Bergoglio argentino, y con los que se quiere jugar al contraste, para lograr intensidad dramática. Y el film está estructurado alrededor de las conversaciones que ambos mantienen, en Castelgandolfo y en el Vaticano, intensificando las diferencias. Y es aquí donde a ratos la trama resulta un tanto fallida, pues dentro de que se puede entender que hay discrepancias en la forma de entender el servicio ministerial dentro de la Iglesia, se acaba cayendo en simplismos, con el estereotipo “conservador versus progresista”, y también en la personalidad “sabio solitario en las nubes versus hombre del pueblo”. Para el que haya seguido de cerca a ambos personajes, sabrá que Ratzinger tiene muchos y buenos amigos, y que le caracteriza una dulce timidez, y que a Bergoglio el papado le cambió y le volvió inesperadamente risueño y cercano, pues antes era muy adusto. Y pretender que la renuncia de Bergoglio como obispo podía caer mal ante la opinión pública y dejar mal al Vaticano es pretender que Bergoglio era muy conocido por la gente de a pie, lo que no era el caso, incluso en Argentina. En parte estos inconvenientes los salva la interpretación de los dos protagonistas, en que sobresalen Jonathan Pryce, muy conseguido como Francisco, y Anthony Hopkins, que lo tiene más difícil, por ser un actor tan reconocible, y porque su personaje tiene menos matices. De Francisco se ofrece un background, incluso con flash-backs donde le da vida un actor más joven, Juan Minujín, pero Benedicto no tiene el mismo trato. De todos modos sería injusto no señalar que existe un esfuerzo por mantener el equilibrio, y de hacer amables a ambos personajes, como en la escena final de la final del mundial de fútbol, muy simpática. Pero la premisa del film parece clara, hay uno que se ha quedado anclado en el pasado, y que hasta se deja llevar por la vanidad, mientras que el otro está en diálogo con el mundo, y es un hombre sencillo y humilde. Se intenta que esto no sea demasiado evidente, ninguno de los dos es perfecto, pero pueden cargar los planos insistentes de miradas perplejas de Bergoglio a Ratzinger, como si se estuviera diciendo a sí mismo, “pero este hombre qué pasa, que no tiene los pies en el suelo”, o algo semejante.

6/10
Barry Seal: El traficante

2017 | American Made

Película basada en hechos reales, sigue la trayectoria del piloto de aviones Adler Berriman Seal, más conocido como Barry Seal. Amante de las emociones fuertes, le aburre su trabajo de piloto comercial de la TWA, o su vida familiar, está casado con una mujer preciosa y tiene dos niñas. Por eso se presta a pequeños trapicheos, como entrar tabaco cubano de contrabando. El hecho no pasa inadvertido a Monty Schafer, agente de la CIA, que le ficha a mediados de los 70 para pilotar una avioneta y tomar fotos de los campamentos de insurgentes revolucionarios en distintos países de Centroamérica. Una cosa llevará a la otra, y narcotraficantes del cartel de Medellín acuden a él para que introduzca su droga en Estados Unidos. Comienza una espiral loca y muy peligrosa de encargos del gobierno, tratos con guerrillas y militares corruptos, y manejos con los narcos, donde los dólares le salen a Barry por las orejas, pero al precio de poner en peligro su vida y la de los que le rodean. Doug Liman es conocido sobre todo por sus incursiones en la entretenida saga Bourne. Además hizo con Tom Cruise la cinta de ciencia ficción Al filo del mañana, y ya abordó una historia de espías basada en personajes auténticos en Caza a la espía. Con tal "background", se diría que es la elección perfecta para dirigir Barry Seal: El traficante, que se apunta a la moda de series como Narcos o películas como Escobar: El paraíso perdido. Sin embargo, el tono de farsa que imprime a la historia el guión del desconocido Gary Spinelli, quizá ha descolocado a Liman, que no sabe manejarlo, la sátira que se puede ver en la pantalla resulta muy superficial y tontorrona. En sus manos la ironía y la mirada cínica lindan demasiado cerca de lo grotesco, y tampoco ayuda la composición de Tom Cruise, con su aire de travieso boy-scout perpetuamente joven, y cuyas motivaciones, más allá del sabor de la aventura, no se explican bien. Así las cosas, se echa en falta un mínimo punto de vista moral, libertad, corrupción, adicciones, familia, asesinatos, son temas tratados demasiado a la ligera. De modo que sí, tal vez las cosas ocurrieron más o menos como se nos cuentan, con disparates como que las armas de la contra nicaragüense iban a parar a los narcos colombianos, y los supuestos luchadores de la libertad traficaban con la droga de éstos; o que un pueblucho tuviera su calle principal repleta de bancos para albergar la fortuna que acumulada por Seal, que literalmente le desborda. Pero la acumulación de momentos surrealistas, la presentación de la mujer "florero" que encarna Sarah Wright, o la idiotez estadounidense elevada a la enésima potencia, una autoflagelación digna de ser estudiada por un psicoanalista, resulta irritante por exagerada, hay desequilibrio y se echa en falta el necesario punto de gracia.

5/10
Artigas. La Redota

2011 | Artigas. La Redota

En 1884, le encargan al famoso pintor uruguayo Juan Manuel Blanes que haga un retrato de José Artigas. De él apenas se conoce el rostro a través de un dibujo de pocos trazos realizado en su vejez, por lo que Blanes debe imaginarlo por medio de sus ideas y la peripecia de su vida. Entre los materiales que le entregan para ‘descubrir’ sus facciones, Blanes encuentra los apuntes de un tal Aníbal Larra, un ex espía español contratado por el triunviro porteño Manuel de Sarratea, para que asesine a Artigas, el jefe rebelde de los orientales que no se somete a la hegemonía de Buenos Aires y que está acampado en el Ayuí, al norte de lo que es hoy Uruguay.

A ciegas (Blindness)

2008 | Blindness

Un día cualquiera en una gran ciudad. En medio del intenso tráfico, un conductor pierde repentinamente la vista. Sólo es capaz de ver una gigantesca luz. Un desconocido se presta a ayudarle a regresar a casa, aunque en realidad pretende robarle el coche. Pronto empiezan a ocurrir casos semejantes de ceguera, se desata una peligrosa epidemia. Un oculista atiende a las víctimas, pero finalmente se contagia. Las autoridades se lo llevan a un centro donde permanece aislado junto con otros afectados. Su esposa finge que no puede ver, para que le dejen acompañarle. Interesante y dura cinta que inauguró el Festival de Cannes. El brasileño Fernando Meirelles adapta fielmente la novela más conocida del Nobel portugués José Saramago, publicada en 1995. El guión del estadounidense Don McKellar (actor de El liquidador y Exótica) le saca mucho jugo a la idea principal del texto original, que utiliza la ceguera como metáfora del individualismo extremo y el egoísmo que inunda la sociedad moderna. El imaginativo director de Ciudad de Dios vuelve a lucirse en la parte visual, con encuadres arriesgados de gran belleza, y una extremada utilización del blanco, justificado por la espesa luz blanca que es lo único que perciben los afectados por la ceguera. Como ya demostró anteriormente, Meirelles es también un gran director de actores, que consigue cohesionar a un reparto formado por actores de procedencias diversas, pues cuenta con estadounidenses (Julianne Moore, Mark Ruffalo, Danny Glover), japoneses (Yusuke Iseya, Yoshino Kimura) y el mexicano Gael García Bernal. Entre todos sobresale Julianne Moore, una actriz que demuestra nuevamente su gran talento con un personaje –la esposa del médico–, que sin duda es el más interesante, al ser la única persona capaz de ver, y por tanto de observar la degradación. Esto la conduce a un complejo dilema moral, pues intenta solucionar problemas aunque en realidad se da cuenta de que va a sucumbir ante la extrema situación. En la línea de Saramago, el argumento es bastante surrealista, pero el film describe con autenticidad la degeneración moral del ser humano, y las extremas bajezas en las que éste es capaz de incurrir. Ello deriva en una secuencia extremadamente desagradable de chantaje que deriva en una violación colectiva, que no acaba de resultar creíble (¿por qué los maridos de las víctimas apenas hacen un amago de resistencia ante la intimidación?). Es cierto también que es el único momento extremo, pues en general Meirelles apuesta por mostrarlo todo con contención y elegancia. No escatima detalles sórdidos pero suelen estar sugeridos. Aunque es una película oscura y por momentos desesperanzada, apuesta claramente por la bondad del ser humano y su capacidad para salir a flote y recuperar la dignidad.

6/10
Náufragos. Vengo de un avión que cayó en las montañas

2007 | Stranded: I Have Come from a Plane That Crashed on the Mountains

En octubre de 1972 el avión en el que viajaba un equipo de rugby uruguayo y sus familiares, se estrelló en los Andes. Más de setenta días después del desgraciado accidente, 16 de los 45 pasajeros aparecieron con vida y pasaron a convertirse en los protagonistas indiscutibles del conocido como milagro de los Andes. Especial eco tuvo el modo en que se alimentaron –a falta de otra cosa, recurrieron a la carne de las víctimas fallecidas– y la fe con que sobrellevaron la fatalidad. La mayor parte del público conoce esta historia no sólo por la repercusión mediática que tuvo en su momento, sino también gracias a películas como ¡Viven!, de Frank Marshall. En esta ocasión, el uruguayo Gonzalo Arijón dirige esta coproducción francoespañola que muestra la realidad de los supervivientes y sus familias 35 años después. El documental recoge la vuelta al lugar del accidente, de los implicados y sus parientes. Con un cuidado tono íntimo, el público conocerá de primera mano cómo fue y es la vida de los que sobrevivieron al milagro de los Andes.

5/10
El baño del Papa

2007 | El baño del Papa

Modesta película uruguaya de aires neorrealistas, se trata de una comedia encuadrable en el cine social, y en cuyo reparto conviven actores profesionales y no profesionales. Recuerda, claro está, al cine italiano de postguerra, y ha contado con la producción del brasileño Fernando Meirelles (Ciudad de Dios). Los codirectores, César Charlone y Enrique Fernández, son debutantes, habiendo ejercido el primero de director de fotografía de Meirelles en varios de sus filmes. Discurre la trama en mayo de 1988, cuando quedan pocos días para que Juan Pablo II, el Papa viajero, visite Melo, pequeña ciudad fronteriza de Uruguay. Y centra su atención en la humilde familia formada por el matrimonio de Beto y Carmen, y su hija adolescente Silvia. Beto saca adelante a los suyos trayendo mercancía de contrabando, mientras la hija sueña con una vida mejor, la de convertirse en periodista en Montevideo. El padre no es mala gente, pero está condicionado por las condiciones paupérrimas, y puede caer a veces en el alcohol o mostrarse violento en el hogar, aunque luego se arrepienta. Y de eso habla la película, de sueños y esperanzas, simbolizados de modo primordial en el negocio que a Beto se le ha ocurrido aprovechando la estancia papal: un baño para el día de la prevista aglomeración, donde la concurrencia podrá aliviar sus necesidades, previo pago de una pequeña cantidad. Se trata de una película agridulce, a la que cuesta un poquito arrancar. Otra dificultad añadida es el cerrado modo de hablar de los personajes, que puede complicar la comprensión de la cinta a parte del público. Se trata sin duda de una historia muy humana, con momentos muy emotivos -alrededor del cariño y espíritu de sacrificio que preside el hogar de los protagonistas-, y pasajes humorísticos. También se pinta con acierto la fe sencilla de la gente, sin dejar de mostrarles como gente pegada al terreno, que espera mejorar su economía con el viaje del Papa, montando pequeños puestos para dar de comer y beber, o vendiendo banderines y medallitas. Quizá el discurso de crítica social se torna demasiado amargo al final, con esa recriminación de Beto a la tele, al cielo, a..., de que el Papa no se ha enterado de la miseria de la gente que le ha acogido.

5/10
El jardinero fiel

2005 | The Constant Gardener

El prestigioso director de Ciudad de Dios (2002) prueba de nuevo su valía tras las cámaras, pero esta vez con un producto más comercial y encabezado por un reparto de célebres estrellas. Y si en su anterior film había indagado en el mundo de las favelas brasileñas, ahora se mete hasta las cachas en los barriadas de Nairobi, para contar una historia de corrupción de altas esferas y con implicaciones internacionales de grave índole moral, con referencias directas a la falta de escrúpulos de las compañías farmacéuticas y a la explotación del tercer mundo. La película comienza con una muerte sangrienta. En una zona desolada del norte de Kenia encuentran el cuerpo de Tessa Quayle, una de las activistas humanitarias de mayor energía y convicción, casada con un importante diplomático de la embajada británica. Tessa ha sido asesinada mientras viajaba en compañía de un médico con el que trabajaba y todas las sospechas inducen a que ella no era completamente sincera con su marido Justin. Las más importantes personalidades del alto comisionado británico consuelan a su colega, pero Justin no entiende la causa de la muerte de Tessa y se niega a aceptar que ha sido la víctima al azar de un acto criminal. Además, el sentimiento de que su mujer le ocultaba ciertos aspectos de su vida, le empuja a investigar por su cuenta. Y aunque las consecuencias de sus pesquisas pronto se revelan peligrosas, Justin está decidido a llegar hasta el final. A partir de la novela homónima de John Le Carré, Fernando Meirelles vuelve a dar una lección de cómo narrar una historia dramática y cargarla de intensidad, al modo de un thriller. Su estilo visual resulta inconfundible, con ese vibrante manejo de la cámara y el montaje con frecuentes saltos de imagen, un modo de filmar y editar que ya dejó sello con la historia de Buscapé, el protagonista de Ciudad de Dios. Este atractivo visual corrige ciertas carencias del guión que, en aspectos clave, puede resultar en ocasiones algo esquemático. De cualquier manera, se trata de una historia intensa y atractiva, dolorosa y romántica. Las composiciones de Ralph Fiennes y Rachel Weisz son muy convincentes, y destaca también Danny Huston (Silver City) en su ambiguo personaje.

6/10
Ciudad de Dios

2002 | Cidade de Deus

Durísimo film brasileño sobre la vida en Cidade de Deus, uno de los suburbios más deprimidos de Río de Janeiro. Fernando Meirelles parte de una novela de Paulo Lins, que incorpora elementos de su experiencia personal, cuando vivía entre favelas miserables. Con múltiples personajes, casi todos negros y mulatos, muchos niños y adolescentes, la mayoría de menos de 20 años, el hilo conductor es el personaje de Buscapé. A través de su mirada en tres tiempos –finales de los 60, los 70, principio de los 80– asistimos a la degradación por el narcotráfico de una barriada ya de por sí miserable. Meirelles rueda sin concesiones. Ni un miligramo de sentimentalismo, nada que tranquilice la conciencia de un público ya de por sí aletargado ante las tragedias del mundo. Domina un estudiado aire documental. De la época, narrada con clasicismo, en que Buscapé es un crío y aún se atisban en él y sus compañeros vestigios de inocencia, se pasa a los años, contados con cámara nerviosa, en que se convierte en adolescente, cuando la droga campa a sus anchas y la violencia alcanza extremos inauditos. En la película caben todos los excesos: el uso de armas a temprana edad, la promiscuidad sexual, las lealtades mal entendidas, la venganza… Y ahí pugnan por salir algunos rasgos de humanidad. Pero faltan las oportunidades de alfabetización o aprendizaje de un oficio, capaces de salvar a los que podríamos denominar “niños del infierno”. Sólo Buscapé parece tener a su alcance una tabla de salvación, gracias a su afición a la fotografía. La intención de Meirelles, que el espectador mire directamente al horror, está lograda. Aunque sea a veces a costa de herir, su mazazo no deja indiferente.

8/10
Artigas. La Redota

2011 | Artigas. La Redota

En 1884, le encargan al famoso pintor uruguayo Juan Manuel Blanes que haga un retrato de José Artigas. De él apenas se conoce el rostro a través de un dibujo de pocos trazos realizado en su vejez, por lo que Blanes debe imaginarlo por medio de sus ideas y la peripecia de su vida. Entre los materiales que le entregan para ‘descubrir’ sus facciones, Blanes encuentra los apuntes de un tal Aníbal Larra, un ex espía español contratado por el triunviro porteño Manuel de Sarratea, para que asesine a Artigas, el jefe rebelde de los orientales que no se somete a la hegemonía de Buenos Aires y que está acampado en el Ayuí, al norte de lo que es hoy Uruguay.

El baño del Papa

2007 | El baño del Papa

Modesta película uruguaya de aires neorrealistas, se trata de una comedia encuadrable en el cine social, y en cuyo reparto conviven actores profesionales y no profesionales. Recuerda, claro está, al cine italiano de postguerra, y ha contado con la producción del brasileño Fernando Meirelles (Ciudad de Dios). Los codirectores, César Charlone y Enrique Fernández, son debutantes, habiendo ejercido el primero de director de fotografía de Meirelles en varios de sus filmes. Discurre la trama en mayo de 1988, cuando quedan pocos días para que Juan Pablo II, el Papa viajero, visite Melo, pequeña ciudad fronteriza de Uruguay. Y centra su atención en la humilde familia formada por el matrimonio de Beto y Carmen, y su hija adolescente Silvia. Beto saca adelante a los suyos trayendo mercancía de contrabando, mientras la hija sueña con una vida mejor, la de convertirse en periodista en Montevideo. El padre no es mala gente, pero está condicionado por las condiciones paupérrimas, y puede caer a veces en el alcohol o mostrarse violento en el hogar, aunque luego se arrepienta. Y de eso habla la película, de sueños y esperanzas, simbolizados de modo primordial en el negocio que a Beto se le ha ocurrido aprovechando la estancia papal: un baño para el día de la prevista aglomeración, donde la concurrencia podrá aliviar sus necesidades, previo pago de una pequeña cantidad. Se trata de una película agridulce, a la que cuesta un poquito arrancar. Otra dificultad añadida es el cerrado modo de hablar de los personajes, que puede complicar la comprensión de la cinta a parte del público. Se trata sin duda de una historia muy humana, con momentos muy emotivos -alrededor del cariño y espíritu de sacrificio que preside el hogar de los protagonistas-, y pasajes humorísticos. También se pinta con acierto la fe sencilla de la gente, sin dejar de mostrarles como gente pegada al terreno, que espera mejorar su economía con el viaje del Papa, montando pequeños puestos para dar de comer y beber, o vendiendo banderines y medallitas. Quizá el discurso de crítica social se torna demasiado amargo al final, con esa recriminación de Beto a la tele, al cielo, a..., de que el Papa no se ha enterado de la miseria de la gente que le ha acogido.

5/10
El baño del Papa

2007 | El baño del Papa

Modesta película uruguaya de aires neorrealistas, se trata de una comedia encuadrable en el cine social, y en cuyo reparto conviven actores profesionales y no profesionales. Recuerda, claro está, al cine italiano de postguerra, y ha contado con la producción del brasileño Fernando Meirelles (Ciudad de Dios). Los codirectores, César Charlone y Enrique Fernández, son debutantes, habiendo ejercido el primero de director de fotografía de Meirelles en varios de sus filmes. Discurre la trama en mayo de 1988, cuando quedan pocos días para que Juan Pablo II, el Papa viajero, visite Melo, pequeña ciudad fronteriza de Uruguay. Y centra su atención en la humilde familia formada por el matrimonio de Beto y Carmen, y su hija adolescente Silvia. Beto saca adelante a los suyos trayendo mercancía de contrabando, mientras la hija sueña con una vida mejor, la de convertirse en periodista en Montevideo. El padre no es mala gente, pero está condicionado por las condiciones paupérrimas, y puede caer a veces en el alcohol o mostrarse violento en el hogar, aunque luego se arrepienta. Y de eso habla la película, de sueños y esperanzas, simbolizados de modo primordial en el negocio que a Beto se le ha ocurrido aprovechando la estancia papal: un baño para el día de la prevista aglomeración, donde la concurrencia podrá aliviar sus necesidades, previo pago de una pequeña cantidad. Se trata de una película agridulce, a la que cuesta un poquito arrancar. Otra dificultad añadida es el cerrado modo de hablar de los personajes, que puede complicar la comprensión de la cinta a parte del público. Se trata sin duda de una historia muy humana, con momentos muy emotivos -alrededor del cariño y espíritu de sacrificio que preside el hogar de los protagonistas-, y pasajes humorísticos. También se pinta con acierto la fe sencilla de la gente, sin dejar de mostrarles como gente pegada al terreno, que espera mejorar su economía con el viaje del Papa, montando pequeños puestos para dar de comer y beber, o vendiendo banderines y medallitas. Quizá el discurso de crítica social se torna demasiado amargo al final, con esa recriminación de Beto a la tele, al cielo, a..., de que el Papa no se ha enterado de la miseria de la gente que le ha acogido.

5/10

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