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Biografía

Joachim Lafosse

Joachim Lafosse

Joachim Lafosse

Premios: 1 Festival de San Sebastián

Ganador de 1 premio

Filmografía
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2018 | Continuer / Keep Going

Sybille ha convencido a su hijo adulto Samuel a ir con ella en un viaje con la esperanza de redefinir su relación... Pero los retos les esperan, tanto los procedentes de sus personalidades como del duro paisaje.

Después de nosotros

2016 | L'économie du couple

Radiografía veraz del deterioro de un matrimonio. Marie y Boris llevan quince años casados, y tiene dos niñas gemelas, Jade y Margaux. Quieren separarse, pero mientras llegan a un acuerdo en torno a la vivienda –la casa pertenece a Marie, pero la reformó Boris–, los cuatro siguen viviendo bajo el mismo techo, lo que supone continuas fricciones. Con agradecible sobriedad, como si hubiera plantado su cámara en medio del hogar de una familia en crisis, el belga Joachim Lafosse, con la ayuda en el guión de Mazarine Pingeot y Fanny Burdino, muestra las grietas de algo que alguna vez fue hermoso y que parece que se ha echado a perder. Con la precisión de un taxidermista muestra el estado en que marido y mujer se han perdido el respeto, y no se soportan, en que todo es motivo para el reproche y descontento, donde no existe el esfuerzo por perdonar y pedir perdón, y en que las víctimas principales son, por supuesto, las hijas. Lafosse, que parece especializado en un cine sobre familias con problemas (la multiculturalidad de Perder la razón, la adopción internacional en Los caballeros blancos), trata de mostrar los hechos objetivizándolos, sin juzgar ni dar la razón a uno u otro cónyuge. Sobre todo invita a la reflexión, por ejemplo con el comentario de la madre de ella, aseverando que en su época se procuraba arreglar las cosas y no tirarlas. Y logra escenas muy intensas, la cena incómoda con los amigos, o el momento familiar de catarsis, momentos auténticos, que podemos entender. Además los pasajes domésticos cotidianos son muy reconocibles. En el capítulo interpretativo las niñas resultan muy naturales, Marthe Keller está estupenda como la abuela, mientras que Bérénice Bejo y Cédric Kahn saben dar matices a la mujer y al marido, vemos sus virtudes y defectos, sus personajes son humanos.

6/10
Los caballeros blancos

2015 | Les chevaliers blancs

Film de tratamiento verista, casi documental, entrega una historia inspirada en hechos reales. Una ONG francesa, Move for Children, pretende llevarse, al margen de los cauces oficiales, a 300 niños huérfanos de un innombrado país africano, para darlos en adopción y procurarles una vida mejor. Una reportera documenta la operación, que se hará pública una vez concluida. Mientras llega ese momento, nadie conoce los propósitos del grupo liderado por Jacques Arnault, tampoco los jefes de la aldea que cooperan creyendo que los niños van a ser vacunados para luego recibir una educación durante 15 años in situ, hasta que alcancen la mayoría de edad. Quizá el belga Joaquim Lafosse resulta algo premioso en su narración, no hay concesiones sensibleras, las interpretaciones de Vincent Lindon y compañía son sobrias. Pero logra que el espectador se crea lo que ve: la mentalidad africana tranquila, la mentalidad neocolonialista del hombre blanco a pesar de sus buena intenciones, las deserciones, la lucha de egos, la corrupción... Hay un problema complejo y las soluciones no son sencillas. La reportera viene a ser como un eco de la pretensión objetiva del film, y la distancia que guarda junto a su paulatina implicación nos recuerdan que a veces hay que tomar partido, con todas sus consecuencias. El final tal vez sea previsible pero no es nada acomodaticio, y en su brusca sobriedad sigue manteniendo al espectador con los pies en el suelo.

6/10
Perder la razón

2012 | À perdre la raison

Mounir y Murielle. Dos jóvenes enamorados, él de origen marroquí, ella belga. Se casan, forman una numerosa familia, hasta cuatro hijos llegan a tener. A superar las estrecheces económicas les ayuda el doctor André Pingé, una suerte de padre adoptivo de Mounir, al que le unen unos lazos que no se clarifican hasta bien avanzado el metraje, y que generosamente acepta que vivan todos en la misma casa. Murielle, maestra de escuela y mujer dulce, irá desarrollando un cuadro de creciente ansiedad, por la atención que demandan los niños, y la especie de frente común que conforman su esposo, cada vez más insensible y quejica, y André, suavemente despreciativo, que supone para ella una presión agobiante. Asfixiante película de Joaquim Lafosse, que ya mostró su interés por dibujar familias en descomposición en Propiedad privada. Aquí se inspira libremente en hechos reales para contar una terrible e inexplicable tragedia familiar, anticipada por las enigmáticas imágenes iniciales, que se explicita con eficaz sobriedad en el contundente final. Aunque bien contada, y con buenas interpretaciones -sobre todo Émilie Dequenne y Niels Aristrup-, la incidencia insistente y machacona en lo cotidiano en Perder la razón, remachada periódicamente con una banda sonora de música clásica, cansa un poco; a la vez, se advierten agujeros o falta de explicaciones en el deterioro de las relaciones, sobre todo entre marido y mujer. Parece que el director quiere decirnos que lo que pinta es demasiado complejo para pretender entenderlo, que la convivencia en distintas tradiciones culturales de egoísmo y ternura, lo malo y lo bueno en el ser humano, pueden desencadenar situaciones tremendas que únicamente cabe encajar como mejor se pueda. En su caso, más que un atisbo de esperanza, deja al espectador de modo inevitable en un estado altamente deprimente.

5/10
Propiedad privada

2006 | Nue propriété

Pascale, una mujer divorciada, convive en el domicilio familiar con sus dos hijos, Thierry y François, dos jóvenes egoístas que viven a sus expensas a pesar de que han alcanzado hace tiempo la edad de abandonar el nido. Y sin embargo, no paran de hacerla sufrir e infravalorarla. Así que Pascale ha decidido vender la casa, para gastarse el dinero en un viaje con su amante. Sus hijos no entienden su decisión y se enfrentarán brutalmente a ella. Isabelle Huppert es una de las grandes del cine francés. Su presencia eleva la calidad de este dramón, que muestra sin concesiones los duros efectos de la desestructuración familiar. “La violencia que surge entre los personajes procede de un dramático divorcio, que ha provocado una rivalidad entre los dos hijos, que es el espejo de la rivalidad de sus padres”, apunta el cineasta Joachim Lafosse, responsable del film. Algunas secuencias tienen mucha fuerza dramática, como cuando el novio de la madre intenta mediar entre ella y sus hijos en el curso de una cena. Los personajes frívolos y agresivos que retrata son bastante corrientes en la sociedad actual, pero resulta muy difícil identificarse con ninguno, por lo que el film se ve desde fuera.

4/10
Continuar

2018 | Continuer / Keep Going

Sybille ha convencido a su hijo adulto Samuel a ir con ella en un viaje con la esperanza de redefinir su relación... Pero los retos les esperan, tanto los procedentes de sus personalidades como del duro paisaje.

Después de nosotros

2016 | L'économie du couple

Radiografía veraz del deterioro de un matrimonio. Marie y Boris llevan quince años casados, y tiene dos niñas gemelas, Jade y Margaux. Quieren separarse, pero mientras llegan a un acuerdo en torno a la vivienda –la casa pertenece a Marie, pero la reformó Boris–, los cuatro siguen viviendo bajo el mismo techo, lo que supone continuas fricciones. Con agradecible sobriedad, como si hubiera plantado su cámara en medio del hogar de una familia en crisis, el belga Joachim Lafosse, con la ayuda en el guión de Mazarine Pingeot y Fanny Burdino, muestra las grietas de algo que alguna vez fue hermoso y que parece que se ha echado a perder. Con la precisión de un taxidermista muestra el estado en que marido y mujer se han perdido el respeto, y no se soportan, en que todo es motivo para el reproche y descontento, donde no existe el esfuerzo por perdonar y pedir perdón, y en que las víctimas principales son, por supuesto, las hijas. Lafosse, que parece especializado en un cine sobre familias con problemas (la multiculturalidad de Perder la razón, la adopción internacional en Los caballeros blancos), trata de mostrar los hechos objetivizándolos, sin juzgar ni dar la razón a uno u otro cónyuge. Sobre todo invita a la reflexión, por ejemplo con el comentario de la madre de ella, aseverando que en su época se procuraba arreglar las cosas y no tirarlas. Y logra escenas muy intensas, la cena incómoda con los amigos, o el momento familiar de catarsis, momentos auténticos, que podemos entender. Además los pasajes domésticos cotidianos son muy reconocibles. En el capítulo interpretativo las niñas resultan muy naturales, Marthe Keller está estupenda como la abuela, mientras que Bérénice Bejo y Cédric Kahn saben dar matices a la mujer y al marido, vemos sus virtudes y defectos, sus personajes son humanos.

6/10
Los caballeros blancos

2015 | Les chevaliers blancs

Film de tratamiento verista, casi documental, entrega una historia inspirada en hechos reales. Una ONG francesa, Move for Children, pretende llevarse, al margen de los cauces oficiales, a 300 niños huérfanos de un innombrado país africano, para darlos en adopción y procurarles una vida mejor. Una reportera documenta la operación, que se hará pública una vez concluida. Mientras llega ese momento, nadie conoce los propósitos del grupo liderado por Jacques Arnault, tampoco los jefes de la aldea que cooperan creyendo que los niños van a ser vacunados para luego recibir una educación durante 15 años in situ, hasta que alcancen la mayoría de edad. Quizá el belga Joaquim Lafosse resulta algo premioso en su narración, no hay concesiones sensibleras, las interpretaciones de Vincent Lindon y compañía son sobrias. Pero logra que el espectador se crea lo que ve: la mentalidad africana tranquila, la mentalidad neocolonialista del hombre blanco a pesar de sus buena intenciones, las deserciones, la lucha de egos, la corrupción... Hay un problema complejo y las soluciones no son sencillas. La reportera viene a ser como un eco de la pretensión objetiva del film, y la distancia que guarda junto a su paulatina implicación nos recuerdan que a veces hay que tomar partido, con todas sus consecuencias. El final tal vez sea previsible pero no es nada acomodaticio, y en su brusca sobriedad sigue manteniendo al espectador con los pies en el suelo.

6/10
Perder la razón

2012 | À perdre la raison

Mounir y Murielle. Dos jóvenes enamorados, él de origen marroquí, ella belga. Se casan, forman una numerosa familia, hasta cuatro hijos llegan a tener. A superar las estrecheces económicas les ayuda el doctor André Pingé, una suerte de padre adoptivo de Mounir, al que le unen unos lazos que no se clarifican hasta bien avanzado el metraje, y que generosamente acepta que vivan todos en la misma casa. Murielle, maestra de escuela y mujer dulce, irá desarrollando un cuadro de creciente ansiedad, por la atención que demandan los niños, y la especie de frente común que conforman su esposo, cada vez más insensible y quejica, y André, suavemente despreciativo, que supone para ella una presión agobiante. Asfixiante película de Joaquim Lafosse, que ya mostró su interés por dibujar familias en descomposición en Propiedad privada. Aquí se inspira libremente en hechos reales para contar una terrible e inexplicable tragedia familiar, anticipada por las enigmáticas imágenes iniciales, que se explicita con eficaz sobriedad en el contundente final. Aunque bien contada, y con buenas interpretaciones -sobre todo Émilie Dequenne y Niels Aristrup-, la incidencia insistente y machacona en lo cotidiano en Perder la razón, remachada periódicamente con una banda sonora de música clásica, cansa un poco; a la vez, se advierten agujeros o falta de explicaciones en el deterioro de las relaciones, sobre todo entre marido y mujer. Parece que el director quiere decirnos que lo que pinta es demasiado complejo para pretender entenderlo, que la convivencia en distintas tradiciones culturales de egoísmo y ternura, lo malo y lo bueno en el ser humano, pueden desencadenar situaciones tremendas que únicamente cabe encajar como mejor se pueda. En su caso, más que un atisbo de esperanza, deja al espectador de modo inevitable en un estado altamente deprimente.

5/10
Propiedad privada

2006 | Nue propriété

Pascale, una mujer divorciada, convive en el domicilio familiar con sus dos hijos, Thierry y François, dos jóvenes egoístas que viven a sus expensas a pesar de que han alcanzado hace tiempo la edad de abandonar el nido. Y sin embargo, no paran de hacerla sufrir e infravalorarla. Así que Pascale ha decidido vender la casa, para gastarse el dinero en un viaje con su amante. Sus hijos no entienden su decisión y se enfrentarán brutalmente a ella. Isabelle Huppert es una de las grandes del cine francés. Su presencia eleva la calidad de este dramón, que muestra sin concesiones los duros efectos de la desestructuración familiar. “La violencia que surge entre los personajes procede de un dramático divorcio, que ha provocado una rivalidad entre los dos hijos, que es el espejo de la rivalidad de sus padres”, apunta el cineasta Joachim Lafosse, responsable del film. Algunas secuencias tienen mucha fuerza dramática, como cuando el novio de la madre intenta mediar entre ella y sus hijos en el curso de una cena. Los personajes frívolos y agresivos que retrata son bastante corrientes en la sociedad actual, pero resulta muy difícil identificarse con ninguno, por lo que el film se ve desde fuera.

4/10

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