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Biografía

Sergei Polunin

Sergei Polunin

Sergei Polunin

Filmografía
Gorrión rojo

2018 | Red Sparrow

Cuando la joven Dominika Egorova se rompe la pierna en plena actuación en el Teatro Bolshoi, su carrera de bailarina queda definitivamente truncada. Su situación económica, con su padre fallecido y su madre impedida, pasa rápidamente a ser muy delicada. Por suerte, su tío Vania, alto funcionario del servicio secreto ruso, ve en su sobrina un gran potencial para servir a los intereses del estado y le propone colaborar con él. Acabará ingresando así en la llamada escuela de Gorriones, agentes especializados en la seducción de sus víctimas. Adaptación de la novela homónima de Jason Matthews, que durante más de treinta años trabajó como agente de la CIA. Aunque con hechuras modernas, Gorrión rojo bebe de esa experiencia y tiene ese sabor añejo de las películas de espías de otra época, cuando americanos y rusos jugaban al ajedrez de las relaciones internacionales, desarrollaban implacables programas para reclutar agentes, sacrificaban peones sin dudarlo u ocultaban agentes dobles entre las filas enemigas. En este sentido, sin ser memorable el film cumple con el cometido de entretener y atrapar al espectador, que seguirá el itinerario de la protagonista sin pestañear. Pero estamos ante una película moderna (aunque algún extraño anacronismo hay) y por lo que se ve eso ha de tener sus inevitables concesiones. Por varios motivos, Gorrión rojo emparenta claramente con un film coetáneo protagonizado por Charlize Theron, Atómica. Al tirón de las actrices y la temática del espionaje entre las dos potencias se suma aquí especialmente el morboso tratamiento del sexo, tan insistente y gráfico que llega a ser desconcertante sobre todo en la primera mitad del metraje. Por supuesto hay también violencia, aunque en este caso menos espectacular, y por eso quizá más dura, más veraz. Es otro de los puntos en los que la trama tiene un mayor sesgo hacia el film clásico, menos efectista, aunque eso no quita que el guionista Justin Haythe (Revolutionary Road) simplifique la historia, juegue al despiste y también se guarde el conveniente as en la manga. Entre otras cosas, le sirve para ello un actor como la copa de un pino, el belga Matthias Schoenaerts, que compone magníficamente al maquiavélico agente ruso tío de la protagonista. Por lo demás, con ritmo sostenido el director Francis Lawrence usa bien sus armas para mantener el interés durante el amplio metraje, la primera de las cuales es la actriz con quien comparte apellido, Jennifer Lawrence, a quien ya dirigió en varias películas de la saga de Los juegos del hambre. Pese a su juventud, vuelve a llamar la atención su madurez frente a las cámaras y su capacidad de transmitir estados de ánimo y credibilidad, en este caso con su personaje de Dominika, una mujer preparada meticulosamente para convertirse en un tipo de agente secreto experto en manipular sexualmente a sus víctimas. Su némesis, el agente norteamericano Nate Nash, es más convencional pero está a la altura gracias sin duda al también carismático Joel Edgerton. Funciona más o menos el “feeling” entre ellos, aunque justo es reconocer que su fulgurante conexión no deja de tener algo de “deus ex machina”. Quizá algún titubeo hubiera sido más efectivo. El resto de secundarios cumple, con mención especial para Jeremy Irons.

5/10
El cascanueces y los cuatro reinos

2018 | The Nutcracker and the Four Realms

Simpática película familiar de Disney, que usa la maravillosa música de la suite para ballet “El cascanueces” de Tchaikovsky. La trama se sitúa en vísperas de Navidad, la primera que la familia Stahlbaum pasará sin la presencia de la madre, recientemente fallecida. Todos la echan de menos, pero especialmente el padre, y la hija mediana, Clara. A pesar de todo, acuden a una magnífica fiesta, no sin antes recibir los regalos navideños que dejó la madre. Allí la magia se hace presente, y Clara, al estilo de cuentos como los Alicia en el País de las Maravillas y Las Crónicas de Narnia, llega a un mundo fantástico, el de los cuatro reinos, donde tal vez recupere la llave que debe abrir el cofre metálico en forma de huevo que le legó su querida madre. Logra llevar sobre sus hombros la narración con aplomo la adolescente Mackenzie Foy, que ya descolló en Interstellar. El film conjuga los diálogos ingeniosos con un punto de absurdo que encantaba a Lewis Carroll –ojalá hubiera más–, con vistosas escenas de acción con muchos y vistosos efectos visuales, los ratones, los soldados de hojalata, los duendes que se abren al modo de muñecas rusas. Se cuenta además con un atractivo reparto, donde destaca Keira Knightley, o el recién llegado Jayden Fowora-Knight como El Cascanueces; Helen Mirren se esfuerza en exprimir sus escasos minutos bajo una capa de maquillaje, mientras que la presencia de Morgan Freeman como Drosselmeyer se limita a entregar lo de siempre, que, siempre, resulta resultón. Codirigen el film Lasse Hallström y Joe Johnston; este director ya firmó una película hace años a cuatro manos, El guardián de las palabras, y ahora vuelve a ocurrir, aunque por diferentes razones, pues fue requerido para rodar escenas adicionales con más efectos, lo que suele ser señal de existencia de problemas, y el sindicato de directores dictaminó que ambos cineastas merecían crédito, siempre con la conformidad de Hallström, el director original. Algo de este lío se nota, el film no es completamente redondo: aunque se ha logrado algo bastante apañado, se falla en lograr una mejor simbiosis y uso de la música de Tchaikovsky y la original de James Newton Howard, quizá por eso en los créditos finales se han incluido escenas de ballet de “El cascanueces”, a modo de reparación. En cualquier caso, se logra el objetivo de una trama entretenida, que incluye temas como la unidad familiar y la dificultad de superar la pérdida de un ser querido, la confianza en las propias virtudes y talentos que uno posee, y el riesgo de precipitarse en el juicio hacia los demás.

6/10
El bailarín

2018 | The White Crow

La trayectoria del bailarín de ballet ruso Rudolf Nureyev, hasta que pide asilo político en Francia en 1961. La película arranca precisamente en el momento en que las autoridades soviéticas piden explicaciones a quien ha sido su maestro, Alexander Pushkin, acerca de cómo ha podido ocurrir tal cosa, para retrotraerse al pasado, y desplegar varios hilos narrativos temporales distintos, el de su infancia, el de su formación bajo el ala de Pushkin, y el de su estancia en París con otros compañeros de danza del Kirov. Todos sirven para desplegar y dar a conocer la figura del artista: su indudable talento, la disciplina y esfuerzo con que se prepara, y un temperamento difícil, que anhela ahondar en la belleza, tiene ansias de libertad, y desarrolla una personalidad egocéntrica. El acierto del guión que ha escrito David Hare para Ralph Fiennes –quizá ha acudido a él por el notable trabajo que hizo en El lector, donde él actuaba– reside en que se evitan los simplismos, con muchos rasgos de Nureyev apuntados y sugeridos. De modo que el individualismo y soledad de Nureyev, no se explican sólo con el cliché tan manido de "así son los artistas", sino que tiene que ver con una infancia provinciana difícil, la tardanza en llegar a conocer a su padre, y su ingreso en una academia de ballet ya con cierta edad, lo que exige un esfuerzo suplementario. También se apunta a una reacción al colectivismo comunista, y a la asfixia de la libertad, tan importante para desarrollar la creatividad artística, o para ir más allá de la técnica, el seguimiento del consejo de Pushkin, "cuenta una historia", para sus bailes. Y además hay una necesidad de socializar en París, de salir con gente de ahí, los bailarines occidentales, y empaparse de lo que se le ha negado en la Unión Soviética. Es una pena que no respete el título original, "el cuervo blanco", una alusión a ese ser diferente, la dificultad para empatizar de alguien que ha evolucionado de un modo tan especial. Fiennes, que ha optado por rodar en ruso gran parte del metraje, no sólo hace una estupenda composición de Puhskin, usando ese idioma, sino que demuestra acierto en su tercer film tras la cámara, es muy selecto en lo que decide dirigir –antes abordó Coriolanus, sobre una obra poco conocida de Shakespeare, y The Invisible Woman, sobre el lado menos amable de Charles Dickens–, y aunque no sea brillante, va ganando en seguridad, y aquí entrega su mejor trabajo: se muestra seguro en los saltos temporales, y está soberbio en el clímax del aeropuerto, aunque el espectador conocedor sepa perfectamente lo que va a ocurrir. Además, parece tener clara la idea principal de su film, la necesidad de poder ejercer la libertad de todo ser humano, y se aferra a ella para destacarla, de modo que está presente en todo el metraje, sin que tampoco se tenga la sensación de un didactismo irritante. Acierta además al mostrar su talento artístico, pero sin caer en la trampa de que sus actuaciones anulen la trama dramática que se quiere desarrollar; y por supuesto, queda clara la sexualidad de Nureyev, pero sin convertirla en elemento de cansino adoctrinamiento, algo que se agradece en una época en que esto se hace con excesiva frecuencia y gran tosquedad. Funciona muy bien el reparto, con rostros pocos conocidos, el que más suena, aparte del de Fiennes, es el de Adèle Exarchopoulos, Claire Saint, la amiga chilena de Nureyev. Tiene mérito Oleg Ivenko, que debuta en la pantalla y aguanta bien el peso del protagonismo.

7/10
Asesinato en el Orient Express

2017 | Murder on the Orient Express

Vistosa adaptación de la homónima novela de misterio de Agatha Christie, que ya conoció otra célebre versión cinematográfica a cargo de Sidney Lumet en 1974. Aquí toma el relevo Kenneth Branagh, un director cuidadoso, exquisito incluso, que tiene su punto fuerte en la dirección de actores, en el cara a cara, con lo que la reunión de un grupo de personas que interactúan en un espacio reducido –una casa (Los amigos de Peter), una vieja abadía (En lo más crudo del crudo invierno) o un tren, como es el caso– es sin duda un perfecto caramelito. Durante un trayecto del Orient Express, tren de lujo que parte de Estambul con destino a Londres, se reúnen pasajeros variopintos: una princesa rusa y su sirvienta; un profesor alemán; una institutriz; un doctor; un marchante de arte, su mayordomo y su secretario; una dama madura, tan bella como seductora; un joven empresario hispano; dos nobles rusos; una misionera: y por último el belga Hércules Poirot (o, según corrige él mismo, “Hercule”, ya que nunca ha sido domador de leones), quizá el más célebre detective del mundo. Cuando uno de los pasajeros es asesinado, Poirot tendrá la ocasión de demostrar que su fama responde a la realidad. Lo primero que llama la atención Asesinato en el Orient Express es su acabado visual. Desde las primeras imágenes en Jerusalén (modélico prólogo), siguiendo por la tumultuosa secuencia de Estambul hasta las tomas montañosas que recogen el discurrir del tren, se disfruta de una soberbia recreación de época y un formidable uso de los efectos especiales, magníficamente acompañados de la fotografía de Haris Zambarloukos. Luego el film se sigue con interés, gracias a la variedad de personajes y las intrigas de la investigación, que se despliega en un “in crescendo” hasta el final, con planos muy cuidados y algunos escogidos encuadres mimados por el director. Quizá el guión de Michael Green (Logan, Blade Runner 2049) se precipita un poco en el último tramo, donde la celeridad de algunas deducciones puede hacer perder el hilo, y ciertamente no presta la misma atención a unos y otros personajes, pero en conjunto hay un elogiable equilibrio y también escuchamos algún diálogo portentoso: “si me sigue mirando así, voy a tener que cobrarle el alquiler”, espeta en un momento la seductora Lady Hubbard. Habrá parte del público que prefiera la versión clásica (si se puede hablar así), también porque Branagh moderniza cierto aspecto de la historia y del propio personaje de Poirot, que él mismo encarna a la perfección, cuya puesta en escena final podría parecer excesivamete teatral y melodramática. Aparte, claro está, tenemos la ambigua visión acerca del bien, el mal y la justicia moral, que sin duda sirve en bandeja un magnífico tema para el debate, pero que a algunos puede parecer también desafortunada en los razonamientos expuestos en el film. Entre el espléndido reparto, lleno de rostros conocidos, además de un ajustado Branagh (al que le hubiera venido bien mantener más el humor del arranque), destacan los trabajos de Daisy Ridley y Michelle Pfeiffer. 

6/10

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