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Biografía

Sonia Rolland

Sonia Rolland

Sonia Rolland

Filmografía
La decisión de una madre

2018 | Ils ont échangé mon enfant

El marido de Sophie se siente distante de ella y de su hija porque no siente que sea suya. Hasta tal punto llega la sospecha que se harán una prueba de ADN. El matrimonio descubrirá entonces que la pequeña no es hijo de ninguno de los dos. Fue cambiada al nacer. Recreación de la historia real de Sophie Serrano, adaptada de su propio libro. Detrás de las cámaras se sitúa la parisina Agnès Obadia y protagoniza con intensidad Julie de Bona (El bazar de la caridad).

5/10
Madame

2017 | Madame

Asesinato en Somme

2015 | Le Vagabond de la Baie de Somme

El cuerpo de un hombre aparece muerto en las dunas de la costa del Somme, en el Canal de la Mancha. El cadáver corresponde al de un vagabundo y tiene un tiro en la espalda. ¿Accidente?, ¿homicidio?, ¿asesinato? La investigación del caso recaerá en Aurore Debac, sustituta del fiscal. Contará con la ayuda del agente Paul Beaujour, que no es precisamente un hombre que siga las normas establecidas. Pasable thriller policiaco francés, que cuenta con un entretenido guión, basado en la novela de Léo Lapointe, y está dirigido con competencia por Claude-Michel Rome (Belleza fatal), con reparto poco conocido.

4/10
Crónicas diplomáticas. Quai d'Orsay

2013 | Quai d'Orsay

El joven Arthur Vlaminck acaba de ser fichado por el flamante y carismático ministro de asuntos exteriores francés Alexandre Taillard de Vorms, para prestar su ayuda en el lenguaje de sus discursos. Allí va a descubrir cómo son las bambalinas del poder: el modo en que trabaja el equipo del ministro con su infatigable jefe de gabinete Claude Maupas al frente, la paciencia de las secretarias, y los diversos egos entre los que descolla el de su máximo jefe, de arrolladora personalidad pero difícil de complacer, porque nadie sabe lo que quiere ni él mismo. Bertrand Tavernier estructura su film con lo que parecen viñetas de la diplomacia francesa, cada una encabezada con una frase de Herodoto alusiva a los temas tratados. Enfoque adecuado si se tiene en cuenta que Quai d'Orsay adapta el cómic homónimo de Christophe Blain y Abel Lanzac, premiado en Angoulême en 2012, autores que se inspiran para su protagonista en Dominique de Villepin, de modo especial en su discurso ante la ONU sobre la no-intervención en Irak. Al estilo de El ala oeste de la Casa Blanca, versión francesa, y con bastante sentido irónico del humor, Tavernier juega un curioso juego, pues por un lado se diría que quiere restar trascendencia al modo en que se toman las decisiones políticas, subrayando el papel que juegan la vanidad y la teatralidad, pero por otro no dejan de ser cuestiones de máxima importancia, que requieren en ocasiones bastante coraje, véase el viaje a África. En tal sentido hace pensar en algunas novelas ligeras de Evelyn Waugh, como “Merienda de negros”. El resultado es entretenido, pero resulta difícil que pueda ser considerado como un agudo análisis político. El ministro encarnado por Tierry Lhermitte resulta caricaturesco en extremo, aunque hay que reconocer que el contrapunto del jefe de gabinete Niels Arestrup sirve de equilibrio para que la mirada de Raphaël Personnaz, el recién llegado, que coincide con la del espectador, sea de un estupor aceptable. El guión fue premiado en el Festival de San Sebastián.

6/10
Midnight in Paris

2011 | Midnight in Paris

Gil e Inez son unos jóvenes prometidos, que pasan unos días de turismo en la capital del amor, París, antes de su inminente boda. Él es guionista exitoso en Hollywood, pero su ambición es convertirse en un gran escritor de novelas. Una noche en que decide volver por su cuenta al hotel, se pierde en las calles parisinas. Mientras suenan las campanadas de la medianoche, un antiguo carruaje pasa a su vera y los ocupantes le invitan a subir. Se ve de pronto inmerso en una fiesta... ¡en el París de los años 20! Y no sólo eso, sino que tiene el honor de conocer a los escritores y artistas de la época a los que tanto admira: Francis Scott Fitzgerald y su esposa Zelda, Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel... Y queda especialmente fascinado por una chica Flapper, que le hace dudar acerca de su amor por Inez. Originalísima película de un Woody Allen sembrado, con un estupendo punto de partida al que sabe sacar todo su jugo. El personaje de Gil, encarnado por Owen Wilson, es por supuesto un “alter ego” del director, el típico personaje que él habría podido interpretar en otra época; pero el actor ha sabido hacerlo suyo, y concederle la deseada aura romántica. Tiene interés la consideración de la expresión artística como forma de exorcizar la nostalgia de la belleza, de una edad de oro que se añora y que idealmente algunos colocan en el pasado. Toda una declaración de principios de Allen, que advierte del peligro de caer en el “cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero que también supone una andanada para los que sólo creen en el futuro y el progreso, que siempre serían lo mejor. El artificio fantástico, con un recurso de medianoche a lo “Cenicienta”, conecta claramente con La rosa púrpura del Cairo. Pero gran mérito de Allen es que aceptemos la inesperada magia, y que en ese mundo alternativo sepa definirnos con unos pocos trazos a una numerosa galería de artistas, moviéndose entre el homenaje y la broma, manejando con absoluta conciencia ciertos tópicos al uso. Aunque hable de sus temas recurrentes, el amor que no acaba de encontrarse plenamente, o el arte como forma de llenar el vacío existencial, el tono de Allen es más ligero que en otras ocasiones, claramente ha optado por ofrecernos un “divertimento”, donde hay espacio para alcanzar una cierta felicidad. Acierta Allen en su reparto, donde nuevas caras que nunca habían trabajo con él se suman a la función, allí están el citado Wilson, Rachel McAdams, Michael Sheen, la muy publicitada Carla Bruni –la esposa de Nicolas Sarkozy, que sale airosa de un papel menor– y la formidable Marion Cotillard, más Adrien Brody y Kathy Bates (que hizo con él tiempo ha, Sombras y niebla). Como es natural, París está muy presente en toda la cinta. La película arranca con una especie de obertura jazzística, con cantidad de planos de todo París, que podría hacer temer que Allen había caído en la tentación de filmar un spot de promoción turística; pero no, luego Darius Khondji juega al contraste con el resto de poderosas imágenes que ofrece de la capital francesa.

8/10

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