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Nota decine21
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Qué extraño llamarse Federico

Qué extraño llamarse Federico

Che strano chiamarsi Federico

Sinopsis oficial

Che strano chiamarsi Federico

Esta película es un recuerdo/retrato de Federico Fellini, narrada por Ettore Scola en el vigésimo aniversario de la muerte del gran director. Desde su debut en 1939 como un joven diseñador a su quinto Oscar en 1993, año de su septuagésimo y último cumpleaños, Federico es recordado por Scola como un gran Pinocho que, por fortuna, nunca llegó a ser un “niño respetable”. Una película compuesta por recuerdos, fragmentos, momentos e impresiones dispersas, reconstruida y rodada en Cinecittà, e intercalada con materiales y fotografías de la época, extraídas de los archivos de Teche Rai y del Istituto Luce. Mostra Internacional de Cine de Venecia 2013: Película de Clausura (Sección Oficial Fuera de Concurso).

Crítica decine21.com

estrella
6
Aquella maravillosa 'dolce vita'
Aquella maravillosa 'dolce vita'

El veterano Ettore Scola ha transmitido como nadie en sus películas la nostalgia, sobre todo en la excelente La familia, que reconstruía la práctica totalidad del siglo XX, y en la deliciosa Splendor, sobre la época dorada de las salas de cine.

Diez años después de su último trabajo, Gente di Roma, el realizador interrumpe momentáneamente su jubilación para evocar la memoria de una de las grandes figuras del cine italiano. Che Strano chiamarse Federico supone un brillante homenaje a la memoria de su amigo Federico Fellini, rodado con motivo del vigésimo aniversario de la muerte del maestro. Se proyectó fuera de concurso en el Festival de Venecia.

Resulta difícil adscribir Che Strano chiamarse Federico a un género determinado, pues resulta ser un fresco batiburrillo de material diverso. El grueso del metraje está compuesto de recreaciones de valiosas anécdotas. Comienza narrando el origen de Fellini, cuya llegada de Rímini a Roma para trabajar en una revista satírica estilo "La codorniz" ("Marc'Aurelio"), corre paralelo a la del propio Scola, que abandonó Trevico más tarde para acudir a la capital y trabajar en la misma revista.

Siempre mediante la dramatización con actores, Scola cuenta que siguió los pasos de su predecesor al reconvertirse en guionista cinematográfico. Ambos estuvieron estrechamente relacionados, cenaban con algún otro compañero o se dedicaban a recoger a peculiares desconocidos de las calles para llevarles a su casa, y así tener la opción de que éstos les relataran sus vidas. El espectador que asiste a la proyección de Che Strano chiamarse Federico tiene la sensación de estar charlando distendidamente con Scola mientras éste se prodiga en el relato de entrañables anécdotas del pasado.

Se incluyen a lo largo de la narración fotografías, secuencias de películas y algunos fragmentos de grabaciones de enorme valor sentimental. En este sentido se lleva la palma el momento que recopila unas inéditas y muy desconocidas pruebas a los actores Alberto Sordi, Ugo Tognazzi y Vittorio Gassman para interpretar el papel principal de Casanova de Fellini, que finalmente encomendó al canadiense Donald Sutherland.

A Scola se le da muy bien la imitación del tono felliniano, y de hecho ha rodado el film en el legendario Teatro 5 de Cinecittà, donde el autor de La dolce Vita pasaba más tiempo que en su casa. También se luce en un extraordinario y emotivo montaje final que combina momentos mágicos de las películas más reconocibles del homenajeado.

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