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Human Life
5 /10 decine21

Human Life

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Sinopsis oficial

Documental que ilustra la verdadera belleza e importancia del don de la vida, incluso en medio del sufrimiento y las dificultades. Explora las historias de un pintor tetrapléjico, del fundador de un hogar para niños abandonados y discapacitados, de un surfista que perdió las manos en un accidente, de una ex medallista olímpica que se ofreció como voluntaria en un centro de apoyo para mujeres embarazadas, de la madre de una niña con síndrome de Down, de una sobreviviente del Holocausto y de muchas otras personas.

5 /10 decine21

Crítica

Vivir, sí, vivir

Vivir, sí, vivir

Valioso documental con una importante idea de fondo que atraviesa su poco más de una hora de metraje, la de que la apuesta por la vida siempre vale la pena. Algo que merece destacarse en un mundo que se niega a aceptar la inevitabilidad de las dificultades y el sufrimiento, que deben afrontarse de cara en vez de esconder la cabeza en el suelo, siguiendo la táctica del avestruz, cuando no, simplemente, adoptando la solución más fácil y siniestra de la cultura de la muerte.

El enfoque de los directores, los brasileños Gustavo Brinholi y Luiz H. Marques, es el de la mirada caleidoscópica, un puñado de historias con nombres y apellidos, de personas que agradecen el don de la vida ayudando a quien lo necesita con una sonrisa en los labios, o aceptando la propia situación existencial, muchas veces con el sostén sólido de su fe cristiana. Así, tenemos a un pintor tetrapléjico, Leandro Portella, que quedó en ese estado de un modo no muy diferente al del célebre Ramón Sampedro, a Tonio Tavares, fundador de Jesús Menino, un hogar para niños abandonados y discapacitados, al surfista Jonás Latieri, que perdió las manos en un accidente y sigue practicando el deporte adaptado a las circunstancias, a la joven olímpica que ayudda en un centro de apoyo a mujeres embarazadas en situación precaria, a la madre de una niña con síndrome de Down, la simpática Lena Tschamben, etcétera, etcétera.

El film se sostiene sobre todo por el valor de los testimonios y el coraje de un discurso incómodo para las opulentas sociedades occidentales, más interesadas en mantener el estado del bienestar que en reconocer su innegable problema demográfico y la dignidad de todas las personas. Le falta en cambio ritmo cinematográfico, y se nota la escasez de medios de producción.

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