- Duración: 01h 30 min
- Género: Drama | Thriller | Comedia
- Público apropiado: Jóvenes-adultos
- Valoraciones: decine21 (6) | usuarios (9)
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- Título original: Nuda Propiedad
- Año: 2026
- Fecha de estreno en España en cines : 02-10-2026
- País: España
- Dirección: Alberto Utrera
- Intérpretes: Susana Abaitua, Maxi Iglesias, Pepe Viyuela, David Lorente, Stéphanie Magnin, Paco Churruca, Aten Soria
- Guión: Alberto Utrera
- Música: Iván Valdés
- Fotografía: Miguel Ángel García (II)
- Distribuye en cine: Cinemaran
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Reparto
Sinopsis oficial
Vera y Lucas, una pareja cerca a los cuarenta, encuentran un piso enorme a mitad de precio gracias a la nuda propiedad: lo compran ahora, pero el anciano dueño seguirá viviendo allí hasta morir. Lo que parecía una solución milagrosa pronto se convierte en obsesión cuando el anciano desaparece, reaparece cambiado y deja de comportarse como alguien en sus/las últimas. Entre sospechas, frustración y un humor negro cada vez más corrosivo, la pareja empieza a contemplar un plan tan absurdo como tentador.
Crítica Nuda Propiedad (2026)
El pisazo
Comprar un piso en España se ha convertido en una película de terror, así que era cuestión de tiempo que rueden películas con la vivienda como monstruo. Vera, cartera, y Lucas, profesor de colegio concertado, rondan los cuarenta y llevan tiempo buscando algo que puedan pagar sin tener que vender un riñón, e hipotecar a sus futuros hijos. Cuando aparece un pisazo a un precio sospechosamente asequible, creen haber encontrado el milagro inmobiliario. Solo hay una pequeña pega: compran la nuda propiedad, pero el anciano propietario conserva el usufructo y puede seguir viviendo allí hasta que la palme. Es decir, el piso es suyo, pero no pueden usarlo. Una modalidad de propiedad estupenda si uno tiene paciencia, dinero y, sobre todo, una esperanza de vida del vendedor convenientemente limitada. Vera empieza a vigilar al anciano con prismáticos para comprobar cómo marcha su salud. La situación se complica cuando descubre que el hombre ha contratado los servicios de una prostituta y que esta le echa algo sospechoso en la bebida.
Alberto Utrera, con una década de carrera a sus espaldas, da aquí un considerable paso adelante como guionista y director. Su película pone el dedo en una de las grandes heridas sociales del presente: acceder a una vivienda se ha convertido para muchas parejas en una misión casi imposible. Y si la solución pasa por comprar un piso esperando a que fallezca su ocupante, quizá el problema inmobiliario ya esté rozando la comedia de humor negro.
La referencia inevitable es El pisito, aquella historia de Rafael Azcona y Marco Ferreri en la que también había que resolver el problema de la vivienda esperando pacientemente la muerte de una anciana. Han pasado más de seis décadas y hemos cambiado algunas cosas: ahora tenemos móviles, portales inmobiliarios, criptomonedas y pisos que cuestan como si incluyeran la Sagrada Familia en el dormitorio. Pero, en lo esencial, seguimos igual. La película incluso incorpora un simpático homenaje a José Luis López Vázquez, protagonista de aquella obra maestra. El chiste, en el fondo, es bastante triste: quizá el cine español de los años cincuenta no estaba hablando sólo del pasado, sino también haciendo una predicción inmobiliaria a largo plazo.
Es una película incómoda, que consigue que el espectador se ría de situaciones que, pensándolo dos veces, tienen muy poca gracia. cómo la desesperación económica puede ir limando la moral de una pareja aparentemente normal. Vera y Lucas empiezan siendo personas decentes y terminan contemplando la muerte de un desconocido como una posible solución habitacional. El capitalismo salvaje, cuando aprieta, no necesita convertirte en un villano: basta con ponerte una hipoteca delante. Eso sí, la película funciona mejor cuando explota el humor negro que cuando intenta convertirse en thriller, con una clara influencia de Misterioso asesinato en Manhattan, pero resuelta con demasiada sencillez. Por suerte, el tono general mantiene suficiente retranca como para que el espectador salga con una sonrisa torcida y una sospecha bastante desagradable: que quizá, después de todo, él también habría mirado al anciano con unos prismáticos.
Susana Abaitua hace evolucionar a Vera con credibilidad, mostrando cómo las circunstancias pueden sacar una versión mucho menos angelical de alguien que inicialmente parece perfectamente normal. Maxi Iglesias funciona bien como Lucas, más prudente y mojigato, una especie de Pepito Grillo con nómina de profesor. David Lorente, como agente inmobiliario, Pepe Viyuela, como notario, y Aten Soria, como directora del centro educativo, traen a la memoria a esos gloriosos secundarios del cine español clásico capaces de componer escenas memorables.
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